A lo largo de toda la historia de la humanidad siempre ha habido en culturas diversas un interés denodado por mostrar lo peligroso que era pensar por uno mismo.

 

“No está bien robar el fuego a los dioses”

 

“No está bien comer la manzana”

 

“No está bien leer”

 

“No está bien mirar por el telescopio”.

 

Desde que los cristianos mataron a Hipatia de Alejandría arrancándole la piel con caracolas, hasta la quema de Giordano Bruno o la condena de Galileo, siempre han estado los que intentaban explicarse la realidad, razonar, demostrar, y los sacerdotes, mandatarios, etc interesados en que no se razone, se demuestre, se decida...

 

Aceptar el razonamiento como modo de explicarse la realidad tiene sus riesgos, porque conviertes a los otros en interlocutores válidos en tanto seres racionales, interlocutores que con independencia de su clase social, de su dinero, de su sexo, pueden argumentar mejor que tú, mostrar tus contradicciones, etc.

 

En el siglo XVIII los ilustrados de toda Europa, llegaron a dos conclusiones sencillas pero extraordinarias para su tiempo.

1. La historia es obra de los seres humanos, y estos pueden cambiarla.

2.Todas las personas han sido igualmente dotadas de razón y pueden hacer uso de ella para organizar la sociedad de una manera más justa.

En este contexto cobra gran importancia la educación como forma de extensión del conocimiento. La representación más clara es la elaboración de La Enciclopedia.

La Ilustración nace en Inglaterra ya en el siglo XVII con la denominada Gloriosa revolución que desemboca en una monarquía parlamentaria. En este país, los teóricos ilustrados (Locke, Hume) defienden un pensamiento eminentemente liberal que se opone al absolutismo y defiende la libertad religiosa y en general las libertades individuales, incluida eso sí, dentro de estas libertades, la propiedad privada.

En el s. XIX, Adam Smith, desarrolla su pensamiento teórico en el libro “ensayo sobre el origen de la riqueza de las naciones”. Adam Smith defiende que la riqueza de una nación no está en la cantidad de minerales preciosos que atesore, sino en su capacidad productiva. Adam Smith va a defender la idea de que el mercado se regula a si mismo, más conocida como teoría de la mano invisible.

. Adam Smith desarrolla un pensamiento argumentativo que permite ser criticado por Marx, como puede verse en la disputa sobre la teoría económica.

Adam Smith, defiende la idea de que el trabajo es la unidad invariable con la que se puede medir el valor de las mercancías. Así en la medida en que un trabajador desarrolla una única actividad, o produce una única cosa, utiliza el excedente de su trabajo para comprar otros bienes que son fruto del trabajo de otros trabajadores. Desde este punto de vista, la cantidad de trabajo empleada equivaldría al valor de la mercancía, de modo que habría una relación directa entre el trabajo y el salario, y a su vez entre el salario y los precios. De este modo defendía Adam Smith que el mercado podía regularse a si mismo como un intercambio libre de productores que garantizaría el enriquecimiento cada vez mayor de una nación, aumentando su capacidad productiva, desde la búsqueda por parte de cada individuo de obtener la mayor riqueza, lo cual le llevaría a producir del modo más adecuado.

"Cada individuo está siempre esforzándose para encontrar la inversión más beneficiosa para cualquier capital que tenga [...] Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en su propósitos [...] Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo. "

Adam Smith “La riqueza de las naciones”

 

Sin embargo, Marx muestra, con la distinción entre valor de uso y valor de cambio, y con el concepto de plusvalía. En primer lugar, que el valor de un bien, no se corresponde en la sociedad capitalista con la cantidad de trabajo que lleva ese bien, sino con la demanda del mismo, la cual determina su valor de cambio. Así, en el capitalismo, se puede generar riqueza individual produciendo productos cuyo valor de uso, su valor para mejorar la vida, es completamente superfluo, pero que son muy demandados o bien son muy escasos. Por otra parte, puede haber población que carezca de los productos básicos, pero como no tiene capacidad de compra, no interesa satisfacer sus necesidades.

En cuanto al concepto de plusvalía, Marx demuestra que en la sociedad capitalista, el trabajo es una mercancía más, que el capitalista compra al trabajador como si se tratara de una herramienta más de la producción, y se lo compra al precio mínimo para que el trabajador se alimente y reproduzca. A partir de ahí, todo el aumento de valor que va desde la materia prima al producto manufacturado, descontando gastos, entre ellos el propio trabajador, es ganancia para el capitalista.

De este modo, si el trabajador con 12 horas de trabajo produce X ganancia para el capitalista, solo recibe la parte proporcional a dos horas de trabajo, es decir, el resto del tiempo trabaja a cambio de nada.

Los trabajadores no intercambian su trabajo porque en el capitalismo no son dueños de su trabajo .

