REPORTAJE
El dilema de una maternidad pública
Las
mujeres de la política no dejan del todo el trabajo cuando son madres - El
Gobierno crea un Ministerio de Igualdad, pero ¿se tomará la ministra de Defensa
su permiso tras el parto?
CARMEN MORÁN 14/04/2008
Qué incómoda verdad la que dice que no es lo mismo predicar que
dar trigo. El Gobierno acaba de dar a luz un Ministerio de
El 18% de
las mujeres con cargos ejecutivos renuncia a su baja por maternidad
Las
empresas con más directivas obtienen mejores resultados
Los
hombres ganan en imagen social si toman permisos de paternidad
Las
tecnologías nuevas deberían permitir permisos más flexibles
"El caso de una ministra es especial, porque las mujeres
con un contrato laboral corriente tienen la obligación, para empezar, de
tomarse seis semanas de baja maternal", reflexiona María Pazos, de
Cuando son los hombres los que piden esas cosas, la sociedad ve
a un ciudadano ejemplar. Si Carme Chacón solicita las 16 semanas de que
disponen las mujeres que trabajan fuera de casa habrá quien tema que
Preguntada en TVE por si se tomará la baja maternal, la ministra
no reveló sus planes. Pero, en todo caso, se beneficiará de las 20 guarderías
que Defensa pone en marcha ahora en varias de sus sedes, también en la de
Madrid, con una inversión de 7,5 millones de euros. El objetivo del plan, según
se anunció hace apenas un año, era "favorecer la incorporación y
permanencia de las mujeres en las Fuerzas Armadas, removiendo los obstáculos
que puedan dificultar ese acceso, al posibilitar la conciliación personal,
familiar y profesional en el seno de los establecimientos militares".
El 18% de las mujeres con cargos ejecutivos renuncia a su baja
por maternidad y las que aceptan el permiso viven con la incertidumbre que eso
ocasionará a su futuro laboral. Una encuesta del IESE publicada el año pasado
revela además que sólo un 12% de los ejecutivos tomó ese permiso y eso que
cuando se tomaron los datos para el estudio los hombres sólo podían coger un
par de días o tres. Además, indica la encuesta, a ellos les reportó una buena
imagen social.
Más dramáticos son los datos de las ejecutivas que abandonan su
cargo, de alta responsabilidad, porque se ven incapaces de compatibilizarlo con
la maternidad. Un 16% de las mujeres empleadas, ejecutivas o no, abandona el
trabajo por la misma razón.
No es probable que una ministra lo haga, ni siquiera una
diputada de a pie, pero entonces cabe inferir que para que lleguen alto, o sea,
donde llegan los hombres sin que los hijos sean un impedimento, hay que rebajar
la atención a la maternidad, ya sea en días de permiso o, simplemente, optando
por no tener hijos.
Paradigmático fue el caso de los Blair, cuando Tony y Cherie,
primer ministro británico y abogada de prestigio, tuvieron su cuarto hijo. Él
buscaba una tercera vía para que unos no le acusaran de mal padre y
esposo, y otros de desatender el país. Tomó el camino del medio, que quizá no
contentó a nadie: redujo su jornada pública para atender la privada y se tomó
una semanita. Algunos se preguntarían si las riendas del país podían llevarse
con una sola mano, pero ¿alguien se preguntó cuántas se necesitan para cambiar
pañales?
Las dudas sobre la decisión a tomar cuando naciera su cuarto
hijo contribuyeron a elevar su popularidad. Para no perderla, su mujer tuvo que
volver al trabajo a las nueve semanas de dar a luz: se trataba de defender a
las administraciones locales frente a los sindicatos en un asunto de pensiones.
Eso fue después, pero sólo ocho días antes de entrar en el paritorio, vistió la
toga para criticar al Gobierno de su marido precisamente por la restrictiva ley
de paternidad que planteaba. Con razón el asunto de los Blair y el permiso de
paternidad dio la vuelta al mundo.
Entre reducciones de jornada y vueltas al trabajo precipitadas,
el matrimonio había inventado acaso eso que los políticos que predican
entienden después por dar trigo: la "compatibilidad" entre el empleo
y sus obligaciones maternales.
