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XVIII Congreso PCE


Tribuna XVIII Congreso del PCE: Se abre el debate

Con este número de Mundo Obrero, da comienzo un cuadernillo especial sobre el XVIII Congreso del Partido Comunista de España, en él reproduciremos artículos con la opinión de dirigentes y militantes del partido de manera organizada y plural. El XVIII Congreso del PCE lo celebramos en un contexto de crisis globalizada del neoliberalismo, una crisis civilizatoria, del modelo de desarrollo humano, donde una parte importante de la población mundial está olvidada de la misma. Este modelo genera grandes desigualdades regionales y sociales a nivel planetario. A la vez que se ven recortadas las libertades y la democracia. IU emprende un nuevo camino con la elección de Cayo Lara como Coordinador General. Los retos son muchos, el debate colectivo necesario.
Esta primera tribuna se abre con artículos de Francisco Frutos y Felipe Alcaraz sobre el contexto socieconómico en el que se va a desarrollar el proceso congresual y las tareas de fortalecimiento que el partido ha de emprender si quiere ser un instrumento útil de transformación de la sociedad y para la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Todo ello en un contexto global de extraordinaria complejidad.

Ginés Fernández

Felipe Alcaraz, Presidente ejecutivo del Comité Federal del PCE / jun 09

Hacia finales de octubre se celebrará el acto final del XVIII Congreso del PCE. Ahora va a comenzar la fase previa, de intercambio de opiniones, de cara a la síntesis definitiva. Síntesis que no debemos caer en la tentación de adelantar. No es válido quemar etapas, máxime cuando, entre todos, vamos a intentar que todo el mundo quepa en la síntesis y que, más allá, los ciudadanos, si acertamos, puedan comprender y asumir los términos esenciales de nuestra alternativa transformadora.

Hace no mucho, en una entrevista en el País Semanal, el arquitecto Niemeyer mantenía la idea de que la única alternativa a la realidad capitalista es la que ofrecen los comunistas. Enunciado global valiente, estimulante, comprometedor.

Cuántas veces se ha repetido la idea, sobre todo en la vieja Europa, de que la izquierda no tiene alternativa y naufraga de una costa a otra en plena orfandad. Opinión que en absoluto se mantiene en el panorama actual de los países latinoamericanos. ¿No será que, en parte, estamos abducidos por el discurso de lo políticamente correcto y no nos atrevemos a ver las cosas al margen de esa gran sombra que nos acompleja en el último periodo?

Hemos empezado a definirnos como "anticapitalistas", aunque puede haber camaradas que no se atreven a pronunciar esta categoría en la lógica de sus discursos habituales. En alguna ocasión me han dicho: es un término negativo, y no debemos ir contra nada, sino a favor de los cambios necesarios. Me parece una posición estilística. Sobre todo porque antes que nada es preciso esbozar los planteamientos de un desbroce previo, como condición de existencia, aunque sea a veces a nivel teórico, de un panorama transformador, revolucionario, que en su naturaleza profunda mantiene siempre la necesidad de un corte, de una ruptura integral. No se debiera entender de otra manera la opinión de Marx acerca del desarrollo de las fuerzas productivas, que nunca se produce al margen de la lucha de clases. Por tanto, el análisis marxista de la transformación no tiene nada que ver con ningún darwinismo social. Otra cosa es la necesidad de asentar los pies en un terreno concreto para que las alternativas arraiguen progresivamente en la sociedad, teniendo en cuenta el grado medio de conciencia y el trabajo diario, no siempre visible, de la ideología dominante, que es siempre la ideología de la clase dominante.

En el atrevimiento de este corte ideológico radica, a mi juicio, la posibilidad de comprender la existencia de esa alternativa existente de la que hablaba Niemeyer y que se expresa ya, escondida entre las estrofas militantes, en el himno de la Internacional: "El mundo va a cambiar de bases".

Ha tenido que producirse una crisis capitalista para que aparezcan, con algo menos de complejo, apuestas determinadas en nuestros discursos: Propiedad social de los medios de producción, nacionalización de la banca, necesaria superación del ciclo capitalista del crecimiento/consumo, intervención del estado en el mercado, preponderancia de lo público, apropiación pública de los sectores estratégicos, reducción del tiempo de trabajo cambiando a fondo la relación beneficio/salario, la movilización social como parte estructural de nuestra alternativa frente al balneario de las democracias solamente representativas (conquista, por tanto, de una democracia republicana) etc., etc. Y empezamos a ser conscientes de otra manera (como más "sincera"), de nuestras limitaciones teóricas y organizativas en terrenos como el medio ambiente, la mujer y la juventud.

En fin: comienza la función. Ahora hay que opinar, y sintetizar, y organizarse en un grado superior, coincidiendo o contradiciendo desde la cordialidad, la amistad, el cariño, porque todos y todas somos compañeros de aventura viviendo en la necesidad altamente compartida de conquistar un partido lo más fuerte posible.

 

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