Esto demuestra cómo el mercado por si mismo no produce equilibrio, sino enormes desequilibrios, cómo no podemos hablar de un intercambio libre de productores, sino de dos clases sociales en contradicción, los poseedores de los medios de producción y los trabajadores. Pero esta crítica marxista es posible, porque la propia propuesta liberal es argumentativa y no alude a causas metafísicas ni a sensaciones subjetivas. De hecho lo que hizo Marx toda su vida fue polemizar racionalmente y destripar las leyes del capitalismo y esto pudo hacerlo desde un contexto racionalista.

 

Dijimos que la Ilustración nace en Inglaterra pero enseguida se extiende a Francia, donde desarrollan su pensamiento Rousseau, Montesquieu, Voltaire o Diderot.

Rousseau por ejemplo, identifica el origen de la desigualdad entre los hombres en la propiedad privada, aunque no critica la propiedad privada vigente en su sociedad, sino que la considera necesaria.

Montesquieu elabora la teoría de la división de poderes, que aún en nuestro país no se da.

Sin embargo, hasta el s. XIX no se desarrolla lo que llamaríamos el socialismo francés. De la mano de autores como Saint Simon. Estos autores defienden la mejora de las condiciones de vida por parte de la clase obrera, pero no desde la idea de lucha de clases, sino desde formas de organización que cuentan con “las buenas intenciones” de los industriales. Del mismo modo, en Inglaterra se dan movimientos como el Owenismo (cooperativismo) o el ludismo( movimiento antimáquina) que son expresión de la toma de conciencia del mov obrero sobre su explotación, pero aún no, de su poder social como productores, de su poder revolucionario.

"La Asamblea Constituyente quiso librar a la sociedad del Clero, de la nobleza y del orden judicial. Para alcanzar tal finalidad hizo uso de su poder constituyente y declaró que la nobleza, el clero y el poder judicial quedaban suprimidos, en tanto que corporaciones encargadas de administrar los asuntos generales; pero al no sustituir la Asamblea Constituyente la acción política ejercida por los privilegiados, por otra acción, se encontró con que las instituciones que había pretendido suprimir no quedaron suspendidas.

 

La Convención se dio cuenta de la falta cometida por la Asamblea Constituyente ; quiso repararla pero utilizó un mal método. Se dio cuenta de que era preciso sustituir las instituciones del clero, de la nobleza y del orden judicial por otras instituciones; pero en vez de sustituirlas por instrumentos más adecuados al actual estado de las luces y de la civilización, trató de hacer revivir las instituciones de los romanos que resultaban, con respecto a la civilización actual, mucho más atrasadas que las del feudalismo.

 

Éstas son, señor, las principales faltas cometidas en los tres ataques más importantes que se han dirigido contra las instituciones del clero, de la nobleza y del orden judicial.

 

El único medio de aniquilar esas instituciones consiste en sustituirlas por otras más adecuadas al estado de conocimientos adquiridos y a los hábitos contraídos. .

 

Es preciso organizar una nueva doctrina: la antigua había basado la moral en creencias; la nueva debe basarla en la demostración de que todo lo que es útil a la especie es útil a los individuos y, recíprocamente, todo lo que es útil al individuo lo es también a la especie; y el nuevo código moral debe ser integrado por aplicaciones de este principio general a todos los posibles casos particulares.

 

La antigua doctrina había constituido la sociedad en interés de los gobernantes; la nueva debe crear una asociación en interés de la mayoría de los asociados. La antigua doctrina encargaba fundamentalmente a los gobernantes que mandaran; la nueva debe atribuirles como principal condición la buena administración, debe encargar a la clase de ciudadanos más capacitada administrativamente que dirija los asuntos públicos.

 

La antigua doctrina había construido en un principio el orden judicial para explotar una rama de los ingresos señoriales; la nueva debe determinar que la principal función de los jueces consiste en conciliar a las partes.

 

Por último, el antiguo código civil tuvo por objeto asegurar, en la medida más amplia posible, las propiedades en manos de las familias que las poseían, y el nuevo debe proponerse un fin absolutamente contrario, el de facilitar a todos aquéllos cuyos trabajos son útiles para la sociedad, los medios de convertirse en propietarios.

 

 

 

Señor, como resultado final del proceso de la civilización hasta nuestros días, las instituciones del clero, de la nobleza y del orden judicial se hallan sometidas al examen de la filosofía positiva: de sus manos saldrán necesariamente reducidas a polvo. La filosofía positiva impondrá silencio a los leguleyos políticos: otorgará a la fuerza industrial todos los poderes que las instituciones teológicas y feudales han ejercido, y cuya conservación podrá ser útil para el mantenimiento del orden; relegará las viejas instituciones a un pasado político que ya no ha de volver; y allí figurarán con los mismos derechos que la división de los lacedemonios en Esparcíatas e Ilotas, que la de los romanos en patricios y plebeyos, y que la de nuestra nación en francos y galos. "

 

(Saint Simon “El sistema Industrial”)

 

 

"A los superintendentes de fábricas y a aquellos individuos en general que por dar empleo a una población agrupada pueden fácilmente adoptar los medios para formar los sentimientos y el comportamiento de dicha población.

