Recuerdo al otro lado del río, a mediados de los sesenta, un enorme campo sin cultivar, al atardecer, grupos de gente paseando por extraños caminos de tierra muy anchos, bordillos sobresalientes y pozos de hormigón. Al fondo campos cultivados.
Años más tarde; andando bajo el sol hacia Girón o de vuelta, ...peor aún. Y todavía más tarde; el camino diario hacia la Escuela de "Peritos" que acoge la de Arquitectura. Ya las construcciones avanzan a ritmo imparable construyendo una ciudad nueva, una ciudad moderna, el Valladolid que mi amigo conocía "de paso".
De los años setenta apenas tengo imágenes del barrio, era más visible la implacable destrucción del caserío antiguo y ese crecer sobre sí misma que según Solà-Morales caracteriza nuestra ciudad.
Mis recuerdos de Huerta del Rey del año 80 ya tienen rostros amigos; pensando todos juntos si el interesado desbarajuste que era la ciudad tenía salida. Aun siendo crítico con el Plan General de 1982, lo que me había hecho abandonar su equipo redactor a finales del año anterior, no hay duda de que supuso la reconducción del proceso urbano a un punto de sensatez.
Lo más sugerente del Plan fue su propio proceso de formación; la tarea enorme de información y conocimiento generó 31 documentos de trabajo, para una ciudad en la que, por poner sólo un ejemplo, ninguna entidad disponía de un listado completo y ordenado de los planes aprobados. Pero es que al mismo tiempo, y por primera vez, se consultaba sistemáticamente a sus habitantes acerca de sus reivindicaciones y problemas. Decenas de encuestas y reuniones que permitieron participar a todos los ciudadanos interesados, buscando un consenso sobre cómo debía evolucionar la ciudad.
Ese proceso me proporcionó un conocimiento más detallado, intenso y humano; así que cuando, en el año 1986, D. Antonio de Meer me encarga desde la Junta de Castilla y León revisar el planeamiento de la 2ª fase de Huerta del Rey, puedo decirle, en broma, que me pasa una "patata caliente".
Efectivamente, la situación del barrio en aquel momento era paradójica. El Plan General consciente de la inercia que podía producir su entrada en vigor hasta tanto los distintos operadores se amoldaran a la nueva manera de hacer, había confiado en la capacidad de absorber actividad inmobiliaria de la 2ª fase de Huerta del Rey que, con SADECO, junto al antiguo matadero, eran los únicos planes parciales que permitían la construcción inmediata.
Esa necesidad había obviado la consideración atenta de los problemas existentes, Significativamente, Huerta del Rey aparece en blanco en los planos de aquel Plan General y las únicas determinaciones que este hace son las conexiones de las calles Pío del Río y Rastrojo con la variante de carretera de León y de Hernández Pacheco con Mieses.
Pero había problemas y eran complicados. En el primer documento que se redactó, un informe resumen de la situación, se hablaba de Huerta del Rey en estos términos: "Con el énfasis puesto en la determinación y construcción de una red viaria diseñada con criterios primarios, se hace notar una falta de atención en sus aspectos morfológicos, en las relaciones con la red preexistente en su entorno, y en su propio tratamiento; descuidos que en último término tienen como consecuencia la ausencia de cualquier estructuración del suelo y del paisaje urbano.
El carácter residual con que surgen y se materializan los espacios libres y el entendimiento de los edificios como elementales volúmenes construidos, con resultados imprevisibles e incontrolados desde un punto de vista formal, son aspectos que inciden en lo azaroso de la morfología urbana, carente por ello de la legibilidad y signos de urbanidad que permitan a los vecin@s identificarse como barrio.
Una de las consecuencias más obvias de esa falta de estructura, es la de que una zona con densidades residenciales bajas, e incluso muy bajas en relación con las habituales en Valladolid, se perciba como de uso intensivo; sin que su situación privilegiada respecto al porcentaje de suelo libre disponible, llegue a ser valorada como tal."
