Entrevista a Alfonso Cano,
comandante de las FARC
"Siempre será posible construir
escenarios de negociación con el Gobierno"
Público. 11
de junio de 2011
Alfonso Cano, comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), dice que la guerrilla aún no está dispuesta
a desmovilizarse y dejar la lucha armada
Alfonso Cano
[en el centro de la foto, con Reyes y un emisario del Gobierno
en el año 2000. AFP], cuyo nombre civil es Guillermo León Sáenz Vargas
(Bogotá, 1948), es el comandante de la guerrilla más antigua del
mundo. En esta entrevista con Público, la primera que concede a
un medio de comunicación en 19 meses, el líder intelectual de la
guerrilla analiza la época de Álvaro Uribe y mantiene qué es
difícil avanzar en el camino hacia la resolución de la guerra
civil que dura ya décadas con el nuevo mandatario Juan Manuel
Santos. Cano contestó a las preguntas a través de un
cuestionario que devolvió firmado el 21 de mayo de 2011 en “las
montañas de Colombia”.
¿Cuáles son las razones por las que luchan las FARC?
Nuestros objetivos son la convivencia democrática con justicia
social y ejercicio pleno de la soberanía nacional, como
resultado de un proceso de participación ciudadana masivo que
encause a Colombia hacia el socialismo.
Son la guerrilla más antigua del mundo. ¿Siguen vigentes los
motivos por los que iniciaron su lucha armada o éstos han
cambiado con el tiempo?
En estos 47 años se desató una vertiginosa transformación en la
ciencia y en la tecnología, se elevaron los índices de
crecimiento económico en muchos países, colapsó el modelo
soviético de construcción socialista e irrumpió incontenible la
República China. Sin embargo, pese a todo ello y a muchas otras
novedades trascendentes, el hambre creció en el planeta, las
injusticias, las brechas sociales y los conflictos persistieron
y aumentaron mientras que cerca de 10.000 individuos
espantosamente adinerados deciden la suerte de miles de millones
de personas. Las FARC nacimos resistiendo a la violencia
oligárquica que utiliza sistemáticamente el crimen político para
liquidar a la oposición democrática y revolucionaria; también
como respuesta campesina y popular a la agresión latifundista y
terrateniente que inundó de sangre los campos colombianos
usurpando tierras de campesinos y colonos, y nacimos también,
como actitud digna y beligerante de rechazo a la injerencia del
Gobierno de EEUU en la confrontación militar y en la política
interna de nuestra patria, tres razones esenciales que gestaron
a las FARC tal como se señala en el Programa Agrario de
Marquetalia elaborado y difundido en 1964. Una somera mirada
sobre la realidad colombiana de mayo de 2011 nos muestra que, a
pesar del contexto internacional reseñado, estos tres factores
germinales persisten y se agravan en la actualidad.
¿Cree que es posible abrir un proceso negociador con el
presidente Juan Manuel Santos?
Con el esfuerzo mancomunado de muchos
sectores progresistas y democráticos interesados en una solución
incruenta del conflicto, siempre será posible construir
escenarios e iniciar conversaciones directas de horizontes
ciertos, con cualquier gobierno, incluyendo al actual pese a que
este, empezando con su mandato, redujo las posibilidades al
imponer una ley que cierra puertas a diálogos dentro del país.
Pero somos optimistas sobre la eventualidad de lograrlo.
Ante la negativa del Gobierno de aceptar canjes de rehenes por
guerrilleros presos, ¿qué planes tiene para los secuestrados que
siguen en poder de las FARC?
Le entiendo que usted se refiere a los prisioneros de guerra que
tenemos en nuestro poder, porque una aproximación desapasionada,
rigurosa y objetiva al tema, en una confrontación política,
social y militar de cerca de 47 años, que enfrenta a dos
adversarios debe aludir a prisioneros de guerra que las partes
capturan en el devenir de esa confrontación, ¿cierto?. La
negativa actual del gobierno al canje no tiene por qué
arredrarnos en la aspiración de tener con nosotros, libres, a
los camaradas presos en la actualidad y a que regresen a sus
hogares los prisioneros, militares y policías capturados en
combate, que tenemos en nuestro poder, a quienes sus familias
también aspiran a tener de nuevo en su seno. Por encima de la
indiferencia del Estado sobre los propios soldados, vamos a
perseverar. Se sabe que mientras perdure una confrontación habrá
prisioneros en poder de las partes.
El Comité Internacional de la Cruz Roja es un organismo neutral
encargado de velar por el cumplimiento del derecho internacional
humanitario. En su último informe indica que "mientras las
partes en conflicto adelanten los enfrentamientos armados en
zonas rurales, la población que habita estas áreas vive en
permanente peligro y está expuesta a violaciones del DIH como:
homicidios y/o ataques a personas protegidas por el DIH:
desapariciones forzadas; violencia sexual; toma de rehenes;
reclutamiento forzado; malos tratos físicos y/o psicológicos; y
desplazamiento forzado. La falta de respeto al principio de
distinción entre combatientes y civiles, las presiones para
colaborar generando represalias directas contra los civiles, la
ocupación de bienes civiles privados o públicos y la
contaminación por armas son otros factores agravantes que
afectan la vida de las comunidades".
¿Cuáles de estas violaciones comete las FARC?
Para ser rigurosos habría que referir uno a uno los casos
informados por el CICR y como este no es el espacio adecuado, le
puedo comentar que para nosotros, lo primero y más importante de
nuestra lucha es la población, no solo por razones de principios
políticos e ideológicos, sino prácticos de la guerra. Únicamente
en la medida que respondamos a las necesidades objetivas de la
población en cada área, podemos resistir, crecer y avanzar. De
lo contrario es imposible.
Hace años y dada la intensidad de los combates, difundimos unas
normas de comportamiento para que la población civil no
permitiera su utilización como escudo por parte de la fuerza
pública que construye cuarteles en medio de los poblados,
utiliza el transporte público para sus movimientos, entrevera
caravanas de vehículos militares en medio del transporte civil
para sus desplazamientos por carreteras, pernocta en las
escuelas y colegios, etc., prácticas que la fuerza pública
utiliza, creándole peligrosos riesgos a la población.