 

 

 

Como ustedes, soy un fabricante que persigue un beneficio pecuniario. Pero habiendo actuado durante muchos años basado en principios en muchos aspectos inversos a aquellos en que ustedes han sido instruidos, y habiendo encontrado que mi proceder era beneficioso para otros así como para mí mismo, incluso desde un punto de vista pecuniario, quiero explicar estos valiosos principios, para que ustedes, así como aquellos que se encuentran bajo su influencia, puedan compartir sus ventajas.

 

En dos Ensayos, ya publicados, he desarrollado algunos de estos principios y en las páginas siguientes podrán encontrar la explicación de otros, con algunos detalles de su aplicación en la práctica bajo las peculiares circunstancias locales en que yo asumí la dirección de las Fábricas y Establecimientos de New Lanark.

 

Por estos detalles, ustedes verán que, desde el comienzo de mi dirección, consideré a los trabajadores, junto con los mecanismos y todas las otras partes del establecimiento, como un sistema compuesto por muchos elementos. Era mi obligación y mi interés combinarlos para que cada trabajador, así como cada resorte, cada palanca y cada rueda pudieran realmente cooperar con el fin de producir el mayor beneficio pecuniario para los propietarios.

 

Muchos de ustedes han experimentado, en los procesos de fabricación, las ventajas de una maquinaria bien diseñada y bien construida.

 

La experiencia también les ha demostrado la diferencia en los resultados entre un mecanismo limpio, bien cuidado y que siempre funcione correctamente, y aquel que está sucio, desordenado, sin los medios para prevenir la fricción innecesaria y que por lo tanto se deteriora y funciona mal.

 

En el primer caso toda la economía y la dirección son correctas, cada operación se lleva a cabo con facilidad, orden y éxito. En el último caso, se produce lo contrario, la escena se presenta llena de retrasos, confusión e insatisfacción entre todos los agentes e instrumentos interesados u ocupados en el proceso general, cosa que seguramente creará grandes pérdidas.

 

Por lo tanto, si dedicar el debido cuidado al estado de sus máquinas inanimadas puede producir resultados tan beneficiosos, ¿qué no puede esperarse si dedican la misma atención a sus máquinas vitales que están mucho más maravillosamente construidas?

 

Cuando ustedes adquieran un conocimiento correcto de éstas, de sus curiosos mecanismos, de sus poderes de autoajuste; cuando el resorte principal adecuado se aplique a sus variados movimientos, ustedes serán conscientes de su valor real y pronto se verán inducidos a dirigir sus pensamientos con mayor frecuencia de las máquinas inanimadas a las máquinas vivas; descubrirán que estas últimas pueden prepararse y dirigirse con mayor facilidad para obtener un mayor aumento de beneficio pecuniario, a la vez que podrán conseguir de ellas una alta y substancial gratificación.

 

¿Continuarán ustedes, entonces, gastando grandes sumas de dinero en conseguir el mecanismo de madera, bronce o hierro mejor diseñado, para mantenerlo en perfecto estado, suministrarle la mejor sustancia para evitar la fricción innecesaria y evitar que caiga en un desuso prematuro?

 

¿Dedicarán, también, años de intensa aplicación para entender la conexión de las diversas partes de estas máquinas sin vida, para mejorar su potencia efectiva y calcular con precisión matemática todos sus movimientos minuciosos y combinados?

 

Y cuando en estas transacciones estimen el tiempo por minutos, y el dinero gastado por la posibilidad de una ganancia mayor por fracciones, ¿no podrán dedicar parte de su atención a considerar si una porción de su tiempo y su capital no podría aplicarse más ventajosamente a mejorar la maquinaria viva?

 

Por mi experiencia, que no puede engañarme, me aventuro a asegurarles que su tiempo y su dinero aplicados de esta forma, si están dirigidos por un verdadero conocimiento del tema, les rendirán no cinco, diez quince por ciento de sus capitales invertidos sino con frecuencia cincuenta y en muchos casos el cien por cien.

 

He invertido mucho tiempo y capital en la mejora de la maquinaria viva; y el tiempo y el dinero invertidos de esta manera en la fábrica de New Lanark, incluso mientras estas mejoras sólo están en parte realizadas, y sólo se han obtenido la mitad de sus efectos favorables, ya están produciendo un rendimiento mayor del cincuenta por ciento, y en poco tiempo crearán rendimientos iguales al cien por cien sobre el capital original invertido en ellas.

