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Reportes sobre los damnificados en Chiapas por la tormenta Stan.
- Reporte 1. Comunidad Che Guevara
- Reporte 2. Huixtla
- Reporte 3. Tapachula
- Reporte 4. Zona costa, municipio autónomo Tierra y Libertad
- Reporte 5. Che Guevara y Belisario Domínguez
- Informe final sobre las bases de apoyo zapatistas afectadas por el huracán Stan en las zonas sierra y costa, Municipio Autónomo Tierra y Libertad, Caracol de la Realidad
- Imágenes
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1º. REPORTE
A la Red de Apoyo Zapatista de Europa y a quien corresponda:
Después de entrevistarnos con la JBG de La Realidad, seis compañeros de diferentes colectivos europeos, estamos visitando la zona afectada por el huracán “Stan”, en donde se encuentran bases de apoyo Zapatistas.
Llegamos a Belisario Domínguez, donde visitamos la comunidad de Che Guevara, perteneciente al municipio autónomo “Tierra y Libertad”. Esta comunidad consta de treinta hectáreas, recuperadas en 2002 a un terrateniente que se las apropio diez años atrás.
Las comunidades de este municipio están repartidas en las zonas Sierra, Costa y Fronteriza, y pertenecen al Caracol de La Realidad.
Encontramos a las 11 familias zapatistas que hay allí, un total de 48 personas alojadas en una sola casa. A pesar de que era muy tarde, las familias nos esperaban despiertas. A la mañana, compartieron con nosotros la poca comida que tienen -enviada por la Junta- y nos acompañaron a ver las ruinas de su comunidad.
Primero llegamos a una playa desierta, lo que antes era la casa y los cultivos del promotor de salud, de los que no queda ni rastro, absolutamente. Allí también había un Centro de Salud, que atendía a las 3 zonas (aunque, nos dicen, cada pueblo tiene su promotor).
Un poco mas adelante, totalmente destrozado, encontramos el centro de capacitación, que es donde se capacitaban los promotores de salud y educación de las tres zonas, y que llevaba 3 meses funcionando después de un año de esfuerzo organizativo. Además, tenía salón de dormitorio, cocina y baño. De la escuela autónoma solo sobresalía el techo, pues esta totalmente sepultada.
También nos mostraron la tumba de la que, de momento, es la única victima reportada: una anciana que no podía caminar y a la que no llegaron a tiempo para evacuar. Otro compa, que no quiso evacuar y abandonar su maíz y pertenencias, resulto herido y está hospitalizado grave.
De vuelta a la casa en la que se hacinan las once familias, nos narran la historia: “Al tercer día de las lluvias, el agua empezó a golpear. No tuvimos tiempo de agarrar nada, sólo la ropa que llevábamos puesta y los niños. Las casas se derrumbaban tras nosotros.”
“En la comunidad se encontraban unos promotores recibiendo capacitación, y juntos, más de 60 personas, tuvimos que subir al monte, de noche. Detrás de nosotros escuchábamos el ruido las laminas al caer (techos). El cerro empezó a caerse, por lo que tuvimos que andar mas adentro. Pasamos toda la noche agarrados a unos árboles, bajo la lluvia.”
“A la mañana enviamos dos comisiones. Una para comprobar cómo quedó la comunidad, que ya estaba totalmente destrozada, y la otra para caminar más adentro del monte, a buscar dónde podíamos quedarnos, y un señor nos ofreció su casa, ropa y comida.”
A los dos días, nos cuentan, regresaron al pueblo y se quedaron en la parroquia, junto al resto de los damnificados de Belisario Domínguez, que habían pensado “ya se han acabado los zapatistas “. Allí tuvieron problemas, pues los priístas les acusaron de que su presencia era la causa de que no recibieran ayuda. Entonces se fueron, y se alojan en la casa de la prima de uno de ellos, mientras que los promotores pudieron regresar a sus comunidades. Entonces, recibieron la ayuda que les pudo enviar la Junta, que es la única que han recibido.
