image


ASESINOS DE MUJERES EN CIUDAD JUÁREZ

Es tal vez el affaire más abominable de la historia criminal de todos los tiempos. En Ciudad Juárez, ciudad fronteriza al norte de México, frente a El Paso, en Texas, más de 300 mujeres han sido asesinadas de acuerdo a un ritual inmutable: secuestro, tortura, crueldades sexuales, mutilaciones, estrangulamiento. Desde hace diez años, a un ritmo promedio de dos cadáveres mensuales, se descubren en los suburbios de la ciudad maldita cuerpos de mujeres, adolescentes y niñas- desnudos, lastimados, desfigurados-. Los investigadores más serios piensan que se trata de la acción de dos "asesinos e serie", psicópatas, que siguen sin ser hallados.

Uno de los relatos más aterradores de la literatura contemporánea cuenta la historia de un vampiro que, en un campo de concentración, desangra uno tras otro a sus compañeros de infortunio. Esta horrorosa ficción se titula De entre los muertos y sus autores, Gadner Dozois y Jack Dann, pelearon duro para publicarla en Estados Unidos en 1982, porque ninguna revista de ciencia ficción se atrevía a ofrecérsela a sus lectores. Era de una imaginación demasiado malsana y excesivamente atroz.
Si este relato de vampiros nos resulta chocante es, sin duda, porque vivimos en un mundo más o menos normal donde tales horrores no suceden con frecuencia. En cambio la historia nos parecería banal si viviéramos en un mundo donde se aceptaran los peores crímenes como por ejemplo, secuestrar, violar, torturar, matar. Un mundo donde los policías protegieran a los asesinos, fueran sus cómplices, festejaran el acusar a inocentes y amenazaran, e incluso eliminaran a cualquier investigador. Un mundo al revés, donde las autoridades cerraran los ojos, los criminales estuvieran libres y los inocentes martirizados. En resumen, una pesadilla. Salvo por un detalle: ese mundo de horror existe verdaderamente y forma parte de la realidad de México. Y es tan verdadero como las víctimas, las pruebas y los testimonios que he acumulado durante muchos años.
La escena de uno de los misterios criminales más pasmosos de todos los tiempos se llama Ciudad Juárez, en el Estado de Chihuahua, junto a la frontera con Estados Unidos. Su población, de 1.300.000 habitantes, es rehén de asesinos sin rostro. Lo que allí ocurre es un insulto a los derechos humanos. Más de 300 mujeres han sido secuestradas, violadas y asesinadas desde 1993. La mayoría de ellas tenía características comunes: al menos un centenar provenía de un ambiente pobre, casi todas eran obreras, todas eran menudas, morenas y tenían cabello largo. Gran parte de ellas no pudieron ser identificadas, todas fueron víctimas de violencia sexual y, sin ninguna excepción, murieron estranguladas.
Algunos cadáveres fueron encontrados en barrios del centro de la ciudad, otros descubiertos en terrenos baldíos de los suburbios, pero hay un dato seguro: todas fueron asesinadas en otro lugar, después de haber estado secuestradas durante semanas. El modus operando de los asesinatos es idéntico al de los asesinos en serie. Los homicidios se repiten y se parecen; las crueldades son las mismas y afectan no solo a mujeres adultas sino también a adolescentes, e incluso a niñas de apenas 10 o 12 años.
Para las mujeres, Ciudad Juárez se ha convertido en el lugar más peligroso del mundo. En ningún lado, ni siquiera en Estados Unidos donde los serial killer son legión, las mujeres están tan amenazadas. En el resto de México, de cada diez víctimas de asesinato sólo una es mujer. En Ciudad Juárez, de cada diez personas asesinadas cuatro son mujeres… Y no parece que la serie de crímenes vaya a detenerse porque, según las Naciones Unidas, la tasa de impunidad en México es casi total.
Solo existe un arma para combatir semejante flagelo: la memoria, el testimonio. Nunca me he sentido tan trastornado como al acudir a los lugares donde se descubrieron los cadáveres. Era como una cuarta dimensión, una sensación de espanto a mitad de camino entre la realidad y la alucinación.