 

Ciertamente, después de experimentar los efectos favorables, debidos al cuidado a la atención de los implementas mecánicos, para una mente reflexiva resulta fácil concluir de inmediato que por lo menos puede obtenerse una ventaja igual con la aplicación de un cuidado y una atención similares a los instrumentos vivos. Y cuando se percibió que el mecanismo inanimado se mejoraba grandemente mediante una construcción sólida y fuerte; que la esencia de la economía consistía en mantenerlo limpio y bien cuidado, suministrándole regularmente la mejor sustancia para evitar la fricción innecesaria y con una provisión adecuada con el objeto de mantenerlo en buen estado; resulta natural concluir que el mecanismo vivo, más delicado y complejo se podrá igualmente mejorar preparándolo para la fuerza y la actividad; y que también resultará ser una verdadera economía mantenerlo limpio y bien cuidado; tratándolo con consideración, que sus movimientos mentales no han de experimentar una excesiva fricción irritante; esforzarse por todos los medios en hacerlo más perfecto; proporcionarle regularmente una cantidad suficiente de alimentación sana y otras cosas necesarias para la vida, que el cuerpo pueda preservarse en perfectas condiciones de trabajo y evitando así que funcione mal o que pueda caer prematuramente en desuso.

 

La experiencia demuestra que estas previsiones resultan acertadas.

 

Desde la introducción generalizada de mecanismos inanimados en las fábricas británicas, el hombre, con pocas excepciones, ha sido tratado como una máquina secundaria e inferior; y se ha prestado mucha más atención al perfeccionamiento de la materia prima de la madera y los metales que del cuerpo y a la mente. Presten la debida atención al tema y encontrarán que el hombre, incluso como un instrumento para creación de la riqueza, puede mejorarse aún mucho más.

 

Pero, amigos míos, aún queda por considerar un aspecto mucho más interesante y gratificante. Adopten los medios que dentro de poco todo el mundo considerará obvios, y no sólo conseguirán mejorar parcialmente estos instrumentos vivos sino que también aprenderán cómo impartirles esa excelencia que los haga infinitamente superiores a los del tiempo presente y de todas las épocas anteriores.

 

Por lo tanto, aquí nos encontramos con un objeto que realmente merece su atención; y, en vez de dedicar todas sus facultades a inventar mejores mecanismos inanimados, dirijan los pensamientos, al menos en parte, a descubrir cómo combinar los materiales aún más perfectos de cuerpo y mente, que por medio de un experimento bien diseñado, podrán ser progresivamente mejorados.

 

Viéndolo así con claridad meridiana, convencido con la certeza de la misma convicción, no perpetuemos los males realmente innecesarios que nuestra práctica presente inflige a esta gran proporción de compatriotas nuestros. Incluso si sus intereses pecuniarios se vieran de alguna manera perjudicados por adoptar la línea de conducta que ahora es tan necesaria, muchos de ustedes poseen tanta riqueza que el gasto de fundar y continuar en sus respectivos establecimientos las instituciones necesarias para mejorar sus máquinas animadas ni siquiera se sentirá. Pero cuando tengan la demostración ocular de que, en vez de una pérdida pecuniaria, una atención adecuadamente dirigida a la formación del carácter y el aumento del bienestar de aquellos que están completamente a su merced, aumentará de forma esencial sus ganancias, prosperidad y felicidad; verán que no existe razón alguna, excepto aquella basada en la ignorancia de su propio interés, para que en el futuro no dediquen su mayor atención a las máquinas vivas que ustedes emplean. Y al hacerlo evitarán un aumento de la miseria humana, de la que ahora difícilmente podemos hacernos idea.

 

Que puedan ustedes quedar convencidos de esta valiosa verdad, la cual si reflexionan debidamente se les mostrará fundada en la evidencia de hechos innegables, es el deseo sincero de el Autor “

(Owen; prefacio al tercer ensayo para A New View of society)

 

Esto es lo que Marx va a añadir precisamente. El concepto de lucha de clases y que solo desde la apropiación por parte de la clase trabajadora de los medios de producción, se puede poner la riqueza fruto del trabajo al servicio de los productores. Así Marx defiende la idea del proletariado como sujeto revolucionario. No se trata de convencer al empresario de que trate bien a sus obreros, sino de que los obreros sean los dueños de su trabajo. En los otros autores había muchos elementos de despotismo ilustrado que Marx critica; nunca la clase oprimida va a ser liberada por la clase opresora (ejemplos: revolución francesa, revolución de 1848...)

En cuanto a Alemania, en este país, la Ilustración es más tardía, y más circunscrita al ámbito Académico. La tradición Ilustrada Alemana desemboca en el s XIX en Hegel, del que Marx toma la idea de la dialéctica.

Para Hegel, la dialéctica es un proceso dinámico de la razón absoluta,en el cuál hay tres momentos. Un momento en que la realidad es algo externo, enajenado, sin ningún razonamiento que se reconozca en ello (ser ahí), un momento en que se toma conciencia de la racionalidad de la realidad, y un momento en que la razón se libera de sus ataduras al ser consciente de que ella misma en tanto creadora de ideas es la creadora de realidad (ser para sí), que todo lo real es racional, y por lo tanto todo puede comprenderse. Para entendernos, a lo largo de la historia, los hombres van tomando conciencia de su capacidad como seres racionales hasta liberarse de dogmatismos y supersiticiones y llegar a una comprensión real de su propia capacidad, haciéndose señores de si mismos y del mundo como parte de la razón absoluta. En este proceso dinámico, los hombres reconocen que lo real, la verdad, es la razón, que es la que produce la realidad.

