:: Despedida de Palabras de Guerra.
[29-01-07]
Hace ya
casi seis años que comenzó el proyecto de Palabras de Guerra, cuesta
recordar los inicios y el tiempo recorrido en torno a las ilusiones
iniciales. Siempre hemos creído que los proyectos, del carácter que sean,
deben perdurar sólo y cuando cumplan el fin para el que fueron creados y
que jamás pueden prologarse de forma perpetua.
Todo tiene un principio y un fin y los modelos naturales nos
muestran que este patrón si es eterno.
Quizás nuestra despedida se haya prolongado en exceso, debido
posiblemente a la rutina adquirida, pero si que hemos notado a lo largo
del tiempo un mayor distanciamiento de la página, al ir variando nuestros
intereses metodológicos y personales, llegando a ver en internet un
problema, más que un medio.
No hemos sabido reflejar nuestra evolución personal en el
proyecto, pero justamente debido a que cada vez nos encontrábamos más
distanciados con el medio, sentíamos que la deriva a la que conducía su
utilización no era de nuestro agrado. Tan sólo con un análisis superficial
podremos percibir claramente algunos de estos males asociados a internet y
propios de la sociedad moderna:
- Volumen excesivo de información en la mayor parte de los casos superflua, reflejo de la sociedad occidental del exceso.
- Ritmos acelerados de publicación, enfrentados con los ritmos naturales.
- Priorización de lo que sucede ultramar sobre la propia realidad local.
- Un inmediatismo que genera la necesidad de estar constantemente informados.
- La aparición de un sujeto revolucionario cuya militancia se basa prioritariamente en internet.
Todo ello creando una falsa sensación de comunidad/movimiento.
La atemporalidad y la carencia de barreras físicas es la esencia de este medio y de la era tecnológica.
“…aunque nos espere el dolor y la muerte contra el enemigo nos llama el deber…”
El movimiento anarquista desde hace décadas se encuentra en una
deriva constante, producto de la derrota, derrota que para nosotrxs ha
sido ante todo moral, de Valores.
Aquellos Valores universales, perpetuos, principios inmutables de
nuestro ideario han desaparecido. El honor, la integridad personal, la
espiritualidad, el compromiso, la fidelidad a los ideales, la aspiración a
realizar el bien, la dureza y la austeridad forjaban mujeres y hombres
nuevos, portadores de una nueva sociedad.
Pilares que permanecían firmes frente a la decadencia y la debacle
social, una guía vital.
Se ha introducido en nuestras filas la más absoluta degeneración
material, el hedonismo frente al estoicismo, la superficialidad y el culto
estético frente a lo espiritual, la irresponsabilidad frente a la
integridad, la mediocridad frente a la voluntad...
Difícil tarea distinguir ya a un/a “anarquista” de una persona
común en lo que a comportamiento se refiere.
La corrupción moral que sufre el movimiento es un cáncer que se ha
de extirpar, ardua tarea que hay que comenzar y de la que habrá que
valerse de todos los medios a nuestro alcance.
“Claudicar, Ni siquiera
cuando –al final del camino- sin ninguna salida de salvación, me encuentre
delante de la muralla de la muerte…”
Sin embargo la frustración ante la inmutabilidad del Sistema
no nos hace caer en el derrotismo, ni admitimos siquiera la posibilidad de
él. Es nuestro deber aislar a aquellos que extienden la desesperanza de
acto o de palabra.
Lejano futuro el de la Victoria, pero la creencia férrea en ella
es la llama que alimenta nuestros anhelos. Son los Valores en los que en
momentos de incertidumbre señalan el camino correcto, frente al fétido
materialismo burgués.
Creemos firmemente que el momento histórico actual pasa por
recuperar, en base a la crítica a la modernidad y la industralización, la
autosuficiencia y los valores de la vida sencilla.
Hablamos de una autosuficiencia creadora, basada en la
recuperación de saberes y aptitudes, capaz de generar recursos y
transformarnos rompiendo vínculos de dependencia frente al modelo de
modernidad hedonista y la pseudoautosuficiencia parasitaria. El desarrollo
de unos verdaderos lazos comunitarios y de apoyo mutuo, recobrando el
sentimiento de colectividad, de una vida frugal donde el crecimiento
espiritual prevalezca sobre el material.
Consideramos afrontar estas tareas como una necesidad acuciante y
prioritaria por la imparable extensión del dominio frente a los últimos
resquicios de la vida.
Sin más que comunicaros, un saludo.
Palabras de Guerra.
"A la Revolución
-escuela de heroísmo, espiritualidad y humanismo- debemos darlo todo. Al
servicio de ella estén nuestros puños y nuestro
corazón".