ALCA: MUCHO MAS QUE COMERCIO
Magdalena León T.* (Publicado en Diario Hoy, Quito, 10 de octubre de 2002)
Los pronunciamientos de los candidatos-as sobre el ALCA son, a estas
alturas de la campaña electoral, más bien escasos y limitados en relación
con la naturaleza y alcances de dicho Acuerdo. Matices más o menos, casi
todos lo perciben sólo como un instrumento de comercio internacional, que
hace parte de una corriente de globalización a la que no es posible
sustraerse a riesgo de quedar fuera, aislados. Esto lleva a una reducida
gama de posiciones: una de participación incondicional, obediente; otra que
lo asume como requisito para lograr acceso a mercados (visto como bueno
per-se) y estimular mejoras de competitividad; otra resignada ante lo que
parece inevitable con la esperanza de, acaso, aplicarnos para alcanzar los
mejores términos posibles en la negociación.
Esto da cuenta de que, en general, todavía tiende a verse al ALCA como una
cuestión de “negocios”, donde lo que se define es en qué condiciones, por
ejemplo, se vende atún y se compran tractores. Aún en el marco de esa
restringida concepción, el tema no debería escapar al conocimiento e
interés de candidatos y candidatas a todas las dignidades, en vista de las
derivaciones y complejidades que envuelven al comercio hoy, como lo
muestran los recientes casos de la producción lechera nacional, o de
tratamiento arancelario en el marco del ATPA, que permiten ver “adelantos”
de lo que sería la eventual aprobación y aplicación del Acuerdo.
Pero el asunto se torna más importante y estratégico si consideramos, como
corresponde, que el ALCA es mucho más que comercio. El documento borrador
toca temas de acceso a mercados, inversiones, servicios, compras
gubernamentales, agricultura, propiedad intelectual, subsidios, políticas
de competencia y solución de controversias, a través de cuyos
enunciados se ratifica un modelo económico y geopolítico. Es un esquema
que apunta a más neoliberalismo, a llevar al extremo políticas
macroeconómicas y sociales que han sido señaladas como el corazón de la
crisis, del empobrecimiento, de la recesión, de la imposibilidad de
desarrollo, de la injusticia económica que agobia a la mayoría.
Por eso la desinformación y limitada perspectiva de políticos y gobernantes
preocupa, pues se traduce luego en un dejar hacer, fatal ante la sostenida
y creciente acción de EEUU, que impulsa el ALCA como su proyecto
estratégico, en todos los escenarios y por variados medios, que incluyen
negociaciones y condicionamientos de carácter bilateral.
Pero ¿es ese un destino ineludible? No si se renuevan visiones económicas y
se aplican prácticas democráticas. A nivel continental, organizaciones de
mujeres, junto con otras de las sociedad civil, proponen detener las
negociaciones e impulsar otro tipo de integración regional. Ellas ya no
admiten ser asociadas sólo con los llamados “impactos sociales”, o con el
reclamo de condiciones de empleo menos malas; como actoras económicas,
tienen que ver con los asuntos básicos de la economía: qué producir, cómo
hacerlo, cómo distribuir, cómo redistribuir, cómo decidir con soberanía y
autonomía nuestro presente y futuro. Esto se juega en el ALCA, y debiera
así ser entendido por quienes aspiran a conducir los destinos del país en
plazo inmediato. Así lo vieron más de 10 millones de brasileños, que en
reciente plebiscito votaron mayoritariamente (98%) por el no al ALCA,
dejando un precedente democrático, un camino alternativo para decidir sobre
este crucial tema.
*Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía
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