MANIFIESTO leído en la
concentración:
DAR LA CARA CONTRA EL MACHISMO
¿Nos suena de algo esta lista de nombres?:
Oleksandre, Enrique, Amir, Eduardo, Joan,
Julián, Ángel, José Antonio, Claudio, Valeriano,
Miguel Ángel, Arsenio, Ignacio, Miguel,
Sebastián, Mateo, Khalil, Nilhan, David,
Alejandro, Juan Manuel, Alberto, Iván.
Sus edades van desde 23 hasta 80 años. Ese no es
factor que los pueda definir.
Su lugar de residencia en España tampoco: los
hay de casi todas las CC. Autónomas y uno de
ellos de la provincia de León.
Lo mismo ocurre con su nacionalidad: En su
mayoría son españoles, pero los hay también de
origen marroquí, ucraniano, brasileño, búlgaro,
turco, británico y de algún otro país.
El rasgo que los une es ser hombres y haber
tenido una relación de pareja con las mismas
mujeres a las que arrancaron la vida a lo largo
de este año: 42 hasta hoy -21 de octubre-.
No están todos los que son, pero sí son todos
los que están.
A ellos podríamos sumar los que intentaron la
misma “gesta” machista desbaratada tan sólo por
azar. ¡Bendito azar!. Año tras año sin excepción
se repite la historia de este aciago listado de
la violencia machista. O mejor dicho, dos
listados inseparables: uno fúnebre (por las
consecuencias) y otro machista-terrorista (por
las causas y los formas).
Ante estos sucesos, la opinión de la comunidad
más próxima suele revelar desconcierto: “era una
pareja tan normal”, “parecía un buen hombre”,
“¿cómo íbamos a imaginar que...?”. Es difícil de
aceptar y menos aún comprender la violencia
hacia las mujeres por parte de quienes son o han
sido sus parejas. Parece algo contradictorio en
sí mismo. Y lo seguirá siendo mientras no
entendamos el concepto de «género», que
podría resumirse como el modo en que la sociedad
nos educa a hombres y mujeres de modo
diferenciado y sistemático. Sólo desde esa base
podremos empezar a entender la distribución
rígida de papeles que se establece para hombres
y mujeres en la sociedad y en nuestra
convivencia: dominio y agresividad para ellos,
sumisión y cuidados para ellas. Sólo así
podremos entender que el maltratador no actúa
por motivos de trastorno o enajenación, sabe lo
que hace y se siente acreditado moralmente para
ello con el fin de lograr que la mujer se
comporte conforme al orden establecido, aunque
sabe que la ley ahora no lo permite. Sólo así
podremos entender alegaciones reales de
maltratadores, como "Es que mi mujer se empeña
en llevarme la contraria", o “No se deja domar”.
Sólo así podremos entender que muchísimas
mujeres ponen en riesgo su vida con sólo
expresar un “No me grites” o “ahora no me
apetece”.
Por tanto, hay una responsabilidad del
maltratador (evidente y que nadie suele
cuestionar en caso de asesinato), pero muy pocas
veces se tiene en cuenta la responsabilidad
de la sociedad que le ha enseñado a
comportarse de ese modo frente a las mujeres.
Ese es el punto de partida para evaluar la
responsabilidad individual y colectiva de los
hombres. Somos parte del problema y debemos
ser parte de la solución.
A nivel individual, el criterio a seguir frente
al machismo y el maltrato podría resumirse en:
¡No lo hagas, no lo permitas, no lo
justifiques!. Eso es “dar la cara contra el
maltrato”. Pero ese paso sólo será completo si
implica a la vez “dar la cara por la igualdad”.
Sólo en un contexto de igualdad es posible la
ausencia de maltrato, porque la desigualdad
ya es en sí misma maltrato para quien la sufre.
Por ello, o se está contra la violencia machista
o se acepta. No cabe la neutralidad.
La responsabilidad de la sociedad puede
ser más difícil de percibir, entre otras razones
porque ese aspecto se omite oficialmente. Pero
está ahí y es muy evidente. Nos pueden ayudar a
verlo algunos ejemplos reales de violencia
machista perpetrada por la propia sociedad o las
instituciones:
- Es violencia machista establecer medidas y
leyes que discriminan a las mujeres o recortan
sus derechos. El período actual de crisis ofrece
ejemplos numerosos.
- Es violencia machista aceptar fenómenos
sociales como la prostitución, que suponen
discriminación, vejación y maltrato a las
mujeres, sin ser denunciados y sancionados.
- Es violencia machista que instituciones
segregadoras de las mujeres gocen de beneficios
y recursos por parte del estado. La Iglesia es
el ejemplo más claro.
- Es violencia machista que desde cargos
públicos se legitime la discriminación y el
maltrato a las mujeres, mediante conductas o
manifestaciones que quedan impunes.
Declaraciones como: "El regadío hay que
utilizarlo como a las mujeres, con mucho
cuidado, que le pueden perder a uno"; o la más
reciente de “las leyes son como las mujeres,
están para violarlas”, o sentencias como “llamar
«zorra» a la esposa puede no ser un insulto”,
todas ellas expresadas por hombres con altos
cargos públicos y por las cuales no han sufrido
pena alguna (o, pero aún, siguen en el poder),
demuestran que la sociedad sigue siendo muy
permisiva con el maltrato a las mujeres.
- Y es violencia re-machista que desde el Estado
se permita la violencia machista o no se pongan
los medios necesarios para erradicarla.
En el fondo, estamos siempre ante una
cuestión de voluntad política. Y no es
casualidad que el ámbito político este aún
dominado mayoritariamente por hombres y por las
reglas de una masculinidad tradicional que en
tantas ocasiones alcanza lo grosero y
humillante.
No es que todos los hombres seamos así, es que
el modelo que se nos asigna desde la cultura y
la sociedad es de esa forma, y cuando se abusa
del poder se hace también conforme a unas
pautas, ya sea en la pareja, en la familia, en
la empresa o en la política.
Por tanto, el machismo no es natural, sino
aprendido. Y si se aprende, se puede desaprender
y cambiar. Ese es nuestro reto, el reto de cada
hombre y en todos los ámbitos de nuestra vida,
sin excepción. Y no nos engañemos, las
declaraciones y la voluntad no sirven de nada si
no van acompañadas de acciones. Si no lo
hacemos así, estaremos siendo cómplices del
machismo y su violencia.
Por
último, decir que la batalla contra el machismo
no la vamos a librar en solitario. Debemos estar
ahí y colaborar, pero no habrá héroes. En esa
tarea estaremos siempre en deuda con todas
las mujeres que han luchado individual y
colectivamente por su libertad, con todas
las mujeres que han pagado con su vida y
sufrimientos el precio de vivir en un mundo
construido para hombres. Mujeres que merecen
todo el respeto y reconocimiento, el nuestro y
el de todas las sociedades, sin excepción. Falta
que llegue aún ese día. Pero ese déficit y esa
deuda no figuran en la agenda social y política.
Es otra forma de machismo.
Grupo Prometeo – Hombres por la Igualdad
(21-octubre-2012)
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