Hegel descubre la historia como algo dinámico, no lineal, en el que la contradicción forma parte del movimiento continuo. Sin embargo, como Marx decía, la dialéctica hegeliana estaba invertida, porque no se aplicaba a la realidad sino al pensamiento. Lo que Marx hace es ponerla con los pies en suelo, afirmando que no es la razón la que determina la realidad, sino que es la realidad la que determina la razón.

Para Hegel, todo este proceso se da en el ámbito del pensamiento. Lo que Marx critica, haciendo ver que el proceso dialéctico es material, que son las condiciones materiales en que se desarrolla una época histórica las que dan lugar a una determinado pensamiento, que en cada época, el proceso se da a través siempre de un conflicto entre poseedores y desposeidos y que cuando el modo de producción entra en contradicción, las ideas de la clase dominante caen. Marx demuestra, que para modificar el pensamiento hay que modificar las condiciones materiales de la gente; que si la liberación es sólo en el terreno de las ideas, no abarca más que a la clase burguesa.

Para Hegel el s. XIX era la culminación cultural del progreso; Marx destapa que esa culminación cultural no es sino la superestructura de una sociedad radicalmente injusta en la que la inmensa mayoría de los hombres no son tratados como seres dotados de razón , sino como meras herramientas. Lo que Marx dice es que la liberación del hombre, conlleva la transformación de su vida material.

“Los filósofos se han encargado de analizar la realidad, de lo que se trata es de cambiarla”

 

«La única idea que aporta la filosofía es la simple idea de la Razón -la idea de que la Razón gobierna el mundo y que, en consecuencia, la historia universal se desarrolla también racionalmente-. (...) La Razón -y aquí podemos atenernos a este término sin detenernos a insistir en su relación con Dios- es sustancia, potencia infinita, materia infinita de toda vida natural o espiritual; y también forma infinita, la realización de su propio contenido. La Razón es la sustancia, es decir, aquello por lo cual y en lo cual toda realidad encuentra su ser y su consistencia. (...) Ella se nutre de sí misma, y es ella misma el material que elabora. Ella es su propio supuesto, y su fin es el fin absoluto. Y por lo mismo, ella realiza de por sí su finalidad y la hace pasar del interior al exterior no solamente en el universo natural, sino también en el universo espiritual -en la historia universal-. La Idea es lo verdadero, lo eterno, la potencia absoluta. La Idea se manifiesta en el mundo y nada se manifiesta en éste que no sea ella, su majestad y su magnificencia». (HEGEL, "Lecciones sobre filosofía de la historia")

 

“Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y ligado a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellos correspondan, pierden, así, la apariencia de su propìa sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y trato material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia.” (La ideología Alemana)

“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social”

(Introducción Crítica a la economía política)

 

Tal como dice Lenin en su artículo “las tres fuentes del marxismo”. La raíz del marxismo es eminentemente racionalista y materialista, y precisamente, partiendo ya de por si de fuentes inmersas en el racionalismo , se dedica a criticar los restos de idealismo que hay en ellas, denunciando como todos sabemos, que sólo cambiando las condiciones materiales en que viven las personas, se puede cambiar la sociedad, y que las meras ideas si no se traducen en una acción transformadora, no cambian el estado de cosas.

Sin embargo, en el s. XX, en la medida en que el pensamiento racionalista desarrollado por Marx es enormemente potente y además tiene consecuencias políticas reales, la burguesía, renuncia al racionalismo.

El filósofo húngaro Luckacs, en su obra “el asalto a la razón” defendía la siguiente tesis: del mismo modo que en el s. XVIII la burguesía quiso superar al antiguo régimen y acabar con las estructuras de la sociedad feudal, y para ello se sirvió del racionalismo, en tanto, la argumentación y la investigación científica mostraban que la ideología medieval era radicalmente erronea, en el siglo XX deja de interesarles el ejercicio de un pensamiento libre y crítico, dado que este ha cobrado en el marxismo la fuerza suficiente para mostrar las contradicciones de la sociedad capitalista. Por ello, a lo largo del s. XX la burguesía propone un tipo de pensamiento más vitalista, subjetivista, relativista, que no cuestiona el orden económico existente.

Un ejemplo claro de este tipo de pensamiento es el de Nietzsche, con su desprecio al uso de la razón. Para Nietzsche no es una manifestación de la voluntad de poder, y el haber dotado a la masa de la creencia errónea según la cual, son interlocutores racionales válidos, hunde a las sociedades en la mediocridad. La civilización progreso gracias a personajes sobresalientes, a los que no siguen el rebaño, a los grandes líderes.