Ya han empezado la reconstrucción. Lo primero es levantar unas viviendas provisionales y en puentecito de madera. A petición nuestra nos han comentado cuáles son las necesidades más urgentes. Para construir un puente necesitan cable grueso y poleas. Alimentos básicos: fríjol, harina de maíz, azúcar, aceite. También cloro, jabón, potabilizador de agua, mangueras, paracetamol (para adultos y niños), naproxen, termómetros, antibióticos, aspirina... El promotor nos comento que, después de la noche en el monte, tienen calentura, diarrea, tos, gripa… sobre todo los niños.
La situación se agrava al haber perdido sus herramientas de cultivo, incluidas la despulpadora, la secadora y los tanques del café, la bodega, las abejas, así como otros animales. Si no se actúa rápido, la parte de la cosecha que se ha salvado, se puede perder.
En definitiva, la situación es de emergencia, y según lo que nos comentan algunos compas, las comunidades que visitaremos estos próximos días están peor. A pesar de todo, nos sorprendió la serenidad de los compas, aunque, como ellos nos dijeron, “se va a ver si hay un lugar mejor más arriba, pero ¿dónde estamos seguros? Ya no estamos seguros. Estamos en el punto cero, nada tenemos. Pero la vida sigue, no podemos seguir sin luchar.”
Fdo:
Miembros de 4 colectivos de Europa:
Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista de Barcelona, “Campaña: Una Escuela para Chiapas” de Atenas, CSPCL de Paris, Terres à terres de Le Havre, Francia.
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2º. REPORTE
A la mañana empezamos el recorrido a bordo de cinco triciclos zapatistas, con su cartelito y licencia otorgadas por la Junta del Buen Gobierno incluidas. Visitamos, una por una, las ruinas de las doce casas que han perdido, de algunas de las cuales no queda ni rastro. Todos viven en colonias muy pobres, que han sido las más afectadas por las lluvias. Han desaparecido dos casitas zapatistas en el barrio de San Francisco, dos más en la colonia de La Florida, una en la colonia La Granja, seis más en la colonia El Paraíso y una última en la colonia El Progreso.
Cada compa nos explicaba, en cada lugar, cómo les asaltó el agua y cómo arrastró su casa y sus pertenencias. Encontramos una gigantesca Ceiba centenaria derruida por la furia del río, junto a las ruinas de la casa de una compañera. “Todo se lo llevó el río, no tuvimos tiempo de sacar ni la ropa. Nos confiamos porque el río subía y luego bajaba, pero de golpe nos atrapó y tuvimos que salir con lazos porque no se podía. Las casas se derrumbaban mientras salíamos. Luego, tuvimos que dormir dos días en la calle, frente a un hotel, hasta que nos alojó un primo de mi marido”, nos cuenta la compañera, con cinco hijos, el mayor de doce años.
Luego nos explicaron que el río Huixtla, antes chiquito y tranquilito, creció diez veces su amplitud habitual y se separó en tres brazos, arrancándolo todo a su paso. El río Cuil cambió su rumbo y arrasó varias colonias enteras. Un monstruo de agua, tierra, restos de casas, troncos… destruyó incluso los dos puentes nacionales de la ciudad.
Seis familias zapatistas encontraron sus casas inundadas, y aunque podrán volver a habitarlas, “todo lo llevó el agua”, cuenta una compañera de la colonia El Progreso. Ella quedó en su casa, con sus cosas, después de sacar a sus cinco hijitos. La tuvieron que rescatar cuando el agua ya le llegaba por la cintura y estaba atrapada.
Otro compa, de la colonia La Florida, nos dice que “solo salvé a mi familia, que es lo que más me importaba. Vimos las casas caer, y el río traía cadáveres y hasta un chango (cerdo) gritando. Los hombres nos quedamos cerca de la casa, en un montículo, durante cuatro días, para que no robaran… pero tampoco se pudo rescatar nada. Estábamos aislados.” Su familia ha rentado una casa, mientras se construyen algo, lejos del río. Él trabaja en su triciclo, que se salvó al tenerlo guardado en otra parte de la ciudad.
Otro de los testimonios narraba que el martes, día 4 de octubre, “entró el agua a las tres de la mañana. Las autoridades (oficiales) no nos avisaron hasta que tuvimos el desastre encima. Salimos con lazos y mecates. Tuvimos que abrir una brecha en la alambrada porque la calle estaba imposible. Solo sacamos un poco de ropa y documentos. Necesitábamos un carro para sacar los muebles y los electrodomésticos, pero no teníamos, y los que pasaban tenían que ir a socorrer a sus familiares y amigos en otros lugares.”
