Simone Weil

"Notas sobre la supresión general de los partidos políticos"

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Actualizado (Jueves, 01 de Enero de 1970 01:59) Escrito por Simone Weil Sábado, 01 de Noviembre de 2008 14:56

Lee una breve biografía de Simone Weil pinchando aquí

http://www.ddooss.org/articulos/textos/Simone_Weil.htm

Texto incluido en los Ècrits de Londres et demières lettres (Escritos de Londres y otras cartas), Èditions Gallimard, 1957. Fechado entre diciembre de 1942 y abril de 1943. Los epígrafes en números romanos son de esta edición.


I

La palabra partido tiene aquí el significado que tiene en el continente europeo. La misma palabra en los países anglosajones designa una realidad completamente diferente. Tiene su raíz en la tradición inglesa y no es transplantable. Un siglo y medio de experiencia lo demuestra suficientemente. En los partidos anglosajones hay un elemento de juego, de deporte, que solo puede existir en una institución de origen aristocrático; todo es serio en una institución que es, en su origen, plebeya.

La idea de partido no entraba en la concepción política francesa de 1789, a no ser como un mal que había que evitar. Pero existió el club de los jacobinos. Al principio sólo era un lugar de libre discusión. Lo que lo transformó no fue ninguna especie de mecanismo fatal. Fue únicamente la presión de la guerra y de la guillotina lo que lo convirtió en un partido totalitario.

Las luchas de las facciones bajo el Terror estuvieron gobernadas por la idea tan bien formulada por Tomski: «Un partido en el poder y todos los demás en prisión». Así pues, en el continente europeo el totalitarismo es el pecado original de los partidos.

La herencia del Terror, por un lado, y la influencia del ejemplo inglés, por otro, instalaron a los partidos políticos en la vida pública europea. El hecho de que existan no es motivo suficiente para conservarlos. Solo el bien es un motivo legítimo de conservación. El mal de los partidos políticos salta a la vista. El problema que hay que examinar es si hay en ellos un bien mayor que el mal, que haga que su existencia sea deseable.

Leer más