Manifiestos del Grupo Prometeo en los  "Lunes Sin Sol"

(Expresados en representación de la Plataforma Contra la Violencia Machista)

 
 
 

Fecha

            manifiestos

 

25/05/2009

      Querido Papá (II)

 

27/10/2008

      Contra la violencia patriarcal

 

31/03/2008

      Carta a un maltratador cualquiera

 

15/10/2007

      Desde cualquier parte del mundo, un día cualquiera, un año más

 

11/06/2007

      Letra de dos canciones: "Ay Dolores" (Reincidentes) y "Ellas denunciaron" (Def Con Dos)

 

27/11/2006

      Carta a una Sociedad Moderna y Desarrollada

 

30/04/2006

      Una primavera de esperanza

 

10/10/2005

      Querido Papá (I)

 

25/04/2005

      El silencio nos hace cómplices

 

  25 de mayo de 2009                                                                                                                                                                                      

Introducción:

Concentración de LUNES SIN SOL en León por motivo de 2 mujeres asesinadas mediante violencia machista durante la pasada semana en España.

El Grupo Prometeo realiza la convocatoria en nombre de la Plataforma Contra la Violencia Machista. Como siempre, la concentración se inició con un minuto de silencio en memoria de las víctimas, y a continuación se dio lectura a un  comunicado, en esta ocasión en forma de carta:

 

Querido papá:

 

Aunque tu recuerdo no es más que un gran agujero negro, la mancha de una ausencia en mi mente, ahora que sé que por fin me escuchas, podemos tener la conversación que jamás tuvimos en vida. Sólo ahora puedo hacerlo, ahora ya el miedo no me impide hablarte, siquiera mirarte. En otros tiempos, tu mirada bastaba para convertirme en un gusano, temblaba de miedo en tu presencia, jamás pude decirte no me grites, no me insultes, no tengo que hacer lo que tú quieres, no soy una puta.

Tú tampoco pudiste jamás hablar conmigo, no soy capaz de recordar una pequeña conversación, algo sencillo como qué tal van los estudios o qué tal tus amigas, quizá únicamente un comentario sobre el tiempo. Sólo recuerdo tus gritos y tus amenazas.

Ay, Felipe, ¡Felipe el Hermoso! te llamaba la gente por la calle. De familia conocida, de porte elegante y vivido, tan simpático con la gracia siempre en la punta de la lengua presta a caer sobre tu víctima. ¡Qué bien caías a todo el mundo! Como te habías casado con aquella muchacha tan sosita; guapa sí, pero tan calladita.

Yo misma fui una pequeña alegre, viva y espontánea, más tarde una joven callada, tímida e introvertida y después una mujer triste y cobarde, asustada hasta de su propia sombra. Poco a poco, la niña alegre y viva que bailaba a todas horas desapareció. Me convertí en una sombra, sin palabra, sin presencia ni ser. Me hice invisible para no ser el centro de tus iras. Mi opinión no contaba, sólo valía el “porque lo digo yo” y “si no te rompo la cara”. Mamá siempre decía que era una niña “muy discreta” porque cuando estabais discutiendo, salía disparada de debajo de la mesa hacia la habitación. Qué comentario tan ingenuo. Cómo aguantar aquellos gritos, aquellos insultos: “estás como una cabra", le decías a ella, “ya habló Juana La Loca”.

Así, a duras penas, conseguí sobrevivir. Pero más tarde, cuando ya no estaba allí, en tus dominios, intenté recuperar mi voz y de mi boca no salía nada, apenas podía balbucear alguna palabra. Estaba acostumbrada a no hablar, a no opinar, a no pensar siquiera. Aún me admiro de la gente que abre la boca y puede expresar lo que está pensando; yo no soy capaz de decir lo que pienso, sólo sale de mi boca lo que quieren oír los demás.

Jamás me levantaste la mano, papá, pero las marcas de tus golpes las llevo en mi alma, en mi inocencia perdida tan niña, en mi vida robada. Tantos años de silencio, de invisibilidad, de ser una “niña buena” porque “está calladita”, que cuando he tenido que hablar no he tenido palabras, cuando he tenido que defenderme no he sabido, cuando he tenido que hacerme valer no he podido, cuando he tenido que opinar me he encontrado sin opinión.

Recuerdo a mi amiga Txaro que tras vivir juntas más de seis años, me confesó un día que no me conocía. No la entendí entonces, pero ahora la entiendo. En realidad, yo tampoco me conocía. Yo he sido una persona sin ser, de tal manera fue borrado todo vestigio de mi persona, de mí misma. Cuando me fui de casa siempre me rodeé de personas que pensaran por mí, que hablaran por mí, que decidieran por mí. Yo no sabía cómo hacerlo.

Ahora estoy intentando encontrarme a mi misma, escuchándome: quién soy, qué quiero de mi vida, qué me gusta, qué es importante para mí. Qué difícil es cuando siempre has actuado pensando en qué querrán oír los demás, qué diré para no molestar. He descubierto que me encanta bailar, que no me gustan los filetes, que me gusta viajar, la naturaleza; no me gusta la televisión, me gustan mis ojos. Pero me parece que he perdido una vida entera, mi vida no la he vivido yo, sólo he vivido para y por los demás, pero no por mí.