Nos cuentan que algunos compas, que estuvieron seis días incomunicados, sí que durmieron con otros damnificados, pero nadie recibía ayuda, solo alguna torta y galletas. Además, “la ayuda tenía preferencias, amistades… También los ricos fueron afectados, y ellos fueron los que más ayuda recibieron.”
Un compa mayor nos cuenta que perdió el conocimiento porque el agua le golpeó, y su yerno tuvo que sacarlo arrastrándolo por el patio de su casa. Todo lo perdieron…
“El reparto de alimentos no era parejo con nosotros, por suerte hay amigos, y fueron ellos los que nos dieron alimentos. Aparte de esto, lo único que recibimos fue de la Junta.”
Una imagen conmovedora, que nos acompañó durante todo el recorrido de hoy, fue la de un anciano invidente acompañado de su nieto, que vivía en El Paraíso, colonia que ahora yace bajo el lodo y el agua. Él es uno de los más antiguos miembros de la organización zapatista en la zona.
Más tarde, llegamos al lugar donde se reubican temporalmente algunas de las familias zapatistas afectadas, dotado solamente de un techo de lámina que compraron con el apoyo de la Junta de la Realidad, y una casita de una de las compañeras. Allí nos explicaron su historia…
La mayoría de ellos trabaja con sus triciclos, que como ya hemos comentado, incluso llevan el letrerito y las licencias que les otorgó la JBG. Esta es una manera de desarrollar su autonomía en un contexto urbano. También se ganan la vida mediante el pequeño comercio y la venta ambulante.
Los tricicleros zapatistas nos explican que el año pasado, el gobierno municipal y la delegación de tránsito, les detuvieron algunos triciclos, que lograron recuperar tras siete meses de lucha. Durante este tiempo, vieron disminuidos sus ingresos, aunque ellos mismos se prestaban los triciclos unos a otros. “Nosotros tuvimos los primeros triciclos, en el año 1983 (antes de ser zapatistas), cargando maletas en la terminal de autobuses, y ahora nos quieren hacer pagar.” El documento de la JBG, como pudimos leer, dice literalmente que esta los ampara de pagar impuestos, por ser bases de apoyo del EZLN y estar en resistencia.
La terrible fuerza del agua se llevó dos triciclos. Cinco más de ellos sufren una doble pena: están nuevamente detenidos en las instalaciones del gobierno y, además, ahora están también sepultados.
También nos cuentan que ellos no tienen tierras, que las tienen los ricos, y muchas de ellas no están siendo utilizadas.
Hablando sobre las necesidades más urgentes, nos explican que algunas familias podrán regresar a sus casas cuando saquen todo el lodo y la tierra, pero mientras tanto necesitan alimentos básicos (fríjol, harina de maíz, azúcar y aceite…), trastes de cocina, mangueras, recipientes para guardar el agua, etc.
Las doce familias que perdieron su casa necesitan, además, láminas para el techo, material de construcción, herramientas para la madera, etcétera.
Una prioridad para que ellos mismos puedan reconstruir sus casas, es que se les respete su medio de subsistencia, devolviéndoseles los triciclos confiscados.
A pesar de todo, el sentimiento de compañerismo, el coraje y el buen ánimo que caracteriza a los compas, se ve fortalecido en estas dramáticas circunstancias, así, acabaron la plática mandando un saludo a los compas de otras zonas zapatistas y a los hermanos de otros países: “Aquí estamos, vaya un saludo para todos. Que sean bienvenidos, aquí nos encuentran si quieren conocernos…”
Fdo:
Miembros de cuatro colectivos de Europa:
Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista de Barcelona, “Campaña: Una Escuela para Chiapas” de Atenas, CSPCL de Paris, y “Terres à terres” de Le Havre, Francia.
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3º. REPORTE
En nuestro tercer día de recorrido en las zonas afectadas por el huracán Stan, llegamos a Tapachula, la ciudad que concentra la mitad de la población de Chiapas, y que estuvo inaccesible hasta hace unos días. Allí hay familias, bases de apoyo zapatistas, repartidas en varias colonias y barrios de la ciudad, como Girasoles, 5 de febrero, Franboyanes, Los Reyes, El Porvenir, Santa Clara y Democracia, así como en otros municipios cercanos, como Cacahuatán.