Esther Chávez Cano, directora de una asociación contra la violencia doméstica, piensa que los asesinatos van a seguir, ya que la incompetencia de las autoridades es evidente. Sin embargo, la policía detuvo a un individuo cuyo nombre es Jesús Manuel Guardado, alias "El Tolteca", así como a la banda de "Los Choferes", acusados de ser los asesinos. Pero estas detenciones no han modificado la convicción de Chávez: "Es un señuelo. No cambia en nada la situación, los crímenes van a continuar, como después de la detención de la banda de "Los Rebeldes". En ese momento nos dijeron que los asesinos eran ellos. Y creímos que habíamos terminado con la pesadilla. Pero vea, seguimos encontrando cadáveres de mujeres violadas, torturadas…"
Según Chávez, esta situación s una repetición de la de 1995, cuando la policía detuvo a un químico de origen egipcio, Abdel Latif Sharif Sharif, acusándolo de los crímenes. Poco después capturó a una banda de jóvenes granujas, "Los Rebeldes", supuestos cómplices de Sharif Sharif.
Sharif Sharif sigue detenido en el pabellón de aislamiento de la prisión de alta seguridad de Chihuahua, la capital del Estado. Acusado de asesinar a una adolescente, Elisabeth Castro García, Fue condenado a treinta años de reclusión al término de un proceso lleno de irregularidades y en vías de revisión. En cuanto a sus vínculos con "Los Rebeldes", las autoridades no llegaron a establecerlos nunca.
En 1999, utilizando el teléfono de la prisión, Sharif Sharif se arriesgó a interpelar al procurador general que participaba, en directo, en un programa de televisión. Clamó su inocencia, afirmó su certidumbre de no ser más que un "chivo expiatorio" y colocó al procurador ante el desafío de someterlo al detector de mentiras. Furiosas, las autoridades incomunicaron al egipcio. Su abogada, Irene Blanco, fue amenazada de muerte, pero no se dejó intimidar. Su hijo, Eduardo, fue objeto de un atentado y sobrevivió por milagro. Blanco debió abandonar la defensa de Sharif Sharif y se fue de la ciudad…
imageSegún el criminólogo Oscar Máynez, al menos 60 asesinatos cometidos entre 1993 y 1999 fueron concebidos "según el mismo modelo". Considera que se trata de asesinatos perpetrados por dos "asesinos en serie" diferentes. En 1998, el célebre super-detective estadounidense Robert K. Ressler, as del FBI, inventor de la expresión "serial killer" y de la técnica del "perfilado" de los asesinos en serie, y consejero experto de la película El silencio de los corderos de Jonathan Demme, fue a Ciudad Juárez para investigar esos 300 crímenes. En su informe Ressler afirma que la mayoría de los asesinatos de mujeres es obra de dos serial killer que, según él, no serían mexicanos sino, más probablemente, españoles… o chicanos de Estados Unidos. En 1999, una de las más grandes expertas mundiales en criminología, Candice Skrapec, de la Universidad de California, coincidió en que alrededor de 90 asesinatos seguramente habían sido cometidos por uno o dos asesinos en serie. Pensaba que uno de los autores podía ser Ángel Matutino Resendez, el famoso "asesino de ferrocarriles"
¿Por qué los cadáveres son desfigurados y mutilados? ¿Por qué un tal ensañamiento con las víctimas, un sadismo tan bárbaro? ¿Se trata de rituales satánicos? ¿De orgías perversas de narcotraficantes? ¿De vendedores de órganos? ¿De sacrificios humanos para el rodaje de filmes-realidad (snuff movies) en los cuales la víctima es violada, torturada y asesinada ante la cámara? Las preguntas se suceden hasta el infinito sin que ninguna investigación seria pueda darles respuesta. Diversos testimonios indican que los asesinos habrían estado protegidos, en un primer momento, por los policías de Chihuahua. Luego se habrían beneficiado del apoyo de algunos ámbitos de poder vinculados con el tráfico de drogas.
