Concentración de LUNES
SIN SOL en León por motivo de 2 mujeres asesinadas
mediante violencia machista durante la pasada semana en
España.
El Grupo Prometeo
realiza la convocatoria en nombre de la Plataforma
Contra la Violencia Machista. Como siempre, la
concentración se inició con un minuto de silencio en
memoria de las víctimas, y a continuación se dio lectura
a un comunicado, en esta ocasión en forma de
carta:
Querido papá:
Aunque tu recuerdo no es más que un gran
agujero negro, la mancha de una ausencia en
mi mente, ahora que sé que por fin me
escuchas, podemos tener la conversación que
jamás tuvimos en vida. Sólo ahora puedo
hacerlo, ahora ya el miedo no me impide
hablarte, siquiera mirarte. En otros
tiempos, tu mirada bastaba para convertirme
en un gusano, temblaba de miedo en tu
presencia, jamás pude decirte no me grites,
no me insultes, no tengo que hacer lo que tú
quieres, no soy una puta.
Tú tampoco pudiste jamás hablar conmigo, no
soy capaz de recordar una pequeña
conversación, algo sencillo como qué tal van
los estudios o qué tal tus amigas, quizá
únicamente un comentario sobre el tiempo.
Sólo recuerdo tus gritos y tus amenazas.
Ay, Felipe, ¡Felipe el Hermoso! te llamaba
la gente por la calle. De familia conocida,
de porte elegante y vivido, tan simpático
con la gracia siempre en la punta de la
lengua presta a caer sobre tu víctima. ¡Qué
bien caías a todo el mundo! Como te habías
casado con aquella muchacha tan sosita;
guapa sí, pero tan calladita.
Yo misma fui una pequeña alegre, viva y
espontánea, más tarde una joven callada,
tímida e introvertida y después una mujer
triste y cobarde, asustada hasta de su
propia sombra. Poco a poco, la niña alegre y
viva que bailaba a todas horas desapareció.
Me convertí en una sombra, sin palabra, sin
presencia ni ser. Me hice invisible para no
ser el centro de tus iras. Mi opinión no
contaba, sólo valía el “porque lo digo yo” y
“si no te rompo la cara”. Mamá siempre decía
que era una niña “muy discreta” porque
cuando estabais discutiendo, salía disparada
de debajo de la mesa hacia la habitación.
Qué comentario tan ingenuo. Cómo aguantar
aquellos gritos, aquellos insultos: “estás
como una cabra", le decías a ella, “ya habló
Juana La Loca”.
Así, a duras penas, conseguí sobrevivir.
Pero más tarde, cuando ya no estaba allí, en
tus dominios, intenté recuperar mi voz y de
mi boca no salía nada, apenas podía
balbucear alguna palabra. Estaba
acostumbrada a no hablar, a no opinar, a no
pensar siquiera. Aún me admiro de la gente
que abre la boca y puede expresar lo que
está pensando; yo no soy capaz de decir lo
que pienso, sólo sale de mi boca lo que
quieren oír los demás.
Jamás me levantaste la mano, papá, pero las
marcas de tus golpes las llevo en mi alma,
en mi inocencia perdida tan niña, en mi vida
robada. Tantos años de silencio, de
invisibilidad, de ser una “niña buena”
porque “está calladita”, que cuando he
tenido que hablar no he tenido palabras,
cuando he tenido que defenderme no he
sabido, cuando he tenido que hacerme valer
no he podido, cuando he tenido que opinar me
he encontrado sin opinión.
Recuerdo a mi amiga Txaro que tras vivir
juntas más de seis años, me confesó un día
que no me conocía. No la entendí entonces,
pero ahora la entiendo. En realidad, yo
tampoco me conocía. Yo he sido una persona
sin ser, de tal manera fue borrado todo
vestigio de mi persona, de mí misma. Cuando
me fui de casa siempre me rodeé de personas
que pensaran por mí, que hablaran por mí,
que decidieran por mí. Yo no sabía cómo
hacerlo.
Ahora estoy intentando encontrarme a mi
misma, escuchándome: quién soy, qué quiero
de mi vida, qué me gusta, qué es importante
para mí. Qué difícil es cuando siempre has
actuado pensando en qué querrán oír los
demás, qué diré para no molestar. He
descubierto que me encanta bailar, que no me
gustan los filetes, que me gusta viajar, la
naturaleza; no me gusta la televisión, me
gustan mis ojos. Pero me parece que he
perdido una vida entera, mi vida no la he
vivido yo, sólo he vivido para y por los
demás, pero no por mí.
Papá, te odié tanto, tanto, que deseaba tu
muerte a cada instante, y esos deseos se
vieron cumplidos a través de la enfermedad
que acabó finalmente con tu vida. Y ahora,
padre, muchos años después, me hago muchas
preguntas sobre ti: ¿quién eras tú?, ¿qué
esperabas de la vida?, ¿por qué no sabías
amar ni te dejabas amar tampoco? Me pregunto
si nos querías.
