18 de octubre de 2000

Pastrana ofreció a los petroleros yanquis todo tipo de concesiones


El Plan Colombia también huele a petróleo


Héctor Mondragón. Resumen. Latinoamericano

Estados Unidos y parte de Europa occidental, han vivido en 1999 y en el primer semestre del 2000, un auge económico poderoso, alimentado por los recursos de los países en crisis, avivado por la guerra en Kosovo, amenazado ahora, especialmente por el alza de los precios del petróleo. Japón por su parte comienza a salir de una fuerte recesión y al igual que Estados Unidos y Europa, se interesa por lograr una rebaja de los precios de los combustibles.

Algunos de los países más golpeados por la crisis internacional de 1997-1998 como Indonesia, Rusia, Ecuador y Venezuela, son productores de petróleo y podrían beneficiarse de los precios actuales. Sin embargo, varios de estos países no son productores y deben importar la mayoría de su consumo, como pasa con Brasil.

Precisamente de Venezuela partió la iniciativa de una reactivación de la Organización de Países Exportadores de petróleo, la cual se había debilitado mucho desde la década de los 80, cuando la producción masiva de los pozos del mar del Norte y de México hizo echar atrás su unidad y los precios. La Shell emergió como empresa rectora, seguida de las BP, mientras la Texaco y la Amoco cayeron bajo la influencia de estas dos y la norteamericana Exxon adquirió a la Mobil rehaciendo la antigua Standard Oil. Las "siete hermanas" del dominio del petróleo en el mundo se redujeron en la práctica a cuatro, rodeadas de empresas menores que hoy trabajan por todos lados, quedando a la larga bajo la hegemonía de la banda de las cuatro.

En esta situación las reservas petroleras de Colombia aparecen como un jugoso bocado. Aunque no sean comparables a las de Venezuela, son importantes y hasta ahora cuidadosamente reservadas para un mejor momento, que parece haber llegado, en la medida en que los dos últimos gobiernos han reventado todas las defensas del país frente al saqueo transnacional.

Por primera vez durante el gobierno de Samper, las trasnacionales (Texas bajo el dominio de la Shell), lograron que un contrato de hidrocarburos no revirtiera a Ecopetrol en la fecha fijada y se prorrogara, como ocurrió en el caso del gas a Guajira.

Luego se ha ido modificando el sistema de contratación, cambiando el reparto de asociación 50 y 50%, elevando escandalosamente la participación de las trasnacionales, autorizando disminuciones de regalías y modificando contratos ya firmados a favor de la parte extranjera.

Es así como en 1999 y 2000 se han firmado contratos a granel, repartiendo el territorio nacional entre transnacionales como la Chevron y la Occidental gringas, la inglesa BP, canadienses, la española Repsol, y la Hocol. Impresiona mirar el loteo en los mapas de Ecopetrol. La ronda 2000 completa el reparto, del cual solamente queda por distribuir buena parte de las cuencas del Pacífico y del suroriente de la Amazonia. Pero, ha sido entregado, milímetro a milímetro, el occidente amazónico, el departamento de Putumayo, que no por coincidencia será el escenario inicial del llamado "Plan Colombia". Precisamente en torno al Plan Colombia se orquestó el listado de ofertas hechas realidad a favor de las trasnacionales petroleras. Si antes el gobierno de Samper obtuvo el más decidido apoyo público de las petroleras frente a la crisis que vivió por el proceso 8000, a cambio de entregarles prebenda tras prebenda, ahora el gobierno de Pastrana les ha dado todo por la migaja de 900 millones de dólares que Estados Unidos dará para la guerra y de lo que espera recibir de Europa. Pastrana les ofreció el oro y el moro a los petroleros gringos reunidos en Houston bajo la batuta del candidato republicano George Bus en el 99. Para el candidato demócrata también hubo un gesto: sacrificar el territorio U´wa a la Occidental de la cual es socio Al Gore. Pastrana ofreció además el 11 de febrero que propondrá una reforma constitucional para abrir totalmente el país a la inversión extranjera, es decir que piensa eliminar derechos como los de los indígenas o los de todos los colombianos al ambiente, para dar más gusto a las transnacionales.

De hecho ya se eliminó la norma que estaba en nuestras dos últimas constituciones desde 1968 y ratificada en 1991, que permitía la expropiación sin indemnización por razones de equidad cuando el país hubiera sido estafado, como ocurrió en el caso del Cerrejón con la trasnacional Exxon (Intercor).

Ahora el Plan Colombia se pone él mismo como objetivo prioritario el favorecer a las transnacional y su globalización neoliberal: "La implantación de medidas para atraer la inversión extranjera y promover la expansión del comercio", fortaleciendo los tratados de protección de las inversiones foráneas y las disposiciones de libre importación de la OMC. La prioridad para la inversión extranjera y en particular para la industria petrolera ha sido de hecho exigida en la enmienda al Plan Colombia, propuesta en Estados Unidos por los senadores Dewine, Grassley y Coverdell.

