Etnocentrismo
al Pluricentrismo
Después de ser tratados por el mundo occidental como
"salvajes", "primitivos", "sociedades
incipientes", "infieles" o "bárbaros", los indígenas
comienzan por fin a ser considerados como Pueblos, con derechos como
tales.
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La
concepción del indio por Occidente estuvo hasta ahora marcada por
el etnocentrismo. El europeo llegó a América considerándose como
el paradigma del "Hombre"; el europeo era el verdadero
humano, el "culto", el "cristiano" que tenía
que desplegar su humanidad por todo el planeta, como cruzada para la
expansión de la cristiandad.
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El humanismo etnocentrista de
Occidente se convirtió desde fines del siglo XVIII y dejó las
iglesias para proclamar la libertad del individuo, la democracia, el
mercado, la unidad nacional, la igualdad, la propiedad privada,
valores de toda la humanidad. Como antes se impusieron las cruces de
los reyes a los indios, se impusieron las Repúblicas.
En
las últimas décadas, la lista de los valores de Occidente está
encabezada por el desarrollo, el crecimiento económico, la
productividad, la ganancia, el crecimiento, el "progreso"
y la competencia. No se trata de rechazar a priori los valores de
Occidente, ni de declararlos en sí mismos negativos o
perjudiciales. Se trata de si son los únicos, o deben ser siempre
los principales o sólo ellos deben ser tenidos en cuenta o si el
mundo de hoy debe considerar otros valores, otros modelos, de otras
culturas que sobreviven en el planeta y en el continente.
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Se
trata de si los estados ‑ y en general los poderes ‑
renuncian a considerarse el centro en torno al cual gira el mundo,
si renuncian a la mentalidad de imposición de sus valores y por
tanto de sus planes y de sus intereses y
en particular a que se tenga en cuenta su punto de vista, a
que se considere su Derecho Mayor a la hora de actuar; a que se
acepte el derecho a decidir su futuro y el derecho a negociar de
igual a igual con los demás pueblos.
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La
posibilidad y ejercicio de los derechos de los indígenas en tanto pueblos
no surge del mero idealismo o de la sola buena voluntad; es el resultado
de conjugar factores que permiten que esos derechos se hagan valer en los
escenarios sociales:
1.
La resistencia indígena multiforme ejercida durante cinco siglos, ha
garantizado en primer lugar la supervivencia de los pueblos indígenas y
de sus culturas y en segundo lugar la defensa de territorios indígenas.
Esa resistencia generalmente dispersa, se ha conjugado hoy y generado
movimientos indígenas de alcance orgánico y movilización nacional y con
programas, coordinaciones, alianzas y solidaridades internacionales. La
resistencia indígena es la base sólida y garantía del derecho de los
pueblos indígenas pero, cabe preguntarse si se seguirá exigiendo el
sacrificio del indio para que sobreviva su derecho.
2.
La crisis y transformación de la modernidad y sus pretensiones de
homogeneidad. Hoy reafirma la diferencia, cada forma de vida tiene su
derecho, hay espacio para todas las expresiones, por más opuestas que
sean; todo vale y tiene derecho a existir. Se cuestionan así el
eurocentrismo y el etnocentrismo y se supera el dualismo que opone lo
"civilizado" a lo "bárbaro".
Ningún
tipo de racionalidad puede proclamar el monopolio de la razón; se
reconoce que varios tipos de racionalidad valen igualmente, son autónomos
e irreductibles. Surge un mundo plural. Sin embargo, cabe preguntarse si
la coexistencia de las racionalidades va a incluir la del etnocidio y la
eliminación del militarmente débil. La postmodernidad justifica las
culturas indígenas, pero también a los etnocidas y por tanto replantea
el conflicto: ¿cómo se organizará el vitral de la diversidad?
