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Octubre
de 2007
ASOCIACIÓN PROMETEO: HOMBRES POR LA IGUALDAD
Casi
dos veces por semana, como media, nos encontramos en España
con la noticia de una mujer asesinada por quien ha sido su
pareja. Niñas y niños también son objeto reiterado de
maltrato. Miles de hombres sufren lesiones o mueren
violentamente a manos de otros hombres. Todos estos casos
tienen algo en común: violencia machista. Un grave problema
social y de salud pública con nefastas consecuencias para
nuestra sociedad.
Como
es lógico, las víctimas directas (mujeres en este caso) son
siempre las primeras en tomar conciencia del problema. Muy
pocas veces los hombres nos paramos a reflexionar sobre la
responsabilidad principal que tenemos en este asunto. Los
asesinatos son sólo un ápice del problema, aunque también lo
más grave. Son múltiples las formas que adopta la violencia
machista contra las mujeres: golpes, gritos, burlas,
menosprecios, agresiones sexuales y, en general, abusos de
poder para obligarlas a hacer algo en virtud de una supuesta
superioridad de los hombres.
Cientos de estudios realizados hasta hoy demuestran que la
violencia hacia las mujeres no es natural ni instintiva,
sino que se aprende, aunque numerosos mitos y creencias muy
extendidas predican lo contrario. Los hombres tenemos
capacidad de relacionarnos de manera respetuosa, igualitaria
y no violenta con las mujeres, así como para resolver
nuestros conflictos a través del diálogo y la negociación.
Si cada hombre se preguntara seriamente cuántas veces ha
puesto en riesgo su propia vida sólo para dejar constancia
de que era “un hombre de verdad”, a muy pocos les alcanzaría
la memoria para recordar tantas y tamañas estupideces. Sin
embargo, más allá de las convenciones sociales no existe
nada que avale esos comportamientos como masculinos, ni los
contrarios como femeninos. Nada de eso está en nuestra
naturaleza, como tampoco el dominio o la violencia sobre las
mujeres. Por el contrario, nadie negará que una vida sin
violencia es más saludable y placentera, de modo que es
posible escapar al modelo masculino dominante. Cada cual ha
de pensar si lo desea y quiere emplearse en ello.
Pero
la responsabilidad no sólo es de los individuos. La sociedad
tiene también su parte y es la más importante. Para evitar
que los modelos que originan la violencia se sigan
reproduciendo, es preciso que las formas tradicionales del
“ser hombre” sean cuestionadas en lugar de reforzadas en los
diversos ámbitos de socialización: familia, centros de
enseñanza, medios de comunicación, etc.
El
trabajo a nivel personal puede comenzar por asumir dos
compromisos básicos: Renunciar a toda forma de dominio y
violencia sobre las mujeres, además de romper el silencio y
la complicidad frente a los hombres que actúan de ese modo.
La tarea no es fácil, pues requiere desprenderse de algunas
ideas muy arraigadas en nuestra mente sobre lo que es un
hombre, lo que es una mujer y cómo nos relacionamos. En
sociedades patriarcales como la nuestra, la identidad
masculina se vincula con la fuerza y la agresividad, además
de la supremacía sobre las mujeres, con tendencia a utilizar
la violencia para demostrarlo. Este comportamiento, además
de no natural, es estúpido porque a nadie beneficia,
incluidos los agresores. Por el contrario, infinidad de
hombres de toda índole viven y mueren atrapados por la falsa
necesidad de demostrar permanentemente que lo son.
Pero
no sería bueno caer en la desesperación, porque existen
salidas positivas a esta situación. Desde el momento en que
un hombre rechace la posibilidad de utilizar la violencia
contra su pareja y sea capaz de respetar sus derechos como
persona, ese hombre habrá ganado en libertad y toda la
sociedad en justicia. La sociedad entera y los hombres en
particular tenemos un reto si creemos de verdad que esos
valores son importantes. Cada pequeño paso será una
victoria. Y si todos colaboramos, será más fácil. El próximo
domingo 21 de octubre a las 12 h. toda la sociedad, y en
especial los hombres, tenemos en León y otras ciudades de
España una oportunidad para romper juntos el silencio contra
la violencia machista.
Texto publicado como Tribuna en DIARIO DE LEÓN (21/10/2007)
y EL MUNDO-LA CRÓNICA DE LEÓN (19/10/2007) |