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La crisis viene para quedarse. Para la economía española, estos pronósticos adquieren una particular gravedad

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Actualizado (Sábado, 08 de Noviembre de 2008 17:56) Escrito por Pedro Montes Sábado, 08 de Noviembre de 2008 17:53

 
Ante un enfermo tan grave, el sistema financiero internacional, que corrió el peligro de sufrir un colapso definitivo el fin de semana  del 9 de octubre,  los gobiernos han puesto  en marcha un tratamiento de choque, con varios objetivos, en un intento desesperado de evitar lo peor.

En primer lugar,  tratan  de impedir que las bancarrotas de los bancos –el corazón del sistema- se propaguen  por los principales centros financieros de todo el mundo. De ahí las decisiones de inyectarles liquidez y sanearlos, bien sea participando en su capital, caso de la Gran Bretaña, o comprándoles sus activos, los malos o tóxicos como en Estados unidos, o sólo los buenos, como asegura el gobierno español. En segundo lugar, quieren desatascar y lubricar los canales de circulación, ante la falta de riego monetario y crediticio de la economía,  poniendo dinero fácil a disposición de las entidades, como está haciendo el Banco Central Europeo, o avalando  los préstamos a la banca y las operaciones interbancarias, como ha decidido el gobierno español.  En tercer lugar, pretenden que no se extienda como reguero de pólvora el pánico entre los depositantes, lo que arrastraría al hundimiento del sistema,  que se fundamenta en la confianza del público, y de ahí la carrera de los Estados por garantizar  la totalidad de los depósitos bancarios, caso por ejemplo de Alemania, o de elevar significativamente la garantía, de 20.000 a 100.000 euros por titular y entidad,  caso español.
 
Cabe decir de  inmediato  que todas estas medidas, por dificultades de todo tipo y  dado su carácter propagandístico y tranquilizador, se han quedado por ahora en declaración de  intenciones, sin que se hayan traducido en acciones eficaces para lograr los objetivos mencionados. Una cosa es predicar y otra dar trigo. No sólo hay dificultades técnicas para  poner en marcha los planes de salvamento anunciados, sino también problemas    difíciles de superar, e incluso objetivos imposibles de cumplir.  Tal es el caso del saneamiento de    los balances de los bancos  con fondos públicos,  pues los Estados  tendrán que acudir masivamente a los mercados para colocar deuda pública  en unas cantidades tan colosales, cientos de miles de millones de euros o dólares, que los mercados obturados y dominados por la desconfianza no están en condiciones de absorber. Y si llegaran a conseguirlo, sería  en gran medida por las compras de deuda pública de los particulares, con las consiguientes retiradas de sus depósitos de las entidades financieras,  con lo que ....lo comido por lo servido.
 
Las intenciones  son una cosa, las posibilidades reales de cortocircuitar eficazmente la crisis financiera otra muy distinta. Así que se puede llegar a la conclusión que,  superado un momento dramático, el enfermo continua grave,  es capaz  de provocar mas  momentos  de pánico generalizado, sin poder descartarse un desenlace fatal, y,  en la mejor de las expectativas,  su curación requerirá de mucho tiempo, años,  lo que determina un futuro económico depresivo y lleno de dificultades.

Para la economía española, estos pronósticos adquieren una particular gravedad. La crisis inmobiliaria aun no ha desencadenado plenamente sus repercusiones financieras, si bien el ritmo al que crece la morosidad avisa de los peligros. Los recursos necesarios para financiar el déficit de la balanza por cuenta corriente,  unos 100.000 millones de euros anuales, en torno al 10% del PIB, acentúan las dificultades del sistema financiero español al depender en gran medida de los mercados exteriores.  Y estos déficit crecientes en los últimos años han generado una deuda externa neta que supera los 700.000 millones, el 70% del PIB, lo que complica aún más la financiación,  pues el país ya no goza de total confianza como buen deudor: los tipos de interés que se pagan están más de medio punto por encima de otros países considerados más solventes.

Para colmo, esa deuda neta, 0,7 billones de euros,  es la diferencia entre los activos y los pasivos de la economía española con el exterior, y estos últimos ascienden a  más de 2 billones  de euros,  con sus correspondientes cargas de intereses y compromisos de amortización. Añádase, por último,  que la recesión la    economía española será más intensa que la que sufrirán otros países del entorno, aunque sólo sea por la crisis particularmente aguda de la vivienda, y que la recesión entraña a su vez    complicaciones financieras, ya que degrada la calidad de los activos financieros hoy todavía sanos. La caída de las cotizaciones ahí está para demostrarlo.  Se puede concluir, pues,  que de modo inexorable se abre  un periodo temible, plagado de riesgos y problemas económicos y sociales, con muchas  incertidumbres, pero también preñado de  esperanzas  para la izquierda.