Eventualmente unidades nuestras pueden violentar las normas,
pero como estamos regidos por unos Estatutos, unas Normas y unos
Reglamentos de Régimen Disciplinario estricto, cimentados en una
concepción revolucionaria de la vida, que armonizan las
relaciones entre combatientes y también, las nuestras con la
población civil garantizando una profunda, sincera, armónica y
sólida relación, tomamos los correctivos que señalan nuestros
documentos.
Respecto al DIH y a sus Protocolos adicionales, mantenemos
algunas reservas porque, en ocasiones, dificultan la
aproximación a ciertas situaciones, dado que fue concebido y
diseñado para conflictos entre naciones y, pese a los protocolos
adicionales, no siempre proporciona el justo equilibrio. Por
ejemplo, calificar como "ejecuciones extrajudiciales" la
homicida, criminal y sistemática práctica de las Fuerzas Armadas
oficiales de Colombia durante los últimos 63 últimos años, de
asesinar civiles, vestirlos con ropa militar y colocar armas a
sus cadáveres para hacerlos pasar como guerrilleros "dados de
baja" en combate, en un país que se ufana de ser un Estado de
Derecho y cuya legislación no contempla la pena de muerte,
posibilitó un trato benigno y celestino a los criminales, que ha
escamoteado una condena drástica, vertical, diáfana y oportuna
al terror desarrollado por el Estado colombiano desde hace más
de 47 años.
La norma sobre el uso de armas no convencionales, es una
reglamentación para la guerra entre naciones que no puede
abarcar a movimientos populares como el nuestro que se armó
desde un comienzo con palos y machetes para defenderse de una
agresión gestada y ejecutada por el Estado, con la contribución
militar, financiera y tecnológica de la Casa Blanca. Equivale a
recriminar al bíblico David porque utilizó piedras para
defenderse de la agresión del coloso Goliat.
Valdría la pena trabajar un escenario internacional donde
analizar, desde diferentes ópticas, estas situaciones y otras
del mismo tenor e intercambiar conceptos sobre la "neutralidad"
que por encima de cualquier consideración, deben mantener
quienes se reclaman sus garantes.
Las FARC hacen uso de minas antipersona, entre otras cosas
contra operaciones de erradicación manual de cultivos de hoja de
coca. ¿Por qué continúan usando un arma prohibida por el derecho
humanitario y que todo el mundo acordó en 1998 erradicar en el
Tratado de Ottawa o la Convención sobre la prohibición de minas
antipersonales?
Le reitero que acerca del armamento utilizado por la guerrilla
en su lucha de resistencia, en la irregularidad de su táctica y
como consecuencia de la asimetría que caracteriza una
confrontación como la colombiana, será necesario que en un
escenario internacional ampliamente representativo, con la
presencia de la guerrilla revolucionaria por supuesto, nos
ocupemos de abordar este tema con objetividad, sin mentiras,
buscando unas conclusiones realistas que todos podamos acatar
rigurosamente, incluyendo a los gobiernos. Es ridículo, por
calificarlo de alguna manera, que cuando el Estado colombiano
lanza operativos contra insurgentes en una proporción de 100
militares por cada guerrillero, con bombardeos de ablandamiento
ejecutados con miles de toneladas de pentolita , realizados por
una aviación dotada de cohetes de todo tipo, ametrallamientos
desde sus centenares de helicópteros gringos y rusos de última
tecnología, fuego de artillería con morteros de 120 mm, salgan
luego los altos mandos militares a quejarse y a denunciar,
porque muchas de sus unidades cayeron en campos minados en tan
desigual teatro de operaciones. O, como también sucede, es
criminal forzar a civiles a servirles como guía en sus labores
de rastreo y seguimiento con consecuencias muchas veces
lamentables para quienes han sido obligados. O, como sucede en
otras ocasiones, es perversamente fariseo dar dinero a civiles
para que ejerzan como soplones, quienes buscando información,
muchas veces son víctimas de la confrontación.
Sin duda, nadie puede escatimar esfuerzos por separar a la
población civil del conflicto. Esto debe privilegiarse en todos
y cada uno de los hechos que se acometan como parte del
conflicto, pero como entender esto en el caso de Colombia, donde
el gobierno nacional desató una intensa campaña para reclutar
civiles como informantes a cambio de dinero, integrándolos a un
aparato llamado Red de Cooperantes, ¿se estarán ciñendo a las
normas del DIH?. ¿O existe una contradicción entre su discurso
maniqueo frente a la normatividad internacional y las políticas
que desarrolla?. Son muchos los temas que deberá abocar una
reunión de actualización del DIH, en la que sería vital la
participación de los Estados Unidos de Norteamérica para también
analizar la sindéresis entre las exigencias que hace al resto
del mundo respecto a los Derechos Humanos y su práctica
cotidiana y universal.
¿Tienen futuro las FARC si se mantienen al margen del
narcotráfico? ¿Qué relaciones tienen ahora con el cultivo y
tráfico de drogas? ¿Es hoy en día su principal fuente de
financiación? ¿Cuánto dinero ingresan al año por este concepto?
Nuestra lucha por permanecer al margen del narcotráfico no ha
sido fácil ya que en los últimos 30 años Colombia ha sido
permeada y contaminada, de pies a cabeza, por los dineros del
narcotráfico: las instituciones del Estado sin excepción, la
industria, la banca, el comercio, la política, el deporte, el
agro, la farándula, las fuerzas militares y de policía, y en
general, el conjunto del tejido social.
La guerra contra las drogas decretada por la Casa Blanca ha sido
un fracaso, especialmente en Colombia pues ha dejado una enorme
estela de sangre, desintegración social y pérdida de valores
sustantivos de la ética y a moral, mientras que el área sembrada
de coca oscila pendularmente entre las 90 mil y las 180 mil
hectáreas y el país continúa a la cabeza del tráfico mundial,
según informes de diversos organismos internacionales.
De tiempo atrás, hemos manifestado nuestro acuerdo con la
legalización o con la despenalización que, desde las épocas del
premio nobel norteamericano Milton Friedman hasta hoy incluyendo
a 4 expresidentes latinoamericanos y a gran cantidad de
personalidades y organizaciones del mundo entero, se promueve
como salida realista para liquidar definitivamente las enormes
ganancias de este tráfico, manejar su creciente consumo como un
problema de salud pública y desarrollar estrategias preventivas
con la certeza de su superación definitiva.