¿Qué fue tan importante para ti que
sacrificaste tu propia vida, la felicidad de
tus hijos, la de tu mujer? Quizá porque
pensabas que no eran comportamientos propios
de un hombre. Mostrar amor es sentirse
vulnerable y eso no encaja en ser hombre;
dejar opinar es prescindir de la autoridad y
eso no es ser hombre; reconocer que se está
enfermo es mostrar un punto débil y eso no
es ser hombre; hablar amablemente o dialogar
es ser blando, cursi y eso no es ser hombre.
Padre, fuiste víctima de ti mismo, fuiste
víctima de tu machismo. Tu concepto de
hombre es incompatible con la vida, con la
tuya y con la de los demás. Ojala fueras el
último hombre...
muerto por conducir demasiado deprisa
mostrando lo valientes que son,
muerto por tomar drogas o alcohol porque “es cosa
de hombres”,
muerto en peleas, defendiéndose “como hombres”.
Aquí estamos los demás. Hemos sobrevivido
apenas a tu odio, pero aquí estamos. El
único que faltas eres tú.
¿Valía la pena perderlo todo, hasta tu
propia vida por no cambiar?
Ayer te odié, hoy no puedo odiarte, sólo
intentar comprenderte.
Estíbaliz Gómez
Texto
(con pequeñas adaptaciones)
procedente del II Concurso de Cartas “Dillo a quen
maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra),
noviembre de 2004.
*
Con agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.
27 de octubre de 2008
Contra la violencia
patriarcal
Introducción:
21 de octubre de 2008: Muere una mujer apuñalada por su
pareja en Jerez de la Frontera (Cádiz).
La víctima se encontraba embarazada de seis meses y murió por
apuñalamiento en el cuello a manos de su pareja. Que el
asesino fuera súbdito chino es irrelevante, lo
sustancial es que era un hombre machista y la asesinó
porque ella era mujer y su pareja. La historia se repite
cada semana, casi cada día, y los datos muestran que la
violencia machista no se distingue por razas, etnia o
edad. Es transversal. Lo único que la distingue es su
condición "genérica": de un hombre contra una mujer. Y
con esta son ya 61 las asesinadas por su pareja durante
2008 en España.
Las personas concentradas guardan un minuto de silencio y
encienden mecheros
Nos concentramos aquí hoy porque otra mujer
ha sido asesinada.
Las mujeres continúan sufriendo maltratos de
todo tipo: físicos y psíquicos, acoso
sexual, violaciones y asesinatos. Continúan
sufriendo discriminaciones laborales y
salariales, mayor desempleo y pobreza.
Siguen siendo consideradas "objetos
sexuales" y "cuidadoras" del hogar, de la
familia, de los hombres, y disponer de
empleo no les exime de realizar 'tareas
domésticas' gratuitas, con 'dobles jornadas'
de trabajo y sobrecargas de las que nos
aprovechamos los hombres.
El Sistema Patriarcal presente en la mayoría
de sociedades implica la existencia de una
especie de “alianza masculina” para
aprovecharse de la otra mitad de la
población. Las desigualdades se refuerzan
entre sí, como ocurre con la propiedad, la
riqueza, el tiempo libre, los cuidados, etc.
Tras dos siglos de movilizaciones, las
mujeres han logrado conquistar algunos
derechos, rebajando (afortunadamente) los
privilegios de los hombres. Esto es
percibido por gran parte de la población
masculina como una amenaza, y aunque la
mayoría se declaran partidarios de la
igualdad (pues es lo políticamente
correcto), se resisten a perder 'sus
privilegios', aceptando la igualdad con las
mujeres mientras sigan ejerciendo sus
tradicionales funciones 'domésticas' y en
sectores laborales "feminizados" o, lo que
es igual, con mayor precariedad y peor
salario.
El sistema de géneros jerarquizado es una
construcción cultural desde hace unos pocos
miles de años, que sirve a los hombres para
dominar, oprimir y explotar a las mujeres.
Ser hombre o mujer no es un destino natural.
El Patriarcado ofrece a los hombres unos
privilegios a costa del sacrificio de la
otra mitad de la población. Como antaño, el
Sistema Patriarcal es un instrumento que
aprovecha y refuerza otras desigualdades
dentro del sistema social: Capitalismo,
Patriarcado, Estado, Religión, Ejército,
etc., son instituciones que se mantienen
aunque el actual modo de producción las haya
modificado. La violencia de género es
estructural y subyace a todas ellas. Por
eso, las leyes de un "sistema neoliberal
paritario" no pueden suprimir el Patriarcado
ni la violencia de género.
Una de las herramientas que el sistema
patriarcal y capitalista emplea para
perpetuar esta situación que tantos
beneficios y privilegios reporta a los
hombres, es la violencia física contra las
mujeres. Se trata de mantenerlas
aterrorizadas para que no puedan salir de su
situación de inferioridad social. De este
modo puede sostenerse toda la red de
explotación hacia ellas: salarios más bajos,
puestos inferiores, precariedad, explotación
sexual, sumisión laboral..., así como
trabajo doméstico diario minusvalorado y no
remunerado.
