|
Grupo Prometeo
hombres por la igualdad
En la primavera de 2004 nacía en León el Grupo Prometeo, con
la pretensión de construir una nueva forma de masculinidad
en sintonía con las mujeres. No era simplemente una apuesta
por la no violencia hacia sus congéneres sino la forja
cultural de un hombre nuevo. De sus luchas y reflexiones nos
habla su presidente, el sociólogo Hermógenes Domingo Tascón.
/ Texto: M.I.
Un
camino juntos
-¿Por qué es importante que los hombres se posicionen
claramente contra la violencia machista?
-En primer lugar me gusta especificar que no se pueden hacer
generalizaciones; no se puede hablar de todos los hombres o
todas las mujeres, sino de tendencias. Hay hombres que
tienen unas actitudes muy afines a la ternura, al amor, al
cuidado de los demás, y hay mujeres que son unas auténticas
bestias. Pero la tendencia por educación es la otra.
Entonces el posicionamiento es que si somos parte del
problema, tenemos que ser parte de la solución.
-Eres de la opinión de que ningún hombre debe estar exento
de cuestionarse el machismo. ¿Es esa autoexclusión la que no
hace avanzar al hombre hacia nuevos planteamientos?
-Hombres es una cosa, masculinidad es otra diferente.
Partiendo de esto, a los hombres al nacer nos ponen en el
escalón superior, posición en la que no necesitamos
cuestionarnos, no tenemos ninguna motivación para hacerlo. A
los niños nos dejan llegar sucios a casa, dar golpes, tirar
cosas por el suelo, salir hasta más tarde que las niñas. Y
el privilegio sumo que hay y al que le damos poca
importancia es el lenguaje, que siempre nos beneficia.
Cuando las mujeres salís al espacio público, al mundo
laboral, y reclamáis cierta cooperación o corresponsabilidad
dentro del espacio doméstico, surgen los problemas. Pero no
son porque nos hayamos hecho planteamientos sino porque nos
sentimos presionados por la pareja con la que convivimos o
por la sociedad. Lo que ocurre es que esa presión no es
suficiente todavía y vamos avanzando a pasitos muy cortos
porque la presión todavía se puede aguantar.
-¿Qué dice de un hombre el hecho de que pegue, maltrate o
veje a una mujer?
-Las posiciones más conservadoras -y no estoy hablando de
política- lo analizan como una cuestión puntual. Mi opinión
es que la violencia normalmente surge cuando el hombre
pierde poder o siente que pierde su identidad. Entonces lo
expresa de la única forma en la que nos han enseñado a
resolver los conflictos: a puñetazo limpio. Los actos de
violencia hacia las mujeres por parte de los hombres son
siempre una demostración de poder: que se sepa aquí quién
domina. Aunque esas personas no se dan cuenta, en el fondo
pierden su libertad.
-¿Cuál es la revolución pendiente que tiene el hombre
delante?
-Tiene muchas, pero en el aspecto al que ahora nos estamos
refiriendo la revolución pendiente es aprender a ver
personas, antes que hombres y mujeres. Toda la desigualdad
surge del mundo de las ideas que nos inculcan y que
asumimos. Por tanto, para cambiar a largo plazo las
desigualdades existentes, lo primero que hay que hacer es
empezar a modificar el mundo de las ideas mediante la
educación. Tenemos que aprender a vernos en igualdad, con
dignidad y respeto por encima de los rasgos físicos.
|
"Para
superar las desigualdades existentes hay que
modificar las ideas mediante la educación" |
-¿Qué papel tiene en este cambio la mujer?
-La mujer también tiene cambios pendientes, porque está
enclaustrada en unos patrones culturales, exactamente igual
que el hombre. Ambos diseños han funcionado sin mayor
problema porque son complementarios. El problema surge
cuando una de las partes se sale de su sitio, porque la otra
ya no encaja. Lo que ha ocurrido es que la mujer ha cambiado
fundamentalmente en muchos de sus patrones culturales, sin
embargo los hombres no hemos modificado demasiado el
nuestro. En el ascenso hacia la igualdad, solemos decir que
la mujer ha subido en ascensor y nosotros vamos por la
escalera.
-¿Cómo definiría al nuevo hombre que tiene que nacer, el
futuro Prometeo?
-A mí me gusta decir que tenemos que tener claro el modelo
que no queremos seguir, y a partir de ahí dejar un abanico
muy amplio para que cada uno desarrolle su individualidad,
la diversidad, pero siempre manteniendo la igualdad por
delante de todo. Ese sería el primer mandamiento. No se
trata de crear un decálogo o unos mandamientos en los cuales
encajar todo, porque entonces la diversidad a la que
aspiramos quedaría cercenada por falta de espacio.
) |