Para llegar tuvimos que cruzar el río Coatán. En cientos de metros a lo ancho de sus orillas todo es desolación. La ciudad no presenta mejor cara, pero la zona, incomprensiblemente, no está declarada como desastre, mas nuestros ojos no están nada de acuerdo con eso. Obviamente, sus habitantes tampoco, ni sus avenidas arrasadas, ni sus casas sepultadas, ni los familiares que lloran a sus muertos, ni nadie. Estas visiones contrapuestas, van a juego con los letreros oficiales que parecen bromear al decir “El gobierno de Pablo (Salazar) hace de Tapachula la ciudad que merecemos.”
Solo pudimos visitar la casa de un compa, Martín, pues los otros estaban incomunicados o andaban trabajando. Los compas tenían allí 7 máquinas de escribir, una computadora, dos refrigeradores, camas… que ahora están bajo tierra. Justo al lado, estaba la escuela autónoma, con su pizarra, sus pupitres, libretas… que ha sufrido bastantes daños al quedar sepultada hasta la mitad.
El compa nos cuenta: “no pude salir, cuatro días pasé ahí arriba (en el tejado), sin comida ni nada. Además, llovía sin parar. A un hombre se lo llevó la corriente, movía los brazos… no supimos más de él.” Añade que en Cancún no ha habido un desastre tan grave porque avisaron a tiempo. Allá pudieron cubrir puertas y ventanas y marcharse. Se muestra indignado al preguntarse “¿por qué a nosotros no?” Él mismo se responde diciendo que es porque aquellos producen y ellos no. “Pero de eso la gente no se entera. Es normal, porque el gobierno no quiere que se enteren. Entran ganas de salir a partirles la madre a estos del gobierno, pero nos contenemos por ser zapatistas.”
No tuvo mejores palabras para la ayuda oficial: “Durante dos días, solo vino un helicóptero, cuando vinieron Fox y Pablo, que andaban por ahí chingando, mintiendo.” Lo peor, según nos cuenta que escuchó en una radio que pudo llevar al tejado, es que los helicópteros solo rescataban a los hijos de los funcionarios, artistas, hijos de papá. “Estaban más limpios los chiqueros de los marranos (cerdos) que los albergues, donde no había nada.” Y prosigue, “me encabrona que a la gente que está con el gobierno, ni a ellos les ayudaban. Era humillante porque les daban un puñadito de lentejas para cinco personas. Si los zapatistas tuviéramos, se lo dábamos todo a la gente pobre, pertenecieran o no a nuestra lucha. Nosotros no esperábamos nada. Si me hubieran venido a buscar, no me bajo (del tejado). Mi lucha no es de hoy.”
Los precios de los alimentos básicos se han visto multiplicados. El costo de un casillero de huevos, por ejemplo, ha pasado de 20 a 90 pesos. Es cómico leer anuncios como: “Los programas sociales no se dan a cambio de votos o dinero, ¡Que no te hagan trampa!”, justo después de que nos contaran que la gente cercana al gobierno recibe las cosas y hace negocio. Por otra parte, según sus palabras, los líderes corruptos del PRI, están organizando a la gente, y pasan casa por casa anunciando que ya ha llegado la ayuda. Curiosamente, se acercan las elecciones. “Ahora es cuando más tratan de jalarse a la gente, por la necesidad, pero la gente está muy enojada.”
Como ya nos tienen acostumbrados, solo piensan en seguir adelante. “Sigue muchísimo trabajo. No es nada fácil, pero sí se puede, despacio porque no tenemos medios. En la lucha se trata de vivir. Sobrevivir ya lo estamos haciendo.” También nos explica que estar en resistencia es, entre otras cosas, no dar ni recibir nada del gobierno. “El único gobierno que reconocemos es el de la Junta de Buen Gobierno. Nuestras cosas las arreglamos con el Consejo Autónomo, luego con la Junta. Tarda, pero esto es el camino pues.”