El
discurso postmoderno significará una esperanza para las víctimas de la
modernidad, si no se impone más la destrucción de las culturas
diferentes ni la exclusión de las alteridades. La convivencia puede
estructurarse en los niveles político, económico y cultural, gracias a
la intercomunicación y mediante normas concertadas entre todos, en tal
forma que se hagan viables el respeto mutuo, la diversidad, la selección
entre alternativas, y la autonomía.
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3.
La internacionalización de la economía ‑ de acuerdo con los
economistas de las más diversas tendencias ‑ debería
eliminar las divisiones nacionales y étnicas, pero resultó siendo
el más vigoroso refuerzo de las cuestiones étnicas y nacionales.
La unidad étnica se fortalece como el interés común frente a lo
externo, con lo cual se le impone relacionarse. El rumano Silviu
Brucan explicó ampliamente desde hace más de 20 años, como los
problemas étnico‑nacionales son una expresión paradójica de
la profunda transformación de las relaciones internacionales, que
abre paso a un "sistema mundial", en el cual cada pueblo
quiere tener identidad propia y las asociaciones voluntarias de
pueblos o las integraciones
afines o regionales permiten crear mejores condiciones para
participar en la internacionalización, que aunque amenaza con
homogeneizar, obliga a asumir personalidad y afinidades como pueblo
y lleva de hecho a contradecir la concepción economicista de
homogeneidad.
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A
nivel internacional se repite entonces lo que muchas sociedades indígenas
saben y viven: el colectivo no impide la autonomía de cada parte,
la fomenta, propiciando un sentido vigoroso de identidad tanto con
la parte como con el colectivo que crea una zona segura que refuerza
la autonomía, en tanto que ésta, se sustenta en la vinculación
con un colectivo. Así describió por ejemplo Irving Goldman la lógica
de estructura de la sociedad indígena de los cubeo de Colombia, difícilmente
comprensible para un pensamiento moderno
que se sorprende ahora porque el surgimiento de un sistema
mundial basado en la internacionalización de la economía, no acaba
la diversidad étnica, sino que la refuerza propiciando tanto un
vigoroso sentido de identidad étnica, como vínculos que ofrezcan
seguridad y permitan la autonomía.
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Así
los asuntos étnicos, nos agrade o no, se han convertido en uno de los
asuntos más complejos de la convivencia social contemporánea y por tanto
requieren urgentemente soluciones de derecho, que tanto en el campo
internacional como nacional y gracias a
la resistencia de las comunidades, el Derecho Mayor de los Pueblos
Indígenas que nace de la Tierra.
Las
relaciones étnico‑nacionales están desempeñando un papel protagónico
en el desenvolvimiento de los grandes acontecimientos mundiales de los últimos
años y de la actualidad, tanto al interior de los estados, como en las
relaciones internacionales. Frente a esta situación se toman a veces
posiciones de conveniencia por parte de cada estado, agudizando los
conflictos. Urge que se tomen posiciones de derecho sobre las cuestiones
étnicas y que se reconozca los derechos de los grupos étnicos como base
de unas relaciones internacionales y nacionales pacíficas.
4.
La globalización es un fenómeno que va más allá de lo económico y se
acrecienta gracias a las nuevas tecnologías de comunicaciones, a la telemática,
al surgimiento de diversas redes mundiales y problemas globales. La cuestión
indígena es hoy global, tanto por los problemas comunes que afectan a los
pueblos nativos del mundo, como porque cada problema particular de un
grupo indígena específico se puede transformar en asunto mundial. Un satélite
puede descubrir un recurso en un territorio indígena "no
explorado", en horas pueden llegar allí helicópteros, pero el hecho
puede ser conocido inmediatamente por millones de personas y una ola de
solidaridad internacional puede defender los derechos de los nativos.