En épocas del Caguán, en sesión especial ante embajadores y
representantes de diversos países y organismos multilaterales,
presentamos un plan detallado para experimentar en un área
delimitada una estrategia de sustitución de cultivos que
desestimulara a los campesinos cultivadores de coca y les
contribuyera en la creación de alternativas económicas ciertas.
Muchos narcotraficantes y dirigentes políticos de los partidos
de gobierno se atravesaron a la propuesta y la frustraron.
El narcotráfico no es un problema de las FARC. Es un fenómeno
nacional, latinoamericano y mundial al que se le debe hacer
frente con una estrategia nacional y convergente encabezada por
los primeros responsables y también grandes víctimas de este
cáncer: los países desarrollados.
Quisiera serle taxativo en esto: ninguna unidad fariana, de
acuerdo a los documentos y decisiones que nos rigen, pueden
sembrar, procesar, comerciar, vender o consumir alucinógenos o
sustancias psicotrópicas.
Todo lo demás que se diga, es propaganda.
Al margen del narcotráfico, ¿cómo se financian las FARC?
Las FARC - EP tenemos tres fuentes básicas de financiación:
aportes de amigos y simpatizantes que creen sinceramente en el
compromiso revolucionario de las FARC y en la causa por la que
luchamos; impuestos que cobramos a los ricos, a través de la ley
002 y, rentas generadas de inversiones que mantenemos.
Las FARC han sufrido sus golpes más duros durante el Gobierno de
Uribe, como la Operación Jaque, la Operación Fénix, la Operación
Camaleón... ¿En qué situación se encuentra la guerrilla? ¿Cuáles
son sus efectivos y qué territorio controla?
Para ser sinceros el golpe más serio y de mayor calado lo
recibimos luego de la segunda conferencia guerrillera realizada
en 1966, en el departamento de Quindio, donde perdimos gran
cantidad de combatientes y el 70% de las armas. Solo hasta la
quinta conferencia, después de muchos años, pudo decir el
comandante Marulanda: "Por fin nos hemos repuesto del mal que
casi nos liquida".
Operativos como Jaque, desarrollado a partir de la traición del
jefe de la unidad guerrillera que vendió los prisioneros de
guerra bajo su custodia, no tienen las connotaciones
promocionadas por el Gobierno. Innumerables veces hemos
rescatado nuestros presos de las cárceles del Estado. Son hechos
de guerra que llaman a las partes a tomar nuevas medidas de
seguridad. No modifican ni la concepción, ni los diseños
operacionales ni mucho menos la estrategia de nuestra fuerza.
En los últimos 9 años, y como consecuencia de la mayor
injerencia militar de Washington en los asuntos internos de
Colombia, la guerra se ha intensificado. Hemos sufrido golpes.
Las muertes de Raúl, de Jorge, de Iván Ríos y de muchos
camaradas, nos duelen y nos generan ese dolor revolucionario que
desata, incontenible, mayor compromiso con nuestros ideales de
socialismo. Ya las hemos asimilado. Con el legado y ejemplo de
nuestros héroes y mártires, las nuevas promociones toman su
lugar y trinchera, nuevas promociones de revolucionarios
dispuestos, como los más antiguos, a darlo todo, hasta la vida,
por los objetivos de la Nueva Colombia.
Pero, se sabe que en toda guerra hay muertos, de ambos bandos ,
y la colombiana no es la excepción.
También estos 9 años, han demostrado el tamaño y la calidad del
compromiso de las FARC con nuestros ideales de cambio y de
transformación revolucionaria. Como es evidente en los partes
militares también hemos golpeado a las fuerzas militares y
paramilitares del estado, a las institucionales y a las para
institucionales, a todas, incluyendo aquellas que tiran la
piedra y esconden la mano, que cínicamente dicen desconocer la
estrategia de los "falsos positivos", que niegan ante los medios
su contubernio con el narcoparamiliarismo, pero le abren en la
oscuridad de la noche las puertas secretas de sus palacios,
mansiones y haciendas para conspirar contra la convivencia, la
democracia y contra el pueblo.
Las FARC mantenemos nuestra influencia, sólida influencia, en
las áreas donde existimos, por todos los rincones de la
geografía nacional, nacida y cimentada en la justeza de nuestros
planteamientos políticos, en nuestro trabajo y ayuda permanente
a las comunidades, respeto hacia todas ellas y por nuestra
autoridad surgida del compromiso sincero del que no pretende
nada a cambio de su esfuerzo, salvo la satisfacción de aportarle
esperanza al pueblo en su propia capacidad de movilización,
organización, lucha y en su futuro bienestar.
No le puedo comentar cuántas unidades conforman las FARC - EP
porque somos una organización irregular. Pero, accionamos,
trabajamos y luchamos en todo el territorio nacional.
¿Qué hay de cierto en el supuesto contenido del ordenador de
Raúl Reyes?
Los elementos que pudieron haber quedado funcionando, luego del
bombardeo sobre la humanidad del Camarada Raúl y su guardia,
fueron manipulados al amaño del gobierno. Ni la propia INTERPOL
quiso comprometerse con las truculencias de Alvaro Uribe y
manifestó públicamente, luego de un detallado análisis, que
había sido quebrada la Cadena de Custodia, lo que significa, en
buen romance, que luego de la muerte de Raúl se manipularon los
contenidos del disco duro "sobreviviente", si fue que lo hubo
luego de semejante infierno de explosivos. Se trataba de
inventar y retorcer acontecimientos para chantajear a las FARC y
a muchos amigos de la paz de Colombia con ese estilo muy
particular que caracteriza al señor Alvaro Uribe y que impuso a
toda su administración. Esta semana que termina, la Corte
Suprema de Justicia declaró como ilegal cualquier prueba
levantada sobre los llamados computadores de Raúl Reyes,
precisamente porque se manipularon los materiales supuestamente
encontrados y además se desvirtuaron los procedimientos
judiciales.
