Veámoslo: Envejecer es una maldición para el propio anciano (hombre o mujer) que ve alargar sus días con una pensión miserable y no dispone del dinero suficiente para terminar sus días con dignidad en una residencia inalcanzable, o que se encuentra demasiado solo y ve que nadie se detiene a hacerle compañía, y también maldición para las cuidadoras, hijas en su mayoría, de 40 a 60 años, para más señas, con el peso de los hijos/as por abajo y de los padres por arriba, en perfecto y angustioso bocadillo que llevarse a una vida excesivamente dura.
Parece que los datos, de ser ciertos, producen escalofríos, porque se habla de que sólo un 10 por ciento de las personas ancianas es atendido por la administración, quedando el 90 por ciento al cuidado de las familias.
Lo que parecía un regalo de los dioses como es una vida considerablemente más larga, venido de la mano de la medicina, la higiene y otros avances técnicos, paradójicamente deviene en maldición con las secuelas dolorosas de la soledad amarga, la angustia, suponer una carga excesiva para los familiares, andar de casa en casa con la maleta a rastras, que no a cuestas, pasando a ser un objeto más y, esta vez sí, consciente de ser un trasto inútil.
¿Cómo no ver y constatar en este estado de cosas que envejecer es una maldición? ¿ Cómo no reivindicar y exigir, a la administración y a la sociedad en general, un cambio radical en sus planteamientos, que vaya más allá de los discursos paternalistas y promesas fáciles, creando las condiciones adecuadas para un envejecimiento digno del ser humano y acorde a los tiempos actuales?
Pero envejecer puede ser, lo está siendo, un don y me atrevería a señalar que de los más preciados, porque supone acercarse a vivir una de las etapas más ricas, intensas y fecundas, en cuanto que nos da la posibilidad de ir culminando la vida, acercándonos a su plenitud conforme a la capacidad y potencialidades de cada cual.
Envejecer puede llegar, en verdad, a ser un don, siempre que ello suponga seguir vivo y activo (para nada tras la jubilación es obligado pasar a ese invento funesto de clases pasivas), continuar creciendo, celebrando cada peldaño que se asciende (desde la imagen de la ascensión, no tanto como la del descenso a los infiernos más sombríos de la vejez), porque uno va forjando su proyecto de vida, que supondrá aprender a convivir con los achaques y también recrearse en los nuevos y múltiples hallazgos y creaciones al alcance de una inmensa mayoría.
Hay que agradecer al que fuera uno de los más grandes pensadores del siglo XX este testimonio: [Yo no nací dichoso... En la adolescencia la vida me era odiosa y estaba continuamente al borde del suicidio del cual me liberé gracias al deseo de saber más matemáticas.
Hoy, por el contrario (Russell escribió esto a los 57 años), gusto de la vida y casi estoy por decir que cada año que pasa la encuentro más gustosa... En la mayor parte se debe a la preocupación, cada día menor, de mí mismo". Bertrand Russell
Envejecer puede ser un don si se toma la vida como un regalo y por lo tanto como disfrute y a la vez como un desafío para continuar aportando lo mejor de uno mismo para beneficio de todos.
Pero decir, sin más, que envejecer es una suerte, un regalo y la mejor de las etapas de la vida no es ajustado a lo real, en cuanto que hay muchas personas que no gozan de una calidad de vida a la que deberían tener como el derecho más elemental y en cambio llevan sobre sí la carga del dolor, la soledad, la angustia, el deterioro total, la impotencia sin el mínimo alivio.
Decir, por lo tanto, que envejecer, sin más, es una maldición, no es cierto, porque hay muchos que en sus carnes y en todo su espíritu están demostrando lo contrario, incluso hay quienes están viviendo los mejores años de sus vidas y haciendo que no sólo fueron "aquellos maravillosos años" los de épocas pasadas, sino que en éstos están haciendo verdad "estos maravillosos años".
Envejecer, actualmente maldición para muchos, pero afortunadamente don para no pocos. El reto está en que sea para todos el gran don a disfrutar y compartir.
y visitado