Declaración
Final del Primer Encuentro Internacional de Solidaridad
y por la Paz en Colombia y América Latina
(Del
20 al 23 de julio, San Salvador-El Salvador)
El
esfuerzo de una gran diversidad de movimientos sociales, fuerzas políticas,
organizaciones de solidaridad y de derechos humanos, personalidades progresistas
y destacados intelectuales de todos los continentes ha confluido en este hermoso
y fructífero Primer Encuentro de Solidaridad y por la Paz en Colombia, América
Latina y El Caribe, realizado los días 20, 21 y 22 de Julio de 2001, con la
participación de 35 países, 50 organizaciones y 320 delegados y delegadas
internacionales y más de 100 delegadas y delegados de El Salvador .
Destacamos
que este Primer Encuentro ha sido una alta expresión de unidad y solidaridad
internacional de América y el Mundo ante las permanentes agresiones
imperialistas contra los pueblos que luchan contra el neoliberalismo por la
liberación, por la justicia social, por la democracia participativa y por la
soberanía de los pueblos.
El
Plan Colombia es un proyecto de guerra intervencionista de Estados Unidos contra
los pueblos de América Latina y El Caribe, que busca aplastar las diversas y
crecientes expresiones de lucha, rebeldía y victorias populares y patrióticas
e impedir que se consoliden y surjan democracias participativas, contrarias a
los planes hegemónicos de esa potencia imperial y a su pretensión de imponer
el llamado Acuerdo de Libre Comercio (ALCA).
Estrechamente
vinculado al Plan Colombia y al ALCA están los nefastos procesos de Dolarización
con expresión concreta en El Salvador y el Ecuador, y la instalación de varias
bases militares estadounidenses, concretamente en Aruba, Curazao, El Salvador (Comalapa)
y Manta en el Ecuador.
Rechazar
esas iniciativas imperialistas, recolonizadoras, es un deber ineludible. Tan
ineludible como el rechazo al pago oneroso de la deuda externa.
Con
todo esto y la culminación de las privatizaciones extendidas
a puertos, aeropuertos, agua, electricidad, reserva científica, bosques,
costas..., Estados Unidos pretende hacer irreversible la recolonización del
Continente.
El
pretexto que ante el mundo trata de justificar esta nueva escalada militar en el
continente americano, es la llamada “lucha contra el narcotráfico”. En este
esquema Estados Unidos encuadra no sólo a los movimientos guerrilleros, Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejercito del Pueblo (FARC-EP) y Ejercito
de Liberación Nacional (ELN), si no a las demás formas de lucha y de expresión
popular y democrática que enfrentan abiertamente al imperialismo.
Este
plan en marcha forma parte de una estrategia global de recolonización económica,
política y militar del imperialismo estadounidense destinado a dominar en forma
absoluta y permanente los pueblos y
naciones de nuestro sub-continente.
El
mismo tiene nefastas consecuencias para nuestros países puesto que pretende
impedir los procesos hacia verdaderas democracias, esto es, democracias
participativas, con justicia social y soberanía nacional. Obstaculiza también
la reconstrucción de sus economías devastadas tanto por la crisis económica
como por los desastres naturales, desviando esfuerzos y recursos para alimentar
una absurda guerra que compromete gravemente la seguridad y la soberanía de
nuestras naciones y crea grandes focos de tensiones bélicas que generaran una
incontenible carrera armamentista con la cual se lucran las grandes empresas
productoras de armamento y los traficantes de armas.
El
Plan Colombia y su componente de guerra química destruiría la selva amazónica,
lo cual traería como consecuencia la desaparición del principal pulmón del
planeta y la mayor reserva hídrica del mundo.
Las
fumigaciones y la violencia oficial ejercida por las fuerzas intervencionistas,
locales y el paramilitarismo, que son la misma cosa, agravan el problema. Por
estas razones condenamos el Plan Colombia - Iniciativa Andina -
y exigimos que se anule el mismo en aras de continuar buscando por los
caminos del diálogo en la Mesa de conversaciones una salida política al
conflicto social y armado que vive Colombia.