Las consecuencias más llamativas de esta situación eran la reivindicación vecinal en el sentido de no construir más viviendas, matizada por la gente de la Asociación de Vecinos "Pisuerga" que conocía mejor la ciudad y su propio barrio, y la exigencia de hacer un parque en la llamada gran parcela situada a lo largo de la calle José Luis Arrese.
Había dos "políticas que podían ayudar a configurar una solución. Estas políticas afectaban a los equipamientos públicos y a la adjudicación de viviendas. En cuanto a esta última, debe saberse que el polígono lo había realizado el Instituto Nacional de la Vivienda (INV), con el objetivo de disponer de suelo para sus actuaciones de vivienda y que, dado el tamaño del mismo, había vendido parte de sus parcelas permitiendo a bastantes cooperativas acceder a un suelo barato. No era razonable que la administración pública aceptase que los propios beneficiarios de sus inversiones negasen el acceso de otros grupos a los mismos beneficios.
Sin embargo, para entender ese rechazo debe comprenderse que el cambio radical en los baremos de adjudicación, con sus restricciones, concentraba en los grupos construidos por la administración, las "viviendas sociales," alguna de las familias con más conflictos de la ciudad. Esto no sólo afectaba en la convivencia a las otras familias de esos grupos de vivienda, sino que además las marginaba respecto al resto del barrio. A mi entender debía abrirse el baremo diversificando más los adjudicatarios y modificar el tipo de vivienda de esas promociones, ambas políticas se aplicaban ya en varias ciudades. Pero en Valladolid no se ha llegado a contemplar ninguna solución.
Además, en la misma línea de integración de las distintas comunidades de parcela, debía establecerse una política de equipamientos menos formal, no basada sólo en el cumplimiento de estándares, y más sensible a su capacidad para establecer relaciones entre personas y grupos diversos. No casualmente, casi todas las demandas vecinales coincidían en dotaciones que permiten esa interrelación: mercado, ambulatorio, centro social, iglesia, zonas deportivas, etc..
Desde estas consideraciones puede entenderse que el proceso que llevó a la aprobación del Plan Especial de Reforma Interior en 1992 fuera largo y laborioso, con momentos de tensión muy fuerte, especialmente en la presentación y exposición, en mayo de 1990 y en el mismo barrio, del Avance. Este tenía el objetivo de informar clara y detalladamente de lo que se proponía hacer para dar respuesta a la situación. Entendíamos todos los implicados, Junta de Castilla y León, Ayuntamiento de Valladolid, las Asociaciones Vecinales y el equipo redactor que era imprescindible que la población residente fuera correctamente informada y consultada. Tras una reunión multitudinaria muy embroncada convoqué otra con representantes de los vecin@s.
El 23 de mayo, en la Escuela de Arquitectura, se reunía el equipo redactor del Plan con representantes de todas las parcelas para exponer las ventajas de la propuesta y precisar las causas de rechazo, invitando a plantear alternativas a la ordenación, pues esta es la utilidad de un Avance. Insisto en que "todas", porque se ha mentido al respecto con motivo de las obras de ajardinamiento.
De hecho la ordenación propuesta fue modificada profundamente tanto en la zona norte como en la zona sur, considerando las alternativas que distintas comunidades y asociaciones plantearon.
En este proceso, nada fácil, debo agradecer el trabajo de las Asociaciones y de mucha gente del barrio; pero se lo debo expresamente a la gente de la Cooperativa "Alcores" por su colaboración para resolver en su entorno una situación puntual muy complicada, y especialmente a la Asociación de Vecinos "Pisuerga" de Huerta del Rey, por ser capaz de trabajar para el conjunto del barrio con una visión a largo plazo y por encima de intereses inmediatos.
Aprobado el plan en junio del 92, se procedió a redactar el Proyecto de Urbanización y Ajardinamiento que realizamos Luis Rodríguez Fuentes, Jesús Gigosos Pérez, arquitectos, Antonio del Fraile Martínez, aparejador, y yo mismo. La ejecución de las obras fue reclamada como urgente por el Ayuntamiento, gobernado entonces por PSOE e IU, y el entonces concejal del mismo, D. Javier León de la Riva pidió como diputado en las cortes regionales lo mismo. Las obras de todos los sectores se acabaron a finales del 96, con una excepción que lo hizo en abril del 98. En todo el proceso nos ayudaron algunos técnicos de la Junta pero debemos a la confianza de Dña. Pilar Ravinal un agradecimiento especial.
