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Sábado,
5 de Febrero de 2005
GRUPO PROMETEO. HOMBRES POR
LA IGUALDAD (LEÓN)
EL LUNES
17 de enero de 2005 un grupo de neonazis golpearon
salvajemente hasta dejar inconsciente a una alumna de la
Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de León cuando iba a
entrar a clase, por el mero hecho de ser la novia de un
joven militante de izquierdas. La esperaban a la entrada de
la escuela y tras golpearla con un bate en la cabeza, cuando
estaba inconsciente en el suelo, la grabaron con una navaja
la señal de la esvástica nazi (una cruz gamada) en la
mejilla. No fue una agresión al azar o improvisada. Fue una
acción consciente e intencionada que perseguía amedrentar y
atemorizar a una joven que ya había sido agredida con
anterioridad y que, contrariamente a la práctica habitual,
no había permanecido en silencio, tratando de ocultar los
hechos y pasar desapercibida. Había denunciado en los
juzgados esa agresión inicial, que había sucedido a
comienzos de diciembre del 2004, cuando estaba sacando fotos
en el río Bernesga. Al grito de «esto es una lección para tu
novio comunista» dos componentes de este grupo neonazi de
extrema derecha (BAS) la emprendieron a patadas con ella.
Cuando han sido llamados por el juzgado para declarar en un
juicio de faltas a raíz de esta denuncia de la joven
practicaron lo que suelen hacer habitualmente: llevar la
agresión al extremo para aterrorizar a las víctimas y que
éstas se retracten, llamadas telefónicas amenazantes,
anónimos por debajo de la puerta de su casa con la esvástica
y la frase: «hasta tu muerte», haciéndole saber claramente
que saben dónde vive, cuál es su número de teléfono, por
donde anda, la ruta que sigue de la escuela a su casa,
etcétera. Un proceso de acoso y agresión psicológica que,
para cargarlo de contundencia, acaba convirtiéndose en
marcar para toda la vida a la víctima en la cara una cruz
gamada. Un ritual salvaje que nos recuerda en la época de la
esclavitud, las prácticas de aquellos fanáticos racistas del
Ku-klus-clan.
Las mujeres han padecido todo tipo de agresiones a lo largo
de la historia. Siempre ha habido hombres que las han
considerado culpables de los más extraños y diferentes
«pecados», que habían de ser castigados. Y siempre ha habido
hombres dispuestos a ello. Pero creíamos haber llegado a una
sociedad en la que todos y todas, no sólo condenábamos este
tipo de violencia contra las mujeres, sino que además nos
habíamos dotado de estrategias le-gales y penales
suficientes para erradicar este tipo de violencia. El
problema en la ciudad de León es que, además, esta violencia
está organizada. Se había denunciado y reconocido a los
agresores de esta joven, se conocían las amenazas y los
anónimos, pero no se hizo nada por evitar la nueva agresión.
Y hasta que no la maten, no nos lle-varemos las manos a la
cabeza y aplicaremos la ley -que la hay- con toda su
contundencia contra este tipo de agresiones.
Ayer a por inmigrantes y así murió la dominicana Lucrecia;
después a por homosexuales o travestís y le tocó el turno a
Sonia en Barcelona; ahora a por mendigos o toxicómanos y
asesinaron a Jesús Sánchez en Malasaña; después a por
jóvenes que les miran y mataron a Richard en Alcorcón. Hoy,
aquí en León, a por mujeres que son novias de chicos que
piensan diferentes a ellos y¿ ¿también acabarán por matarla?
La violencia de estos colectivos de extrema derecha se nutre
de una cultura patriarcal asentada sobre las bases de un
machismo extremo, semejante al que exhiben los hombres
maltratadores. Se centran en personas en situaciones de
indefensión o que consideran vulnerables, especialmente
inmigrantes, mujeres, etcétera. Y les imponen una ley de
violencia y agresión ante la cual las víctimas se sienten
impotentes. En las calles, cuando están estos grupos, quedan
suspendidos los derechos de los ciudadanos y las ciudadanas.
En este caso, por ser la novia, por querer y haberse
enamorado de una persona que piensa diferente a ellos. Las
mujeres parecen no tener derechos, no ya a pensar de forma
diferente, ni siquiera a querer a personas que piensen de
forma diferente. Y se les agrede por el sólo hecho de tener
relación con esta persona.
Esta violencia hacia esta chica no es obra de un grupo de
locos. Este grupo de neonazis violento sabe lo que hace y
por qué lo hace, le va bien y de momento le funciona, busca
coherencia en su justificación y quiere dar crédito a sus
amenazas. La fuerza y la violación de los derechos
fundamentales de esta joven han sido su herramienta para
mantener a un ser humano acosado y silenciado, conscientes
de la dificultad que tiene su víctima de probar y so-portar
este tipo de violencia y agresión.
En España la lista de asesinatos realizados por skins es de
considerar y aun más amplia es la serie de agresiones con
resultado de heridas graves, parálisis por golpes en la
cabeza, etcétera, que han ido configurando los resultados de
una violencia difusa organizada y orientada por grupos
ideológicos ultras creando una auténtica alarma social. La
persistencia de las agresiones, la extensión urbana del
problema, la gravedad de los atentados contrastan con la
trivialización del fenómeno que realizan en ámbitos
policiales y políticos. Restarle importancia, confundir con
el eufemismo de «tribus urbanas», reducirlo a un problema de
pandillas, etcétera, todo para eludir la verdadera na-turaleza
del tema: la existencia de bandas organizadas de violentos
neonazis. Además crecen, se extienden ali-mentados en
ambientes machistas futbolísticos ultras, discotecas y pubs
de mucha tralla y «fiesta» y se arman fá-cilmente con
material paramilitar «patriótico». Mientras tanto, la
sensación de impunidad e impotencia popular crece ante estos
grupos organizados y que, todos y todas pensamos, «se pueden
volver contra nosotros y nosotras» si no nos callamos.
Es preciso que los poderes públicos arbitren medidas que
garanticen la tutela efectiva de los derechos de las
víctimas y el castigo de los culpables. Es necesario
cuestionar en la educación y en los medios de comunicación
los conceptos tradicionales de masculinidad para evitar que
los modelos que originan violencia se sigan reproduciendo.
Pero sobre todo, es preciso responsabilizarnos todos y todas
de acabar con la indiferencia y la resignación que nos hace
cómplices de una intolerancia que degrada a la humanidad.
Cada vez que agreden o matan a una mujer, nos agreden y
matan a todos y todas un poco y nos recuerda la vileza
cainita de quien con su silencio contribuye a que todo siga
igual.
En Sabadell se ha llevado a cabo un plan actuaciones de
choque para frenar, pero sobre todo prevenir, la violencia
generada por grupos neonazis, y que se centra en ámbitos
como por ejemplo la educación, la atención a la salud y la
juventud. El Grupo Prometeo, Hombres por la Igualdad,
exigimos a las autoridades de León que se implante también
en esta provincia un plan semejante que prevenga la
violencia de género de carácter neonazi que se está
consolidando en nuestra ciudad. Ya no se trata de un hombre
maltratador, sino de un grupo maltratador, organizado,
consciente y deliberadamente por y para ello.
Publicado como Tribuna en
DIARIO DE LEÓN (Sábado, 5 de Febrero de 2005) |