Curiosamente, no trascendieron informes que nos llegaban y que
el Comandante Raúl debía de conservar, por ejemplo, alrededor de
los pagos a altos oficiales de la policía, hoy generales, que
hizo el narcotraficante Wilber Varela y que comentó personal y
detalladamente a uno de nuestros comandantes en el Valle del
Cauca el coronel Danilo González, quien aún en servicio activo,
buscó a las FARC pretendiendo la liberación de unos sospechosos
que habíamos retenido; tampoco se mencionaron informes precisos
alrededor de la utilización plena del DAS por parte del
paramilitarismo con la total anuencia del Presidente de
entonces, ni de los encuentros, whisky en mano, en Bogotá, de
jefes paracos con "prestantes" personalidades linajudas para
planificar las agresiones contra la izquierda, ni otras muchas
que harían muy larga esta entrevista y que seguramente no
incluyeron en las copias que han ido regalando, a algunos de sus
gobiernos amigos, a la CIA, al MI5 y al MI6 ingleses, al MOSSAD
israelí y a otros que continúan publicitando inverosímiles
historias a través de sus organizaciones de bolsillo.
¿Cree usted que el proceso de desmovilización de paramilitares
impulsado por la ley de Justicia y paz ha sido exitoso? ¿Cuál es
su opinión sobre este proceso?
Ese proceso se planificó y ejecutó como una farsa para sacar en
limpio a los verdaderos jefes del paramilitarismo luego que
Alvaro Uribe, uno de ellos, ganó las elecciones presidenciales
en el 2002.
Como cobertura, utilizaron a narcotraficantes y sicarios con
ínfulas de jefes contrainsurgentes, a quienes prometieron
estatus político y respeto a sus incalculables fortunas. Luego
los desecharon, en una historia que se recicla donde la
aristocracia y algunos trepangos delinquen buscando el poder y
la riqueza utilizando a criminales y bandidos, a quienes luego
condenan, encarcelan o mandan asesinar en un repetido
espectáculo de escarnio público.
El país sabe que el paramilitarismo es una estrategia del estado
para asesinar sistemáticamente opositores, buscando ocultar la
sangre que mancha hasta la médula a las instituciones públicas,
detrás de bandas de sicarios y delincuentes de apariencia civil.
La oligarquía colombiana, impotente en su lucha contra los
avances de la insurgencia revolucionaria, se entregó a la
práctica paramilitar a la que posteriormente, en las décadas del
70, articuló con el naciente narcotráfico dando origen al
narcoparamilitarismo, ensalzado y consentido socialmente por los
poderosos durante largos años, quienes ahora luchan por zafarse
del estigma y por lavar sus propias porquerías.
A los narcos que creyeron en sus palabras, los exhibieron y
promocionaron como grandes jefes contrainsurgentes y luego, los
extraditaron a los Estados Unidos con el fin de silenciarlos.
Tiempo después, cuando desde allá y por la presión de las
víctimas procedieron a confesar villanías, a mencionar a sus
compinches, socios, contactos, mecenas políticos y militares, la
oligarquía utilizó sus medios para sembrar la duda: ¿cómo
creerle a un criminal y no a un aristócrata, a un político
tradicional o a un prestigioso general de las Fuerzas
Militares?.
La ley de justicia y paz, ha sido una gran farsa, que pasó por
la venta de títulos como "comandantes paramilitares" a sicarios
narcotraficantes, pasó también por las fotos de grandes
"desmovilizaciones" de desempleados y bandidos contratados para
la ocasión con fusiles y armas compradas para la fotografía, y
terminará con la absolución de Álvaro Uribe, en la comisión de
acusaciones de la Cámara de Representantes del Parlamento
colombiano, salvo que los millones de afectados por esta
criminal estrategia le impriman una mayor dinámica a sus
esfuerzos y luchas y se reciba mayor solidaridad mundial. Solo
así en Colombia, como sucedió en Argentina y otros países, se
podrá condenar también a los responsables materiales e
intelectuales de las negras y sangrientas noches en que
hundieron el país.
¿ Por qué tiene sentido la lucha armada para las FARC y no la
defensa a través de vías democráticas de los ideales políticos y
las transformaciones socioeconómicas que consideran necesarias?
Porque en Colombia a la oposición democrática y revolucionaria,
la asesina la oligarquía. La masacre de la Unión Patriótica es
la muestra palmaria.
A todo líder, a cualquier organización no oligárquica que
amenace los poderes establecidos, lo asesinan o la masacran como
parte de una estrategia oficial de Seguridad Nacional. Los
poderosos la han instituido como característica de la cultura
política y ahora la han incrustado en la concepción del Estado.
Extensos pasajes de la historia nacional que datan desde
septiembre de 1828 cuando las facciones progringas colombianas
de entonces atentaron contra el Libertador Simón Bolívar, hasta
estos años, pasando por el asesinato del Gran Mariscal de
Ayacucho, Antonio José de Sucre, del líder liberal Rafael Uribe
Uribe, de Jorge Eliécer Gaitán, de Jaime Pardo Leal, de Luis
Carlos Galán, de Bernardo Jaramillo Ossa, de Manuel Cepeda
Vargas y de centenares de líderes más, parecieran ratificar un
viejo y descarnado aserto popular: la oligarquía colombiana no
entiende sino el lenguaje de los tiros.
Aquí en las FARC pensamos que a pesar de esa histórica agresión
antipopular que caracteriza el devenir nacional, es realista e
inaplazable trabajar la construcción de espacios de
convergencia, donde entre todos los colombianos construyamos los
acuerdos que cimenten la convivencia democrática. El comandante
Jacobo Arenas insistió en que el destino de Colombia no podía
ser la guerra civil, en consecuencia hemos luchado, una y otra
vez, por encontrar con los distintos gobiernos, la salida
política al conflicto colombiano. NO se ha logrado porque la
oligarquía piensa en rendiciones y nosotros en cambios de fondo,
democráticos, a la vida institucional y a las reglas de
convivencia, pero no por ello, cejaremos de luchar la solución
incruenta como esencia de nuestra concepción revolucionaria y
sustento de la Nueva Colombia.
¿Qué lecciones sacaron de la creación del partido Unión
Patriótica?
