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Este
libro se ocupa de uno de los periodos más trascendentes de
la historia contemporánea de nuestro país. Como es
bien conocido, la "década de la transición"
permitió que nuestra sociedad alcanzara niveles políticos,
culturales y existenciales muy próximos a los de los países
europeos más avanzados. Pero, lo verdaderamente sorprendente
de esta época es que todo ello tuvo lugar a un ritmo vertiginoso,
lo que provocó a menudo un defecto en la asimilación
de las novedades que no dejaría de tener consecuencias, aún
claramente visibles en la actualidad.
Es ésta
una historia que se ha contado muchas veces, y que casi siempre
se ha presentado como la epopeya de la libertad, que supuso la instauración
de una democracia formal, y que permitió el acceso a ciertas
porciones de poder de los políticos y profesionales progresistas
por primera vez desde la victoria militar y la posterior dictadura
franquista. Pero, junto a esta "historia oficial de la transición
española" hay otra historia paralela, la que escribieron
los miles de jóvenes y las clases populares que trabajaron
en la base de la sociedad para hacer posible el advenimiento del
régimen democrático. Fueron ellos, en efecto, quienes
llenaron las calles de las ciudades a diario para exigir cambios
radicales en la vida social y política, quienes dieron su
vida en unos momentos en que las manifestaciones populares se contaban
al ritmo de los muertos por la represión, y quienes tomaron
la libertad que se les negaba adoptando formas de vida y costumbres
que chocaban frontalmente con las normas firmemente establecidas
por décadas de añejo tradicionalismo.
De
lo que trata este libro es de la aportación colectiva de
estos sectores, y, fundamentalmente, de lo que hicieron los jóvenes
de la transición -aquellos que vivieron sus veintitantos
en esos años- para acelerar los cambios que son la seña
de identidad de esa época. Es, por lo tanto, en cierto modo,
una obra generacional, pero no de la generación de los triunfadores,
de quienes acabaron dando sentido a todo el proceso de la "transición"
cuando lograron sentarse en sus escaños como diputados o
llegaron al gobierno o a los cargos municipales. No es ésta
la narración de "cómo alcanzamos el poder",
que ha sido común en el modo en que se ha presentado la historia
de la transición hasta ahora. Es más bien la historia
del tránsito desde la utopía al "desencanto",
primero, y al "pasotismo", después. Es la historia
de quienes trataron de construir una Democracia Real, más
allá de la mera Democracia Representativa, que deja a los
ciudadanos el único poder de depositar un voto cada cuatro
años. No es, sin embargo, la narración de un fracaso,
pues, pese a que los objetivos que se planteaban resultaron finalmente
inalcanzables, quienes participaron en el torrente de acontecimientos
de aquellos años ejercieron ya, de algún modo, esa
Democracia Real a la que aspiraban en cada una de sus actividades
políticas, culturales o cotidianas.
El derecho de
participación política se ejercía dentro y
fuera de los partidos, en asambleas, centros culturales, parroquias
y asociaciones. El derecho de manifestación se ganó
a menudo, a través de "saltos" espontáneos,
organizados en horas por pequeños grupos que lograban fácilmente
la solidaridad ciudadana. El derecho de reunión se imponía
poco a poco, a diario, cuando los jóvenes ocupaban la noche
en los bares alternativos, en los todavía muy escasos pubes,
en fiestas populares que inevitablemente se transformaban en actos
reivindicativos. Para ocupar la calle hubo que hacer frente al miedo
de una gran parte de la población, a la represión
policial, a la acción de grupos incontrolados que actuaban
con la protección de los poderes, aún muy fuertes,
de la dictadura.
Así,
se fueron fraguando una serie de movimientos socio-políticos
alternativos, que recogían las nuevas experiencias y prácticas
que se estaban desarrollando en el ámbito de la intervención
juvenil: ecologismo, pacifismo, movimiento verde, radicalismo, nuevas
formas de vida y relación. En definitiva, buena parte de
las banderas que hoy iza la izquierda tradicional nacieron en la
experiencia vital de grupos que seguían política e
intelectualmente la estela de las formas de acción que se
generaban en la Europa post-mayo del 68. Entre estas experiencias
destacó poderosamente la que tuvo lugar durante toda la transición
en Vallecas, o por mejor decirlo, Vallekas o el Valle del Kas. En
esta zona del sur de Madrid se acogieron singularmente todas las
nuevas formas de acción, todas las alternativas políticas,
todas las iniciativas espontáneas y organizadas tendentes
a acelerar los cambios sociales tras la dictadura. Más allá
del localismo, Vallekas se transformó en aquellos años
en un laboratorio de experimentación a gran escala, en que
confluían las organizaciones tradicionales de la izquierda,
los nuevos grupos alternativos, las iniciativas ciudadanas espontáneas,
las creaciones culturales marginales y las propuestas intelectuales
más avanzadas.
Este libro se
presenta, pues, como el testimonio de lo que sucedió en la
década de la transición en Vallekas, cuando la cultura
y la política no se habían convertido aún en
el patrimonio de los grandes grupos de intereses mediáticos
o burocráticos. A través de un cuidadoso trabajo de
selección de documentos, referencias cronológicas
y material gráfico y de interpretación, el autor encuentra
el sentido que tuvo la acción de los movimientos juveniles
y populares de la "década de la transición",
proporcionando un valioso material para quienes deseen conocer de
primera mano los proyectos, esperanzas e ideas que guiaron una época
irrepetible.
Francisco
León, Francisco Serrano y Mariano Sánchez
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