Lo que debe quedarnos claro, es que la
solución a la violencia machista nunca
vendrá de un sistema que es el propio
causante. Un sistema que permite que las
mujeres cobren menos, que sigan recluidas en
el ámbito de lo doméstico y que pretende
acabar con la violencia hacia las mujeres
reforzando el aparato policial, uno de los
más machistas y represivos del estado, no va
a acabar con el problema. Reforzar en serio
la igualdad en todos los niveles educativos,
dese el infantil, como labor preventiva,
sería la primera medida de futuro, pero
todas y todos vemos que ni siquiera ese
"mínimo" se cumple.
No puede existir una sociedad igualitaria
sin abolir el Patriarcado, pues aunque la
desigualdad también margina una parte de los
hombres, todos obtienen “dividendos
patriarcales”, entre otros el trabajo
gratuito de las mujeres. Y así se consigue
la complicidad de la mayoría de los hombres
para la perpetuación del sistema y de las
Instituciones opresoras que refuerza.
Nuestro modelo social es el máximo
legitimador de estos y otros comportamientos
y como tal, la violencia machista será el
plato de todos los días si no somos capaces
de cuestionarnos qué tipo de sociedad genera
maltratadores.
Apoyamos la lucha de las mujeres y exigimos
la plena igualdad. Denunciamos a los hombres
que pretenden mantener su 'superioridad'
mediante el acoso, la violencia o el
asesinato de mujeres como si fueran su
propiedad. Los problemas de las mujeres no
son 'cosas de ellas': sus problemas son
nuestros comportamientos. Los hombres
tenemos la obligación moral y política de
cambiar y asumir el reparto paritario de
todas las tareas socialmente necesarias,
sean domésticas o públicas. No habrá
verdadera democracia mientras no exista
verdadera igualdad.
Pretendemos unas nuevas relaciones sociales
y de género igualitarias. Ser hombre o mujer
es una 'creación' (histórica) y no un
'destino' biológico. El silencio y la
pasividad nos hacen cómplices. Participar en
la denuncia del Sistema Patriarcal y sus
expresiones discriminatorias y violentas nos
hará más libres a las mujeres y a los
hombres. Nos hará más humanos.
Somos ya muchas personas, también hombres,
hartos del machismo y sus métodos, pero
tenemos que ser aún más. No es 'su
problema', es 'nuestro problema'. Es tiempo
de acción, no de silencio, y toca también a
los hombres tomar partido. Como dijera
Martín Luther King: "Quiero tu
complicidad para que cuando reflexionemos
sobre la violencia nos parezcan tan graves
las fechorías de los malvados como el
escandaloso silencio de los buenos hombres".
(Texto
original del Grupo Prometeo)
31 de marzo de 2008
Carta
a un maltratador cualquiera
¿Acaso crees que no me doy cuenta? ¿De verdad
piensas que no sé que eres un farsante? Toda tu
galantería y tu amabilidad con la gente no es más
que una fachada para que nadie sospeche cómo eres en
realidad. Crees que lo tienes todo bajo control y en
realidad no controlas nada. Los que de verdad te
conocen son conscientes de quién eres y de hasta
donde llega tu maldad.
No me atrevo a llamarte enfermo, porque no sería
adecuado compararte con personas que no son
responsables de lo que les ocurre. Tú y sólo tú eres
responsable del dolor y el sufrimiento que provocas.
Y aún tienes valor para decir que no es culpa tuya,
que los celos te poseen y que en realidad no sabes
por qué lo haces. ¿Quieres que yo te lo explique?
Podría intentarlo, aunque sé que no quieres oírlo.
Prefieres seguir haciéndote el sordo ante tu
verdadero yo. Y lo peor de todo, tienes la
desvergüenza de llamar amor a todo ese odio y
desprecio.
La próxima vez que levantes la voz o el puño, mírala
fijamente a los ojos y lee el miedo en ellos.
Plantéate en ese momento si de verdad hay algo,
aparte de ti mismo, que te obligue a hacer lo que
piensas. Eres tú, la respuesta está en ti. No en los
problemas económicos que os impiden llegar a fin de
mes, ni el exceso de trabajo en la oficina, ni la
actitud dictatorial de tu jefe, ni las copas que
cada día te metes al cuerpo antes de entrar en casa,
ni tus amigos perfectos con sus vidas perfectas.
Hasta que no entiendas que la clave está en ti no
hay nada que hacer. Otra cuestión será quién te ha
enseñado a actuar así.
Y ella... ¡pobre!, convencida hasta la médula de que
es la responsable de todo por no saber cocinar al
punto de sal, por no plancharte la camisa que hoy
deseas ponerte, por cometer el delito de estar en el
súper el día que apareces dos horas antes de lo
previsto en casa, o por cualquiera de las
estupideces que alegas para justificar la barbarie
en que le haces vivir.
¿Crees que sigue contigo porque te quiere? ¿O más
bien la obligas por la fuerza, porque sabes que ya
no te soporta? Ha descubierto la escoria que hay
detrás de tu máscara de persona atenta y servicial,
y sigue contigo porque ya no tiene fuerzas para
escapar. Tú te has encargado durante años de que ese
fuera su destino. La has aislado de su familia y
amistades, controlas todos sus movimientos, impides
que vea a nadie que no seas tú, la desvalorizas
constantemente y la intimidas con crueldad infinita.