Papá, te odié tanto, tanto, que deseaba tu muerte a cada instante, y esos deseos se vieron cumplidos a través de la enfermedad que acabó finalmente con tu vida. Y ahora, padre, muchos años después, me hago muchas preguntas sobre ti: ¿quién eras tú?, ¿qué esperabas de la vida?, ¿por qué no sabías amar ni te dejabas amar tampoco? Me pregunto si nos querías.

¿Qué fue tan importante para ti que sacrificaste tu propia vida, la felicidad de tus hijos, la de tu mujer? Quizá porque pensabas que no eran comportamientos propios de un hombre. Mostrar amor es sentirse vulnerable y eso no encaja en ser hombre; dejar opinar es prescindir de la autoridad y eso no es ser hombre; reconocer que se está enfermo es mostrar un punto débil y eso no es ser hombre; hablar amablemente o dialogar es ser blando, cursi y eso no es ser hombre.

Padre, fuiste víctima de ti mismo, fuiste víctima de tu machismo. Tu concepto de hombre es incompatible con la vida, con la tuya y con la de los demás. Ojala fueras el último hombre...

      muerto por conducir demasiado deprisa mostrando lo valientes que son,
      muerto por tomar drogas o alcohol porque “es cosa de hombres”,
      muerto en peleas, defendiéndose “como hombres”.

Aquí estamos los demás. Hemos sobrevivido apenas a tu odio, pero aquí estamos. El único que faltas eres tú.

¿Valía la pena perderlo todo, hasta tu propia vida por no cambiar?

Ayer te odié, hoy no puedo odiarte, sólo intentar comprenderte.

Estíbaliz Gómez       

 

Texto (con pequeñas adaptaciones) procedente del II Concurso de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra), noviembre de 2004.

* Con agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.
   

 

  27 de octubre de 2008                                                                                                                                                                                   

 

Contra la violencia patriarcal

Introducción:

21 de octubre de 2008: Muere una mujer apuñalada por su pareja en Jerez de la Frontera (Cádiz).

La víctima se encontraba embarazada de seis meses y murió por apuñalamiento en el cuello a manos de su pareja. Que el asesino fuera súbdito chino es irrelevante, lo sustancial es que era un hombre machista y la asesinó porque ella era mujer y su pareja. La historia se repite cada semana, casi cada día, y los datos muestran que la violencia machista no se distingue por razas, etnia o edad. Es transversal. Lo único que la distingue es su condición "genérica": de un hombre contra una mujer. Y con esta son ya 61 las asesinadas por su pareja durante 2008 en España.

Las personas concentradas guardan un minuto de silencio y encienden mecheros

                                  

Nos concentramos aquí hoy porque otra mujer ha sido asesinada.

Las mujeres continúan sufriendo maltratos de todo tipo: físicos y psíquicos, acoso sexual, violaciones y asesinatos. Continúan sufriendo discriminaciones laborales y salariales, mayor desempleo y pobreza. Siguen siendo consideradas "objetos sexuales" y "cuidadoras" del hogar, de la familia, de los hombres, y disponer de empleo no les exime de realizar 'tareas domésticas' gratuitas, con 'dobles jornadas' de trabajo y sobrecargas de las que nos aprovechamos los hombres.

El Sistema Patriarcal presente en la mayoría de sociedades implica la existencia de una especie de “alianza masculina” para aprovecharse de la otra mitad de la población. Las desigualdades se refuerzan entre sí, como ocurre con la  propiedad, la riqueza, el tiempo libre, los cuidados, etc. Tras dos siglos de movilizaciones, las mujeres han logrado conquistar algunos derechos, rebajando (afortunadamente) los privilegios de los hombres. Esto es percibido por gran parte de la población masculina como una amenaza, y aunque la mayoría se declaran partidarios de la igualdad (pues es lo políticamente correcto), se resisten a perder 'sus privilegios', aceptando la igualdad con las mujeres mientras sigan ejerciendo sus tradicionales funciones 'domésticas' y en sectores laborales "feminizados" o, lo que es igual, con mayor precariedad y peor salario.

El sistema de géneros jerarquizado es una construcción cultural desde hace unos pocos miles de años, que sirve a los hombres para dominar, oprimir y explotar a las mujeres. Ser hombre o mujer no es un destino natural. El Patriarcado ofrece a los hombres unos privilegios a costa del sacrificio de la otra mitad de la población. Como antaño, el Sistema Patriarcal es un instrumento que aprovecha y refuerza otras desigualdades dentro del sistema social: Capitalismo, Patriarcado, Estado, Religión, Ejército, etc., son instituciones que se mantienen aunque el actual modo de producción las haya modificado. La violencia de género es estructural y subyace a todas ellas. Por eso, las leyes de un "sistema neoliberal paritario" no pueden suprimir el Patriarcado ni la violencia de género.

