
YO NO VOTÉ
ni en primera, ni en segunda...
enviado por Z. • Abril 28, 2003 at 09:34 PM. Fuente: Indymedia Argentina
Nací el 19 y 20 de diciembre, salí por mi barrio pidiendo que se vayan todos, nunca antes había participado ni militado en ningún lugar. Cuando salí por primera vez el 19 de diciembre con mi cacerola no volví a quedarme en mi casa. Hoy participo en mi asamblea, en piquetes, marchas, en represiones varias, sumé muchas horas de pie frente a una comisaría esperando que salieran los compañeros detenidos.
En mi casa suena el teléfono a cualquier hora avisándome de desalojos, detenciones y/o represiones y sin dudarlo me preparo a cualquier hora para salir y tengo la buena fortuna de encontrarme con mis amigos, mis compañeros.
Después de la represión en la embajada yanqui, en cada marcha, no falta en mi bolso el limón, el vinagre y el pañuelo. Cada día que salgo a manifestarme lucho con el miedo, a los gases, a las balas de goma, a los palos, a la detención, pero por sobre todas las cosas lucho contra el miedo a que ellos me quiebren, que logren que vuelva a mi casa y que mire el mundo por TV.
Esta es mi nueva vida o mejor dicho la vida que elegí luego de comprender que nada mejora, que todo está peor y que no puedo esperar nada de los verdugos. Con esta nueva visión de las cosas, decidí hace mucho tiempo no votar.
La primera razón por la que no participé de estas elecciones es porque fueron llamadas un día después de que asesinaron de Darío y Maxi, y para mí estas elecciones están manchadas con la sangre de mis compañeros y en su memoria no fui a votar.
En segundo lugar, porque sé que nada va a cambiar, que suba la víbora de Anillaco o el santacruceño o cualquiera de los etc. Tarde o temprano sucederá lo mismo, más represión, mas persecución y más gente mirando para otro lado. ¿Qué puede cambiar si el Congreso sigue siendo una cueva de ladrones? ¿Qué puede cambiar si la justicia se convierte en injusticia para los pobres?¿Qué cambia cuando nada cambia?
Cuando decidí no participar en esta farsa, no me negué a votar, porque voté en otras elecciones, las que para mí son verdaderas, voté por seguir construyendo, voté por mi barrio, voté por aprender de mis compañeros piqueteros, de mis hermanos indígenas, voté por seguir luchando.
Seguramente mi no-voto será apenas una cosquilla para este sistema, tal vez al gobierno poco le importe que yo no haya ido a votar, tal vez algún trasnochado iluminado de izquierda se ría de mi poco análisis político, pero yo me siento bien.
No fui a votar por propia convicción, ningún dirigente me dijo qué hacer. Pero aprendí muchas cosas de esta gran farsa, aprendí que debemos seguir construyendo, tal vez el cambio no será mañana, ni en un año, ni en dos, tal vez muchos de nosotros ni siquiera logremos verlo, pero es la única oportunidad que tenemos. Construir compañeros, construir... No bajar lo brazos, ellos tienen el poder y las armas, nosotros tenemos la razón y la dignidad. Ellos tienen ejércitos pagos, nosotros tenemos la dignidad. El domingo dejé de mirar a través de la urnas, porque sé que nuestra lucha vale más que un porcentaje de votos, nuestra lucha vale la sangre de nuestros compañeros, y les pregunto ¿cuánto votos vale la vida de Darío, Maxi, Teresa Rodríguez, Aníbal Verón, Barrionuevo, nuestros desaparecidos, nuestros muertos del 19 y 20 de diciembre y todos los que mueren en la desidia y el olvido?
Este es el pueblo que tenemos, aquí no hubo sorpresas, nuestra sociedad quiere y necesita creer que hay «estabilidad», y eso es consecuencia de años de terror y destrucción. Tienen miedo al cambio porque para el cambio además de convicción se necesita compromiso.
Sé que el cambio no solo debe ser político, debe ser cultural, debemos construir nuestra identidad con los piqueteros, los obreros, los pueblos originarios, los campesinos y todos los que nos opongamos a este sistema de exclusión. Debemos construir la identidad que nos robaron con falsas promesas, con falsos sueños primermundistas. Debemos continuar el camino que truncaron con el asesinato de muchos compañeros. Debemos levantar las banderas del trabajo, de la dignidad, de la justicia, de la igualdad.
El domingo elegí, aunque no lo parezca, elegí como nunca en mi vida pude hacerlo, elegí con libertad y con convicción, elegí no ser un porcentaje, ni un papel en un sobre, elegí a Darío, a Maxi, a todos los que no están pero me dejaron su herencia de dignidad, elegí a todos y cada uno de mis compañeros de lucha, elegí el país que quiero, elegí ser rebelde.