Penan de Malasia, Kayapó de Brasil o Nükák de Colombia se defienden
hoy, con fax o con videos y no sólo con sus cerbatanas o lanzas. Aunque
las nuevas tecnología y los medios de comunicación amenacen los
territorios y las mentes indígenas, hoy es posible una respuesta nueva y
eficiente gracias a las nuevas tecnologías y a las comunicaciones.
El
carácter global de los asuntos centrales que afectan a los pueblos indígenas
queda en evidencia cuando se comparan las denuncias y reivindicaciones de
pueblos de zonas muy distantes y diversas del mundo. Por ejemplo, los 26
pueblos indígenas del norte de Rusia, los saami (lapones) de Escandinavia
y los Inuit (esquimales) de la región circumpolar que viven en el extremo
norte, en las regiones más frías del planeta, confrontan situaciones y
hacen demandas que en su esencia y a veces en todo, son iguales a las de
los pueblos indígenas de los bosques tropicales de Asia, África, Centro
y Sudamérica, que se expresaron en la conferencia de Penang, Malasia o a
las de los Aborígenes de Australia y
los indios de Norteamérica.
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Se
globaliza la resistencia frente a la usurpación y colonización
continuadas de tierras y territorios; la explotación de los
recursos naturales por agentes externos y en dimensiones enormes,
las represas, la contaminación y la degradación de los medios de
vida y las culturas, causados por la destrucción de los
ecosistemas. Se resiste contra amenazas globales para la
supervivencia de los pueblos indígenas, que declaran a su vez por
todo el mundo que son pueblos originarios, dueños legítimos de sus
territorios tradicionales con los cuales están unidos vitalmente,
pues para ellos no son simplemente un "recurso económico"
sino un valor integral y espiritual, la vida misma, que podría ser
también a largo plazo la vida de los demás habitantes del planeta.
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En
este contexto global, los estados no pueden ya pretender ser la
única mediación legítima con los indios. Los pueblos indígenas
no sólo exigen el derecho de tener personalidad en los foros
internacionales, sino que de hecho pueden hacerse presentes y se
hacen presentes transcendiendo los límites de los
Estados‑nación y demostrando su calificación para asumir
papeles centrales en la definición de un nuevo orden mundial. Si el
proyecto contemporáneo de globalización partió creyendo que
podría lograr la homogeneización mundial, aun borrando los
Estados‑nación, en realidad ha afirmado las diferencias, los
saberes distintos y las identidades y ha multiplicado los centros y
canales de comunicación.
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Cada
vez son más frecuentes los "embajadores indígenas",
delegados que pueden servir como "canales" de
comunicación y traductores para que la voz las autoridades propias
de los indígenas, políticas y espirituales y la voluntad de las
comunidades sea escuchada en cualquier escenario mundial y aunque a
veces, por etnocentrismo, se les quiere asimilar a representantes
con plenos poderes y se corre el riego de que sean utilizados para
distorsionar o suplantar la voluntad de sus pueblos,
tienden más bien a ampliar el ámbito del liderazgo
tradicional y a reivindicar los derechos y consensos colectivos, de
manera que hacen entender que los acuerdos en que participan deben
ser refrendados por sus comunidades.
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5. La
legislación internacional, que antes sólo consagraba los intereses de
los más fuertes, expresa múltiples intereses, resultado de la diversidad
de conflictos. La Declaración de Naciones Unidas, las Convenciones sobre
derechos humanos, sociales y colectivos son fuentes de respeto a los
derechos de los débiles. Aunque la juridicidad internacional está basada
en los acuerdos entre Estados
y por
ello
limitada por intereses que temen el conflicto con los derechos de los
pueblos indígenas, podemos destacar el esfuerzo de la Organización
Internacional del Trabajo autora de los Convenios 107 y 169 sobre derechos
indígenas. La OIT incluye en su dirección y en las delegaciones de los
países, partes no gubernamentales, modelo que ‑ no por casualidad
‑ es más apropiado para tratar los conflictos propios de la
postmodernidad.