La
lucha contra el flagelo del narcotráfico debe estar dirigida en lo fundamental
a impedir el aumento de la demanda en los países de mayor consumo, castigar y
expropiar a los grandes capos de las mafias internacionales que se mueven
libremente con sus capitales por el mundo de las finanzas y las inversiones,
controlar el flujo hacia los países productores de los químicos necesarios
para esta nefasta industria, destinar mayores recursos a la recuperación médica
de los enfermos; y sustituir los cultivos ilícitos a través de la erradicación
manual, voluntaria y concertada con los campesinos pobres y los trabajadores
que se dedican a esa actividad como forma de subsistencia y de políticas que
garanticen elevar el nivel de vida de los habitantes del campo. De esta manera
resultaría totalmente innecesario el uso de medios militares para enfrentar un
problema de profundas raíces sociales y económicas.
Persistir
en el Plan Colombia equivale a escalar la guerra y a comprometer más gobiernos
del continente en el apoyo a esa política destructiva que apunta en lo
inmediato contra la heroica insurgencia colombiana, contra la revolución
bolivariana encabezada por el presidente Hugo Chávez y contra el significativo
ascenso de las luchas populares y patrióticas en otros países del continente.
Todo
esto se enmarca dentro de la pretensión de los Estados Unidos de ejercer una
dominación perpetua y universal sobre el planeta, configurando en la actualidad
una peligrosa amenaza contra la humanidad y generando una crisis de civilización
y de existencia de la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra.
Sin
embargo, como las causas que han determinado los grandes cambios revolucionarios
en la historia mundial no han desaparecido, por el contrario se han agudizado,
las resistencias y la lucha de los pueblos en este inicio del siglo XXI
están confirmando la vigencia de los ideales revolucionarios y la
necesidad de una alternativa mundial al sistema vigente que garantice a los
pueblos desarrollo, justicia, dignidad humana, participación democrática y
paz.
Y
por eso las organizaciones, entidades, personas y movimientos participantes de
este encuentro declaramos ante América y el Mundo nuestra indeclinable
solidaridad con Cuba revolucionaria y con la lucha contra el criminal bloqueo
que le impone Estados Unidos, nuestra solidaridad con la Venezuela bolivariana,
con la rebeldía Zapatista y las fuerzas democráticas de México, con la
insurgencia heroica y con todos los sectores progresistas de Colombia, con los
patriotas puertorriqueños que luchan por sacar las tropas yanquis de Vieques y
alcanzar la independencia de Puerto Rico, con la lucha de los pueblos
originarios por sus derechos inalienables, con la hermosa rebeldía de las
mujeres y de todos los sectores discriminados, con los movimientos sociales y
políticos en combate en Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Argentina, República
Dominicana, Jamaica y otros países, con las luchas patrióticas y populares de
las izquierdas y las fuerzas políticas progresistas del continente, con los
movimientos antiglobalizadores y antineoliberales que impactan a Europa y
Norteamérica y con los esfuerzos de los partidos y movimientos políticos
transformadores que procuran nuevos avances y nuevas victorias electorales.
Condenamos
a la vez la descarada ingerencia del gobierno de los Estados Unidos de América
en el proceso electoral nicaragüense en interés de favorecer al Partido
Liberal e igualmente rechazamos ingerencias parecidas, aunque mas discretas,
puesta en marcha en otros países donde las fuerzas de izquierda y progresistas
avanzan hacia nuevos triunfos
electorales. Exigimos en consecuencia que Estados Unidos cese su política de
chantaje ante la posibilidad del triunfo sandinista en Nicaragua y demandamos el
derecho soberano de los pueblos del continente a elegir libremente sin
presiones, sin ingerencias, a sus gobernantes.