Has conseguido que con sólo verte, el miedo y las
nauseas recorran todo su cuerpo. Está absolutamente
indefensa, a merced de tu voluntad. Siente que no
vale nada (porque tú se lo has repetido varias veces
cada día y durante años), y que jamás podría salir
adelante por sí misma, contra todos y, sobre todo,
contra ti.
Y te sientes orgulloso porque tienes a la oveja en
su redil, y vives en el eterno espejismo del poder.
Es lo único que te gusta de ella: la situación de
inferioridad en que la has colocado y que te hace
sentir poderoso. Aunque le repitas constantemente
que es una inútil y que sin ti no vale nada, lo que
ocurre es todo lo contrario. Eres tú el dependiente,
el que no podría vivir sin ella. La necesitas para
que lleve el peso de la casa y los niños que tú
ignoras por completo. Pero, más que nada, la
necesitas para que te proporcione la dosis de poder
doméstico sin el cual eres tú el que se siente un
inútil, un pelele, incapaz de plantarle cara a nadie
más que a ella.
Por eso tienes miedo de que se vaya, y cada vez
aumentas más la presión de tus amenazas, como
respuesta a tu inseguridad.
Pues deja que te cuente algo: ella se despertó una
mañana con el sonido del teléfono. Tú estabas
trabajando (único periodo del día de relativa
tranquilidad en el caos de su vida). Contestó sin
mucha energía descubriendo con sorpresa que era su
hermana interesándose por ella. Después del
distanciamiento entre ellas (provocado por tu
desconfianza expresa) el tiempo llevó a su hermana a
buscar una tregua. Y ella se sintió por primera vez
en mucho tiempo dichosa, porque alguien se
preocupara por su bienestar. No pudo contenerse y
explotó. Por su boca salieron el sinfín de episodios
de violencia que ha vivido contigo. No se guardó ni
un detalle, por escabroso que fuera, porque
necesitaba sacarlos todos, para que no la quemaran
dentro. La indignación de su hermana fue creciendo
conforme oía los insultos, vejaciones, humillaciones
y golpes que había sufrido durante años. A
continuación le dijo que nunca, nadie, (ni siquiera
tú) las volvería a distanciar. Y con esa garantía se
despidieron hasta el próximo encuentro clandestino.
De eso hace ya un tiempo.
Desde entonces han ido atando cabos, como hormigas
que se proveen de comida para el invierno. Poco a
poco, el desorden mental y emocional se fue
organizando en su cabeza, y las cosas cada vez iban
estando más claras. Había identificado el problema y
estaba dispuesta a alejarse de ti. Contaba con el
apoyo necesario y había planeado mudarse a otra
localidad con su hermana para empezar juntas una
vida nueva.
Así que, sin que tú lo sepas, ella ha resucitado. Se
ha sacudido toda la inseguridad que tú le habías
generado y ahora tiene claro lo que quiere. Quiere
recuperar su vida, quiere ser libre y sentirse bien
consigo misma. Ha entendido que no es amor lo que te
hace sufrir tanto, y ha dicho “se acabó”.
Por lo tanto, no te sorprendas cuando regreses un
día del trabajo y te encuentres la casa sin ella.
Entonces tus peores pesadillas se habrán hecho
realidad y te quedarás sin nadie con quien desahogar
tus frustraciones. Descubrirás que tu plan no era
perfecto y a partir de entonces te comerás las
tensiones solito. Afortunadamente no serás testigo
del crecimiento de su autoestima y seguridad,
mientras las tuyas caen en picado.
Ella será, por fin, una mujer libre. Y si te
obsesionas con encontrarla y castigarla por la
osadía de desafiarte, ojala no des nunca con ella.
Piénsalo, porque de lo contrario quizá acabes con su
vida, pero morirá como una mujer fuerte que se
enfrentó a su destino. Mientras tú deberás resolver
el dilema entre acabar también con tu vida o seguir
viviendo como el ser inmundo y cobarde que eres.
Texto
(con pequeñas adaptaciones)
procedente del III Concurso de Cartas “Dillo a quen
maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra),
noviembre de 2005.
*
Con todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al
Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.
15 de octubre de 2007
Desde
cualquier parte del mundo, un día cualquiera, un año más
A
ti, que marchitas sonrisas:
A ti, quedestruyes toda
esperanza, quisiera hablarte hoy. No conozco otro modo
de expresarme, quizás las mil palabras que aprendí sean
pocas para gritar, y demasiadas para tantas tristezas
que sería mejor callar.
A ti, que nunca entendiste la diferencia entre querer y
amar. Entre tener necesidad de alguien y desear la
felicidad de quién está a tu lado, sobre todas las
cosas. Por eso nunca pudiste pronunciar un “Te amo”
sincero... Porque en los sonidos solo fluye la verdad.
A ti, que rompes la
magia del amor; jugando en una rueda infinita cargada de
violencia, golpes, silencios, lágrimas, falsas
promesas...
A ti, que
ves reflejarse el dolor en la mirada de los demás
y puedes seguir respirando y sonriendo, sin un ápice
de remordimiento, como quien acaba de ganar una
batalla...