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Las
luchas se indígenas se reflejaron, así fuera en forma
incompleta, en los
convenios de la OIT y sus modificaciones. El 107 tenía como
marco, los conceptos de propiedad
de la tierra (no del territorio) y de poblaciones indígenas (en
lugar de Pueblos), por lo que las organizaciones indígenas lo
consideraron como parte de una respuesta integracionista o
asimilacionistas de los Estados, para afianzar el etnocentrismo de
los Estados‑nación. Con mayor amplitud conceptual se
estableció el Convenio 169 que es una expresión internacional de
reconocimiento a la resistencia indígena.
El
Convenio 169, se define como aplicable a los "pueblos
tribales e indígenas", criterio determinado a partir de la
propia identidad del grupo étnico, aunque sin que tal categoría
tenga consecuencias para el derecho internacional, es decir sin
reconocer el derecho a la autodeterminación. |
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| Establece la
protección de los valores y prácticas sociales, culturales,
religiosos y espirituales de los indígenas; la obligación de
establecer los medios a través de los cuales los pueblos indígenas
puedan participar libremente, por lo menos en la misma medida que
otros sectores de la población; el derecho de los pueblos indígenas
a decidir sus propias prioridades, a que se preserve el medio
ambiente que habitan, a conservar sus instituciones propias,
incluidas las judiciales y a la propiedad de y posesión de sus
tierras. Se introduce en el Convenio 169 el concepto de
territorio, entendido como totalidad del hábitat de las regiones
que los pueblos indígenas ocupan o utilizan y del cual no deben
ser obligados a trasladarse y sobre el cual tienen determinados
derechos sobre los recursos naturales. |
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Ahora
sin embargo una contratendencia amenaza los logros del derecho
internacional y Estados Unidos, que comenzó por no aprobar el
Convenio 169 de la OIT, ahora se desmarca de los convenios y
tratados internacionales, especialmente los que tienen que ver con
los derechos colectivos como el ambiente y trata de evitarr el
pluricentrismo con una legislación imperial.
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6.
Los movimientos sociales contemporáneos y en especial el gigantesco
movimiento contra la globalización de las transnacionales y contra
el neoliberalismo, inciden de manera cierta y creciente en la vida
de la sociedad y las instituciones, expresándose en formas muy
diversas y por motivos distintos, pero con capacidad para confluir,
aliarse y causar cambios notorios. El movimiento indígena hace
parte de esta corriente global y aunque puede ser transitoriamente
desplazado por otros movimientos, puede ser impulsado por ellos,
como sucede con los ambientalistas, pacifistas, agraristas,
regionalistas, culturales y contraculturales o de las minorías.
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7.
Los movimientos ambientalistas y la ecología han servido para poner de
presentes que el amor de los indígenas a la Madre Tierra y su relación
sagrada con la naturaleza son valores indispensables para la preservación
del planeta y de la humanidad. A la vez han cuestionado el dogma del
crecimiento económico ilimitado y demostrado que pone en peligro a la
tierra y a la especie humana. Aunque Occidente quiere tratar de imponer el
ambientalismo como valor visto a su manera y sobre otras culturas y
catalogar "lo indígena como un asunto ambiental", de todos
modos, tiene que reconocer el bajo nivel de su conciencia sobre estos
temas y abrirse a un diálogo intercultural al respecto
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8.
El avance de la investigación científica, en particular de las
ciencias sociales y especialmente de la antropología, permite
comprender la racionalidad y la validez propia de las culturas indígenas
y establecer nuevas formas adecuadas de relaciones
interculturales. La sociología estudia a los movimientos sociales
y ayudado a entender el nuevo papel del movimiento indígena. La
lingüística revoluciona los conceptos sobre las lenguas nativas.
