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Viernes,
2 de Septiembre de 2005
GRUPO
PROMETEO
DESDE el Grupo Prometeo-Hombres por la Igualdad, de León,
queremos manifestar nuestro total desacuerdo con el Consejo
Comarcal del Bierzo por la iniciativa del taller de boxeo
para mujeres, que desarrolla dentro de su segundo Plan de
Igualdad de Oportunidades. La crítica no es gratuita y
queremos, por ello, ofrecer también los argumentos que la
acreditan.
Un apunte introductorio ayudará a delimitar y comprender
mejor nuestro punto de vista. La crítica y fundamentos que
aquí se apuntan deben entenderse desde la perspectiva que
nos corresponde como grupo de hombres que luchan por la
igualdad entre hombres y mujeres, amén de como ciudadanos.
Sin embargo, tampoco se pueden ignorar las coincidencias
evidentes de esta crítica con otras manifestaciones
realizadas al respecto desde múltiples y variados ámbitos
sociales, políticos e institucionales, lo cual viene a
confirmar el rechazo generalizado a la iniciativa apuntada.
La sola idea de un taller de boxeo como estrategia para la
igualdad de género nos parece ya, de entrada, un
despropósito. Superada la incredulidad inicial, el primer
pensamiento lógico que provoca la noticia se orienta a las
personas responsables de la iniciativa, y la conclusión es
que o ignoran lo que es el boxeo, o tienen una idea muy
peculiar (acaso ninguna) de la «igualdad de género».
Queremos descartar que sean ambas cosas.
¿Puede saberse qué tipo de igualdad es la que se pretende?
Según informa el propio Consejo Comarcal en su anuncio del
Taller de Boxeo, éste se integra dentro del programa Olimpia
«destinado a fomentar la práctica del deporte entre las
mujeres e incrementar la representación de ellas en las
modalidades reservadas tradicionalmente a los hombres».
¡Vaya por Dios! Y no había otro deporte más a mano (valga la
redundancia) que uno consistente en enfrentar a dos personas
golpeándose a puñetazos. A estrategias como esta, nuestro
insigne filósofo J. Antonio Marina denomina predicar un
«igualitarismo por descabezamiento», lo cual dista mucho del
concepto de igualdad de oportunidades reconocido académica,
social y políticamente.
Por otro lado, la igualdad de oportunidades debe ser
considerada dentro de un código ético de valores
universalmente adoptado. Según la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, son los valores que «se refieren a la
vida, la salud, la justicia, la libertad, la igualdad, el
respeto a la diferencia y la paz.» ¿Alguien puede pensar que
el boxeo (femenino o masculino) contribuye especialmente a
fomentar alguno de estos valores? Más bien podríamos
considerar que alienta algunos contravalores y especialmente
el de la agresividad. ¿Es esa la igualdad que se pretende
fomentar entre mujeres y hombres? Creemos sinceramente que
sería un disparate. Y, por ello, nos permitimos sugerir una
estrategia opuesta: fomentar actitudes más tiernas,
sensibles y pacíficas en los chicos y hombres. Los cambios
que hoy afectan a la sociedad ponen de manifiesto que es
necesaria una educación en valores, en donde se destaquen
aquellos que favorecen y hacen posible una vida más humana,
valores capaces de llenar de sentido la existencia y que
abran la posibilidad para que se dé una convivencia social
más armónica.
Dentro de ese contexto ético, la igualdad de oportunidades
no puede simplificarse como una igualdad de comportamientos,
y menos aún de aquellos más deplorables. La fuerza, la
agresividad, la agresión y la violencia han sido desde
tiempo inmemorial signos constitutivos de la masculinidad
hegemónica y herramientas de dominación. Estamos en contra
de ese patrón de masculinidad y, en consecuencia, tampoco
podemos admitirlo como punto de referencia para una igualdad
entre hombres y mujeres. La antropología ha demostrado
reiteradamente que las sociedades que dan menos valor a las
virtudes guerreras son también las más igualitarias. No
necesitamos más experimentos con iniciativas «innovadoras»
que aportan más de lo mismo.
En conclusión, nos hallamos ante una estrategia e iniciativa
del todo equivocada. Y a ello habría que añadir como factor
agravante y de capital importancia, que estamos hablando de
una actividad y de una institución financiadas con dinero
público, así como de personas dirigentes obligadas a dar
cuenta de su gestión y a quienes se puede y se deben pedir
responsabilidades. Por nuestra parte, como grupo y como
ciudadanos, lo que nos corresponde es pedir al Consejo
Comarcal del Bierzo que ponga sus actividades e iniciativas
al servicio y beneficio de la comunidad a la que representa.
Si en algún caso, como puede ser este, hubiera evidencias de
no haber actuado de acuerdo con esos objetivos, habría que
solicitar la destitución o dimisión de los/as responsables
correspondientes.
No se está criticando a la institución como tal y tampoco el
Plan de Igualdad o los programas integrados en el mismo,
sino de manera específica el taller de boxeo. Pero el valor
o la eficacia demostrada en otras iniciativas no pueden
servir para justificar o exculpar esta.
De igual modo, interpelamos a todas las instituciones con
competencias en materia de igualdad dentro del ámbito
comarcal de El Bierzo, para que exijan al Consejo Comarcal
la rectificación de su iniciativa, y a sus responsables la
asunción de las responsabilidades oportunas.
Publicado como Tribuna en
DIARIO DE LEÓN (Viernes, 2 de septiembre de 2005) |