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Martes,
23 de septiembre de 2008
DIARIO DE LEÓN / SALUD Y BIENESTAR SOCIAL
A. Gaitero.
LEÓN
«Las
políticas de igualdad tienen que incluir ahora a los
hombres»
El Grupo Prometeo de Hombres por la Igualdad, de León,
organiza en octubre una jornadas para reflexionar sobre los
nuevos modelos de masculinidad emergentes.
• Cuando va a cumplir cuatro años de existencia, el Grupo
Prometeo de Hombres por la Igualdad de León organiza las
primeras jornadas de reflexión y debate sobre las nuevas
masculinidades. ¿Por qué no escuchas, hombre? Nueva
masculinidad igualitaria para el siglo XXI es el título
de estas jornadas que traerán a León a personas de la talla
del forense Miguel Lorente, actual Delegado del Gobierno
contra la Violencia de Género y Soledad Murillo, socióloga y
ex secretaria de Políticas de Igualdad.
Hermógenes Domingo es uno de
los fundadores de Prometeo en León y uno de los hombres que
ha decidido «ponerse las gafas de género» para afrontar el
cambio imparable de la sociedad del siglo XXI. «Ahora somos
una minoría, pero no vamos a ser una anécdota», asegura. Las
jornadas, que se celebran los días 10 y 11 de octubre en el
MUSAC, buscan debate, incluso con quienes discrepen, y sobre
todo propuestas de cambio. Están respaldadas por los
ayuntamientos de León y Villaquilambre y por entidades
privadas como La Caixa y Caja Duero.
— Hay quien cree que la
igualdad se limita a que las mujeres se equiparen a los
hombres, pero ustedes proponen nuevas masculinidades ¿Por
qué?
— Se trata de que el modelo
dominante de masculinidad, al que se asocia la dominación y
la competitividad, deje su espacio a otros modelos. La nueva
masculinidad se basa en la pluralidad y caben muchos tipos,
que no se salen ni de la ley ni de la ética. En todos los
ámbitos hay discriminaciones, hacia la mujer sobre todo,
pero también hacia otros hombres que, como los homosexuales,
se les asocia a mujer.
— Al tambalearse el modelo
tradicional, ¿está «perdido» el hombre ante el cambio?
— El modelo masculino
está estancado. Mientras el modelo femenino mayoritario ha
cambiado, no ocurre así con el masculino. Y cuando en un
engranaje ensamblado por dos piezas sólo se mueve una pieza
y la otra no se produce un desajuste. No se trata sólo de un
problema de relaciones entre hombres y mujeres: se trata de
que no se siguen las pautas que marca la sociedad. Y la
igualdad de género es una de ellas. Reivindicamos la
necesidad de ampliar las políticas de género a los hombres
porque si el sujeto «protagonista» del patriarcado, que es
el hombre, no cambia poco podemos avanzar.
— ¿Y cuál es el primer
paso que han de dar los hombres para afrontar el cambio?
— Tomar conciencia. Es
llamativo que en una encuesta del CIS del 2006 la mitad de
los hombres consideran que las desigualdades entre hombres y
mujeres son mínimas o inexistentes. Esto quiere decir que no
hay todavía una toma de conciencia.
— ¿La violencia de género
es un exponente de resistencia a ese cambio social?
— Totalmente. La
violencia ha existido siempre para mantener a las mujeres
«en su sitio», como se decía. Mientras las mujeres aceptaban
la situación no había problema. Pero cuando empiezan a
reclamar mayores derechos e igualdad la pieza dominante
trata de restaurar su posición a través de la violencia. Es
lo que se llama el «culatazo de retroceso»: el golpe hacia
atrás que produce una escopeta cuando dispara el proyectil.
Hay hombres que reaccionan de forma más violencia y otros de
forma más sutil.
— Con estos últimos ¿se
refiere a los micromachismos?