Fue una experiencia tan llena de riqueza como dolorosa, que
debemos analizar y referenciar permanentemente. Dentro de sus
muchas lecciones le podría mencionar algunas como lo difícil que
es avanzar en un proceso de solución política, cuando la
oligarquía colombiana mantiene sus estrategias de paz de los
sepulcros y Pax Romana, pues frente a este proyecto mostró su
mezquindad y fue esencialmente sanguinaria y cruel. Prefirió el
asesinato de cerca de 5000 dirigentes democráticos y
revolucionarios en una razzia de corte hitleriano, que abrir
espacios a todas las vertientes de la izquierda, hecho que de
haberse logrado hubiese generado una nueva dinámica en la
confrontación política y posibilitado la concreción integral de
los Acuerdos de La Uribe hace más de 25 años.
Con el exterminio de la UP no solo perdió una generación casi
completa de dirigentes revolucionarios, la mayoría de ellos de
gran dimensión política e inmensos valores éticos, cuya ausencia
hoy es notoria en el escenario público de la nación como del
continente, también se frustró por muchos años, la posibilidad
de firmar un acuerdo de convivencia.
La experiencia de la UP nos enseñó que cualquier avance hacia la
paz que surja de acuerdos exige la transparencia, que todo
tropiezo debe clarificarse antes de emprender un nuevo escalón,
pues los Acuerdos de La Uribe, origen de la UP, fueron
saboteados por el Alto Mando militar desde el primer momento a
pesar de lo cual, todos los comprometidos con dichos acuerdos,
luchamos como Quijotes, por sacarlos adelante.
Pero logra la firma de acuerdos de paz en La Uribe en 1984 y
garantizar su cumplimiento total hasta culminarlos, fue
imposible. Así que los colombianos que emprendimos con gran
optimismo y mayor entusiasmo una histórica jornada por la
convivencia, perdimos esa batalla civilizada frente a los
"enemigos agazapados de la paz", que hoy ya no se esconden
tanto.
Un proceso de paz exitoso, tiene como premisa ineludible, el
respaldo lento, decidido, transparente y activo, de la mayoría
de la población.
No me cabe la menor duda que las nuevas generaciones de
colombianos, en un futuro cercano, rendirán honores y harán
reconocimiento a los mártires de la Unión Patriótica que "a
pecho descubierto" lucharon por un mejor país para sus hijos,
por la democracia y la convivencia, con una generosidad, un
desprendimiento y una valentía ejemplares.
Destacados líderes políticos de izquierdas colombiano han dicho
a Público que creen que la existencia como guerrilla de las FARC
es la responsable de la "derechización extrema" de la sociedad
colombiana, ya que "izquierda" se asocia a guerrilla. ¿Está
usted de acuerdo?
Digamos genéricamente, que se está a la izquierda si se prioriza
lo social, la democracia popular y los cambios revolucionarios,
en oposición a quienes privilegian la ganancia económica, el
hegemonismo burgués y la defensa del statu quo. No se trata solo
de estar al lado izquierdo de la derecha, sino de defender
integralmente intereses de clase, populares. Integralmente.
Puntualizo para comentarle que no he escuchado a ningún
destacado dirigente, de izquierda, afirmar lo que menciona en su
pregunta.
En Colombia los hay, bastantes, muy importantes y muy
consecuentes, que con enorme responsabilidad y altura discrepan
de la lucha armada revolucionaria, se apartan de ella, pero
entendiendo sus circunstancias históricas, trabajan por
encontrar los caminos de la solución política respetando el
compromiso de quienes combatimos desde la insurgencia y,
priorizando sus debates contra la oligarquía y contra el neo
coloniaje imperial, verdaderos generadores de la violencia en
Colombia.
De pronto existan quienes han militado en la izquierda y ya no
defiendan sus posiciones originales sino las del régimen, como
sucede en muchas partes del mundo. Habrá que respetar sus nuevas
posturas, pero sin inscribirlos como defensores de los intereses
populares ni ubicarlos a la izquierda en el ajedrez de la
política.
También puede darse el caso de quienes pretenden ocultar sus
propias fallas, tras el esfuerzo ajeno.
La lucha nuestra desde Marquetalia es por la democracia, por la
posibilidad cierta de desarrollar una acción de masas, abierta,
por los cambios revolucionarios y el socialismo. Y esta opción,
es la que ha saboteado a tiros la oligarquía colombiana.
Asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, legislaron con el
anticomunismo como soporte durante la dictadura militar, crearon
el Frente Nacional bipartidista para excluir y perseguir a los
revolucionarios, y aprobaron una Constitución en 1991, con
elementos positivos en su diseño y textos, que dejó intacta la
concepción de Seguridad Nacional del enemigo interno que campea
desde hace un poco más 47 años en nuestro país. La misma del
paramilitarismo y los falsos positivos.
La derecha, en Colombia y en todo el mundo, propagandiza y
difunde sus pretextos, reales o ficticios, para confundir,
atacar y desvirtuar las luchas populares por bienestar y
progreso social. Y utiliza variedad de formas para ello,
incluyendo a muchos quienes algún día algún día fueron
activistas de la izquierda.
En los tiempos que corren, con el desarrollo de los medios de
comunicación, no hay confusión posible. Quienes defienden el
orden existente, no lo pueden ocultar.
La confrontación en Colombia se ha prolongado demasiado. Luchar
y clamar por la paz es expresión de un sentimiento profundamente
popular y revolucionario.
Las FARC firmaron un pacto de no agresión con la guerrilla del
ELN en diciembre de 2009. ¿Qué obstáculos ha habido en su
implementación?
Tanto el Comando Central del ELN como el Secretariado del Estado
mayor Central de las FARC - EP, hemos reconocido con sentido
autocrítico, el error que significó no detener drástica, tajante
y oportunamente los roces que se fueron dando en diversas áreas
del país, entre combatientes de las dos fuerzas, de tiempo
atrás.
Ahora, trabajamos con enorme convicción revolucionaria en todas
esas áreas por superar, definitivamente, las asperezas, los mal
entendidos, las emulaciones mal hechas y los enfrentamientos. Es
un proceso complejo, teniendo en cuenta la coyuntura actual, de
intensa confrontación política y militar con el Estado. Pero
vamos avanzando con solidez.
La autocrítica es a fondo y en eso estamos. Falta tiempo, hay
mucho terreno por recorrer pero avanzamos en firme haciendo
conciencia, a todos los niveles de nuestras organizaciones, que
somos parte del mismo contingente de lucha popular,
revolucionaria, antiimperialista, bolivariana y socialista. Y
que ello es lo que fundamenta la forma de relacionarnos, las
convergencias que debemos trabajar y luchar para elevar a nuevos
niveles la necesaria estrategia unitaria de los revolucionarios
colombianos.