Acompañados por Martín, fuimos a bordo del compa-móvil, “la chacharina”, (carro con el letrero de la JBG), por toda la ciudad hasta llegar al mercado. Allí charlamos con compas que se ganan la vida vendiendo comida es sus triciclos, también con el letrero de la Junta. Este encuentro nos produjo asombro, al darse en un mercado abarrotado de puestos y de gente, y por ser en un contexto urbano. Por su parte, ellos no fueron directamente afectados por las lluvias, aunque algunos familiares sí, pero nos comentan que no tienen comunicación con muchos de sus compañeros, y no saben de su situación.
Cuando les explicamos que venimos de diferentes países de Europa, y que estamos difundiendo a través de nuestros colectivos cuál es su situación, Martín se mostró visiblemente emocionado y nos dijo que “el hecho de que estén ustedes aquí es un sueño para nosotros.” Ya para despedirse, nos regaló estas palabras: “Nosotros luchamos por los de abajo, por los dormidos, por los que no tienen voz. Lo tenemos que hacer nosotros, no hay pa’ donde. El enemigo está afuera, no está aquí. Más vale morir de hambre que una vida en rodillas, pero de hambre no vamos a morir. Todos estamos en un solo brazo.”
Fdo:
Miembros de cuatro colectivos de Europa:
Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista de Barcelona, “Campaña: Una Escuela para Chiapas” de Atenas, CSPCL de Paris, y “Terres à terres” de Le Havre, Francia.
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4º. REPORTE
25 y 26 de octubre de 2005, zona costa, municipio autónomo Tierra y Libertad…
Mientras el recorrido continúa, ha llegado la primera ayuda a bordo del “Chómpiras”. Este camión de ocho toneladas, de la JBG de la Realidad, ha dejado alimentos y medicinas en Motozintla, Che Guevara y Huixtla, donde se distribuyen a los compas por toda la zona, para aliviarles por unos días.
Ha llegado un poco de todo. Arroz, frijol, harina, aceite, atún, azúcar, agua, leche… ropa, medicamentos, trastes de cocina, toallas sanitarias… Pero de todos modos, sigue faltando mucho para reconstruir sus vidas (ollas, sartenes, sábanas para la costa, cobijas para la sierra, colchonetas, materiales para construcción., etc.)
El momento de la entrega generó una gran expectación entre la gente del barrio, que no podía imaginar que sus vecinos zapatistas estuvieran tan organizados y fueran más serios que el mal gobierno en el reparto de la ayuda. Cada familia recibió según sus necesidades, y por otra parte, la promotora de salud está atendiendo a todos, sean zapatistas o no, aprovechando los medicamentos recibidos.
Siguiendo con la situación general, los compas pescadores de Puerto Madero estaban poco afectados, aunque el poblado en general sí que lo estaba, por las olas de diez metros que lo azotaron y los ríos que se desbordaron.
Sin embargo, más al norte, los compas, bases de apoyo zapatistas, de El Arenal han perdido cuatro casas, muchas de sus pertenencias y quince cayucos, con los que salían cada día a pescar -han perdido, pues, su fuente de trabajo-. Se desbordaron los ríos Cintalapa, Vado Ancho y Chino, y el agua llegó hasta la mitad de sus casas, enterrando todo lo que había adentro. Algunas de estas casas han perdido gran parte de su suelo, quedando las paredes de habitaciones enteras suspendidas en el aire. “El torrente pasó frente a mi puerta, por ahí no se podía pasar ni en canoa.” Han quedado muchas pozas de agua que, con el fuerte calor, se convierten en focos de infección. “Ya empieza a haber dengue y paludismo… va a pegar fuerte”, dice un compa mientras echa cal sobre el agua. Además, “viene pegando la gripa, la calentura.”
Nos cuentan que pudieron salvar algunos electrodomésticos y animales, poniéndolos en alto y subiéndolos a los árboles, “aquí era un mar.” Ellos mismos sobrevivieron subidos a sus cayucos, atados a los árboles, donde llegaron a pasar tres días, comiendo la fruta de esos mismos árboles y bebiendo agua de coco. Otros se refugiaron en la iglesia católica. “El problema son los víveres, que no hay”, le dijeron al compa que estaba tomando la lista de los afectados para que reciban su ayuda. Además, sus pozos están contaminados y, los que conservan sus cayucos han dejado de pescar, por miedo a que la contaminación haya afectado a los peces.
