Puebla en la marcha zapatista




Ana Esther Ceceña

Puebla ha sido elegida como la nueva frontera de la polarización. Destinada a encabezar la mayor zona maquiladora de América Latina, Puebla quedará unida al sur del continente a través de un nuevo proyecto de regionalización de la pobreza que desplaza los problemas sociales del sur de Estados Unidos al cinturón del continente. La geopolítica del Plan Puebla-Panamá identifica el territorio que baja desde Puebla hacia todo el sureste mexicano como la nueva mercancía compuesta por cuantiosos yacimientos petroleros, por uno de los más significativos paraísos genéticos del mundo y por la fuerza de trabajo de los pueblos indios originarios de la región.

El futuro de la zona y de sus pobladores ha sido trazado desde los centros del poder económico, interesados en hacer del Istmo de Tehuantepec un eslabón estratégico del comercio mundial y en organizar, alrededor de él, la extracción masiva de recursos naturales, de la savia de la tierra y de la de los pueblos que se convertirán en asalariados precarizados en sus propios territorios.

La propuesta del Plan consiste en resolver los problemas de empleo que llevan a buena parte de los habitantes de Puebla, Oaxaca, Veracruz y Guerrero a ofrecer su trabajo (y su propia vida) dentro del territorio de Estados Unidos. Con el impulso a una industrialización basada en la maquila se crearían condiciones de sobrevivencia que no sólo fijaran a la fuerza de trabajo en sus propias localidades sino que, incluso, fueran un polo de atracción para los migrantes de algunas otras regiones. Esto serviría entre otras cosas para evitar todas las complicaciones sociales que genera la presencia masiva de mexicanos en varias ciudades del vecino país, sin que por ello los inversores norteamericanos dejen de beneficiarse de los deprimidos niveles salariales que tienen los indocumentados en sus tierras o los trabajadores regulares en las nuestras.

Un bien planeado corredor maquilador en esta región de México y Centroamérica, realmente, estaría desplazando la frontera del tercer mundo en el continente americano hacia Puebla; con un territorio de amortiguamiento de problemas sociales ubicado entre Puebla y el Río Bravo.

El Tratado de Libre Comercio en 1994 representó un primer paso en esta moderna estrategia de apoderamiento del territorio latinoamericano como base de relanzamiento de una nueva fase de construcción y ejercicio de la hegemonía norteamericana sobre el mundo. Hasta ahora, los saldos de este tratado son un incremento notable de la pobreza colocando a setenta millones de mexicanos en situación de gran vulnerabilidad e indefensión económica; el uso de los recursos naturales estratégicos de la Nación en beneficio de la competitividad y fortaleza de la economía norteamericana globalizada; la consolidación de una nueva clase económico-política que transita de los grandes negocios fincados en las privatizaciones de la empresa pública, o en las asociaciones con grandes transnacionales, hacia tareas de asesoramiento del gobierno o directamente de manejo de los asuntos públicos.

El inicio oficial de esta nueva integración subordinada de México al bloque norteamericano fue escenario del levantamiento zapatista en las montañas del sureste mexicano. Estas montañas, ricas en vida y dignidad provenientes de una diversidad de culturas, de historias y rebeldías es también una de las zonas de mayor riqueza natural que existen en el mundo. El levantamiento zapatista simboliza así la disputa entre el dinero y la vida; entre la riqueza y la dignidad; entre el sometimiento y la capacidad soberana de autodeterminarse.

Hoy, con el Plan Puebla-Panamá se abre un nuevo escenario de confrontación entre estas dos visiones del mundo. Hoy con la marcha zapatista al centro de la política nacional se abre un nuevo escenario de lucha por la reconstrucción de un futuro comunitario, respetuoso de la diferencia, digno y democrático para nuestro país.

La pregunta es ¿quién decide lo que es mejor para los mexicanos? ¿quién debe decidir sobre el futuro de nuestros territorios y nuestras vidas? ¿cómo nos imaginamos la sociedad del futuro? ¿vale la pena luchar por ese sueño?

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