Paradójicamente,  la crisis financiera aún no ha explotado en nuestro país (aunque se ve afectado por la crisis internacional). El gobierno alardea de ello y  cree  que tiene la situación bajo control. Nada de ello es cierto.  A la hora de hacer previsiones es un desastre: basta recordar que hace apenas unos meses hablaban del pleno empleo. Confiar en este gobierno para superar la crisis cae en el  terreno de la fe: es como creer en los milagros de la virgen de Lourdes. Cabe preguntarse de donde  se  obtendrán los  50.000 millones euros con los que pretende adquirir activos  a la banca española y si esa cantidad permitirá abrir las espitas del crédito. Eso sí, ha dejado bien claro,  como socialista que es,      que de entrar en el capital de la banca o de crear un sector financiero público, nada de nada, ¡hasta ahí se podía llegar!

Que nadie se confunda. La crisis financiera sigue, la depresión económica está llegando para quedarse y se ha de tener siempre presente que si todo esto fuese un mal sueño,  al despertarnos aún habría que soportar la amarga realidad de una economía cuya situación competitiva en el contexto del mercado y la moneda únicos arroja un déficit exterior  de más del 10% del PIB. 
 

La peor variante

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Actualizado (Viernes, 31 de Octubre de 2008 20:33) Escrito por Fidel Castro Viernes, 31 de Octubre de 2008 20:31

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2008-10-31/la-peor-variante/

Leí hoy que la Reserva Federal de Estados Unidos había creado una nueva línea de créditos para los Bancos Centrales de México, Brasil, Corea del Sur y Singapur.

En la misma declaración informa que ha proporcionado créditos similares a los Bancos Centrales de Australia, Canadá, Dinamarca, Reino Unido, Japón, Nueva Zelanda, Suiza y el Banco Central Europeo.

En virtud de esos acuerdos, proporciona dólares a los Bancos Centrales a cambio de reservas en divisas de esos países, que han sufrido pérdidas considerables debido a la crisis financiera y comercial.

De ese modo se afianza el poder económico de su moneda, privilegio otorgado en Bretton Woods.

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Todo lo que usted quiere saber sobre el origen de esta crisis pero teme no entenderlo

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Actualizado (Jueves, 01 de Enero de 1970 01:59) Escrito por Walden Bello Miércoles, 29 de Octubre de 2008 13:56

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2097

Todos nos hacemos estas preguntas sobre la actual crisis financiera: ¿ya pasó lo peor? ¿Qué causó el colapso del centro neurálgico del capitalismo global? ¿Fue la codicia? ¿Fue el de Wall Street un caso de alguacil alguacilado? ¿Fue falta de regulación? Pero ¿no hay nada más? ¿No hay nada sistémico? ¿Qué tiene que ver la crisis de sobreproducción de mediados de los años 70 con los acontecimientos recientes? ¿Qué pasó, pues? ¿Cómo trató de resolver el capitalismo la crisis de sobreproducción? ¿En qué consistió la reestructuración neoliberal? ¿En qué medida la globalización de los 80 y los 90 fue una respuesta a la crisis de los 70? ¿Por qué la globalización no pudo superar la crisis? ¿Cuáles fueron los problemas de la financiarización como vía de salida a la crisis de sobreproducción de los 70? ¿Por qué la financiarización es tan volátil? ¿Cómo se forman, crecen y estallan las burbujas? ¿Cómo se formó la presente burbuja inmobiliaria? ¿Y cómo creció? ¿Cómo pudieron las hipotecas subprime degenerar en un problema de tales dimensiones? ¿Y cómo es posible que los titanes de Wall Street se desplomaran como un castillo de naipes? ¿Qué pasará ahora?

Todos, en efecto, nos hacemos esas preguntas. Pero pocos pueden tratar de contestarlas con la insólita combinación de elegancia, profundidad, claridad y extremada sencillez del economista y politólogo Walden Bello. Y mucho menos en apenas 4000 palabras.

El derrumbe de Wall Street no se debe solo a la codicia y a la falta de regulación estatal de un sector hiperactivo. Procede también, y sobre todo, de la crisis de sobreproducción que ha venido minando al capitalismo remundializado desde mediados de los 70. Así ve esta crisis de fin de época Walden Bello. 

Muchos en Wall Street todavía están digiriendo los acontecimientos epocales de las últimas semanas:

* Entre 1 y 3 billones de dólares de activos financieros evaporados.

* Wall Street, nacionalizado, con la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro tomando todas las decisiones estratégicas importantes en el sector financiero, y a todo eso, con un gobierno que, tras el rescate de AIG, pasa a dirigir la mayor compañía aseguradora del mundo.

* El mayor rescate desde la gran depresión, con 700 mil millones de dólares reunidos a la desesperada para salvar al sistema financiero global.

Las explicaciones habituales ya no bastan. Los acontecimientos extraordinarios precisan de explicaciones extraordinarias. Pero antes…

¿Ya pasó lo peor?

No, si algo ha quedado claro con los movimientos contradictorios de estas semanas en que, al tiempo que se permitía la quiebra de Lehman Brothers, se nacionalizaba AIG y se fraguaba la toma de control de Merril Lynch por el Bank of America, es que no hay una estrategia para afrontar la crisis; a lo sumo, respuestas tácticas, como bomberos que se pisan la manguera, abrumados por la magnitud del incendio.