Recogimos el legado del gran revolucionario, el sacerdote Camilo
Torres Restrepo de enfatizar lo que nos une. Las divergencias
las debemos ventilar y airear en mecanismos que estamos creando
para ello.
Estamos obligados a ser ejemplo de unidad. Y de madurez. Así
también le contribuiremos a la unidad popular de los
colombianos, proyectando en los hechos la prioridad "del bien
común" por encima de cualquier interés particular.
Nos falta un buen trecho, pero ya lo empezamos. Y eso es lo
estratégico.
Según un auto de la Audiencia Nacional, dos testimonios de
antiguos miembros de las FARC implican al Ejército de Hugo
Chávez en los cursillos de adiestramiento que ETA impartió a los
guerrilleros colombianos en suelo venezolano. Los relatos de los
arrepentidos forman parte de un informe de la Comisaría General
de Información de la Policía. En el apartado del auto dedicado a
los "hechos" se describe cómo en agosto de 2007 dos presuntos
miembros de ETA impartieron en la selva venezolana dos cursos
sobre manejo de explosivos a guerrilleros de las FARC. ¿Han
tenido en el pasado las FARC relación con la banda ETA?
¿Mantienen relación en la actualidad y, en caso afirmativo, en
qué consiste?
La experiencia de las FARC en materia de explosivos tanto de su
fabricación, como de su almacenamiento y utilización es larga y
abundante, lo que desde hace mucho tiempo nos permite
autoabastecernos sin recurrir a ningún tipo de ayudas,
simplemente porque no lo hemos necesitado. Tenemos nuestros
propios instructores. Así de simple. Esto para rechazar las
afirmaciones sobre tales cursillos con personal extranjero que
solo pretenden afectar al gobierno bolivariano de Venezuela.
En Colombia, a partir de ofrecimiento de dineros, viajes a
Europa y rebaja considerable de penas, algunos desertores, se
prestaron para atestiguar en contra nuestra y favorecer
políticas nacionales o internacionales del gobierno de Álvaro
Uribe. Pero como la mentira no perdura, los montajes que
fabricaron a partir de miles de falsos testimonios se están
desmoronando. Todos caerán como castillos de naipes.
Por ejemplo, actualmente cursan investigaciones penales y
administrativas, de la Fiscalía y también de la Procuraduría
General de la Nación, contra altos funcionarios del gobierno
Uribe y contra altos mandos militares de la época, por las
comedias que montaron, farsas, falsas deserciones llenas de
infames afirmaciones como parte de su ofensiva contra las FARC.
El mundo se está enterando cómo en el departamento del Tolima
también se reclutaron bandidos y desocupados, con quienes
"formaron" una columna guerrillera, los vistieron con uniformes
militares, les dotaron algunos fusiles viejos y otros muchos de
palo, llamaron a los periodistas, les tomaron fotos, peroraron
una diatriba insulsa, les dieron algún dinero a los farsantes,
difamaron sobre muchos ciudadanos a quienes luego encarcelaron
y, luego, felices ratificaron que el fin del fin estaba cerca,
incluyendo al presidente de entonces.
Dijéramos que esa fue una tónica general del gobierno colombiano
anterior, buscando imponer sus políticas fascistas, levantó todo
tipo de aduanas morales, legales, éticas, discrecionalmente,
para otorgarse la licencia de calumniar, difamar, mentir e
inventar. Valdría la pena que la justicia española verificara y
confrontara a fondo las informaciones que le fueron
proporcionadas en ese entonces.
Nuestras relaciones, que en este momento tienen carácter
clandestino, con gran cantidad de organizaciones democráticas y
revolucionarias del mundo, armadas y civiles, están regidas por
las conclusiones de la Conferencias Guerrilleras que, como ya
señalé, orientan sobre el no desarrollo de acciones militares en
otros países, respetando la soberanía de cada país y las luchas
de cada pueblo.
¿Es cierto que las FARC pidieron apoyo a ETA para atentar contra
varias personas, entre ellas el presidente, Álvaro Uribe, cuando
visitara España o la UE?
Esa es la propaganda que se hacía el mismo Uribe, en Colombia y
en el exterior, para proyectar una imagen de víctima.
Las fuerzas de seguridad españolas detuvieron a Remedios García
Albert, a quien consideran vinculada con las FARC. ¿Tienen las
FARC vínculos con Remedios García Albert?. En caso afirmativo,
¿en qué consisten?
No conozco vínculos de Remedios García con las FARC. A ella, la
referencio exclusivamente por una mención periodística de las
autoridades colombianas , durante el periodo de incontinencia
propagandística que sufrió el gobierno alrededor del supuesto
ordenador del Comandante Raúl Reyes. Nunca antes ni nunca
después la escuché nombrar. Podría afirmar, si de algo sirve,
que en los tiempos de las conversaciones de paz en el Caguán,
gran cantidad de personas venidas del mundo entero, a título
individual o como representantes de organizaciones de muy
diversa índole o de gobiernos, hicieron presencia e
intercambiaron opiniones con nuestros representantes alrededor
del proceso que se adelantaba. No podría agregar nada más al
respecto.
¿Qué relación mantienen con los gobiernos de Cuba, Venezuela y
Ecuador?
Si usted me lo permite, preferiría abstenerme de una respuesta
alusiva a nuestras relaciones con cualquier gobierno del mundo.
¿Creen que España puede jugar algún papel en la solución del
conflicto colombiano? ¿Cuál?
Siempre hemos percibido positivamente la participación de la
comunidad internacional en la solución política del conflicto.
Pero, dadas sus características actuales y las permanentes y
agresivas declaraciones oficiales, es necesario que le demos
tiempo al tiempo.
¿Qué sabe de los falsos positivos? ¿Por qué las FARC no han
difundido más revelaciones sobre ese tema?
El asesinato sistemático de civiles en estado de indefensión por
parte de militares y policías, y su posterior presentación como
"guerrilleros dados de baja en combate", es una práctica
institucional en Colombia, desde el año 1948.