A ti, que al oír la palabra “denuncia” repartes
argumentos
como un: “No te van a creer”... con furia
callada, maquinando en
esa situación que parece querer irse de tus manos...
A ti, que paralizas de terror a mil
y una mujeres: universitarias, catedráticas, amas de
casa, empresarias... mujeres con mayúsculas...
Tu, cobarde en fin.., que tomando la violencia como
aliada y el desprecio hiriente como arma, intentas
sentirte superior, sin darte cuenta de que la sumisión
tan solo te empequeñece... te
destruye...
A ti, que no eres capaz de dibujar una sonrisa mirando a
la persona que más quieres volando a tu lado, te molesta
sentirla libre... Nunca
admiraste el vuelo del águila real: aquel que no se
puede acotar. Nunca comprendiste que estamos hechos de
nubes, de la esencia de los más dulces sueños: un
material que no
se puede atar.
A ti, exiliado de la ternura y de la paz. Ladrón de
almas, carcelero de
vidas y verdugo de la ilusión... para ti hablo hoy...
A ti, única causa de partes médicos
confusos, letras negro muerte en un papel blanco
delator, que parece querer gritar la injusticia: crisis
nerviosa, dolores de cabeza y hematomas leves en
el cuello, dolores en el antebrazo, violaciones de todo
lo violable, palabras bajas... muerte... dejando
pequeñas y grandes vidas huérfanas...
A ti, que tiemblas ante la vida e intentas sentirte
importante actuando de la mano del instinto más animal,
más triste: la fuerza. ¿Recuerdas cuantas veces te
agarraste a la barra de un bar viendo en el vaso que
tenías delante el averno
más profundo...? Tampoco harás memoria de las
veces que fueron su cariño y su mirada, tu tabla de
salvación...
A ti, que impones reglas de represión
desnudas, barrera y
desatino...
A ti, condenado a muerte en vida, que con cada golpe que
das también tú caes, también tú mueres y te hundes un
poco más.
Porque tu arma es también tu veneno. Increíble mal, que,
como tú, mata callado y haciendo callar...
A ti, que ahorras incluso un adiós, deseando olvidar que
nada eres
y nada serás...
Llueve en la ciudad y me invade otra vez esta profunda
melancolía teñida de esperanza.
Sé que cada lágrima del cielo, simboliza un pasito
más... Todos juntos, conseguiremos que los ángeles,
terrenales y celestiales, tan solo lloren de alegría...
Texto
(con pequeñas adaptaciones) procedente del II Concurso
de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín
(Pontevedra), noviembre de 2004.
* Con
todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de
Lalín y a su Oficina de Igualdad.
11 de junio de 2007
Letra de canciones:
Ay Dolores (Reincidentes)
Las
diez menos cuarto en el reloj / La noche abre su puerta
en tu cabeza / En la tele un culebrón, la comida en el
salón / Esperando una sonrisa, un te quiero, una caricia
/ Las llaves tornan gris tu habitación / Entrando con el
odio tras sus ojos / Ya no tienes su calor, el alcohol
es su sabor / Empezando con reproches, los insultos, el
desprecio / Y ahora no tienes nada que decir / Ya no se
sabe si soy mujer o soy una mierda / Sumida en la
sinrazón, despojada del valor / Víctima de su miedo, del
fracaso, de sus celos
¡Ay! Dolores, los palos en tu espalda / la tortura en tu
mente
¡Ay! Dolores, con el silencio de la sociedad
Lunes, martes, miércoles, y otra vez / La vida se te escapa
entre tus dedos / Hundida en el qué sé yo, destrozada en
el sillón / Con la cara hinchada por algo más que la
tristeza / Pero ya es la hora de que todo vaya bien /
Volar sin alas, sentir que ya eres libre / Soñar con el
príncipe azul, gozar de lo que eres tú / Rompiendo las
cadenas con que la sociedad te atrapa / Por fin esta
historia ya terminó / Dolores cambió su nombre por
libertad / Escapando del cabrón que tu vida destrozó /
Porque la vida es sólo un cuento / Que hay que vivir en
el momento
¡Ay! Dolores, los palos en tu espalda / la tortura en tu
mente
¡Ay! Dolores, con el silencio de la sociedad
Ellas denunciaron (Def
Con Dos)
¿Y
cuántas mujeres al año? / ¿Y cuántas mujeres? / ¿Y
cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días
contados?
Ella no recuerda porque aunque quiera / no puede acordarse /
del error cometido al fiarse / de aquel tipo mezquino y
cobarde / marido, verdugo, / su peor pesadilla / Ella
está muerta y el en la calle,
¡La maté porque era mía! / 'Mía, mía, mía, sólo mía'
¿Quién ha ofendido al macho dominante? / ¿Quién se ha
atrevido a denunciarle?
Destapando el secreto / de la otra cara de un vecino correcto
/ ¿Quién acusa al cazurro cobarde / que pega a su mujer
y le dice que calle? / 'Ya se lo advertí entre
puñetazos: / si me denuncias te mato' / País de mierda,
país infame, / que ataquen a mujeres no le importa a
nadie / Las torturas y las amenazas, / según los jueces
son cosas de casa / No sirve de nada pedir ayuda, / no
existe delito si no se consuma, / sólo cuando ya están
muertas / ven que las amenazas eran ciertas.
