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COMUNISMO: UNA RAZÓN APASIONADA Comunismo: una razón apasionada. Porque no es un deseo, ni un objetivo que tengamos a posteriori que justificar, sino el fruto (construcción) de lo que sólo a través de un trabajo común y solidario de clarificación, de persuasión y de educación recíproca nacerá (Gramsci). Estas dos concepciones de la lucha (la segunda revolucionaria y la primera idealista y reformista) son las que nos encontramos en la actualidad. La evolución cuantitativa de las izquierdas reformistas les ha encallado en la inevitable costa cualitativa de la filosofía, política, economía, educación y lucha burguesas. Ya llegó: algunos más "miopes" fingían no verlo. Otros, como al Rey Desnudo, vieron la evolución (de I.U., el Partido y CC.OO. ) mientras se reían en su cara cuando desfilaban investidos de las ropas invisibles de "rojos"... Si bien la Historia es al mismo tiempo libertad y necesidad (Gramsci), remueve las entrañas el uso de ésta, su libertad. Tenemos casi esa sensación extraña "como de haber soñado" momentos en que aún la dirección de este Partido transcribía palabras como "socialismo" o "comunismo" y se aludía como objetivo posible a ese momento descrito por Engels en Anti-Dühring: "el primer acto en que el Estado (Socialista) se manifiesta efectivamente como representante de la sociedad, la expropiación de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado". En un documento congresual de un partido comunista resultaría sorprendente la ausencia de la palabra (y más aún de las tácticas y estrategias hermanadas a ella) "Revolución".
El discurso de Un Solo Mundo Posible es el discurso de la negación del posicionamiento, del punto de vista, de la perspectiva y por ende del criterio. Al capital le es imprescindible. De qué otro modo sería legitimable el distanciamiento entre las salvajes estrategias de incremento del plusvalor y las justificaciones aportadas? No hay más legitimación que el discurso de la falsa "única viabilidad." La viabilidad de las invasiones y expolios de países, de las privatizaciones de lo que la clase obrera ha tardado décadas en conquistar, de la progresiva reducción legislativa de los derechos de los obreros, de la violencia estatal burguesa pre-voluntaria y la criminalización de la queja y la lucha en cualquiera de sus formas.
Por descarte, no necesitamos un partido socialdemócrata con nombre revolucionario. Necesitamos clarificación. Desde luego, no necesitamos dejarnos llevar por las mistificaciones (Marx) que la burguesía progresista de nuestros órganos de dirección hace de nosotros cuando sonríe y afirma "sería estupendo poder luchar por la Revolución, pero es que no podemos. No te niegues a ver lo obvio". Un partido como el actual no es solamente inútil para nuestra lucha sino también perjudicial si lo utilizamos como fetiche. El partido sólo tiene sentido si es un instrumento de educación socialista, ya que "sin esta arma el Partido no existe, y sin Partido ninguna victoria es posible" (Gramsci). Pero tampoco se trata de confiar en la espera de que toda la clase obrera presente espontáneamente modificaciones de su conciencia porque "la conciencia de la clase como tal se modificará sólo cuando haya sido modificado el modo de vivir de clase misma, es decir cuando el proletariado se haya convertido en clase dominante" (Gramsci). La fisonomía del partido debe ser determinada por las características concretas, actuales, de las transformaciones sociales y productivas. Siguiendo los criterios marxistas-leninistas de análisis concretos para situaciones concretas, de multicausalidad en los análisis, el partido deberá "encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden- y por su situación deben- constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo" (Lenin). Sin embargo, nos faltan este tipo de análisis. Reclamar formación para los camaradas no es un hábito más o menos culturalista ni tampoco es que la exijamos porque creamos que es un acto de buena voluntad. Es imprescindible para rescatarnos de nuestra orfandad ideológica, para la creación y desarrollo de tácticas y estrategias concretas. Para muchos camaradas, los que llevan menos de quince o veinte años militando, se hace extraño incluso poder imaginar el tener la costumbre del análisis y el debate para la acción. La tarea formativa es un eje que mantiene un funcionamiento paralelo al del resto de actividades del Partido. Es decir, nulo. Vacío. Inexistente. Perdón, la Fiesta y los congresos! Las pocas agrupaciones, con pocos militantes habitualmente, que mantienen un funcionamiento constante tienen la percepción de ser islas dispersas. No hay vertebración de Partido. No existen los Comités Centrales más que nominalmente... Y discutir de palabras que no refieren a hechos no es más que mera escolástica (Gramsci). |