No es algo novedoso ni mucho menos. Hace parte de una guerra
sucia desarrollada por el Estado colombiano contra "el enemigo
interno" que también concibe y ejecuta el asesinato selectivo de
líderes políticos de la oposición, de dirigentes sindicales
comprometidos con los trabajadores, la desaparición de
activistas revolucionarios, las torturas, el terror y las
masacres que intimiden y generen miedo, parálisis, pánico y
desplazamiento.
Todo ello se ha denunciado y se continúa denunciando. Existen
centenares de libros, miles de denuncias, millares de evidencias
y de pruebas que demuestran la responsabilidad del Estado
colombiano en el desarrollo de esta estrategia, solo que hasta
ahora, la comunidad internacional acepta la tesis oficial que
señala como hechos aislados, bajo la responsabilidad de algunas
manzanas podridas, esta criminal práctica institucional.
Son centenares de miles las víctimas civiles de la guerra sucia
que el Régimen ha emprendido, según afirma, en "defensa de las
instituciones y del Estado de Derecho".
A mediados de los años setenta, la estrategia oligárquica de
terror fundió sus prácticas paramilitares con el narcotráfico,
bajo la dirección y jefatura de poderosos empresarios,
destacadas personalidades de la política tradicional y altos
mandos militares, con el objetivo de intensificar sus crímenes y
atesorar dineros provenientes del narcotráfico, pero ocultando a
sus verdaderos jefes y orientadores.
Hoy, muchas evidencias empiezan a salir a flote, desde las
farsas de las cárceles asignadas a los militares y políticos
responsables de crímenes atroces, pasando por la usurpación
masiva de tierras por parte de hacendados, militares,
industriales y dirigentes de los partidos tradicionales,
acuerdos políticos empapados de sangre entre gamonales y narcos,
enriquecimiento desmesurado e inusitadamente rápido de un
reducido sector social vinculado a los distintos gobiernos de
estos años, institucionalidad permeada casi sin excepción por
dineros mafiosos y al servicio de estos, hasta los nexos del
alto gobierno con esta estrategia que por lo pronto visibiliza a
dos de sus "eminentes" cabezas, el señor Narváez y Álvaro Uribe
Vélez.
Y, aunque hasta hoy no hay militares condenados por los llamados
"falsos positivos", la sociedad avanza en la lucha por llegar al
fondo del problema, por determinar cada situación con precisión,
castigar a los autores materiales y también a los autores
intelectuales y determinadores, lo que inevitablemente alcanzará
la reglamentación militar existente, inspirada, concebida y
diseñada bajo la óptica de la Seguridad Nacional pregonada por
Washington desde los tiempos de la guerra fría, que fue uno de
los temas tabú en la Constituyente de 1991 y causa de fondo de
los miles y miles de muertos de todos estos años. Colombia
perdió mucho tiempo por ese veto que impuso la oligarquía en los
conciliábulos de aquellos años.
Tamaña equivocación, no puede repetirse. Las soluciones que
requiere el país son estructurales, si queremos la
reconciliación sobre bases ciertas y no zurcir otro remiendo
como aquel de 1991. Por eso también es trascendente, que si
logramos construir un nuevo escenario en función de la solución
incruenta, en algún momento puedan participar representantes de
la fuerza pública, donde seguramente muchos de sus integrantes,
sin responsabilidades en las bajezas de la guerra sucia, también
estarán clamando por la reconciliación y la reconstrucción
nacional.
A raíz de la muerte de Jorge Briceño en un bombardeo el 22 de
septiembre, el presidente Santos reiteró que se ahora sí se
vislumbraba el fin del fin de las FARC. ¿Qué opina sobre esto?
Desde 1964 hemos conocido tal declaración oficial en boca de
distintos presidentes y ministros de guerra, en ocasiones
haciendo de agoreros, otras veces en forma de promesa y otras a
manera de amenaza, siempre con la pretensión de ocultar las
raíces del conflicto que hicieron necesaria la existencia de las
FARC.
Así, han justificado la violencia terrorista del Estado.
Así, han incrementado año tras año el presupuesto militar y
policial, para solaz de los generales y de los señores de la
guerra.
Así, han ocultado desde hace tiempo su propia incapacidad, su
intransigencia y la profunda corrupción que corroe las
instituciones oficiales.
Así, pretenden cubrir su vergonzoso y humillante arrodillamiento
frente al Pentágono Norteamericano y a la Casa Blanca.
Mientras no aboquemos seriamente, entre todos, la búsqueda de
soluciones a los problemas estructurales del país, la
confrontación será inevitable. Unas veces más intensa, otras no
tanto. En algunos momentos con la iniciativa militar del Estado,
en otros, con la iniciativa popular, en una trágica ciclotimia
que debemos superar, inteligentemente, con grandeza histórica.
Como prosigue la confrontación, habrá más muertos. De lado y
lado. Más tragedias para el pueblo. Y no llegarán la paz y ni la
convivencia para Colombia.
No se trata de la muerte de uno o de otro comandante
guerrillero. El conflicto no es tan sencillo ni tan simple. Las
circunstancias históricas del país son muy particulares. La
existencia de guerra de guerrillas revolucionarias en Colombia
no es consecuencia del voluntarismo de un puñado de valientes o
de unos aventureros, o de unos "terroristas" o de unos
"narcoterroristas", tales calificativos podemos dejárselos a la
propaganda oficial. La insurgencia colombiana es reflejo del
sumun de una serie de factores estructurales que los distintos
gobiernos no pueden empecinarse, terca y criminalmente, en
desconocer.
La oligarquía colombiana ha conformado una fuerza pública armada
de más de 500 mil hombres, en un país de alrededor de 45
millones de habitantes con enormes necesidades y carencias.
¡Inaudito!. Cerca de la quinta parte del presupuesto nacional
del año entrante han sido aprobados para gastos militares. Se
invirtieron casi $10.000 millones de dólares de ayuda
norteamericana en el Plan Colombia, para una guerra fracasada.
Sin embargo la confrontación prosigue.
Cuando bombardearon el campamento del comandante Jorge Briceño,
con casi un centenar de aeronaves que dejaron caer miles y miles
de toneladas de explosivos durante muchos días, en un dantesco
infierno. Instalaron en la periferia del lugar de tiendas de
campaña con espejitos y regalos y ropa nueva, zapatos Reebock y
Nike invitando a los guerrilleros a través de altoparlantes
durante semanas, a la traición y a la deserción.