“La formación más general, es decir, la barbarie: he ahí la premisa del comunismo... La cultura general se torna en odio contra la verdadera cultura...No tener necesidades, es para el pueblo, la mayor desgracia, ha dicho en una ocasión Lassalle. De aquí las asociaciones de cultura obrera, cuya tendencia me han dicho en repetidas ocasiones es la de crear necesidades...Por tanto, el impulso por generalizar todo lo posible la cultura tiene su fuente en la más completa secularización, en la supeditación de la cultura como medio al lucro, a la dicha terrena, entendida de un modo tosco” (Sobre el porvenir de nuestros establecimientos de enseñanza; Nietzsche)

“En los tiempos modernos, no es el hombre ávido de arte, sino el esclavo el que determina las ideas generales. Fantasmas como los de la dignidad del hombre y la dignidad del trabajo son los frutos mezquinos de una esclavitud que se esconde de sí misma. Desventurados tiempos, éstos en los que el esclavo emplea tales conceptos, en que se le acicatea a meditar acerca de sí mismo y por encima de él! Desdichados seductores, estos que han echado a perder el estado de inocencia del esclavo con los frutos del árbol del conocimento” (La genealogía de la moral; Nietzsche)

El discurso de Nietzsche, ya no va a ser un discurso sistemático, sino aforístico, poético. Nietzche desprecia la lógica como un “aprisionamiento de lo vital”, y desprecia a la masa como sujeto de la mediocridad. Este discurso es muy atrayente para el que lo lee porque suele identificarse con “el diferente”, “el especial”, “el que no es masa”.

Otro gran representante de este tipo de pensamiento es Spengler

“Desde Smith hasta Marx todos han practicado el análisis del pensamiento económico de una sola cultura y en un solo período de su desarrollo. Es un análisis totalmente racionalista y parte, por lo tanto, de la materia y sus condiciones, de las necesidades y de los estímulos, en vez de partir del alma de las generaciones, clases, pueblos y de su fuerza morfogenética. Considera al hombre como un elemento más de la situación e ignora la gran personalidad y la voluntad histórica de individuos y grupos enteros, que en los hechos económicos ven medios y no fines. Considera la vide económica como algo que puede explicarse sin residuo, por causas y efectos visibles, algo que está dispuesto mecánicamente y encerrado en sí mismo, manteniendo cierta relación causal con los círculos de la política y de la religión—que también son pensados en si mismos—. Esta manera de consideración es sistemática, no histórica; por eso cree en la validez intemporal de sus conceptos y reglas y tiene la ambición de establecer la única regla justa de «la» economía. Por eso dondequiera que sus verdades han entrado en contacto con los hechos han tenido que sufrir un perfecto fracaso, como ha sucedido igualmente con las profecías sobre el estallido de la guerra por teóricos burgueses y con la institución de la Rusia soviética por los teóricos proletarios.”

“Pero la economía de la civilización europeo-americana está, por el contrario, fundada en un trabajo que se caracteriza únicamente por su rango interior, más que en Egipto y en China, y no digamos en la Antigüedad. No en vano vivimos en un mundo de dinamismo económico: el trabajo de los individuos no es un sumando euclidiano, sino que se encuentra en relación funcional. El trabajo de mera ejecución—único que Marx conoce—no es más que la función de un trabajo inventivo, ordenativo, organizador, que da al primero sentido, valor relativo y, en general, la posibilidad de ser realizado. Toda la economía mundial, desde la invención de la máquina de vapor, es creación de un pequeñísimo número de cabezas superiores, sin cuyo trabajo superiormente valioso lo demás no existiría. Pero este rendimiento es pensamiento creador, no es un «cuanto» [351], y su precio, por lo tanto, no consiste en cierto numero de monedas; más bien dijéramos que es dinero, dinero fáustico, que no es acuñado, sino pensado como centro de acciones, un centro que surge de una vida cuyo rango interior eleva el pensamiento a la significación de un hecho. El pensamiento en dinero produce dinero: este es el secreto de la economía mundial. Cuando un organizador de gran estilo escribe un millón en un papel, el millón existe, pues su personalidad como centro económico garantiza una correspondiente elevación de la energía económica de su esfera. Esto y no otra cosa significa para nosotros la palabra crédito. Pero todas las monedas del mundo no bastarían para dar sentido y, por tanto, valor de dinero a la actividad del trabajador manual, si con la famosa «expropiación de los expropiadores» fueran las capacidades superiores desviadas de sus creaciones, quedando éstas entonces inánimes, sin voluntad, vacuas construcciones. En esto es Marx un clasicista, como Adam Smith un producto auténtico del pensamiento jurídico romano: sólo ve la magnitud terminada, no la función. Quisiera arrebatar los instrumentos de producción a aquellos cuyo espíritu—por la invención de métodos, por la organización del trabajo eficaz, por la conquista de mercados—convierte en una fábrica un montón de acero y de ladrillo, aquellos que no aparecen en el mundo si sus fuerzas no encuentran campo apropiado

 

Quien quiera dar una teoría del trabajo moderno debe pensar en ese rasgo fundamental de la vida; existen sujetos y objetos de toda especie de vida, y la diferencia es tanto mayor, tanto más significativa, cuanto más formada es la vida misma. Toda corriente de existencia consiste en una minoría de conductores y en una enorme mayoría de conducidos; toda especie de economía consta, pues, de trabajo director y trabajo de ejecución. En la perspectiva batracia de Marx y los ideólogos ético-sociales sólo el último trabajo, el trabajo pequeño, de masa, es visible. Pero éste no existe sino por virtud de aquél y el espíritu de ese mundo de trabajo sólo puede ser concebido partiendo de las supremas posibilidades. El inventor de la máquina es el que da la pauta, no el maquinista. Lo que importa es el pensamiento.”

