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Agrupación de Fuencarral-El Pardo

 

 

 

JUVENTUD Y COMUNISMO

"Cuando todo se puede decir, la forma de censura es el consenso"
Hechos contra el Decoro

1. SITUACIÓN ACTUAL

El primer problema que se nos plantea al hablar de juventud es decidir a qué edades vamos a considerar dentro de este grupo social. Actualmente y de forma más o menos acordada, se define como joven a todo aquel que esté entre los quince y los treinta años. Con esta única característica en común, podemos anticipar que la heterogeneidad dentro de tal categoría social será enorme, y que quizá otras variables, como el acceso a los recursos (económicos, sociales, culturales, etc.) o circunstancias biográficas (estudiar-trabajar, ser mujer, nacionalidad y lugar de procedencia, etc.) sean más diferenciadoras que la edad. Asumiendo las limitaciones de tal clasificación (¿impuesta y útil a determinados intereses?), los jóvenes pueden tener, por su edad, necesidades, valores, comportamientos y formas de participación social y política específicas.

La juventud actual dice preocuparse (encuesta del CIS de septiembre de 2004), por el paro, el terrorismo, la vivienda y la inseguridad ciudadana (por orden de importancia). En cambio, son problemas poco destacados los relacionados con la mujer (excluida la violencia de género), el funcionamiento y la cobertura de los servicios públicos, el racismo o el medio ambiente.

Según el Informe de la Juventud en España (INJUVE, 2004), los valores preferentes de los jóvenes son la tolerancia, la honradez y la responsabilidad; y dan especial importancia a las relaciones interpersonales y al estado personal como causas de su felicidad. La variable "asuntos colectivos" ha ido perdiendo relevancia en los últimos años hasta prácticamente desaparecer.

Algo más de un 30% de los jóvenes no se definen en cuanto a su ideología política. Un 74% manifiesta tener poco o nada interés en la política (18% bastante, 5% mucho). En el mismo sentido, el 74% de la juventud afirma que no militaría en ningún partido, sólo un 1% tiene ya un papel activo.
Respecto a las formas de participación, prefieren las actuaciones más informales, menos duraderas y que implican menos compromiso, como firmar en una recogida de firmas, participar en manifestaciones o llevar pegatinas.
Nos encontramos, por tanto, ante una juventud preocupada por los problemas que les afectan personalmente y por aquellos destacados por los medios de comunicación (como el terrorismo o la inseguridad ciudadana). Los valores (confesados) que parecen guiar su conducta, aunque están implicados en las relaciones personales, no están orientados a la colectividad. Y, en la misma línea, consideran que su felicidad se basa en su entorno más inmediato, perdiendo nuevamente la perspectiva de algo más colectivo.

Más alarmante aún es el desinterés por la política, cuando esta atañe directamente a cualquier aspecto de la vida de cualquier persona: la educación, la salud, las oportunidades laborales, el acceso a la vivienda...; incluso las relaciones personales están marcadas por los valores que se promueven en un sistema político-económico determinado. Sería interesante conocer el concepto de política que maneja la juventud y los significados que se le atribuyen para poder comprender el por qué de esta indiferencia. Como cualquier concepto, su definición individual está influida por las definiciones que se hagan en los entornos más inmediatos (familia, grupo social de referencia, centro educativo) y en los más lejanos (medios de comunicación, por ejemplo).
Por supuesto, este desinterés por la política se manifiesta en un desinterés por participar en ella y, si se hace, es con una elevada falta de compromiso a través de acciones puntuales.

2. EXPLICACIONES A LA SITUACIÓN ACTUAL

¿Cuáles son, entonces, las causas de esta situación?. Podemos hipotetizar diversos factores a tener en cuenta si queremos promover la reflexión, la crítica y la movilización juvenil:

- El desconocimiento o el conocimiento desvirtuado de numerosas situaciones de injusticia y de la relación entre estas y el sistema político-económico. Para obtener visiones de la realidad distintas a las difundidas por los medios de comunicación de masas se hace necesaria una búsqueda activa que la juventud actual no realiza por la misma "apatía"que la acompaña.
- La falta de motivación y compromiso. Valores y principios de comportamiento que ayudan a mantener el sistema, tales como el consumismo, la orientación a resultados (que además sean inmediatos), el individualismo, la falta de reflexión y crítica..., explican que la mayoría de los jóvenes se preocupe únicamente por aquello que le afecta personalmente y sitúe la solución de estos problemas en el plano personal y no en el colectivo.
Unido a esto, parece haber una serie de presunciones extendidas desde distintas organizaciones sociales (formales e informales) y asumidas con demasiada facilidad, referidas a que la situación no es tan negativa, que los cambios acontecerán sin necesidad de hacer nada o, aún más paralizante, que los cambios son imposibles y las alternativas inviables.
Por último, convendría tener presentes todos los significados negativos que se asocian habitualmente a formar parte de una organización política: la búsqueda de intereses personales, el "amiguismo", la corrupción, las luchas de poder, etc.
- Las dificultades de participación: dónde, cuándo, cómo. No existen apenas espacios, no ya virtuales, sino físicos, donde los jóvenes puedan desarrollar esta participación. Las mismas condiciones laborales dificultan en muchas ocasiones la movilización social y política continuada. Y ni se fomenta, ni se enseña a crear y formar parte de organizaciones alternativas a las establecidas.

3. VIAS PARA EL CAMBIO

Una vez esbozadas las posibles causas, proponemos a continuación, vías de cambio:

- En primer lugar, es imprescindible la difusión de información ignorada o adulterada en los medios de comunicación de masas.
- Creación y mantenimiento de espacios de debate, desde los que los jóvenes puedan reflexionar, aportar ideas e iniciar la movilización.
- Establecer vías de comunicación con ellos (intercambio, aportación de ideas y de nuevas energías).
- Debemos plantearnos también la sustitución de los valores imperantes en nuestro sistema. Aunque este sea un objetivo a largo plazo, debe empezar a trabajarse ya desde cualquier ámbito en el que participemos (trabajo, relaciones personales, etc.)
- En la misma línea, en referencia a ideas asumidas que puedan estar impidiendo la participación de nuestros jóvenes, es imprescindible desmontar los mitos que en torno a dicha participación se extienden interesadamente.
- En vista de la escasa motivación para todo lo que tenga tintes de colectivo, el acercamiento quizá debería hacerse a partir de aquello que afecte personalmente a los jóvenes, con formas puntuales (más a largo plazo, sostenidas) de participación. En este sentido, deben realizarse actuaciones conjuntas con otros movimientos sociales en los que participa la juventud (por ejemplo, movimiento antiglobalización).


4. RELACIÓN PCE-UJCE

Planteamos que la relación entre UJCE y PCE sea de autonomía organizativa pero de referencia recíproca. Las visiones que ambas organizaciones aportan pueden ser complementarias y, cuando no lo sean, convertirse en un debate a través del que se superen dificultades.
El PCE debe ser un ejemplo organizativo en el sentido de que se aplique en el mismo partido aquello por lo que se lucha. No puede ser un espacio más donde se reproduzcan las relaciones que existen en una sociedad capitalista.
El partido ha de aportar formación y experiencia a sus jóvenes y estos renovación de ideas y de participantes.
Se hace necesaria la creación de una tradición de lucha, desde la que se facilite el acceso de los jóvenes a la militancia. Sabemos que ahora debemos ser nosotros los que tomemos la iniciativa pero el camino será continuado por los jóvenes si logramos iniciar este espíritu.