Una de las herramientas que el sistema patriarcal y capitalista emplea para perpetuar esta situación que tantos beneficios y privilegios reporta a los hombres, es la violencia física contra las mujeres. Se trata de mantenerlas aterrorizadas para que no puedan salir de su situación de inferioridad social. De este modo puede sostenerse toda la red de explotación hacia ellas: salarios más bajos, puestos inferiores, precariedad, explotación sexual, sumisión laboral...,  así como trabajo doméstico diario minusvalorado y no remunerado.

Lo que debe quedarnos claro, es que la solución a la violencia machista nunca vendrá de un sistema que es el propio causante. Un sistema que permite que las mujeres cobren menos, que sigan recluidas en el ámbito de lo doméstico y que pretende acabar con la violencia hacia las mujeres reforzando el aparato policial, uno de los más machistas y represivos del estado, no va a acabar con el problema. Reforzar en serio la igualdad en todos los niveles educativos, dese el infantil, como labor preventiva, sería la primera medida de futuro, pero todas y todos vemos que ni siquiera ese "mínimo" se cumple.

No puede existir una sociedad igualitaria sin abolir el Patriarcado, pues aunque la desigualdad también margina una parte de los hombres, todos obtienen “dividendos patriarcales”, entre otros el trabajo gratuito de las mujeres. Y así se consigue la complicidad de la mayoría de los hombres para la perpetuación del sistema y de las Instituciones opresoras que refuerza. Nuestro modelo social es el máximo legitimador de estos y otros comportamientos y como tal, la violencia machista será el plato de todos los días si no somos capaces de cuestionarnos qué tipo de sociedad genera maltratadores.

Apoyamos la lucha de las mujeres y exigimos la plena igualdad. Denunciamos a los hombres que pretenden mantener su 'superioridad' mediante el acoso, la violencia o el asesinato de mujeres como si fueran su propiedad. Los problemas de las mujeres no son 'cosas de ellas': sus problemas son nuestros comportamientos. Los hombres tenemos la obligación moral y política de cambiar y asumir el reparto paritario de todas las tareas socialmente necesarias, sean domésticas o públicas. No habrá verdadera democracia mientras no exista verdadera igualdad.

Pretendemos unas nuevas relaciones sociales y de género igualitarias. Ser hombre o mujer es una 'creación' (histórica) y no un 'destino' biológico. El silencio y la pasividad nos hacen cómplices. Participar en la denuncia del Sistema Patriarcal y sus expresiones discriminatorias y violentas nos hará más libres a las mujeres y a los hombres. Nos hará más humanos.

Somos ya muchas personas, también hombres, hartos del machismo y sus métodos, pero tenemos que ser aún más. No es 'su problema', es 'nuestro problema'. Es tiempo de acción, no de silencio, y toca también a los hombres tomar partido. Como dijera Martín Luther King: "Quiero tu complicidad para que cuando reflexionemos sobre la violencia nos parezcan tan graves las fechorías de los malvados como el escandaloso silencio de los buenos hombres".

 

(Texto original del Grupo Prometeo)   

 

 

  31 de marzo de 2008                                                                                                                                                                               

 

Carta a un maltratador cualquiera

 

¿Acaso crees que no me doy cuenta? ¿De verdad piensas que no sé que eres un farsante? Toda tu galantería y tu amabilidad con la gente no es más que una fachada para que nadie sospeche cómo eres en realidad. Crees que lo tienes todo bajo control y en realidad no controlas nada. Los que de verdad te conocen son conscientes de quién eres y de hasta donde llega tu maldad.

No me atrevo a llamarte enfermo, porque no sería adecuado compararte con personas que no son responsables de lo que les ocurre. Tú y sólo tú eres responsable del dolor y el sufrimiento que provocas.

Y aún tienes valor para decir que no es culpa tuya, que los celos te poseen y que en realidad no sabes por qué lo haces. ¿Quieres que yo te lo explique? Podría intentarlo, aunque sé que no quieres oírlo. Prefieres seguir haciéndote el sordo ante tu verdadero yo. Y lo peor de todo, tienes la desvergüenza de llamar amor a todo ese odio y desprecio.

La próxima vez que levantes la voz o el puño, mírala fijamente a los ojos y lee el miedo en ellos. Plantéate en ese momento si de verdad hay algo, aparte de ti mismo, que te obligue a hacer lo que piensas. Eres tú, la respuesta está en ti. No en los problemas económicos que os impiden llegar a fin de mes, ni el exceso de trabajo en la oficina, ni la actitud dictatorial de tu jefe, ni las copas que cada día te metes al cuerpo antes de entrar en casa, ni tus amigos perfectos con sus vidas perfectas.

Hasta que no entiendas que la clave está en ti no hay nada que hacer. Otra cuestión será quién te ha enseñado a actuar así.

Y ella... ¡pobre!, convencida hasta la médula de que es la responsable de todo por no saber cocinar al punto de sal, por no plancharte la camisa que hoy deseas ponerte, por cometer el delito de estar en el súper el día que apareces dos horas antes de lo previsto en casa, o por cualquiera de las estupideces que alegas para justificar la barbarie en que le haces vivir.

