El Alca agravará la dependencia externa de América Latina


Por: Alfredo J. Goncalvez

Recientes análisis han revelado la inviabilidad de un acuerdo entre economías tan dispares como los EE.UU., por un lado, y los países latinoamericanos y caribeños, por otro, como se propone con la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La diferencia abismal entre los países arruina cualquier posibilidad de negociación que merezca este nombre. ¿Cómo colocar en el mismo campo de batalla fuerzas tan asimétricas? Es evidente que se trata de un juego de cartas marcadas. Es una competencia desigual y desleal en la que los fuertes tienden a fortalecerse y los débiles a quebrantarse.

La posibilidad de aprobación del ALCA constituye una amenaza suspendida sobre nuestras cabezas. Más que de "libre comercio", se debe hablar de anexión o neocolonialismo, donde los representantes de la nueva metrópolis trazan reglas unilaterales para defender sus intereses. Más que de tratado, estamos ante una imposición del norte sobre los países empobrecidos del sur.

Más que de negociación, lo que está en juego son las estrategias económicas, financieras y militares del Imperio. Esta situación agrava aún más la dependencia externa de América Latina en relación con el capital financiero, compromete el destino de los pueblos y profundiza las deudas sociales de los sectores excluidos de la población.

Los gobiernos y elites nacionales, al mismo tiempo cómplices, rehenes y capataces de los mega-inversionistas internacionales, rezan el catecismo del FMI, mientras emprenden luchas encarnizadas para perpetuarse en el poder.

Las consecuencias del ALCA ya son conocidas. Entre ellas podemos destacar, ante todo, la inutilización y el declive de la pequeña producción nacional, tanto en la agricultura como en la micro y mediana empresa; la precariedad cada vez más grave de los servicios públicos de salud, educación, vivienda, reforma agraria, entre otros.

Si el estado-nación ya viene siendo desarmado por la avalancha neoliberal, el ALCA acabará por asfixiar completamente cualquier tentativa de retomar las políticas públicas, llevando a los gobiernos a las medidas compensatorias.

En segundo lugar y como consecuencia de estas medidas, el aumento del desempleo. El quiebre en serie de innumerables iniciativas familiares, por ejemplo, y de las empresas de pequeño monto deberán arrojar mucha gente a las calles, listas a disputar las migajas del mercado informal.

Los dos factores mencionados conllevan a un tercero: el desarraigo de gran parte de la población, seguido de emigraciones masivas, agravadas por la situación de clandestinidad para los inmigrantes ilegales y por las barreras a la circulación de trabajadores. Si el capital y las mercaderías son libres para ir y venir, lo mismo no ocurre con el trabajo.

En fin, no podemos olvidar la depredación y desperdicio de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente, además de la mercantilización y monopolio indiscriminados del agua y de las fuentes de vida -riesgo representado por la proliferación de los productos transgénicos.

Publicado en ADITAL. Fuente: Agencia Latinoamericana de Información

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