(Spengler; La decadencia de Occidente)

Por mencionar un autor español que desarrolla su pensamiento en la misma línea. Extraemos un fragmeto de “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset.

 

“El imperio que sobre la vida pública ejerce hoy la vulgaridad intelectual es acaso el factor de la presente situación más nuevo, menos asimilable a nada del pretérito. Por lo menos en la historia europea hasta la fecha, nunca el vulgo había creído tener "ideas" sobre las cosas. Tenía creencias, tradiciones, experiencias, proverbios, hábitos mentales, pero no se imaginaba en posesión de opiniones teóricas sobre lo que las cosas son o deben ser — por ejemplo, sobre política o sobre literatura. Le parecía bien o mal lo que el político proyectaba y hacía; aportaba o retiraba su adhesión, pero su actitud se reducía a repercutir, positiva o negativamente, la acción creadora de otros. Nunca se le ocurrió oponer a las "ideas" del político otras suyas; ni siquiera juzgar las "ideas" del político desde el tribunal de otras "ideas" que creía poseer. Lo mismo en arte y en los demás órdenes de la vida pública. Una innata conciencia de su limitación, de no estar calificado para teorizar, se lo vedaba completamente. La consecuencia automática de esto era que el vulgo no pensaba, ni de lejos, decidir en casi ninguna de las actividades públicas, que en su mayor parte son de índole teórica.

 

Hoy, en cambio, el hombre medio tiene las "ideas" más taxativas sobre cuanto acontece y debe acontecer en el universo. Por eso ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto falta? Ya no es sazón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir. No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus "opiniones". (La rebelión de las masas)

 

 

 

 

Ahora bien en la sociedad actual, el pensamiento postmoderno ha asumida gran parte de estas ideas. Y lo que es peor, la izquierda, al asumir conceptos de la postmodernidad, las ha asumido también. Este es el caso de filósofos postmodernos como Derrida, Foucoult o Deleuzce que son cosiderados de izquierdas;pero lo que más nos interesa, es como este modo de pensamiento se traslada al cine, la televisión, los periódicos y en las conversaciones de gran parte de la población

Ahora ya la razón no es una herramienta de progreso, sino una herramienta de dominación; los valores de la Ilustración han sido sobrepasados, cualquier propuesta global contra el capitalismo se convertirá en algo perverso o utópico; el individualismo es la única actitud realista...

Todo esto está presente en la forma y en el fondo: la fragmentación de la gente y del discurso rompen con la idea de que los hombres puedan pensar juntos, construir cosas juntos, progresar juntos, hacen de la vida una especie de videoclip... bueno, pues al final afianzan el conformismo, la falta de motivación para aprender, y bueno, dejan como siempre que unos pocos “la élite” piensen por los demás.

 

El argumento clave sería: el racionalismo acepta interlocución, crítica, exije razones, ejemplos, motivos, y por eso mismo es en si mismo crítico, antidogmático, y todo eso limita las posibilidades de dominación, abuso, fanatismo,etc Hablar de un fanatismo de la razón que es de lo que acusa el postmodernismo a la ilustración es absurdo, porque el fanatismo es lo contrario de la razón, precisamente cargarse la confianza en la razón lo que favorece es el fanatismo.

 

Se nos dice que ejemplos históricos como el de la 2ª Guerra Mundial muestran lo peligrosa que puede resultar la razón, en primer lugar en la aplicación de la ciencia para elaborar bombas nucleares y en 2º lugar en tanto establece modelos ideológicos en nombre de los cuales se mata.

 

Sin embargo, ¿es el uso del conocimiento científico a favor del poder algo exclusivo de nuestra época? No, desde la pólvora, hasta la energía nuclear, el conocimiento científico se ha utilizado tanto en contra como a favor del bienestar de las personas; es el uso de ideologías en nombre de las cuáles se mata algo exclusivo de nuestra época?No, y de hecho, es una evidencia histórica que guerras y pretensión de dominio de unos pueblos por otros ha habido siempre, siendo en muchos casos enfatizada por pensamientos de tipo mítico-fundamentalista. La diferencia es que desde una posición racionalista, la extensión del conocimiento y el uso de la capacidad crítica por parte de los ciudadanos puede limitar el riesgo de un uso dañino de la ciencia, y al mismo tiempo, la perversión ideológica. ¿O es lo mismo una propuesta política a la que se la exigen argumentos y razones, que una que se basa en el sentimiento de raza, o de pueblo de Dios?