¿Crees que sigue contigo porque te quiere? ¿O más bien la obligas por la fuerza, porque sabes que ya no te soporta? Ha descubierto la escoria que hay detrás de tu máscara de persona atenta y servicial, y sigue contigo porque ya no tiene fuerzas para escapar. Tú te has encargado durante años de que ese fuera su destino. La has aislado de su familia y amistades, controlas todos sus movimientos, impides que vea a nadie que no seas tú, la desvalorizas constantemente y la intimidas con crueldad infinita. Has conseguido que con sólo verte, el miedo y las nauseas recorran todo su cuerpo. Está absolutamente indefensa, a merced de tu voluntad. Siente que no vale nada (porque tú se lo has repetido varias veces cada día y durante años), y que jamás podría salir adelante por sí misma, contra todos y, sobre todo, contra ti.

Y te sientes orgulloso porque tienes a la oveja en su redil, y vives en el eterno espejismo del poder. Es lo único que te gusta de ella: la situación de inferioridad en que la has colocado y que te hace sentir poderoso. Aunque le repitas constantemente que es una inútil y que sin ti no vale nada, lo que ocurre es todo lo contrario. Eres tú el dependiente, el que no podría vivir sin ella. La necesitas para que lleve el peso de la casa y los niños que tú ignoras por completo. Pero, más que nada, la necesitas para que te proporcione la dosis de poder doméstico sin el cual eres tú el que se siente un inútil, un pelele, incapaz de plantarle cara a nadie más que a ella.

Por eso tienes miedo de que se vaya, y cada vez aumentas más la presión de tus amenazas, como respuesta a tu inseguridad.

Pues deja que te cuente algo: ella se despertó una mañana con el sonido del teléfono. Tú estabas trabajando (único periodo del día de relativa tranquilidad en el caos de su vida). Contestó sin mucha energía descubriendo con sorpresa que era su hermana interesándose por ella. Después del distanciamiento entre ellas (provocado por tu desconfianza expresa) el tiempo llevó a su hermana a buscar una tregua. Y ella se sintió por primera vez en mucho tiempo dichosa, porque alguien se preocupara por su bienestar. No pudo contenerse y explotó. Por su boca salieron el sinfín de episodios de violencia que ha vivido contigo. No se guardó ni un detalle, por escabroso que fuera, porque necesitaba sacarlos todos, para que no la quemaran dentro. La indignación de su hermana fue creciendo conforme oía los insultos, vejaciones, humillaciones y golpes que había sufrido durante años. A continuación le dijo que nunca, nadie, (ni siquiera tú) las volvería a distanciar. Y con esa garantía se despidieron hasta el próximo encuentro clandestino. De eso hace ya un tiempo.

Desde entonces han ido atando cabos, como hormigas que se proveen de comida para el invierno.  Poco a poco, el desorden mental y emocional se fue organizando en su cabeza, y las cosas cada vez iban estando más claras. Había identificado el problema y estaba dispuesta a alejarse de ti. Contaba con el apoyo necesario y había planeado mudarse a otra localidad con su hermana para empezar juntas una vida nueva.

Así que, sin que tú lo sepas, ella ha resucitado. Se ha sacudido toda la inseguridad que tú le habías generado y ahora tiene claro lo que quiere. Quiere recuperar su vida, quiere ser libre y sentirse bien consigo misma. Ha entendido que no es amor lo que te hace sufrir tanto, y ha dicho “se acabó”.

Por lo tanto, no te sorprendas cuando regreses un día del trabajo y te encuentres la casa sin ella. Entonces tus peores pesadillas se habrán hecho realidad y te quedarás sin nadie con quien desahogar tus frustraciones. Descubrirás que tu plan no era perfecto y a partir de entonces te comerás las tensiones solito. Afortunadamente no serás testigo del crecimiento de su autoestima y seguridad, mientras las tuyas caen en picado.

Ella será, por fin, una mujer libre. Y si te obsesionas con encontrarla y castigarla por la osadía de desafiarte, ojala no des nunca con ella. Piénsalo, porque de lo contrario quizá acabes con su vida, pero morirá como una mujer fuerte que se enfrentó a su destino. Mientras tú deberás resolver el dilema entre acabar también con tu vida o seguir viviendo como el ser inmundo y cobarde que eres.

 

 

Texto (con pequeñas adaptaciones) procedente del III Concurso de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra), noviembre de 2005.

* Con todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.


 

  15 de octubre de 2007                                                                                                                                                                            

 

Desde cualquier parte del mundo, un día cualquiera, un año más

 

A ti, que marchitas sonrisas:

A ti, que destruyes toda esperanza, quisiera hablarte hoy. No conozco otro modo de expresarme, quizás las mil palabras que aprendí sean pocas para gritar, y demasiadas para tantas tristezas que sería mejor callar.

A ti, que nunca entendiste la diferencia entre querer y amar. Entre tener necesidad de alguien y desear la felicidad de quién está a tu lado, sobre todas las cosas. Por eso nunca pudiste pronunciar un “Te amo” sincero... Porque en los sonidos solo fluye la verdad.

