FUSiON

           REVISTA MENSUAL

 
 
DICIEMBRE 2007

 

  Grupo Prometeo hombres por la igualdad

 

En la primavera de 2004 nacía en León el Grupo Prometeo, con la pretensión de construir una nueva forma de masculinidad en sintonía con las mujeres. No era simplemente una apuesta por la no violencia hacia sus congéneres sino la forja cultural de un hombre nuevo. De sus luchas y reflexiones nos habla su presidente, el sociólogo Hermógenes Domingo Tascón. / Texto: M.I.

 

 Un camino juntos

-¿Por qué es importante que los hombres se posicionen claramente contra la violencia machista?
-En primer lugar me gusta especificar que no se pueden hacer generalizaciones; no se puede hablar de todos los hombres o todas las mujeres, sino de tendencias. Hay hombres que tienen unas actitudes muy afines a la ternura, al amor, al cuidado de los demás, y hay mujeres que son unas auténticas bestias. Pero la tendencia por educación es la otra. Entonces el posicionamiento es que si somos parte del problema, tenemos que ser parte de la solución.

-Eres de la opinión de que ningún hombre debe estar exento de cuestionarse el machismo. ¿Es esa autoexclusión la que no hace avanzar al hombre hacia nuevos planteamientos?
-Hombres es una cosa, masculinidad es otra diferente. Partiendo de esto, a los hombres al nacer nos ponen en el escalón superior, posición en la que no necesitamos cuestionarnos, no tenemos ninguna motivación para hacerlo. A los niños nos dejan llegar sucios a casa, dar golpes, tirar cosas por el suelo, salir hasta más tarde que las niñas. Y el privilegio sumo que hay y al que le damos poca importancia es el lenguaje, que siempre nos beneficia. Cuando las mujeres salís al espacio público, al mundo laboral, y reclamáis cierta cooperación o corresponsabilidad dentro del espacio doméstico, surgen los problemas. Pero no son porque nos hayamos hecho planteamientos sino porque nos sentimos presionados por la pareja con la que convivimos o por la sociedad. Lo que ocurre es que esa presión no es suficiente todavía y vamos avanzando a pasitos muy cortos porque la presión todavía se puede aguantar.

-¿Qué dice de un hombre el hecho de que pegue, maltrate o veje a una mujer?
-Las posiciones más conservadoras -y no estoy hablando de política- lo analizan como una cuestión puntual. Mi opinión es que la violencia normalmente surge cuando el hombre pierde poder o siente que pierde su identidad. Entonces lo expresa de la única forma en la que nos han enseñado a resolver los conflictos: a puñetazo limpio. Los actos de violencia hacia las mujeres por parte de los hombres son siempre una demostración de poder: que se sepa aquí quién domina. Aunque esas personas no se dan cuenta, en el fondo pierden su libertad.

-¿Cuál es la revolución pendiente que tiene el hombre delante?
-Tiene muchas, pero en el aspecto al que ahora nos estamos refiriendo la revolución pendiente es aprender a ver personas, antes que hombres y mujeres. Toda la desigualdad surge del mundo de las ideas que nos inculcan y que asumimos. Por tanto, para cambiar a largo plazo las desigualdades existentes, lo primero que hay que hacer es empezar a modificar el mundo de las ideas mediante la educación. Tenemos que aprender a vernos en igualdad, con dignidad y respeto por encima de los rasgos físicos.

"Para superar las desigualdades existentes hay que modificar las ideas mediante la educación"

-¿Qué papel tiene en este cambio la mujer?
-La mujer también tiene cambios pendientes, porque está enclaustrada en unos patrones culturales, exactamente igual que el hombre. Ambos diseños han funcionado sin mayor problema porque son complementarios. El problema surge cuando una de las partes se sale de su sitio, porque la otra ya no encaja. Lo que ha ocurrido es que la mujer ha cambiado fundamentalmente en muchos de sus patrones culturales, sin embargo los hombres no hemos modificado demasiado el nuestro. En el ascenso hacia la igualdad, solemos decir que la mujer ha subido en ascensor y nosotros vamos por la escalera.

-¿Cómo definiría al nuevo hombre que tiene que nacer, el futuro Prometeo?
-A mí me gusta decir que tenemos que tener claro el modelo que no queremos seguir, y a partir de ahí dejar un abanico muy amplio para que cada uno desarrolle su individualidad, la diversidad, pero siempre manteniendo la igualdad por delante de todo. Ese sería el primer mandamiento. No se trata de crear un decálogo o unos mandamientos en los cuales encajar todo, porque entonces la diversidad a la que aspiramos quedaría cercenada por falta de espacio.


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