 

Sin embargo, en nombre de este “desencanto de la razón” se considera que debemos eliminar cualquier apuesta política que plantée una sociedad más justa en su globalidad, cualquier pensamiento que diga “así la gente viviría mejor”.

La izquierda ha asumida parte de estas ideas: el relativismo: hay, dicen que respetar todas las religiones y creencias; el desprecio de la ciencia: todo, dicen,es cuestión de opinión; tiene el mismo valor un emplaste que la penicilina; el individualismo, la idea de hacer de la propia vida algo “auténtico”, “distinto”, lo que conlleva la proliferación de las sectas, la divinización de la vida en la naturaleza: no se contempla la ecología como un modo inteligente de gestionar los recursos naturales, sino como un respeto casi religioso a un ente “naturaleza” en el cuál parece que todo es bueno; ahora lo importante es si comes o no carne, las corridas de toros, la conservación de especies protegidas...

 

En España se han dado algunos casos como el famoso de la niña del chador en los que la izquierda ha puesto el grito en el cielo para defender el derecho de la niña a cubrirse el pelo tal y como dicta su religión, amparándose en la tolerancia religiosa y la aceptación de culturas distintas a la nuestra. El problema es ¿qué una niña vaya a la escuela con un atuendo que tiene un significado claramente sexista es favorecer a esa niña? Probablemente no sea acertado prohibir a la niña llevar esa prenda, y menos aún cuando otros llevan símbolos de la religión católica, pero al menos, sí deberíamos tener claro desde la izquierda, que la educación acertada es la laica, la racionalista, y intentar que estas personas desarrollen un proceso que les libere de supersticiones y símbolos sexistas.

Estos problemas a mi entender parten de una división erronea. Se nos dice, hay dos grandes culturas, Oriental y Occidental, identificándolas con cristianismo y religión musulmana, y claro, como respetamos a Oriente y Occidente, debemos respetar a ambas religiones. Pero es que esta división es erronea, en realidad, las dos religiones tienen multitud de puntos comunes, y probablemente no distaría mucho la vida en un pueblo fundamentalista cristiano o musulmán. Tanto en Oriente como en Occidente, y además con continuos contactos, se han desarrollado el pensamient mítico y el racional, y ahí es donde está la oposición.

 

 

El argumento clave sería: el racionalismo acepta interlocución, crítica, exije razones, ejemplos, motivos, y por eso mismo es en si mismo crítico, antidogmático, y todo eso limita las posibilidades de dominación, abuso, fanatismo,etc Hablar de un fanatismo de la razón que es de lo que acusa el postmodernismo a la ilustración es absurdo, porque el fanatismo es lo contrario de la razón, precisamente cargarse la confianza en la razón lo que favorece es el fanatismo.

¿Cúal es el papel del pensamiento marxista en este contexto? ¿Qué tipo de izquierda debemos reivindicar?

A mi entender, si la izquierda abandona la pretensión de la extensión del conocimiento a todos, la reivindicación de un racionalismo que desemboca inevitablemente en una concepción materialista de la vida y la historia, y deja de afirmar que el comunismo es el modo de organización social más racional ¿cómo va a denunciar las contradicciones del capitalismo? ¿cómo va a desenmascarar la irracionalidad el sistema actual si no hace una reivindicación de la razón?

Decíamos al principio que la ilustración tenía una idea fundamental, y era que los hombres podían cambiar la historia y podían cambiarla colectivamente. Si abandonamos conceptos como “clase obrera”, “lucha de clases”, si dejamos de reivindicar que el que trabaja es el que propicia el progreso de la humanidad, ¿qué izquierda somos?

 

 

Líneas finales de debate

Se identifica civilización occidental con cristianismo y oriental con religión musulmana, cuando las tres religiones semíticas parten de la misma raiz y son muy parecidas. La contraposición es entre racionalismo-laicismo y fundamentalismo-pensamiento mítico

Se diferencia laicismo y laicidad. No hay que hacer una militancia atea porque eso sería hacer del ateismo otra religión se dice, hay que no ser partidario de ninguna religión en concreto pero no ser contrario a las religiones

La educación moral debe pertenecer al ámbito familiar porque en manos del estado es adoctrinamiento (crítica de la izquierda a la educ para la ciudadanía)

Todo lo natural es bueno

La rebeldía sólo puede manifestarse de forma fragmentada, en actitudes individuales :ecología, vegetarianos, ongs

En nombre de el no etnocentrismo se recuperan tradiciones arcaicas y se contraponen a la medicina actual, como si la medicina actual no se hubiera nutrido de la herencia de muy diversos pueblos de oriente y occidente.

Lo que no es capitalismo es utopía.

No podemos volver al socialismo utópico, a una lucha que no ofrezca una alternativa real o que acepte que el pensamiento anticapitalista es utópico.

No podemos dejar de reivindicar el materialismo.

No podemos dejar de hacer crítica económica de fondo.