A ti, que rompes la magia del amor; jugando en una rueda infinita cargada de violencia, golpes, silencios, lágrimas, falsas promesas...

A ti, que ves reflejarse el dolor en la mirada de los demás y puedes seguir respirando y sonriendo, sin un ápice de remordimiento, como quien acaba de ganar una batalla...

A ti, que al oír la palabra “denuncia” repartes argumentos como un: “No te van a creer”... con furia callada, maquinando en esa situación que parece querer irse de tus manos...

A ti, que paralizas de terror a mil y una mujeres: universitarias, catedráticas, amas de casa, empresarias... mujeres con mayúsculas... Tu, cobarde en fin.., que tomando la violencia como aliada y el desprecio hiriente como arma, intentas sentirte superior, sin darte cuenta de que la sumisión tan solo te empequeñece... te destruye...

A ti, que no eres capaz de dibujar una sonrisa mirando a la persona que más quieres volando a tu lado, te molesta sentirla libre... Nunca admiraste el vuelo del águila real: aquel que no se puede acotar. Nunca comprendiste que estamos hechos de nubes, de la esencia de los más dulces sueños: un material que no se puede atar.

A ti, exiliado de la ternura y de la paz. Ladrón de almas, carcelero de vidas y verdugo de la ilusión... para ti hablo hoy...

A ti, única causa de partes médicos confusos, letras negro muerte en un papel blanco delator, que parece querer gritar la injusticia: crisis nerviosa, dolores de cabeza y hematomas leves en el cuello, dolores en el antebrazo, violaciones de todo lo violable, palabras bajas... muerte... dejando pequeñas y grandes vidas huérfanas...

A ti, que tiemblas ante la vida e intentas sentirte importante actuando de la mano del instinto más animal, más triste: la fuerza. ¿Recuerdas cuantas veces te agarraste a la barra de un bar viendo en el vaso que tenías delante el averno más profundo...? Tampoco harás memoria de las veces que fueron su cariño y su mirada, tu tabla de salvación...

A ti, que impones reglas de represión desnudas, barrera y desatino...

A ti, condenado a muerte en vida, que con cada golpe que das también tú caes, también tú mueres y te hundes un poco más.

Porque tu arma es también tu veneno. Increíble mal, que, como tú, mata callado y haciendo callar...

A ti, que ahorras incluso un adiós, deseando olvidar que nada eres y nada serás...

Llueve en la ciudad y me invade otra vez esta profunda melancolía teñida de esperanza.

Sé que cada lágrima del cielo, simboliza un pasito más... Todos juntos, conseguiremos que los ángeles, terrenales y celestiales, tan solo lloren de alegría...

 

 

Texto (con pequeñas adaptaciones) procedente del II Concurso de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra), noviembre de 2004.

* Con todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.

 

  11 de junio de 2007                                                                                                                                                                                 

Letra de canciones:

Ay Dolores   (Reincidentes)

Las diez menos cuarto en el reloj / La noche abre su puerta en tu cabeza / En la tele un culebrón, la comida en el salón / Esperando una sonrisa, un te quiero, una caricia / Las llaves tornan gris tu habitación / Entrando con el odio tras sus ojos / Ya no tienes su calor, el alcohol es su sabor / Empezando con reproches, los insultos, el desprecio / Y ahora no tienes nada que decir / Ya no se sabe si soy mujer o soy una mierda / Sumida en la sinrazón, despojada del valor / Víctima de su miedo, del fracaso, de sus celos

¡Ay! Dolores, los palos en tu espalda / la tortura en tu mente

¡Ay! Dolores, con el silencio de la sociedad

Lunes, martes, miércoles, y otra vez / La vida se te escapa entre tus dedos / Hundida en el qué sé yo, destrozada en el sillón / Con la cara hinchada por algo más que la tristeza / Pero ya es la hora de que todo vaya bien / Volar sin alas, sentir que ya eres libre / Soñar con el príncipe azul, gozar de lo que eres tú / Rompiendo las cadenas con que la sociedad te atrapa / Por fin esta historia ya terminó / Dolores cambió su nombre por libertad / Escapando del cabrón que tu vida destrozó / Porque la vida es sólo un cuento / Que hay que vivir en el momento

¡Ay! Dolores, los palos en tu espalda / la tortura en tu mente

¡Ay! Dolores, con el silencio de la sociedad

 

Ellas denunciaron   (Def Con Dos)

¿Y cuántas mujeres al año? / ¿Y cuántas mujeres? / ¿Y cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días contados?

Ella no recuerda porque aunque quiera / no puede acordarse / del error cometido al fiarse / de aquel tipo mezquino y cobarde / marido, verdugo, / su peor pesadilla / Ella está muerta y el en la calle,

¡La maté porque era mía! / 'Mía, mía, mía, sólo mía'

¿Quién ha ofendido al macho dominante? / ¿Quién se ha atrevido a denunciarle?