— Los micromachismos se
dan en las relaciones cara a cara. No, me refiero al
neomachismo disfrazado de ilustración y cultura. Como el
machismo, tampoco es un movimiento organizado, pero tiene
sus raíces sociales en la educación y es difícil revolverse
contra lo que se aprende desde el nacimiento.
— ¿Tienen miedo esos
hombres a perder la esencia de la masculinidad en el cambio?
— Está ese temor porque
la esencia de la masculinidad hasta ahora tiene un atributo
supremo: yo soy quien tiene el poder, especialísimamente
sobre las mujeres.
— ¿Qué
tipo de medidas
reclaman para incorporar a los hombres a las políticas de
igualdad?
— Las relaciones de género
son relaciones políticas. Si no funcionan bien hay que
hablar de políticas de igualdad. Hasta ahora han sido
dirigidas casi exclusivamente a las mujeres porque eran la
parte perjudicada. Nosotros pedimos que se incorporen los
hombres, porque si esperamos que el cambio se produzca de
forma individual, uno a uno, puede ocurrir que no se
produzca. Imagina que Tráfico dice que las señales se
respeten por simple conciencia de lo que está bien, sin
leyes que obliguen a ello ni multas...
— ¿En qué ámbitos es
más urgente?
— En todos, pero de
manera prioritaria en el ámbito de la violencia machista:
hasta ahora se están dirigiendo medidas hacia los
maltratadores pero desde una perspectiva psicológica. Sin
embargo, estamos ante un problema social. Y también en el
reparto de tareas domésticas, en la salud, en los medios de
comunicación...
— ¿Le
parece una
medida
eficaz el polémico teléfono que anunció la ministra de
Igualdad?
— Los medios
transmitieron que era un teléfono para maltratadores y en
realidad no es así. A nadie se le ocurre que un maltratador
llame o vaya a un programa de rehabilitación por voluntad
propia. Se trata de que los hombres también puedan consultar
o exponer sus dudas. La violencia de género no es un
problema individual, sino social y aunque es un problema
prioritario no hay que perder de vista que lo que subyace
debajo de ella es la desigualdad.
«Somos una minoría, la mayoría dice: ¿Qué más quiere la
mujer?»
• — Como grupo son
minoría, pero ¿hay muchos hombres que están cambiando?
— Somos todavía una minoría,
aunque no cabe duda que las cosas están cambiando y
mejorando en muchos sentidos, empezando por las leyes. Pero
existe una mayoría silenciosa que dice: “¿Qué más quieren
las mujeres?”. No pretendemos que todos los hombres aprendan
teoría feminista, pero sí que tomen conciencia y sigan
pautas de comportamiento basadas en el respeto a las reglas
del juego. Los hombres por la igualdad queremos ir más allá
de lo personal para visibilizar que hay hombres que no están
de acuerdo con el machismo y que quieren tirar del carro con
las mujeres. Nosotros no venimos a ayudar; a las mujeres no
les hace falta nuestra ayuda. Se trata de aportar nuestra
parte, pues lo mismo que ha de haber corresponsabilidad
familiar, debe haber una corresponsabilidad social. La
igualdad no es utopía, es un derecho y estamos obligados a
cumplirlo.
— ¿Se diría «feministo»?
— Si es cuestión de género,
vale. Los estudios de género y los hombres por la igualdad
hemos bebido del feminismo, que ni dice tonterías ni reclama
privilegios para las mujeres.
— La educación es
crucial, pero ¿no es difícil educar a los varones sin
referentes de hombres igualitarios?
— Es difícil, pero va a haber cada vez
más referentes. Hasta ahora los referentes de éxito son tipo
superman o estrellas del fútbol. Pero los niños un día
descubren que no pueden ser superman y muy pocos estrellas
del fútbol. ¿Queremos condenarles a no alcanzar sus
ilusiones?
Publicado en
DIARIO DE LEÓN (Martes, 23 de septiembre de 2008) |