En ambos lugares decían que la gente del barrio, no zapatista, está muy molesta con la ayuda oficial. Parece que gente no afectada está recibiendo ayuda, y además, muchos de los alimentos y medicinas que llegan están caducados. Los compas nos comentaron que la gente quería realizar una marcha para tirar la humillante ayuda oficial en la puerta del palacio municipal. En El Arenal, se quejaban de que cuatro bodegas enteritas de víveres no han sido repartidas entre la población.
En un país como México, que sufre de varios huracanes al año, nadie recuerda un desastre igual. Esperemos que esto no sea solo el principio del tan anunciado cambio climático. Tal vez, también en esto, falta lo que falta…
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5º. REPORTE
Antes de llegar a Motozintla, pasamos de nuevo por Che Guevara y Belisario Domínguez, donde ya empieza a llegar la ayuda, tanto de la Junta de Buen Gobierno para los zapatistas, como la oficial para los no zapatistas. Algunos vecinos se muestran preocupados por una grieta de más de un metro que amenaza con lanzarles otro cerrito encima de sus casas, por lo que piden la llegada de geólogos a la zona para comprobar qué riesgos se corren.
La actuación de los militares enviados al lugar, por otra parte, está totalmente descontextualizada. Su actitud es pasiva, cuando no lúdica. Bien diferente fue el caso de un soldado en Motozintla, que murió sepultado mientras sacaba arena de una casa, al caerle un tejado encima. Demostró que, a veces, se esconden personas bajo los uniformes. Los compas que explican de esta muerte, tienen un muro del patio a punto de ceder ante la presión de más de dos metros de arena que intenta penetrar en su casa. Causa fuerte impresión entrar a su casa por la pared, sin necesidad de ser fantasmas, pues solo quedan recuerdos de ella. Por suerte, además de la pared el río solo se llevó pertenencias, dejando la casa en el lugar, a diferencia de otras, y parece que podrán continuar habitándola.
La ciudad está atravesada por una lengua de NADA, un lecho seco de 80 metros de ancho y 5 Km de largo, una cicatriz de miseria y tierra donde antes había casas y avenidas, de las que no queda ni rastro, pues fueron arrancadas de raíz. "El agua se llevaba las casas como se lleva los papeles", dice un compa. Y lo que queda en pie... está como está. De algunas casas solo queda el recuerdo de un suelo y los hierros de las columnas. La imagen de un niño paseando en bicicleta, pisando a la altura de la ventana por la que, semanas atrás, se asomaría para ver los árboles de los que solo palos resecos quedan, explica por sí sola cuánto falta para volver a la normalidad, cuánto queda por hacer y construir.
Aunque hubo decenas de muertos, ningún compa sufrió daños físicos, aunque perdieron tres casas. Nuestro guía narra que las inundaciones de 1998 le destruyeron una parte de la vivienda. Stan acabó el trabajo. Cualquiera que se pasee por esta ciudad no puede sino sentir una terrible indignación ante el cinismo y la desvergüenza de las autoridades oficiales, que se resisten a declarar la zona de desastre, cuando los vecinos no recuerdan algo similar, mientras que otros evocan las imágenes del terremoto de Ciudad de México, a mediados de los 80.
A pesar de todo, la sonrisa no abandona en ningún momento a los compas, aunque la reconstrucción se ve difícil. El apoyo que entre todos ellos se dan, sin embargo, deja un lugar para la esperanza.
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INFORME FINAL sobre las bases de apoyo zapatistas afectadas por el huracán
Stan en las zonas sierra y costa, Municipio Autónomo Tierra y Libertad,
Caracol de la Realidad
A los colectivos de solidaridad de Europa y el mundo
A quien corresponda:
Aunque la atención de los medios y la ayuda oficial se enfocan en el
huracán Wilma, perduran los efectos del huracán Stan, que pasó por
diferentes estados de México y destruyó todo lo que tocó a su paso a
principios de octubre. “Nunca en nuestra vida hemos visto algo similar”,
dice la gente en estas regiones, gente pobre y humilde en su mayoría.
