ALCA o La Libre explotación de las Américas
Antecedentes
En 1990, el entonces presidente de los EUA, George Bush, anuncia la "Iniciativa para las Américas"
(EAI), como un punto de apoyo en la lucha comercial con Japón y frente al proceso de integración
Europea, abriendo una agenda de discusión para avanzar en la liberación del comercio desde Alaska
hasta Tierra del Fuego, proponiendo la remoción de las barreras arancelarias que dificultaban el
desarrollo de las inversiones de las corporaciones yankees en el resto del continente.
La firma del TLC entre EUA, México y Canadá en 1994, fue un primer triunfo del imperialismo
norteamericano en esta política de subordinación de los países latinoamericanos a las corporaciones
imperialistas. En diciembre de 1994 se realiza la Primera Cumbre de las Américas en Miami. En esta
reunión los 34 países del hemisferio occidental deciden concluir, antes del 2005, las negociaciones
para la creación del ALCA. La Segunda Cumbre de las Américas tuvo lugar en abril de 1998 en
Santiago de Chile y dio inicio efectivo a las negociaciones. Allí se forma la "estructura" de
negociación, contando con una Presidencia de las Negociaciones rotativa cada 18 meses; una
Comisión de Negociaciones Comerciales (CNC); y nueve Grupos de Negociación, que son
1)Acceso a Mercados; 2) Inversiones; 3) Servicios; 4) Compras Gubernamentales; 5) Solución de
Controversias; 6) Agricultura; 7) Derechos de Propiedad Intelectual; 8) Subsidios, Anti-Dumping y
Medidas Compensatorias; y 9) Políticas de Concurrencia.
Mientras tanto se crea una Comisión
Tripartita formada por el BID, el CEPAL y la OEA, en carácter de apoyo analítico y asistencia
técnica al proceso de negociación.
La reunión de Ministros que se llevará a cabo en Buenos Aires entre el 5 y el 7 de Abril será la sexta
de su naturaleza. La 1°; fue junio de 1995, en Denver, EUA; la 2°; tuvo lugar en marzo de 1999, en
Cartagena, Colombia; la 3°; en mayo de 1997, en Belo Horizonte, Brasil (aquí la patronal de los
países americanos organizó un Foro Empresarial que se integró oficialmente a las negociaciones); la
4°; fue en marzo de 1998, en San José de Costa Rica, y dictaminó el final de la etapa preparatoria; la
5°; reunión se realizó en noviembre de 1999, en Toronto, Canadá. La 6°; reunión tiene previsto
presentar un draft de texto final para el acuerdo, a partir del borrador que elaboraron los
viceministros de Relaciones Exteriores reunidos en Lima, Perú, los pasados 24 y 25 de enero.
¿Qué es el ALCA?
El ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), no es otra cosa que la expansión del Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLC-NAFTA), firmado en 1994 entre Canadá, EUA y
México, a todo el hemisferio. No es sólo la expansión geográfica de un régimen jurídico y
económico, sino principalmente la expansión del poder de los grandes capitales y corporaciones
norteamericanas sobre el continente. El proyecto del ALCA es la cobertura de la estrategia
norteamericana de subordinar bajo un dominio mucho más directo e irrestricto de sus monopolios a
todo el Nuevo Mundo, una tendencia objetiva del imperialismo yanqui que proyectará su sombra
sobre el siglo XXI. En esta tendencia se inscribe el acuerdo del NAFTA. Es una jugada estratégica
de los monopolios de Norteamérica para atar a Canadá y convertir a México en un apéndice de la
economía yanqui, como mercado cautivo, proveedor de petróleo y otras materias primas, y sobre
todo, como plataforma de mano de obra barata mediante el régimen de las maquiladoras. Mediante
este Tratado, la economía mexicana fue subordinada e integrada casi completamente a los Estados
Unidos, país con el que México realiza el 75 por ciento de su comercio. La frontera norte mexicana,
donde se localiza el cordón de la industria maquiladora -las "fábricas del sudor" o sweatshops, como
les llaman los activistas norteamericanos-, es la zona industrial que permite a la patronal
norteamericana extraer ganancias impresionantes del trabajo esclavo de los obreros mexicanos,
basado en los altos ritmos de productividad, la contratación individual y temporal, el incremento del
trabajo femenino y juvenil con menos derechos laborales, y salarios equivalentes al 10 por ciento del
pagado a los trabajadores en Estados Unidos. Para esto, los monopolios y los gobiernos de ambos
lados de la frontera han contado con la "asistencia" de dirigentes sindicales que responden
abiertamente a las empresas. Este proceso, que en 1994 abrió paso al levantamiento campesino de
Chiapas, ha ido acumulando contradicciones insalvables entre la potencia imperialista y el México
bronco y profundo que ha soportado por mucho tiempo la opresión yankee y de sus títeres en el
gobierno mexicano.