Pero lo que las trasnacionales quieren va más allá. Esperan que el Plan Colombia les sirva para recuperar el mango de la sarten en la región. El mismo senador Coverdell afirmó además, que la necesidad de proteger los intereses petroleros en Venezuela justificaba la ayuda a Colombia, con lo cual concordó con la visión del vicepresidente de la Occidental Petroleum, quien afirmó que se necesitaba duplicar le Plan Colombia en Norte de Santander (frontera con Venezuela), donde está la explotación petrolera del Catacumbo y la perforación de Gibraltar, en territorio U´wa.

Hay que decir que a la banda de las cuatro grandes trasnacionales no solamente les preocupa el inmenso potencial petrolero de la región, sino el hecho de que el gobierno venezolano, no solamente ha promovido la revitalización de la OPEP, sino que promueve alianzas con países consumidores del "Sur" y en especial ha establecido una con Brasil. La agencia Reuters informó así desde Caracas sobre el acuerdo entre Venezuela y Brasil.

"Los gigantes petroleros de Venezuela y Brasil firman acuerdos para crear empresas conjuntas de distribución y comercialización de gasolinas y de derivados petroleros venezolanos en Brasil. Una de las futuras compañías del esfuerzo conjunto entre Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Petrobrás de Brasil tendrá como objetivo crear en el norte y noreste de Brasil una red de estaciones de servicio. Las ganancias, por venta de gasolina y diesel, serán compartidas entre las dos empresas. La otra compañía tendrá el propósito de comercializar al por mayor productos venezolanos, derivados del petróleo, aprovechando la ventaja competitiva que ofrece la posición geográfica de Venezuela. "Vamos a estar en Brasil las dos empresas juntas, con un negocio de distribución de combustibles que comienza con 600 estaciones de servicio y esperamos llevarlo en un breve lapso hasta 1.800", dijo el presidente de la petrolera estatal venezolana, Héctor Ciavaldini. La asociación "se beneficiará de la experiencia de PDVSA en la operación de una extensa red de estaciones de Citgo en los Estados Unidos", dijo la estatal venezolana en un comunicado. Agregó que "pretende capturar el 10 por ciento del mercado en el norte-noreste de Brasil, lo cual equivale a un volumen de 180 millones de litros al mes".

El presidente de Petrobras, Henri Reichstul, dijo que la petrolera brasileña tiene la visión de que habrá " a corto o mediano plazo, integración energética en América del Sur, tanto en la parte de líquido, de gas y de energía eléctrica".

Reichstul informó que se conversa entre las dos petroleras para hacer estudios de exploración y producción en Venezuela y espera que un tercer acuerdo se firme en 60 o 90 días. Sería para "la producción en campos ya descubiertos y también exploración conjunta, y quizás producción en la plataforma deltana (del Delta del Orinoco)", en el noroeste de Venezuela, precisó. También agregó que Petrobrás aportaría su experiencia en la explotación en aguas profundas debido a que del 80 al 90 por ciento de su producción es en el mar.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que asistió al acto de firma de los convenios, dijo que permitirán avanzar hacia la consolidación de una política de integración latinoamericana y de consolidación de las relaciones comerciales con Brasil. Los acuerdos forman parte de un convenio firmado hace un año para avanzar en negocios conjuntos en exploración y producción, procesamiento de crudo brasileño en refinerías de PDVSA, producción de asfaltos en Brasil y comercialización de productos venezolanos en el mercado brasileño. Aunque se rumorea que el gobierno de Brasil no es totalmente consecuente con su aliado venezolano y trata a la vez de intercambiar acciones de Petrobras con la empresa española Repsol, ello no hace si no aumentar los celos norteamericanos y británicos ante la posibilidad de una monumental ruptura de la hegemonía de la "banda de las cuatro hermanas".

Sería completamente ingenuo abordar el problema petrolero por fuera de este panorama estratégico regional. La visión de Coverdell es efectivamente la de las grandes petroleras: la intervención de Estados Unidos en Colombia y en el Putumayo en particular, es la llave para reinstaurar la hegemonía de Estados Unidos, pero especialmente de las cuatro. Es la forma de llamar militarmente al orden político al incómodo Gobierno de Venezuela y al inestable Ecuador, y de llamar al orden económico al vacilante Brasil y a Petrobras.

Para los colombianos, para el pueblo trabajador, el enfrentamiento al Plan Colombia tiene que ver directa y estrechamente con la defensa de sus recursos petroleros. Desde luego, defender la empresa estatal Ecopetrol de la ola privatizadora, es vital. Pero no basta: es necesario además de revertir la legislación progresiva y cínicamente favorable a las trasnacionales adoptar una estrategia petrolera latinoamericana.

Debemos exigir que Colombia ingrese al acuerdo Brasil-Venezuela, un acuerdo que en el futuro debe integrar a toda Latinoamérica. Sabemos que en México las transnacionales han colocado a uno de sus ejecutivos, el ex-presidente de Coca-Cola como presidente del país. Tal vez ese sea como dicen los obreros petroleros, un "patevaca", es decir un esquirol, en este propósito, como no lo son menos Pastrana, Noboa, Banzer y demás entreguistas.

Pero hay que hacerse el propósito, que se convertirá en bandera de lucha y de unidad de nuestros pueblos: ¡Por una empresa latinoamericana de producción y distribución de hidrocarburos, que rompa la hegemonía de la banda de las cuatro hermanas!