¿Y cuántas mujeres al año? / ¿Y cuántas mujeres? / ¿Y cuántas
mujeres al año, saben que tienen sus días contados?
'Mía, mía, mía, sólo mía' / Ellas no recuerdan lo que les
pasó / ni por qué les pasaba / porque ya están muertas y
ningún cadáver / puede, aunque quiera, acordarse de nada
/ Y no se lamentan de lo que pasó / ni por lo que
pasaron, porque los muertos / no emiten lamentos y en
vez de gritar / les toca callarse y se callan.
Ellas denunciaron, no las escucharon / Ellas murieron, los
jueces consintieron / ¿Y cuántas mujeres al año? / ¿Y
cuántas mujeres? / ¿Y cuántas mujeres al año, saben que
tienen sus días contados?
27 de noviembre de 2006
Carta a una Sociedad
Moderna y Desarrollada
Hola, buenos días Señora Sociedad del Bienestar, me
dirijo a ti a fin de hacerte llegar mis inquietudes,
dudas y reflexiones, mi dificultad de entender algunos
sucesos que veo en los periódicos, en las televisiones y
que hablan de agresiones a mujeres por parte de sus
maridos o compañeros. Me gustaría recibir tu respuesta
para ver si puedes aclararme algunas dudas.
Yo siempre pensé que la violencia no es un buen medio
para solucionar nada, ni las diferencias entre las
personas ni entre los pueblos. Considero que el diálogo,
el acercamiento, la comprensión son los mejores medios
para solucionar cualquier problema. Pero veo que no es
así, que muchas veces se utiliza la violencia para
imponer creencias, ideas o simplemente para imponerse.
Tu pones
a nuestro alcance infinidad de cosas buenas: no tenemos
que ir a cazar para poder comer, cubrimos nuestros
cuerpos con ropa que cambia su forma cada año, podemos
hablar en tiempo real con familiares y amigos que están
al otro lado del mundo, hacer negocios en cualquier
parte del globo, viajar en avión o en tren a velocidades
increíbles, mientras enviamos un correo o un mensaje a
través de nuestro teléfono móvil, etc..., etc... Son
muchas, como decía, tus cosas buenas, y todo eso lo
lograron hombres y mujeres inteligentes, capaces de
construirte y de mejorar nuestra calidad de vida.
Pero, si esto es así, ¿por qué no se produce también un
avance en la igualdad entre hombres y mujeres?, ¿qué
pasa con las relaciones personales?, ¿qué dificulta
nuestra convivencia?, ¿por qué se maltrata?
Es difícil entender la violencia, no sé si tú la puedes
explicar, pero es más difícil aún cuando esa violencia
llega de la mano de una persona querida y tiene como
objeto a sus seres más próximos, fundamentalmente a las
mujeres.
¿Qué rabia o revancha hay en la cabeza y en el corazón
de un hombre que pega, amenaza e insulta a la mujer con
la que comparte la vida, un hogar, unos hijos?
Una mujer y un hombre se conocen, se enamoran, inician
una vida juntos y un día ella recibe una bofetada, un
insulto. No sabe por qué, piensa que se debió equivocar
en algo e intenta corregirlo. La cena estaba caliente,
fría, salada, sosa, es igual, cualquier motivo es
suficiente para recibir una agresión. Piensa que no
volverá a pasar, ella va a tratar de que todo esté bien
para que no suceda nada, para que no haya motivos que
desencadenen la tormenta. Pero pasa, una y otra vez. Las
peleas se suceden y la violencia es mayor. Hasta que un
día ella comprende que el silencio no sirve, que no se
va a parar, teme por su vida y por la de sus hijos, y se
marcha. Él la sigue (el agresor no es nadie sin su
víctima), la acosa, esté donde esté da con ella, y un
mal día cuando sale por la puerta recibe una puñalada,
un mal golpe y la mata.
¿Qué te parece? No estoy exagerando, esto sucede con
demasiada frecuencia. Y tú ¿qué haces Señora Sociedad?
Si, vale, de acuerdo, estás poniendo medidas judiciales,
policiales, casas de acogida, Consejerías de la Mujer,
centros de atención, denuncias públicas. Ya sé que no
estás quieta, ya sé que te preocupa, pero creo que no es
suficiente, falta algo, algo muy importante,
fundamental, algo que no te atreves a plantear porque
forma parte de tu propio ser.
Tenemos un problema social, Señora Sociedad, tenemos un
problema que está muy arraigado y que tiene que ver con
los papeles que asignamos a los hombres y a las mujeres.
A las mujeres, muy frecuentemente, se las exhibe y se
las presenta como “floreros”, olvidándonos, la mayoría
de las veces, de que hay otros modelos de mujeres,
profesionales o no, que defienden su papel en pie de
igualdad con los hombres. Mujeres que piensan, y lo
demuestran diariamente, que su valía está en sus
capacidades.... sin tener en cuenta su género.