A finales de 1999 se encontraron cadáveres de mujeres y niñas cerca de ranchos pertenecientes a traficantes de cocaína. Esta coincidencia parece establecer un vínculo entre los homicidas y la mafia de los traficantes, a su vez relacionada con la policía y los militares. Pero las autoridades se niegan a orientar la investigación por esa vía.
LA Comisión Mexicana de Derechos Humanos (CMDH) ha emitido desde 1998 recomendaciones sobre estos centenares de asesinatos de mujeres, a los cuales el Estado ha prestado poca atención. Entre los sospechosos se reitera un nombre, el de Alejandro Máynez, quien habría formado parte de una banda de criminales, encubridores y traficantes de drogas y de joyas, y que también sería miembro de una rica familia propietaria de locales nocturnos. Nunca ha sido importunado.
Máynez, lo mismo que otros sospechosos, estaba entre 1992 y 1998 bajo la protección del gobernador del Estado de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas, del Partido Acción Nacional (PAN). Durante su mandato, los asesinatos de mujeres se multiplicaron y se agregaron a la violencia habitual de este Estado, el más violento de México. En esa época, Bario Terrazas declaró que esos asesinatos no tenían nada de sorprendente porque las víctimas se paseaban por lugares oscuros y llevaban minifaldas u otras ropas provocativas. A pesar de eso, el presidente Fox, elegido para esa función en diciembre de 2000 como candidato del PAN, nombró a Barrio Terrazas en el Ministerio de la Función Pública del control de cuentas, cuya misión es "combatir la corrupción y hacer transparente la gestión de la administración pública".
Ciudad Juárez se caracteriza por sus numerosas fábricas "maquiladoras", donde mano de obra barata ensambla productos destinados a la exportación. Esta mano de obra, que proviene principalmente del interior del país, está compuesta sobre todo de mujeres. Son ellas las que permiten vivir a las familias, algo que perturba las tradiciones machistas y patriarcales. Sumergiéndose en el trabajo, las mujeres tratan de evadirse de la pobreza.
La mayoría de las víctimas eran obreras, y fueron sorprendidas mientras iban a su trabajo o retornaban a su casa. En los suburbios, las esperaban bandas de delincuentes y toxicómanos. Desde los años veinte, la ciudad registra un incremento en las distracciones nocturnas y en el turismo. Aquí fue donde se creó, en 1942, el famoso cóctel "margarita". Las inmediaciones del viejo puente internacional están enteramente dedicadas al placer: juegos, sexo y alcohol. Esta atmósfera, donde los altavoces de los automóviles aúllan canciones estadounidenses que se mezclan con el rock heavy metal, el rap o la música tecno, alienta el consumo de estupefacientes. Y al parecer esto empuja al crimen. Pues la ola de homicidios ha generado una suerte de emulación misógina y ha transformado esas matanzas esporádicas en una verdadera obsesión criminal: individuos que acechan en la oscuridad y cometen asesinatos por un puro deseo de imitación. Es el reino de los brutos, los perversos, los psicópatas. Muchos jóvenes "machos" creen que la violencia contra las mujeres es un deber. Merodean en auto durante la noche, en busca de una presa.
Hester van Nierop, una estudiante holandesa de 18 años, fue secuestrada el 20 de septiembre de 1998. Doce horas más tarde se encontró su cadáver bajo la cama de una habitación del hotel Plaza. Había sido violada, torturada y estrangulada.
Lilia Alejandra García Andrade, de 17 años y madre de dos niños, desapareció el 14 de febrero de 2001 al salir de la fábrica. Su cadáver fue encontrado siete días más tarde en un terreno baldío frente al centro comercial Plaza Juárez. Estaba semidesnuda y envuelta en una manta. La autopsia reveló que la adolescente había sido asesinada el 19 de febrero. Antes de ser estrangulada había sido violada, torturada y mutilada durante cinco días…
Violeta Mabel Alvidrez Barrio, de 18 años, fue secuestrada el 4 de febrero de 2003. Su cadáver se encontró, junto con el de otras dos adolescentes de 16 y 17 años, quince días después. Pero su muerte se remontaba sólo a tres o cuatro días, lo que quiere decir que había estado a merced de verdugos sádicos y psicópatas durante más de diez días.