Exigimos
la libertad de todos los presos políticos comenzando por Mumia Abu Jamal y los
5 patriotas cubanos en los Estados Unidos, los argentinos de la Tablada
encabezados por Roberto Felicetti, el sentenciado Emilio Alí y los dos mil
quinientos luchadores sociales procesados a los cuales amenazan aberrantes
condenas. Exigimos la libertad de los presos políticos peruanos, puertorriqueños
y colombianos.
Nuestra
voluntad solidaria asume hoy todas las causas justas en el mundo, entre las
cuales la lucha heroica del pueblo palestino contra el genocidio israelí –
imperialista ocupa un lugar señero. Rechazamos a la vez todas las agresiones y
bloqueos imperialistas tales como los que persistentemente ejerce los Estados
Unidos de América contra Libia, Irán e Irak.
Igualmente
nos solidarizamos con las luchas de los pueblos de África, Asia y Oceanía.
Asumimos
íntegramente la herencia del libertador Simón Bolívar y de los héroes y heroínas
de nuestra primera independencia y nos comprometemos en hacer realidad sus sueños
y sus metas emancipadoras.
Agradecemos
sinceramente la hospitalidad y el afecto desplegado por el pueblo salvadoreño y
las organizaciones que sustentaron este evento. Saludamos sus esfuerzos por el
éxito de este Primer Encuentro Internacional de Solidaridad y por la Paz en
Colombia y América Latina, llevado a cabo en condiciones difíciles en vista de
los efectos destructivos de los recientes terremotos que afectaron sensiblemente
su economía y sus condiciones de vida y además enfrentando la persistentes
obstrucciones desplegadas por la Embajada de los Estados Unidos en su empecinado
interés de impedir este fructífero
encuentro. Todo esto potencia el
valor de este gesto de solidaridad internacionalista desplegado generosamente
por los hermanos y hermanas salvadoreñas. A todas y todos quienes hicieron
posible este éxito les expresamos nuestro sincero reconocimiento.
San Salvador, 22 de Julio de 2001.
RESOLUCIÓN
ESPECIAL SOBRE LA CONTINUIDAD DE ESTE ESFUERZO DE SOLIDARIDAD
Los
participantes en este Primer Encuentro de Solidaridad y por la Paz en Colombia y
América Latina, nos comprometemos a llevar a la práctica sus acuerdos,
contenidos tanto en su declaración final como en las resoluciones especificas
de las diferentes comisiones de trabajo, las cuales asumimos plenamente.
Nos
comprometemos además a llevar adelante la
convocatoria, organización y realización del Segundo Encuentro Internacional
de Solidaridad y por la paz en Colombia y América Latina, para lo cual asumimos
los siguientes compromisos:
1.
Mantener en funcionamiento las oficinas de Eventopaz en México y El Salvador,
como formas de contacto permanente, difusión de materiales e intercambio.
2.
Reproducir esta declaración final, difundirla, recoger
firmas de adhesión a la misma; hacerla llegar a gobiernos, parlamentos,
medios de comunicación, organizaciones sociales y políticas.
3.
Conformar en cada país, comités preparatorios del Segundo Encuentro, que
denuncien el Plan Colombia y lleven adelante todas las actividades que
garanticen el éxito del mismo.
4.
La elección del país para este Segundo Encuentro se hará mediante consulta
con los actuales participantes y comités de auspicio, de manera democrática,
la cual se abrirá 4 meses antes del evento. De manera tentativa señalamos el
mes de marzo del año entrante para este.
5.
Como organizaciones encargadas de la coordinación internacional del Segundo
Encuentro, actuarán las mismas que originalmente organizaron el primero, a fin
de aprovechar el trabajo realizado y la experiencia acumulada, estimulando los
aportes y las incorporaciones de otras fuerzas que deseen contribuir a su
desarrollo ascendente.
San Salvador, 22 de Julio de 2001.