Al sur de Chiapas, cerca de la frontera con Guatemala, pueblos enteros en
el campo, en las montañas y en la costa y colonias enteras en las ciudades
desaparecieron del mapa. Allí viven, trabajan y resisten, se organizan y
luchan, hombres y mujeres, bases de apoyo zapatistas, entre ellos muchos
no indígenas.
Durante 4 o 5 días, agua y tierra, lodo, troncos y ruinas que el huracán
arrastró en su paso, destruyeron casas y despojaron familias, sepultaron
pertenencias, destruyeron cultivos. Las bases de apoyo zapatistas
sufrieron muchos daños. Che Guevara, una comunidad autónoma en la zona
sierra, desapareció completamente, junto con el centro autónomo de
capacitación de promotores de educación y de salud de toda la zona, que
hacía tres meses que había empezado a funcionar. Los zapatistas, los
compas como ellos mismos se llaman, perdieron sus casas, sus cultivos de
maíz y sus cafetales, la tierra misma y todo lo que tenían. Ahora hay que
conseguir tierra para reconstruir todo, sus vidas.
La mitad del pueblo de Toquián, antes en la cumbre de la montaña, hoy se
encuentra totalmente derruido. Las casas desaparecieron, quedaron
sepultadas, o se desplazaron varios metros, cuando la tierra de la montaña
empezó a derrumbarse tras las lluvias. Los cafetales y milpas quedaron
totalmente afectados, perdiéndose toda la cosecha. Unas familias
zapatistas tuvieron que abandonar el pueblo, mientras que otras siguen
viviendo en sus casas, con el peligro de que la tierra, que ya está floja,
vuelva a ceder. Todo el terreno es de riesgo, por lo que no hay lugar para
cultivar ni construir sus casas.
La situación en Motozintla, en esta misma zona, no es diferente. La ciudad
está medio destruida, los compas han perdido algunas casas, pero lo más
grave es la mala calidad del aire que respiran. Se ve a mucha gente
utilizar mascarillas a causa del permanente polvo que invade la ciudad.
En la ciudad de Huixtla, de la zona costa, colonias enteras quedaron
sepultadas, otras desaparecieron. Las bases de apoyo zapatistas perdieron
sus casas, además de sus triciclos, con los que se ganaban la vida
trabajando como taxistas y vendedores ambulantes. En Tapachula también
quedaron afectadas varias casas y se perdieron muchísimas pertenencias. La
escuela autónoma quedó sepultada en el lodo. Se desconoce el alcance total
del desastre, pues muchos zapatistas se mantenían incomunicados. Por otra
parte, los pescadores, bases de apoyo, en Puerto Madero y en El Arenal ya
no pueden pescar. En El Arenal, aparte, perdieron casas y cayucos, y sus
reservas de agua quedaron contaminadas. La vida de sus niños, por lo
demás, está en peligro por las enfermedades que traen las aguas estancadas
que dejó el huracán, y el calor insoportable que caracteriza la zona,
convertida en un potencial foco de dengue y malaria.
A un mes del paso del huracán, las necesidades son muchas y urgentes para
toda la gente. La ayuda que el gobierno entrega a la población pobre es
poca, comida para un día y poco más, es decir nada para hombres y mujeres,
familias enteras que han perdido todo. Las bases de apoyo zapatistas, como
siempre, no piden ni aceptan ningún tipo de ayuda gubernamental. Ellos
mismos se organizan y se apoyan unos a otros, y así sobreviven. La primera
ayuda reunida por la Junta de Buen Gobierno de La Realidad (comida, ropa y
medicinas para cubrir las primeras y más urgentes necesidades), llegó lo
más rápido que se pudo, y sigue llegando con el apoyo de las comunidades y
de la sociedad civil. Los zapatistas afectados siguen con corazón y
fuerza. La fe en la lucha y la solidaridad de sus compañeros los alimenta
para seguir viviendo, o sea para seguir luchando, para reconstruir sus
vidas, para fortalecer su autonomía, una vez más empezando de cero… En
esta etapa han de reconstruir, además de sus casas, sus medios de
producción y subsistencia para no perpetuar sus necesidades. Sería
importante que el esfuerzo de apoyo y solidaridad internacional tuviera en
cuenta esta realidad.
Fdo: Compas internacionales presentes en Chiapas
Para mandar su apoyo, contacte con uno de los colectivos de solidaridad
con los zapatistas.
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