Todo lo que obtuvieron fue una heroica respuesta militarde la
guerrillerada, colmada de moral y de conciencia revolucionaria,
que produjo centenares de bajas en la fuerza de ocupación
oficial y la solicitud masiva de ingreso de nuevos guerrilleros
en la región y en muchas otras zonas del país.
La cercanía de la paz democrática, de la convivencia y de la
justicia social no se puede medir en litros de sangre. Eso lo
sabe el país y por supuesto el presidente Santos.
En su último informe ONG colombiana Nuevo Arco Iris, que hace
seguimiento al desarrollo del conflicto militar cruzando
informaciones oficiales y de analistas, aunque reconoce la
supremacía aérea del gobierno, ha dicho que los combates en
tierra les son notoriamente adversos.
¿Cuáles son los resultados reales de esta larga confrontación?
Al respecto tan solo quisiera anotar que diariamente hay
combates y hechos de guerra entre la guerrilla revolucionaria y
la fuerza pública institucional y parainstitucional en la
mayoría de los 32 departamentos del país, donde se obtienen
victorias y en ocasiones también se reciben golpes, en una
confrontación que se prolongó en el tiempo y en la que la
iniciativa militar se altera, se modifica, cambia en el tiempo y
en las diferentes áreas, pero no estratégicamente. Los partes
militares que hacemos públicos, cuantifican alrededor de los
efectos de la guerra en nuestro adversario y en nuestras propias
filas con cifras irrebatibles. Quisiera destacar que la ofensiva
oficial actual iniciada desde hace algo más de 11 años, a partir
del llamado Plan Colombia, diseñado en el Pentágono
norteamericano, dirigido y financiado por ellos y alimentado sin
descanso por armamento de última generación desde Washington,
fracasó. Es la más grande y prolongada operación
contrainsurgente adelantada en el continente y es también la más
grande demostración que la solución del conflicto en Colombia no
pasa por la Pax Romana.
¿Qué condiciones exigen ustedes hoy para desmovilizarse?
Desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es
rendición y traición a la causa popular y al ideario
revolucionario que cultivamos y luchamos por las
transformaciones sociales, es una indignidad que lleva implícito
un mensaje de desesperanza al pueblo que confía en nuestro
compromiso y propuesta bolivariana.
No tenemos ninguna dubitación, ninguna duda sobre nuestra
obligación de luchar permanentemente y sin desmayo, con
convicción y optimismo, por acercarnos con certeza a la solución
política, incruenta, del conflicto. Los colombianos, con la
contribución de países amigos, debemos construir un escenario de
diálogo donde hilvanar y tejer mancomunadamente un proceso que
concluya en acuerdos, cuya materialización incida contundente e
irreversiblemente en la liquidación de las causas que en su
momento originaron el conflicto armado y que hoy lo nutren
abundantemente.
Una vez erigido el escenario, en un proceso que también debe
trabajar la reconstrucción de la confianza entre las partes,
tendremos que conversar sobre los prisioneros de guerra,
militares, policías y guerrilleros en poder de las partes, como
un aspecto político y humanitario que reclama prelación. Y, en
función de objetivos de largo aliento, contamos como punto de
partida con una herramienta excepcional cual es la Agenda Común
por el cambio hacia una Nueva Colombia, firmada como acuerdo
entre el Estado Colombiano y las FARC-EP, en El Caguán.
Por supuesto que lo importante es construir el escenario, con
voluntad de decisión política, pensando en el país y en su
futuro, haciendo abstracción de las mentiras inventadas por la
propaganda oficial que alejan la solución definitiva porque hace
pensar al establecimiento con sus propios deseos. Y, en estos
procesos es indispensable mantener la antena en tierra.
Los dolorosamente frustrados intentos que hemos hecho desde La
Uribe en 1984 por encontrar caminos civilizados, son evidencia
de las enormes dificultades que conlleva encontrar el camino
correcto sin que ello implique resignación.
Colombia atraviesa una coyuntura crítica porque recién terminó
el periodo del gobierno más violento y corrupto de la historia
nacional encabezado por Álvaro Uribe. Decenas de los
congresistas y dirigentes políticos que e hicieron campaña
presidencial y participaron de su gestión están en la cárcel
condenados como determinadores del narcoparamilitarismo, otros
muchos enfrentan investigación preliminar por parte de la
Fiscalía y de la Corte Suprema de Justicia, varios de sus
ministros también están sindicados o son investigados mientras
que decenas de mandos medios de esta administración ya están
encarcelados todos por corrupción y/o paramilitarismo.
El velo está cerca de caer. La capa de teflón construida por los
amigos de Uribe posibilitando el enriquecimiento desmesurado de
este círculo mafioso como fruto de una inconmensurable
corrupción administrativa, la contemporización complaciente de
muchos con la estrategia y práctica paramilitar que ya se le
conocía y su fascistoide rechazo visceral a una solución
política del conflicto, todo este vergonzoso velo, está a punto
de caer, lo que abrirá nuevas perspectivas a la civilidad y a la
democracia verdadera.
Cuando el país además de la violencia y la corrupción, lo azota
la naturaleza en forma de lluvia inclemente, le está reclamando
a sus dirigentes grandeza y estatura histórica para sortear la
difícil coyuntura y proyectarlo con fuerza hacia el futuro.
A los odios enfermizos irrigados por el anterior gobierno, que
polarizaron a Colombia, les están pasando su cuarto de hora. A
las licencias que se arrogó para birlar la ley como ruina les
está poniendo fin la Fiscalía, los jueces y las Cortes. El haber
retrotraído al DAS a los tiempos de la tenebrosa POPOL, policía
política del régimen en los años 50 y aparato criminal del
bolsillo presidencial, no será un delito impune.
La inane insistencia uribista condensada en su señalamiento a
las FARC como terrorista, no le hace ni sombra a la contundente
verdad sobre la existencia del conflicto armado en Colombia
contenida en el proyecto de la llamada Ley de víctimas, si
tenemos en cuenta que fue sobre la tesis mentirosa de
inexistencia del conflicto, que Uribe construyó su tinglado
fascista.
Como revolucionarios que lo hemos entregado todo por nuestros
ideales y el bienestar del pueblo, persistimos en la solución
política del conflicto.
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