Mientras, a los hombres se les considera en un estatus
superior de “personas” respetadas y respetables, que
trabajan, ganan dinero, votan en las elecciones,
“arreglan” la sociedad.... aunque algunos sean sumamente
crueles dentro de su casa y con sus seres queridos.
Tienes un problema Señora Sociedad, tienes un problema
que está dentro de ti, que tiene que ver con la
desigualdad con la que aún tratas a los hombres y a las
mujeres, que tiene que ver con el reparto de poder; no
olvides que maltrata el que puede, el que tiene más
fuerza.
Este es un problema tuyo, y por lo tanto de todas y
todos, hombres y mujeres que tenemos la obligación de
hacer que tu seas mejor, más justa e igualitaria.
¿Qué podemos hacer, tú y nosotros?
-
Podemos educar a los niños y las niñas por igual, que
sientan que son iguales en derechos y en obligaciones. -
Podemos apartar esos modelos de hombres y mujeres que
nos degradan a todos y a todas. -
Podemos instar a todas las Instituciones, públicas y
privadas, a que potencien el papel de las mujeres en la
política, en la economía, en la empresa, en las
organizaciones sociales, etc...
-
Podemos animar a nuestros hijos e hijas a que escojan su
futuro sin pensar que hay trabajos de hombres y de
mujeres.
-
Podemos despreciar públicamente a los hombres que
maltratan, que sientan que no son aceptados, que no se
lo vamos a consentir.
- Desde aquí manifestamos nuestro desprecio y denuncia
por las recientes manifestaciones y actitudes machistas
de personajes políticos que ante preguntas incómodas de
una periodista intentan dejar la firma en su escote, o
que alaban con espíritu de envidia y competitivo los
comportamientos machistas de su homólogo israelita. Son
sólo dos demostraciones que denigran a los hombres,
humillan a las mujeres y son un nefasto ejemplo para
toda la sociedad.
-
Podemos reconocer a las mujeres poderosas y
triunfadoras, darles el mérito que les corresponde y no
hacerlas de menos o buscar causas ajenas a su triunfo.
- Podemos, en definitiva, tratar de que tú, Señora
Sociedad, reconozcas como iguales a mujeres y hombres,
des a todas y a todos las mismas oportunidades, el mismo
trato. Si así lo haces, los maltratadores serán menos y
se sentirán aislados, fuera de ti, al margen, que es el
lugar que les corresponde.
Y,
por último, deberías pedir perdón a todas las mujeres
que a lo largo de los tiempos han sido víctimas de la
prepotencia, la ira, la sinrazón, y que, calladas casi
siempre, merecen todo nuestro apoyo y sobre todo nuestro
respeto.
Esperando que esta carta sirva para mejorar esta
situación, recibe un cariñoso abrazo.
Texto
(con algunas adaptaciones) procedente del I Concurso
de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín
(Pontevedra), noviembre de 2003.
* Con
todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de
Lalín y a su Oficina de Igualdad.
30 de abril de 2006
Una primavera de
esperanza
Ahora
que habitamos una primavera de esperanza, con un norte
de paz, nos gustaría celebrar un día no muy lejano, un
alto permanente al machismo en todo el mundo, y también
en León.
Un
lunes o martes con sol de convivencia igualitaria, con
derechos y sueldos comunes, con sueños compartidos y
donde nadie se sintiera y actuara como dueño de nadie.
Sin
violencia de hombres contra mujeres, sin misoginias de
catedráticos, lingüistas, columnistas...
Haciendo visible el desequilibrio estructural entre
mujeres y hombres, sacando a la luz todas las
injusticias, todas las asesinadas, las maltratadas, las
oprimidas…
La
violencia es la imposición totalitaria de la
desigualdad.
La
violencia es un problema, no una solución.
Por
tanto, cuanta menos violencia exista en una sociedad,
mejor.
Y aquí
esperamos a todos los hombres para romper el silencio
cómplice ante el maltrato, ante la discriminación, ante
el dolor…
Esa
esperanza es la que nos mantiene y será el inicio
imparable de este proceso de igualdad, de dar por
finalizado definitivamente este machismo homicida. Y de
incorporarnos a una sociedad diferente, con relaciones
más justas y democráticas, con respeto a la diferencia y
trato igualitario.
Y
volvernos al sol, al pacto, al proceso de paz entre
mujeres y hombres, a resolver los conflictos con diálogo
y convivencia pacífica, a un mañana que se nos antoja
utópico y lejano pero posible.
Basta
ya de excusas. Todos y todas, individuos, colectivos e
instituciones, cada cual en su ámbito, tenemos mucho que
aportar.
Pongámonos a ello sin esperar a que haya más víctimas.
(Texto
original del Grupo Prometeo)
10 de octubre de 2005
Introducción
La
lista de mujeres víctimas de la violencia machista sigue
creciendo sin que este fenómeno social y calamitoso
parezca tener fin. En los últimos 7 días han sido 2
mujeres más asesinadas, y son ya 51 a lo largo del año
2005.