Destapando el secreto / de la otra cara de un vecino correcto / ¿Quién acusa al cazurro cobarde / que pega a su mujer y le dice que calle? / 'Ya se lo advertí entre puñetazos: / si me denuncias te mato' / País de mierda, país infame, / que ataquen a mujeres no le importa a nadie / Las torturas y las amenazas, / según los jueces son cosas de casa  / No sirve de nada pedir ayuda, / no existe delito si no se consuma, / sólo cuando ya están muertas / ven que las amenazas eran ciertas.

¿Y cuántas mujeres al año? / ¿Y cuántas mujeres? / ¿Y cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días contados?

'Mía, mía, mía, sólo mía' / Ellas no recuerdan lo que les pasó / ni por qué les pasaba / porque ya están muertas y ningún cadáver / puede, aunque quiera, acordarse de nada / Y no se lamentan de lo que pasó / ni por lo que pasaron, porque los muertos / no emiten lamentos y en vez de gritar / les toca callarse y se callan.

Ellas denunciaron, no las escucharon / Ellas murieron, los jueces consintieron / ¿Y cuántas mujeres al año? / ¿Y cuántas mujeres? / ¿Y cuántas mujeres al año, saben que tienen sus días contados?

 

 

  27 de noviembre de 2006                                                                                                                                                                      

 

Carta a una Sociedad Moderna y Desarrollada

 

Hola, buenos días Señora Sociedad del Bienestar, me dirijo a ti a fin de hacerte llegar mis inquietudes, dudas y reflexiones, mi dificultad de entender algunos sucesos que veo en los periódicos, en las televisiones y que hablan de agresiones a mujeres por parte de sus maridos o compañeros. Me gustaría recibir tu respuesta para ver si puedes aclararme algunas dudas.

Yo siempre pensé que la violencia no es un buen medio para solucionar nada, ni las diferencias entre las personas ni entre los pueblos. Considero que el diálogo, el acercamiento, la comprensión son los mejores medios para solucionar cualquier problema. Pero veo que no es así, que muchas veces se utiliza la violencia para imponer creencias, ideas o simplemente para imponerse.

Tu pones a nuestro alcance infinidad de cosas buenas: no tenemos que ir a cazar para poder comer, cubrimos nuestros cuerpos con ropa que cambia su forma cada año, podemos hablar en tiempo real con familiares y amigos que están al otro lado del mundo, hacer negocios en cualquier parte del globo, viajar en avión o en tren a velocidades increíbles, mientras enviamos un correo o un mensaje a través de nuestro teléfono móvil, etc..., etc... Son muchas, como decía, tus cosas buenas, y todo eso lo lograron hombres y mujeres inteligentes, capaces de construirte y de mejorar nuestra calidad de vida.

Pero, si esto es así, ¿por qué no se produce también un avance en la igualdad entre hombres y mujeres?, ¿qué pasa con las relaciones personales?, ¿qué dificulta nuestra convivencia?, ¿por qué se maltrata?

Es difícil entender la violencia, no sé si tú la puedes explicar, pero es más difícil aún cuando esa violencia llega de la mano de una persona querida y tiene como objeto a sus seres más próximos, fundamentalmente a las mujeres.

¿Qué rabia o revancha hay en la cabeza y en el corazón de un hombre que pega, amenaza e insulta a la mujer con la que comparte la vida, un hogar, unos hijos?

Una mujer y un hombre se conocen, se enamoran, inician una vida juntos y un día ella recibe una bofetada, un insulto. No sabe por qué, piensa que se debió equivocar en algo e intenta corregirlo. La cena estaba caliente, fría, salada, sosa, es igual, cualquier motivo es suficiente para recibir una agresión. Piensa que no volverá a pasar, ella va a tratar de que todo esté bien para que no suceda nada, para que no haya motivos que desencadenen la tormenta. Pero pasa, una y otra vez. Las peleas se suceden y la violencia es mayor. Hasta que un día ella comprende que el silencio no sirve, que no se va a parar, teme por su vida y por la de sus hijos, y se marcha. Él la sigue (el agresor no es nadie sin su víctima), la acosa, esté donde esté da con ella, y un mal día cuando sale por la puerta recibe una puñalada, un mal golpe y la mata.

¿Qué te parece? No estoy exagerando, esto sucede con demasiada frecuencia. Y tú ¿qué haces Señora Sociedad?
Si, vale, de acuerdo, estás poniendo medidas judiciales, policiales, casas de acogida, Consejerías de la Mujer, centros de atención, denuncias públicas. Ya sé que no estás quieta, ya sé que te preocupa, pero creo que no es suficiente, falta algo, algo muy importante, fundamental, algo que no te atreves a plantear porque forma parte de tu propio ser.
Tenemos un problema social, Señora Sociedad, tenemos un problema que está muy arraigado y que tiene que ver con los papeles que asignamos a los hombres y a las mujeres.

A las mujeres, muy frecuentemente, se las exhibe y se las presenta como “floreros”, olvidándonos, la mayoría de las veces, de que hay otros modelos de mujeres, profesionales o no, que defienden su papel en pie de igualdad con los hombres. Mujeres que piensan, y lo demuestran diariamente, que su valía está en sus capacidades.... sin tener en cuenta su género.