A su vez, el Mercosur es una "integración" que fue impulsada bajo el comando de las transnacionales
instaladas en Brasil y Argentina y de los grandes grupos locales. De la mano de la "apertura
económica", la "desregulación" y las privatizaciones, es un intento de ampliar los estrechos mercados
nacionales, logrando "economías de escala" apetecibles para el gran capital.
La burguesía no puede superar las barreras de los estados nacionales, de cuya existencia depende su
propia acumulación y dominio. No puede conducir a un verdadero mercado unificado ni a una
integración plena y armoniosa. Los que creen que frente al ALCA es posible un Mercosur social, que
permita el "desarrollo sustentado" de la economía y la cultura de la región, como sostienen la mayoría
de los participantes del Forum Social Mundial reunido en Porto Alegre, no dicen que la "integración"
de la mano de los monopolios y el imperialismo sólo profundiza la descomposición y deformación de
las fuerzas productivas nacionales, y una concentración y centralización colosal del capital bajo el
predominio imperialista, que choca con las fronteras nacionales.
En realidad, no hacen mas que repetir la vieja formula de los reformistas que ven un imperialismo
malvado, en este caso los Estados Unidos, y un imperialismo mas compasivo y más humano, el
bloque europeo. Regatearle al imperialismo yankee apoyándose en el imperialismo europeo es como
cambiar la guillotina por la horca.
Mientras tanto, frente a los fanáticos de la globalización, hay que decir que no existe una visión más
utópica que la de imaginar una "mundialización" armónica del capital y una "integración" pacífica,
evolutiva, de América Latina a la misma. Reorganizar un gran bloque unificado bajo la dirección del
capital yankee, desde Alaska al Cabo de Hornos, es un proyecto superior a las fuerzas económicas y
financieras del imperialismo yanqui. Un avance decisivo del mismo supone una gigantesca empresa de
colonización directa, que no podrá imponerse por vías pacíficas: dependerá del resultado de
acontecimientos políticos, económicos y de la lucha de clases. La política del "Plan Colombia", que
bajo la cínica máscara de la lucha contra el narcotráfico impulsa el imperialismo norteamericano, es
un claro ejemplo de esto. Liquidar físicamente al campesinado insurrecto y doblegar a la clase obrera
colombiana para hacer de este país un lugar seguro para las inversiones yankees, a la vez que
fortalece mediante la guerra sucia su poder en la región, son los medios y los objetivos con los que el
fanático de la silla eléctrica que ocupa el sillón de la Casa Blanca y las transnacionales imperialistas
buscan avanzar en "la libre explotación de las Américas".
¿A qué juega el imperialismo norteamericano?
Según los analistas económicos, la nueva administración norteamericana de Bush (hijo), tiene sobre
sus hombros una gran responsabilidad en la agenda hemisférica del libre comercio, en especial si
quiere agradar a las corporaciones norteamericanas más poderosas instaladas en Latinoamérica. Si
bien la puesta en marcha del ALCA está prevista para enero del 2005, opinan que hay fuertes
presiones en EUA para adelantar la fecha, en una carrera contra un posible acuerdo comercial entre
la Unión Europea y el Mercosur. En un sondeo elaborado por el Consejo Empresarial
Brasil/EE.UU., un 67,6 % de las empresas entrevistadas juzga que la administración Bush tendrá un
impacto mas positivo en las negociaciones del ALCA que su antecesor Clinton. Los responsables de
los pulpos imperialistas como AT&T, Cargill, Coca Cola, General Motors, Microsoft, Motorola,
Philip Morris, Texaco, etc., opinan que Bush obtendrá el fast track con mas facilidad que el anterior
presidente.
Los intereses de los Estados Unidos en apresurar la instauración del libre comercio encuentran sus
bases materiales en la profundización de las disputas interimperialistas por los mercados, o dicho de
otra manera, "en la penetración masiva del capital extranjero en América Latina, que se convierte aún
más en escenario de la competencia entre los gigantes del capital mundial. El dato más espectacular
hoy de esta competencia lo constituye el colosal proceso de fusiones y adquisiciones que está
transformando el elenco de las grandes transnacionales. Los grandes grupos económicos locales,
algunos de los cuales mueven varios miles de millones de dólares (como en Brasil, México o
Argentina), resultan pigmeos comparados con estas monstruosas corporaciones que operan a escala
de todo el globo, manejan decenas de miles de millones de capital y emplean a cientos de miles de
trabajadores."
El ALCA es la estrategia que busca desplegar el imperialismo norteamericano para continuar y
afianzar aún mas el dominio de sus monopolios sobre el continente americano. De hecho, entre 1990
y 1997 América Latina ha sido el mercado más dinámico para EE.UU., recibiendo el 20% de las
exportaciones norteamericanas, mientras Japón y Asia Oriental reciben sólo un 25% en conjunto.
