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Lunes,
22 de noviembre de 2004
REPORTAJE | VOCES MASCULINAS
CRÍTICAS
Nace en León el colectivo Prometeo
que, bajo el emblemático mito del hombre nuevo, anima al
género masculino a sumarse al 25 de noviembre y a trabajar
por la igualdad.
*
ANA
GAITERO
*
LEÓN
Bajo la premisa de
que «el silencio nos hace cómplices» y con el emblema de un
mito, el de Prometeo, que representa al «hombre nuevo» surge
en León el primer colectivo masculino que el próximo 25 de
noviembre, día internacional por la eliminación de la
violencia hacia las mujeres, alzará su voz públicamente
contra los malos tratos, para lo que hace un llamamiento a
la participación de los hombres.
Alberto del Pozo, médico de atención primaria que colabora
habitualmente con la asociación de víctimas de agresiones
sexuales (Adavas), es el «alma» de esta iniciativa
respaldada también por Hermógenes Domingo, Gonzalo Fernández
y Luis Román, entre otros.
La lucha contra la violencia de género, explican, ha sido
liderada hasta ahora por colectivos feministas y de mujeres,
lo que ha reforzado la idea de que «es un problema de
mujeres». En su opinión, sin la parte masculina implicada
activamente, la lucha es «incompleta» y quizá por eso «no se
están resolviendo todos los problemas», precisan.
El objetivo de
Prometeo no es sólo la condena explícita de los malos
tratos, sino el desenmascaramiento, a través de una
corriente crítica de opinión, de la «misoginia generalizada»
que hay en la sociedad y en particular, indican, en ciertos
estratos intelectuales con poder entre la opinión pública.
Los micromachismos
-los pequeños comportamientos que menosprecian o muestran
agresividad hacia las mujeres- también están detrás de la
violencia de género. «Hay una mentalidad arraigada en el
hombre común y buen ciudadano de que a las mujeres
maltratadas en el fondo las va la marcha», aclaran.
Es sorprendente
-añaden- que en medio de tantos cambios positivos para las
mujeres (incorporación al mundo laboral, más mujeres en
puestos de responsabilidad...) «cada año haya más mujeres
muertas». También consideran preocupante que la violencia
hacia la mujer figure en el octavo puesto de las
preocupaciones ciudadanas después del terrorismo de ETA yla
seguridad ciudadana a pesar de que «las mujeres muertas a
manos de sus compañeros, esposos o ex parejas son más en
número».
Por ética
El colectivo
Prometeo señala también que «nos hemos decidido a dar este
paso por una cuestión de ética: se habla de igualdad y de
justicia, pero la mitad de la población tiene mayor riesgo
de sufrir violencia por el mero hecho de ser mujer».
Su postura contra la
violencia masculina no es una negación de la masculinidad,
«estamos en contra de una determinada forma de ejercer como
hombres». En este sentido, creen que el valor simbólico de
su voz pública es más relevante que el número de personas
que puedan sumarse a la iniciativa. «El hecho que haya
alguien desde dentro, desde el mundo masculino, que está en
desacuerdo y lo denuncia es muy significativo», añaden.
Los chicos no son más brutos
Desde su posición
reivindican también la educación en igualdad para niños y
niñas y la erradicación de creencias como que los niños, por
ser varones, «son más brutos» pues hay que diferenciar
«entre sexo y género, que es como la segunda piel de nuestra
identidad», añaden.
Como ejemplo,
subrayan la marginación o menosprecio de los hombres que no
se conducen con contundencia o violencia, que tiene una
larga tradición incluso en el lenguaje; «es frecuente oir
llamar calzonazos o cojonines a un hombre que actúa de
manera distinta al patrón establecido».
También aprueban la
discriminación positiva hacia las mujeres porque consideran
que la mujer lleva siglos de historia relegada al ámbito
privado y entrar en el espacio público «es más difícil para
ella». No creen que los cambios que se están produciendo en
la sociedad sean producto de la mera inercia social, sino de
una lucha emprendida por grupos feministas.
«Que tengamos un
gobierno paritario no es una casualidad, pero además hay que
ver lo que hay detrás de esa paridad», subrayan. Quieren
decir que los pocos hijos que tienen las mujeres ministras
frente a los que tienen los hombres ministros prueban que
«ellas han tenido que sacrificar muchas cosas para llegar a
donde están», añaden. Por otro lado, estiman que
persistencia de la violencia de género en las sociedades
que, como los países nórdicos, son más igualitarias tiene
que ver con factores emocionales, sobre los que hasta ahora
se ha trabajado poco.
De Jerez a León
El nacimiento de
Prometeo se suma a la paulatina creación de grupos de
hombres a favor de la igualdad que inauguró el colectivo
Hombres por la Igualdad de Jerez de la Frontera hace varios
años. Este grupo trabaja en colaboración con la Concejalía
de Salud y Género del ayuntamiento gaditano en varios
programas educativos que se desarrollan en centros de
enseñanza y con adolescentes.
Uno de los factores
que tienen a su favor los colectivos de hombres para
dirigirse a la sociedad es que «hay hombres que escuchan
mejor a los hombres que a las mujeres» por lo que su
discurso social puede ampliarse a sectores que ahora se
resisten a los cambios.
En la sociedad
actual, reflexionan, «las mujeres como colectivo han
avanzado superando en muchos temas a los hombres, saben por
dónde quieren ir; pero al hombre le faltan referentes porque
lo que tenemos es un contramodelo: sabemos lo que no podemos
ser, no podemos parecernos a las mujeres».
Esta puede ser una de las razones -aducen- de que «como
colectivo los hombres nos sintamos un poco fuera de lugar» y
una de las causas, también, del aumento de la violencia. La
colaboración y el apoyo que han manifestado desde sus
respectivos ámbitos a grupos que luchan contra la violencia
de género, como Adavas, ha sido determinante en la decisión
de crear el colectivo.
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