Mientras, a los hombres se les considera en un estatus superior de “personas” respetadas y respetables, que trabajan, ganan dinero, votan en las elecciones, “arreglan” la sociedad.... aunque algunos sean sumamente crueles dentro de su casa y con sus seres queridos.

Tienes un problema Señora Sociedad, tienes un problema que está dentro de ti, que tiene que ver con la desigualdad con la que aún tratas a los hombres y a las mujeres, que tiene que ver con el reparto de poder; no olvides que maltrata el que puede, el que tiene más fuerza.

Este es un problema tuyo, y por lo tanto de todas y todos, hombres y mujeres que tenemos la obligación de hacer que tu seas mejor, más justa e igualitaria.

¿Qué podemos hacer, tú y nosotros?

   -  Podemos educar a los niños y las niñas por igual, que sientan que son iguales en derechos y en obligaciones.
   -  Podemos apartar esos modelos de hombres y mujeres que nos degradan a todos y a todas.
   -  Podemos instar a todas las Instituciones, públicas y privadas, a que potencien el papel de las mujeres en la política, en la economía, en la empresa, en las organizaciones sociales, etc...

   - Podemos animar a nuestros hijos e hijas a que escojan su futuro sin pensar que hay trabajos de hombres y de mujeres.

   - Podemos despreciar públicamente a los hombres que maltratan, que sientan que no son aceptados, que no se lo vamos a consentir.

   - Desde aquí manifestamos nuestro desprecio y denuncia por las recientes manifestaciones y actitudes machistas de personajes políticos que ante preguntas incómodas de una periodista intentan dejar la firma en su escote, o que alaban con espíritu de envidia y competitivo los comportamientos machistas de su homólogo israelita. Son sólo dos demostraciones que denigran a los hombres, humillan a las mujeres y son un nefasto ejemplo para toda la sociedad.

   - Podemos reconocer a las mujeres poderosas y triunfadoras, darles el mérito que les corresponde y no hacerlas de menos o buscar causas ajenas a su triunfo.

   - Podemos, en definitiva, tratar de que tú, Señora Sociedad, reconozcas como iguales a mujeres y hombres, des a todas y a todos las mismas oportunidades, el mismo trato. Si así lo haces, los maltratadores serán menos y se sentirán aislados, fuera de ti, al margen, que es el lugar que les corresponde.

Y, por último, deberías pedir perdón a todas las mujeres que a lo largo de los tiempos han sido víctimas de la prepotencia, la ira, la sinrazón, y que, calladas casi siempre, merecen todo nuestro apoyo y sobre todo nuestro respeto.

Esperando que esta carta sirva para mejorar esta situación, recibe un cariñoso abrazo.

 

 

Texto (con algunas adaptaciones) procedente del I Concurso de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra), noviembre de 2003.

* Con todo el agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.

 

 

  30 de abril de 2006                                                                                                                                                                                   

 

Una primavera de esperanza

 

Ahora que habitamos una primavera de esperanza, con un norte de paz, nos gustaría celebrar un día no muy lejano, un alto permanente al machismo en todo el mundo, y también en León.

Un lunes o martes con sol de convivencia igualitaria, con derechos y sueldos comunes, con sueños compartidos y donde nadie se sintiera y actuara como dueño de nadie.

Sin violencia de hombres contra mujeres, sin misoginias de catedráticos, lingüistas, columnistas...

Haciendo visible el desequilibrio estructural entre mujeres y hombres, sacando a la luz todas las injusticias, todas las asesinadas, las maltratadas, las oprimidas…

La violencia es la imposición totalitaria de la desigualdad.

La violencia es un problema, no una solución.

Por tanto, cuanta menos violencia exista en una sociedad, mejor.

Y aquí esperamos a todos los hombres para romper el silencio cómplice ante el maltrato, ante la discriminación, ante el dolor…

Esa esperanza es la que nos mantiene y será el inicio imparable de este proceso de igualdad, de dar por finalizado definitivamente este machismo homicida. Y de incorporarnos a una sociedad diferente, con relaciones más justas y democráticas, con respeto a la diferencia y trato igualitario.

Y volvernos al sol, al pacto, al proceso de paz entre mujeres y hombres, a resolver los conflictos con diálogo y convivencia pacífica, a un mañana que se nos antoja utópico y lejano pero posible.

Basta ya de excusas. Todos y todas, individuos, colectivos e instituciones, cada cual en su ámbito, tenemos mucho que aportar.

Pongámonos a ello sin esperar a que haya más víctimas.
 

(Texto original del Grupo Prometeo)   

 

 

   10 de octubre de 2005                                                                                                                                                                           

 

Introducción

 

La lista de mujeres víctimas de la violencia machista sigue creciendo sin que este fenómeno social y calamitoso parezca tener fin. En los últimos 7 días han sido 2 mujeres más asesinadas, y son ya 51 a lo largo del año 2005.

Hoy queremos reparar en dos rasgos que caracterizan al fenómeno de la violencia machista:

  ― No es un comportamiento puntual ni casual. Las acciones violentas del maltratador, con sus daños y agravios, son reiteradas, aunque no siempre alcancen el trágico desenlace final que tiñe de negro las páginas de sucesos en los medios de comunicación.