El procurador de la República considera que todos estos homicidios son delitos comunes o vinculados, tal vez, con el tráfico de órganos. Hace dos años, un diputado de Ciudad Juárez me confió, preocupado: "No me sorprendería que el gobernador haya dado a un grupo de la policía judicial la orden de que se encarguen de ocultar estos asesinatos de mujeres". Hacía alusión al actual gobernador, Patricio Martínez, del Partido revolucionario Institucional (PRI) quien, en enero de 2001, había sido él mismo víctima de un atentado, y había acusado a la mafia local. La mujer que trató de matarlo era ex funcionaria de la policía judicial.
María Sáenz del Comité de Chihuahua Pro Derechos Humanos, me hizo la siguiente observación: antes de 2001, siempre se ubicaban los cadáveres de las víctimas violadas y estranguladas, pero desde que se multiplicaron las investigaciones los cuerpos desaparecen pura y simplemente. Las asociaciones han registrado cerca de 500 desaparecidas, mientras que los cadáveres encontrados superan apenas los 300.
Hacer desaparecer los cuerpos de las mujeres asesinadas se ha vuelto una especialidad de la mafia local. El procedimiento usual se denomina "lechada": un líquido corrosivo, compuesto de cal viva y de ácidos, disuelve rápidamente la carne y los huesos sin dejar la menor huella. "Ninguna huella", tal es la consigna secreta. Reducir a nada, borrar, suprimir, son las palabras claves.
Los cuerpos desnudos de tres mujeres jóvenes fueron descubiertos el 6 de noviembre de 2001 en un campo de algodón en la periferia de la ciudad. Una de ellas era menor de edad, tenía las manos atadas en la espalda y había sido degollada. La día siguiente, al ampliar la búsqueda, se descubrieron otras cinco víctimas. Urgida de encontrar culpables, la policía de Chihuahua detuvo a dos individuos que, bajo tortura, confesaron ser los culpables de ocho crímenes. El procurador, Arturo González Rascón, Anunció que el asunto estaba resuelto. Sin que se llevara a cabo ninguna investigación real, sometió a los inculpados a un procedimiento penal. El 14 de noviembre, despreciando todas las reglas del derecho y bajo la presión de la calle, un juez cómplice de las autoridades locales emitió un mandato de prisión. Entre el descubrimiento de los cadáveres y el acto judicial apenas había transcurrido una semana. Durante ese tiempo los verdaderos culpables seguían en libertad.
Así, la serie negra continuó. Ese mismo día 14 de noviembre, fueron encontrados otros dos cadáveres de jóvenes: uno en el Motel Royal, el otro en el pueblo de Guerrero. Cinco días más tarde se descubrían en los suburbios de la ciudad el cuerpo semidesnudo de otra mujer de 21 años, Alma Nelly Osorio Bejarano, torturada y estrangulada.
No existe ningún registro que permita establecer un archivo de los cientos de crímenes de mujeres cometidos en Ciudad Juárez. Las autoridades tienen la costumbre de abandonar muy rápidamente las investigaciones: algo de más de tres meses después del descubrimiento de los cadáveres de las 8 mujeres en un campo de algodón, algunos paseantes encontraron vestimentas y objetos pertenecientes a las víctimas, lo que revela el increíble descaro de los policías. El gobernador Patricio Martínez deploró la inacción de su antecesor Francisco Barrio Terrazas, que sólo dejó "bolsas de huesos" y "algún expediente sobre los asesinatos". ¿Pero acaso él hizo algo mejor?
Las autoridades pretenden que entre 1992 y 1998 fueron "resueltos" doce casos de "asesinatos en serie de mujeres" y 99 casos de 2crímenes comunes" (pasionales, sexuales, familiares, venganza y arreglo de cuentas, vinculados al tráfico de drogas, cometidos en ocasión de robos, de riñas, o por motivos desconocidos). Entre octubre de 1998 y febrero de 2002 se cometieron 20 "asesinatos en serie de mujeres" y 71 "asesinatos comunes". De los primeros, 15 estarían prácticamente resueltos" y 5 están en curso de investigación: de los segundos, 53 habrían sido "elucidados" y 18 "están a punto de serlo".