Por romper una lanza a favor de los políticos y también de las
políticas en este terreno, hay que recordar que no se les permite coger bajas,
o al menos faltar a sus obligaciones, por asuntos de baberos. Especialmente
significativo fue el caso que se vivió en el Parlamento Vasco a principios del
año pasado. Siete días después del parto, aún con los puntos puestos, una
parlamentaria, Nekane Alzelai, defendía sus posiciones políticas en su escaño
habitual mientras el bebé esperaba en su despacho, al cuidado de la secretaria,
para ser amamantado. La reforma que desde hace años está pendiente para el
Parlamento Vasco planea habilitar un sistema telemático para que las diputadas que
sean madres o quizá también para los padres con baja de paternidad, puedan
votar desde casa. No es baladí esta cuestión, porque a veces un voto es
esencial para sacar adelante un proyecto, por eso, las diputadas no se pueden
permitir lujos maternales. También el Congreso de los Diputados aprobó
en 2004 instar al Gobierno para que regulara las bajas por maternidad sin que
el grupo perdiera el voto de la ausente. Hasta hoy. Margarita Uría (PNV)
recuerda a una diputada socialista que viajaba desde Baleares en dos aviones
hasta el Congreso con su bebé en la anterior legislatura. "Todas la
ayudábamos en los aeropuertos, una le cogía la bolsa... Y también a Ana Tome
(PP), en la primera legislatura de Aznar. No sé cómo se las arreglará Carme,
pero saldrá a flote y será una ministra estupenda".
Carme Chacón, además de ministra, es un voto en el Congreso. Un
voto, "personal e indelegable", como se recoge en el artículo 79.3 de
Pero,
mientras los hombres no tengan un permiso de paternidad obligatorio como el de
la mujer, que le impida al empresario hacer distingos a la hora de
contratar o ascender, ¿es lícito pedir a las madres que sean heroínas y
abandonen su puesto a sabiendas de que peligra su futuro en la empresa? ¿Es
justo pedir a una ministra que se tome las semanas que hagan falta mientras
arrecian las críticas por algo que en sus compañeros varones posiblemente se
vería como un acto ejemplar?
La directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia del
IESE, Nuria Chinchilla, cree que los permisos de maternidad deberían alargarse,
pero también flexibilizarse al socaire de las nuevas tecnologías. Respetando la
parada biológica obligatoria de las seis semanas tras el parto, Chinchilla
propone que las bajas sean de seis meses a un año, durante los cuales las
madres o los padres pueden trabajar a tiempo parcial y no necesariamente en el
despacho. "El teletrabajo facilita en muchos casos la labor que desempeñan
las ejecutivas. No es necesario que vayan por la oficina, si acaso a horas
sueltas, porque eso no supondría pérdida de productividad. Se trata de una
dirección por objetivos, que se pueden cumplir sin ir al trabajo
físicamente", dice. Y cree que las enfermedades del niño, que obligan a
las madres, sobre todo, a ausentarse del trabajo se compensarían teniendo al
crío en casa. "Son edades en las que los bebés duermen mucho y se
encontrarían momentos para sentarse al ordenador", explica. Pero advierte
de que la flexibilidad laboral debe serlo realmente, porque si por flexibilidad
se entiende un modelo inamovible se corre el riesgo de que pierda efecto.
"Cada trabajadora es distinta y la flexibilidad se puede organizar de
muchas formas".
Desde luego, la ley permite por ahora que las semanas que no son
obligatorias para la mujer las pueda coger el padre, o repartirlas como le
convenga a la pareja. Desde que
Respecto a
la jornada parcial, María Pazos, recuerda que en Suecia hay sectores
enteros organizados en este tipo de jornada, "que los hombres no quieren y
a la que se acogen las mujeres, aunque no les permite ganar tanto", dice.
Por tanto, eso sólo pueden hacerlo aquellas madres cuya pareja también gane
dinero, pero las mujeres solteras tienen que trabajar a tiempo completo.
Pero tanto padres como madres tienen dos meses de permiso
maternal intransferible, así que, aunque no es obligatorio, si no lo cogen, lo
pierden sin más. "Por eso los hombres allí cada vez lo cogen más",
afirma Pazos.
En aquellos lugares donde es intercambiable la estadística
demuestra que es la madre la que acaba quedándose con el crío. El padre se
pierde la crianza, por supuesto, pero la mujer no gana seguridad ni prestigio
para su empleo.
En Portugal hay obligatoriedad para el padre, pero sólo para una
semana; el resto, tres, son voluntarias. Por lo demás, la obligatoriedad no se
reconoce en casi ningún sitio, aunque países como Suecia presentan buenos
resultados sin necesidad de ello.
Pero todo esto puede sonar a cuentos chinos hoy por hoy a
ministras y ejecutivas, en desigualdad de condiciones con otras mujeres por el
peso de la responsabilidad que desempeñan. ¿Cómo compatibilizará la ministra?
No ha respondido aún con precisión. Algunos estudios internacionales solventes,
como el efectuado por Catalyst sobre las 500 mayores empresas del mundo no
dejan espacio a la duda: "Las empresas con más directivas obtienen mejores
resultados".