El rescate de 700 mil millones de dólares de las obligaciones hipotecariamente respaldadas en poder de los bancos no es una estrategia, sino, básicamente, un esfuerzo a la desesperada para restaurar la confianza en el sistema, para prevenir la erosión de la fe en los bancos y en otras instituciones financieras y para evitar una afluencia masiva de retirada de fondos de los bancos como la que desencadenó la Gran Depresión de 1929.

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Informe sobre la conspiración socialista internacional contra el capitalismo

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Actualizado (Jueves, 01 de Enero de 1970 01:59) Escrito por Barbara Ehrenreich Miércoles, 29 de Octubre de 2008 13:51

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2133

Seguramente usted ya ha se ha enterado del asalto socialista inminente a los EEUU;  si piensa que se trata de una revelación inverosímil, pregúntese lo siguiente: ¿a cuántos socialistas conoce que hayan perdido millones en el reciente derrumbe financiero? A ninguno, ya me lo imaginaba yo. Pero eso no se debe sólo a que usted no conozca a ningún socialista. Porque lo cierto es que nosotros –la Conspiración Socialista Internacional— no sólo vimos venir la catástrofe, sino que somos los únicos causantes de la misma.

El plan tomó forma durante una sesión de intensa crítica y autocrítica de nuestra convención anual en 2000, en una larga mesa  en el restaurante Akron IHOP. Nos percatamos de que ya no conseguíamos reclutar más miembros por año que el  Green Bay Packers (un equipo de fútbol), y de que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, había más norteamericanos seducidos o abducidos por los OVNIS que por las promesas históricas del socialismo. Decidimos suspender nuestro trabajo habitual, consistente en plantarnos en las esquinas y susurrar a los oídos de los transeúntes: "Hey, ¿no le gustaría vivir en un paraíso de los trabajadores?" En lugar de construir el socialismo, los trabajadores nos concentraríamos en destruir el capitalismo, fondo de inversión tras fondo de inversión.

Primero, seleccionamos a un grupo de punks malhumorados en las calles de Seattle, les quitamos sus camisetas del Che, los vestimos con camisas de Armani y zapatos ingleses de cordones y los iniciamos en los conceptos de derivados e hilos dentales. Luego, los enviamos a Wall Street con instrucciones bien precisas: ganen todo el dinero que puedan, lo más rápido que puedan; ni bien el dinero comience a fluir a raudales, envíenlo fuera para obtener más dinero, cualesquiera fueren los medios poco fiables que tengan a mano: hipotecas subprime, contratos de canje, esquemas piramidales; todo vale. Y también: gasten las ganancias obtenidas en las cosas más extravagantes imaginables: 10.000 dólares en martinis, fuentes de champagne, tanto como sea necesario para avivar la llama del resentimiento de clase.

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El ABC del plan Paulson

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Actualizado (Miércoles, 29 de Octubre de 2008 13:37) Escrito por Michael Hudson Miércoles, 29 de Octubre de 2008 13:34

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2137

La intervención el lunes 13 de octubre del secretario del Tesoro Paulson sobre el plan de rescate plantea algunas cuestiones económicas fundamentales: ¿qué impacto tendrán sobre el grueso de la economía la creación y el posterior regalo sin precedentes de riqueza financiera con que este otoño se ha obsequiado al estrato más rico de la población? ¿Por cuánto tiempo logrará este plan de rescate de Wall Street (¡no del conjunto de la economía!) por parte del Tesorodel sostener los costes de una deuda elevadísima que crece exponencialmente? ¿Existe algún límite a la cantidad de deuda del Tesoro de los EEUU que el gobierno puede crear en beneficio de los principales contribuyentes a sus campañas electorales?

En tiempos pasados, la deuda nacional era tradicionalmente generada tomando prestado dinero de prestamistas privados y gastándolo en bienes y servicios. La tendencia era la de absorber fondos disponibles para el préstamo aumentando los tipos de interés de un lado, mientras, por el otro, el gasto generaba incrementos inflacionarios de los precios de los bienes y servicios. Pero el actual regalo es distinto. En lugar de prestar o gastar dinero, se imprimen bonos con rendimiento de intereses y se ceden a los bancos y otras instituciones financieras. La esperanza es que estos generen más crédito (que se convertirá en más deuda para sus clientes), presionando a la baja los tipos de interés mientras el dinero se usa para pujar por el precio de los activos – bienes raíces, acciones y bonos—. Se espera que dicho comportamiento genere poca inflación en los precios de las mercancías.

El principal efecto será el de reforzar la concentración de riqueza en manos de los acreedores (el 10% de la población más rica), en vez de la limpieza de activos financieros (y de deudas) que provocaría las bancarrotas resultantes de la acción de las “fuerzas del mercado”. ¿Es ir demasiado lejos afirmar que estamos asistiendo al fin de la democracia económica y a la aparición de una oligarquía financiera, una clase que se mueve conforme a sus propios intereses y cuyas acciones amenazan con la polarización de la sociedad y, de paso, con la asfixia del crecimiento económico, es decir, con llevarnos precisamente a la quiebra que el plan de rescate pretendía evitar?

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