¿Pero son creíbles las autoridades? Es preciso recordar que las expresiones "asesinatos resueltos" o "en vías de resolución" son engaños pues sólo se trata de interpelaciones a personas "investigadas". La estrategia de los distintos gobernadores para "resolver" los asesinatos en serie de mujeres en Ciudad Juárez ha llevado a un conjunto de manipulaciones y disimulos consistentes en inculpar a inocentes, como ocurrió con los dos acusados de los 8 asesinados del 6 de noviembre de 2001.
Otro método utilizado por las autoridades es hacer asesinar a quienes se hacen cargo de la defensa de los falsos culpables. El abogado Mario César Escobedo Anaya fue asesinado por un comando que admitió los hechos y, sin embargo, fue liberado con el pretexto de que "defendía" a agentes de la policía judicial del Estado de Chihuahua, cuyo jefe, el comandante Alejandro Castro Valles, tenía la costumbre de detener sin mandato judicial y de torturar inocentes.
Abogados, jueces, procuradores y periodistas recibieron amenazas de muerte para disuadirlos de proseguir sus investigaciones sobre los homicidios de mujeres. Algunos opositores al gobernador Patricio Martínez también fueron amenazados con el fin de acabar con sus protestas: las militantes Esther Chávez Cano y Victoria Caraveo, y el criminólogo Oscar Máynez.
En los asesinatos en serie de Ciudad Juárez se mezclan la atmósfera turbia de la frontera y sus miles de migrantes, las maquiladoras, el quebranto de las instituciones, y también la violencia patriarcal, la desigualdad, la negligencia del gobierno federal, etc. Pero, por encima de todo, este tenebroso asunto revela el gran poder de los narcotraficantes y la solidez de sus redes de influencia. Los vínculos entre el ambiente criminal y los poderes económico y político constituyen una amenaza para todo México.
Los documentos y los testimonios de que dispongo son demoledores para las autoridades. Prueban que algunos homicidios de mujeres fueron cometidos, durante orgías sexuales, por uno o varios grupos de individuos, entre los cuales hay asesinos protegidos por funcionarios de los diferentes cuerpos policiales, en complicidad con personas en posiciones importantes. Estas personas se encuentran a la cabeza de fortunas adquiridas con gran frecuencia de manera ilegal, gracias a la droga y el contrabando, cuya red de influencia se extiende como un pulpo para todo el país. Por eso estos crímenes odiosos gozan de semejante impunidad.
Según fuentes federales, seis grandes empresarios de El Paso, de Texas, de Ciudad Juárez y de Tijuana comandarían a sicarios encargados de secuestrar mujeres y de llevárselas para violarlas, mutilarlas y matarlas. El perfil criminológico de esos asesinatos se acercarían a lo que Robert K. Ressler llamó "asesinatos por diversión" (spree murders). Las autoridades mexicanas estarían enteradas desde hace tiempo de estas actividades y se habrían negado a intervenir. Estos ricos empresarios estarían cerca de algunos amigos del presidente Vicente Fox y habrían contribuido al financiamiento oculto de la campaña electoral que le permitió a Fox ser elegido presidente, y a Francisco Barrio Terrazas, ex gobernador de Chihuahua, llegar a ser ministro. Esto explicaría por qué ningún culpable verdadero ha sido hostigado nunca por esos 300 asesinatos en serie.
Y los homicidios continúan. En este mismo instante, una mujer puede estar a punto de morir torturada en Ciudad Juárez.

Sergio Gónzalez Rodríguez
Le Monde Diplomatique edición española
Nº 94 agosto 2003


Ciudad Juárez: así empezó todo. Por Diana Washington.



Por nuestras hijas: Campaña ¡Alto a la impunidad: ni una muerta más! Ciudad Juárez, Chihuahua

Regresar a la página Principal de la Plataforma de Solidaridad con Chiapas