Como trabajo profesional fue interesante materializar la idea que subyacía en el plan y que suponía una aproximación a la idea de ciudad moderna basada en la búsqueda del equilibrio del ambiente construido, donde, en caracterización de L.Benevolo: "...la vivienda es la parte más importante de la ciudad pero inseparable de los servicios que forman sus complementos más importantes, las prolongaciones de la vivienda", las llama Le Corbusier; las actividades de recreo se revalorizan y piden sus espacios libres específicos zonas verdes para el juego y el deporte al pie de las casas. Se trata de construir un espacio libre continuo-único donde todos los elementos de la ciudad queden distribuidos libremente, con sistemas de recorridos diferenciados y todo ello buscando la reconquista del control público sobre todo el espacio ciudadano.
Pero no se trataba tanto de seguir un modelo como de confrontarlo con un lugar específico, en su posición y forma, adecuándose a los recorridos que el uso cotidiano había dibujado y con la voluntad de recuperar el protagonismo del terreno y valorar el vacío.
Como en el plan se había consensuado el destino de cada uno de los espacios libres, las incidencias de la urbanización fueron pequeñas, salvo en el extremo sur donde se confundió con la construcción de un edificio de viviendas. Creo que pasados unos años se puede apreciar mejor el énfasis que se puso en el arbolado, su importancia para suavizar y hacer más grato el barrio, singularmente a lo largo de los viales, y el cuidado con que se definieron los recorridos.
Recientemente el Ayuntamiento ha urbanizado la franja junto al colegio Francísco Giner de los Ríos a la que el plan daba una importancia estructuradora significativa, por lo que, tras edificarse todas las parcelas residenciales, apenas quedan cinco libres: las dos destinadas a centro social-cívico, una parcela para guardería, otra para zona deportiva y la inmediata al instituto "Vega del Prado".
Tras un periodo de tiempo muy superior al esperado, han comenzado las obras del Plan Parcial "Villa del Prado", y en estos días vuelve a ponerse sobre la mesa el proyecto de reforma la avenida de Salamanca. Como ya señalé en su día, la ocupación de esos terrenos supondrán el fin de Huerta del Rey como barrio límite de la ciudad lo que con seguridad traerá cambios al barrio, y será fundamental vigilar las características de la avenida, sección del vial, cruces, carril-bici, etc..., para evitar que siga siendo, o se incremente, su carácter de vía colectora, conflictiva frontera entre ambas partes de Huerta del Rey. Situación que a continuación se planteará también en las avenidas Mieses y José Acosta.
La ciudad es un proceso vivo, importa a nuestros intereses privados y colectivos que intervengamos activamente, pero en su evolución nos implica incluso cuando mantenemos una actitud pasiva. No cabe esperar demasiado entusiasmo institucional por fomentar la participación ciudadana, sobre todo si está articulada y organizada; tan pronto como en 1988 criticaba yo propuestas del anterior alcalde contrarias al consenso que el plan de 1982 había recogido, creo sinceramente que, en este sentido, las cosas han ido a peor. Y soy testigo, frente a los escépticos, de cuanto los cambios de los últimos años en Huerta del Rey debe a las actuaciones de las asociaciones de vecinos que trabajaron para conseguirlo.
No es fácil promover la participación: es engorroso y comprometido, nos falta respeto a las ideas ajenas y práctica de diálogo y discusión, como intercambio de razones. Pero, con todo el esfuerzo que requiere, la búsqueda de consenso sobre el futuro de la ciudad es imprescindible para evitar visiones monolíticas, conviene recordar que cuando mi amigo veía Valladolid como una ciudad nueva y moderna, también tenía razón.
Artículo publicado en la revista del 25 aniversario de Pisuerga-Huerta del Rey
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