Hoy
queremos reparar en dos rasgos que caracterizan al
fenómeno de la violencia machista:
― No es un comportamiento puntual ni casual. Las
acciones violentas del maltratador, con sus daños y
agravios, son reiteradas, aunque no siempre alcancen el
trágico desenlace final que tiñe de negro las páginas de
sucesos en los medios de comunicación.
― Existencia de otras víctimas, además de las más
directas y castigadas (las mujeres): son los hijos e
hijas de las parejas.
Ambas
características aparecen claramente reflejadas en la
carta que hoy traemos a esta Concentración.
Querido papá
Hay
un silencio inmenso en toda la casa. Sólo siento cómo
mamá llora de manera entrecortada, disimulando. No
quiere que yo la escuche. Estoy en mi cuarto mirando por
la ventana sin entender. No es la primera vez. Más
tarde, mamá se acerca a mí, sin decir nada, y me besa.
Yo la miro sin poder llegar al fondo de su tristeza.
Quiero que me digas por qué, ¿Por qué, papá? La abuela
le contó a mamá cosas raras, como que siempre fue así y
las “mujeres se casan y aguantan lo que venga. Si hay
suerte te toca alguien que no te pone la mano encima, y
sino...” Yo no entiendo eso de que “la cabra donde está
atada tiene que pacer”. Mamá es inteligente y, cuando se
acicala, incluso mis amigos dicen que está “muy bien”.
Sé que a ti, papá, también te gusta... Entonces, ¿Por
qué aparecen los moratones en sus muslos, en sus
mejillas o en lugares más ocultos, como vi el otro día
cuando ella estaba poniéndose un jersey? A veces le
dices que llega tarde del trabajo, otras que sale
demasiado pintada, otras que la comida del mediodía es
repugnante, que no sabe educarme... Lo siento papá, ¡lo
siento mucho¡ Ella me dice que antes no eras así, todo
lo suyo te agradaba y no le dabas importancia a los
defectos de mamá.
Quiero saber qué pasó, quiero romper los silencios de
las horas que miramos al plato para no encontrarnos con
la soledad de cada uno. Ella dice que no puede dejarte:
por mi, por la abuela, porque le juras que cambiarás,
por miedo... Quiero que sepas, papá, que también yo
tengo miedo. Nunca me pusiste la mano encima y me dices
que sólo así las mujeres aprenden a respetar a los
hombres. Yo veo que mamá solo aprende a llorar y también
a odiarte. En cuanto a mí, creo que el respeto es otra
cosa, y el amor todavía no aprendí lo que es, pero el
amor a una mujer no debe ser eso que tú estas haciendo
con mamá.
No
quiero hablar de esto con nadie más que contigo. Ya
estoy harto de que en el Instituto digan “es un niño muy
raro” y me manden hablar con la orientadora. Yo no le
cuento nada, que se ocupe de su vida que también tendrá
problemas, pero necesitamos ayuda papá. Cambia por
nosotros, por ti. Alguien debe tener una solución para
esto, para mamá, para mí..., para los que, como
nosotros, pasan del amor al odio, del respeto a la
indignidad, a una condena de la que ella no es culpable,
ni tú –ni nadie– debe ser verdugo.
Texto procedente del
I Concurso
de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín
(Pontevedra), noviembre de 2003.
* Con
agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de
Lalín y a su Oficina de Igualdad.
25 de abril de 2005
El silencio nos hace
cómplices
Quienes creemos en la igualdad tenemos la obligación
moral, cívica y política de responder individual y
colectivamente ante el fenómeno atroz de la violencia de
género. Esta responsabilidad es aún mayor para los
hombres en cuanto colectivo al que pertenecen la gran
mayoría de los verdugos.
Si hay
violencia de género, hay una responsabilidad de género.
Ni
como hombres, ni como ciudadanos, podemos mirar hacia
otro lado porque no nos consideremos agresores y tampoco
víctimas. Una sociedad que se considere avanzada y
democrática, como creemos que es la nuestra, no puede
permitir que la mitad de la población viva
permanentemente bajo la amenaza de la otra parte, y
menos aún si éstos actúan en nombre de una supuesta
masculinidad que es más bien brutalidad.
Sabemos que el problema no es simple, pues requiere
actuaciones en diversos ámbitos y los resultados pueden
hacerse esperar. Pero, antes que desmoralizarnos, eso
debe servir de estímulo, porque cualquier intervención
puede significar un avance que nos acerque al objetivo
final.
Asumimos la máxima de que «el mejor día para empezar es
siempre hoy». Y en nombre de todas las personas (también
los hombres) que nos identificamos y comprometemos con
las ideas de justicia e igualdad, queremos lanzar aquí y
ahora algunos mensajes que nos invitan a reflexionar
sobre formas de pensar y de actuar que pueden estar
colaborando a mantener el estado actual del problema y,
por tanto, podríamos también modificar para aproximarnos
a una solución definitiva:
-Ser
diferentes no implica ser desiguales.
-No
podemos amar a una persona si no la respetamos.
-Si
te maltratan, no te aman.
-Quien
bien te quiere no puede hacerte llorar.
-Tu
mujer, tu novia o tu pareja, no es tuya.
Ante
la barbarie, no queremos ser cómplices ni estar en
silencio.