Se profundiza la investigación sobre economías no mercantiles,
formas diferentes de propiedad e intercambio, derecho
consuetudinario y positivo no escrito, formas de poder, autoridad,
gobierno y liderazgo. Si la ciencia puede servir a los
destructores de la cultura indígena o tratar de imponer valores y
esquemas "científicos" etnocéntricos, por sobre la
voluntad expresa de los pueblos indígenas, también puede ser
auxiliar decisiva y asesora clave del movimiento indígena.
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9. Los estudiantes y graduados indígenas en quienes se puso la
esperanza de redentora de la "educación", como elemento
integrador del indio a los beneficios de las sociedades
"civilizadas", en cada vez más casos no han tratado de
sustituir u ocultar su identidad indígena, sino que la han reelaborado,
sustentándola con argumentos académicos, científicos y técnicos
propios de nuestras culturas y de la postmodernidad, propiciando la
intercomunicación cultural en los escenarios globales y uniendo la
reivindicación del reconocimiento de los pueblos indígenas y sus
derechos, con demandas concretas e inmediatas de su comunidades. Desde el
punto de vista de la modernidad esta es la "intelectualidad indígena",
pero desde el punto de vista indígena ellos son o pueden ser los agentes
de una intercomunicación para defender sus derechos y expresar su
voluntad en un contexto cultural diferente y plural.
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10.
La conmemoración de los 500 años de la llegada de Colón a
América produjo una gigantesca reflexión de millones de personas
sobre la conquista y colonización de América por los europeos.
La conciencia colectiva piensa hoy distinto sobre estos
hechos y aunque muchos sigan sosteniendo los puntos de vista de
antaño, la mayoría se pregunta ¿por qué las culturas indígenas
son perseguidas hasta aplastarlas? ¿con qué derecho se desecha la
sabiduría indígena y se despoja de sus territorios a los nativos?
La conmemoración de la conquista se convirtió en su
cuestionamiento multitudinario.
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11.
Problemas comunes actuales: Los diez factores anteriores, cada uno de
ellos contradictorios en sí mismo, se articulan en torno a los conflictos
concretos en y por los territorios y vida de los pueblos indígenas
sobrevivientes. Además de tratarse de un debate histórico, filosófico y
cultural, además y especialmente, se trata de resolver los problemas
centrales concretos, que podemos enumerar y agrupar así:
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Explotaciones o prospecciones de hidrocarburos, de minerales o de
recursos no renovables;
-
La construcción de hidroeléctricas, autopistas o instalaciones
militares;
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Plantaciones, agroindustrias, ganaderías, madereras y
colonizaciones en territorios indios;
-
Los operativos, coacción y campañas militares, policiales o de
fuerzas armadas ilegales;
-
La investigación, propiedad y aprovechamiento de recursos biológicos,
genéticos, arqueológicos y culturales;
-
El irrespeto de derechos humanos colectivos e individuales, el
etnocentrismo y el etnocidio;
-
Los efectos de la economía de mercado, la pérdida o destrucción
de bases de la economía propia, el deterioro del ambiente o de la calidad
de vida, y la migración indígena a las ciudades o a centros de producción
por causas económicas o políticas.
-
El liberalismo fundamentalista que propone eliminar lo que se oponga
al pleno “desarrollo” del mercado y "modernizar" a toda
costa a los indígenas "empezando por poner sus tierras en el mercado
y abrirlas al libre accionar de las empresas y capitales privados".
Es una nuevo modelo igualitarista etnocentrista y unipolar.
Son
estas las fuentes de los conflictos y a veces causan el exterminio de
pueblos, comunidades o familias indígenas. De nuevo la racionalidad y las
necesidades externas tratan de aplastar al indio y éste trata de
resistir. Frente a esto se propone el proyecto de cada pueblo indígena.
No se puede someter la autonomía a una nueva forma de subordinación
etnocentrista que supedite los títulos indios al sometimiento del indígena
a proyectos extraños.
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PLATAFORMA
PARA LA PAZ EN LA AMAZONIA |
Madrid,
enero del 2003
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