Esto le ha permitido enjuagar una parte de su déficit comercial con Japón y Europa. Un estudio de
CEPAL afirma que "Estados Unidos es el principal inversor en América Latina y el Caribe" De esta
forma, los monopolios yanquis se aseguran una posición dominante en la región en la mayoría de las
grandes ramas industriales. "Las empresas estadounidenses se concentran en la industria
manufacturera y en los servicios (telecomunicaciones y energía). Así en el sector manufacturero
aprovechan ciertas ventajas (bajos salarios, proximidad geográfica y acceso privilegiado al mercado
estadounidense) para incrementar su capacidad de competencia en su propio mercado y enfrentar a
las empresas asiáticas".
El avance del ALCA es el "as en la manga" del imperialismo norteamericano en el "juego" de la lucha
comercial contra sus dos potencias competidoras. Para el lucro de las corporaciones yankees, los
bajos salarios del proletariado latinoamericano en comparación con el nivel salarial de los
trabajadores de Estados Unidos, sumado a los inexistentes controles de regulación ambiental son una
ventaja comparativa frente a los monopolios europeos y asiáticos.
La "integración" de la explotación y la miseria del pueblo americano
Es un lugar común de los organismos internacionales decir que "América Latina es la región más
desigual". En un polo, un décimo de la población, la burguesía y a las capas privilegiadas de la clase
media, concentra en sus manos más de un 40% del ingreso, y un puñado de ricos latinoamericanos
figura entre las mayores fortunas del mundo.
En el otro polo, más de la mitad de la población recibe apenas de un 10%. En las dos últimas
décadas se ha acelerado la concentración de la riqueza en gran escala, en un intenso proceso de
transferencia de ingresos y propiedad a manos del capital extranjero, la alta burguesía y las capas
privilegiadas de la clase media, cuyo reverso es un enorme aumento de las tasas de explotación a la
clase obrera. Al mismo tiempo, junto con el salto en la explotación del proletariado se ha
incrementado la expoliación del conjunto de la población trabajadora, acelerándose la concentración
de un enorme excedente en manos del gran capital a través de múltiples mecanismos: usura financiera,
intermediación comercial, política de impuestos, altos precios de los servicios, peajes, etc. Este
proceso de redistribución regresiva de los ingresos afecta no sólo a la clase obrera, sino a la masa de
campesinos, pequeños productores rurales, talleristas y artesanos urbanos, pequeños comerciantes,
etc.
Dos décadas les llevó a la burguesía y al imperialismo el imponer los actuales niveles de explotación,
en lo que constituye una profunda contrarrevolución económica contra el trabajo. A través del gran
avance de la flexibilización, terciarización, precarización del trabajo, la prolongación de la jornada de
trabajo, la reducción del salario, la eliminación de antiguas conquistas laborales, etc., la burguesía ha
usado ampliamente a su favor la extensión de un vasto ejército de desocupados. Según reconoce la
propia OIT "casi un 59% de los trabajadores latinoamericanos trabaja en el "sector informal" (es
decir, no tiene empleo regular). Los índices de desocupación abierta alcanzarían a un 9,5%, es decir,
una cifra peor que la registrada durante la crisis de la deuda externa latinoamericana de los 80." Las
estadísticas oficiales velan una realidad dramática: en varios países el desempleo abierto bordea el
20%. Más de la mitad de la mano de obra está desempleada y subempleada, y el "autoempleo" de
los "informales" o "cuentapropistas" en muchos casos no es más que el recurso a las más
desesperadas formas de supervivencia.
Por su parte, la destrucción del medio ambiente y la virtual liquidación de los recursos naturales de
los países latinoamericanos es la otra huella que dejan a su paso las corporaciones y empresas
imperialistas que se instalan en la región. La brutal e indiscriminada tala de las selvas de la amazonia,
la destrucción de los recursos naturales como el carbón, el gas, el petróleo y la fauna marina, y la
criminal contaminación de los ríos y los lagos de América Latina es el aporte que dan a la humanidad
un puñado de monopolios sedientos de ganancias, sangre y sudor de los pueblos de nuestro
continente.
El ALCA busca llevar esta cruda realidad a límites nunca vistos. El proletariado americano, los
campesinos y los jóvenes anticapitalistas tenemos que enfrentar este intento del imperialismo y sus
gobiernos y patrones sirvientes, de convertir nuestro continente en un inmenso campo de
concentración dirigido por las corporaciones. Los cientos de millones de esclavos modernos, los
trabajadores del siglo XXI, los que no tienen que perder mas que sus cadenas, son los únicos que
pueden dar una verdadera salida revolucionaria en beneficio de las mayorías populares que habitan
las tierras de América.
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