  ― Existencia de otras víctimas, además de las más directas y castigadas (las mujeres): son los hijos e hijas de las parejas.

Ambas características aparecen claramente reflejadas en la carta que hoy traemos a esta Concentración.


 

Querido papá

Hay un silencio inmenso en toda la casa. Sólo siento cómo mamá llora de manera entrecortada, disimulando. No quiere que yo la escuche. Estoy en mi cuarto mirando por la ventana sin entender. No es la primera vez. Más tarde, mamá se acerca a mí, sin decir nada, y me besa. Yo la miro sin poder llegar al fondo de su tristeza.

Quiero que me digas por qué, ¿Por qué, papá? La abuela le contó a mamá cosas raras, como que siempre fue así y las “mujeres se casan y aguantan lo que venga. Si hay suerte te toca alguien que no te pone la mano encima, y sino...” Yo no entiendo eso de que “la cabra donde está atada tiene que pacer”. Mamá es inteligente y, cuando se acicala, incluso mis amigos dicen que está “muy bien”. Sé que a ti, papá, también te gusta... Entonces, ¿Por qué aparecen los moratones en sus muslos, en sus mejillas o en lugares más ocultos, como vi el otro día cuando ella estaba poniéndose un jersey? A veces le dices que llega tarde del trabajo, otras que sale demasiado pintada, otras que la comida del mediodía es repugnante, que no sabe educarme... Lo siento papá, ¡lo siento mucho¡ Ella me dice que antes no eras así, todo lo suyo te agradaba y no le dabas importancia a los defectos de mamá.

Quiero saber qué pasó, quiero romper los silencios de las horas que miramos al plato para no encontrarnos con la soledad de cada uno. Ella dice que no puede dejarte: por mi, por la abuela, porque le juras que cambiarás, por miedo... Quiero que sepas, papá, que también yo tengo miedo. Nunca me pusiste la mano encima y me dices que sólo así las mujeres aprenden a respetar a los hombres. Yo veo que mamá solo aprende a llorar y también a odiarte. En cuanto a mí, creo que el respeto es otra cosa, y el amor todavía no aprendí lo que es, pero el amor a una mujer no debe ser eso que tú estas haciendo con mamá.

No quiero hablar de esto con nadie más que contigo. Ya estoy harto de que en el Instituto digan “es un niño muy raro” y me manden hablar con la orientadora. Yo no le cuento nada, que se ocupe de su vida que también tendrá problemas, pero necesitamos ayuda papá. Cambia por nosotros, por ti. Alguien debe tener una solución para esto, para mamá, para mí..., para los que, como nosotros, pasan del amor al odio, del respeto a la indignidad, a una condena de la que ella no es culpable, ni tú –ni nadie– debe ser verdugo.

 

Texto procedente del I Concurso de Cartas “Dillo a quen maltrata”, del Concello de Lalín (Pontevedra), noviembre de 2003.

* Con agradecimiento del Grupo Prometeo al Concello de Lalín y a su Oficina de Igualdad.

 

 

   25 de abril de 2005                                                                                                                                                                                  

 

El silencio nos hace cómplices

 

Quienes creemos en la igualdad tenemos la obligación moral, cívica y política de responder individual y colectivamente ante el fenómeno atroz de la violencia de género. Esta responsabilidad es aún mayor para los hombres en cuanto colectivo al que pertenecen la gran mayoría de los verdugos.

Si hay violencia de género, hay una responsabilidad de género.

Ni como hombres, ni como ciudadanos, podemos mirar hacia otro lado porque no nos consideremos agresores y tampoco víctimas. Una sociedad que se considere avanzada y democrática, como creemos que es la nuestra, no puede permitir que la mitad de la población viva permanentemente bajo la amenaza de la otra parte, y menos aún si éstos actúan en nombre de una supuesta masculinidad que es más bien brutalidad.

Sabemos que el problema no es simple, pues requiere actuaciones en diversos ámbitos y los resultados pueden hacerse esperar. Pero, antes que desmoralizarnos, eso debe servir de estímulo, porque cualquier intervención puede significar un avance que nos acerque al objetivo final.

Asumimos la máxima de que «el mejor día para empezar es siempre hoy». Y en nombre de todas las personas (también los hombres) que nos identificamos y comprometemos con las ideas de justicia e igualdad, queremos lanzar aquí y ahora algunos mensajes que nos invitan a reflexionar sobre formas de pensar y de actuar que pueden estar colaborando a mantener el estado actual del problema y, por tanto, podríamos también modificar para aproximarnos a una solución definitiva:

-  Ser diferentes no implica ser desiguales.

-  No podemos amar a una persona si no la respetamos.

-  Si te maltratan, no te aman.

-  Quien bien te quiere no puede hacerte llorar.

-  Tu mujer, tu novia o tu pareja, no es tuya.

Ante la barbarie, no queremos ser cómplices ni estar en silencio.

¡¡¡ No más violencia por parte de los hombres !!!

¡¡¡ Ni una víctima más, ni una mujer menos !!

 

(Texto original del Grupo Prometeo)