Por: Rosemberg
Así nos escribiría hoy el Che:
La moral en un sentido heroico es esa fuerza combativa, esa fe en el triunfo final y en la justicia de la causa que lleva a los hombres a efectuar los más extraordinarios hechos de valor. Moral de lucha tenían los «maquis» franceses que emprendieron la lucha en condiciones difíciles, aparentemente sin esperanzas, abrumadoramente adversas y, sin embargo, por la convicción de que peleaban por una causa justa, por la indignación que provocaban en ellos los crímenes y las bestialidades de los nazis, supieron mantener la acción hasta vencer.
Moral de lucha tenían los guerrilleros yugoslavos que con el país ocupado por una potencia cincuenta veces superior se lanzan a la lucha y la mantienen, sin desmayo, hasta vencer. Moral de lucha tienen los defensores de Stalingrado que con fuerzas varias veces inferiores y con el río a la espalda; resistieron la abrumadora y larga ofensiva; defendieron cada colina y cada zanja, cada casa, cada calle y cada acera de su ciudad hasta que el ejército soviético pudo montar la contraofensiva, tender el gigantesco cerco y destruir, rendir y tomar prisioneros a los atacantes.
Moral de lucha, si se quiere un ejemplo distante, es la de los defensores de Verdún, que rechazan una ofensiva tras otra y detienen a un ejército muchas veces superior en número y armamentos. Moral de combate la que tuvo el Ejército Rebelde de Cuba en las sierras y llanos de nuestros campos de batalla. Y eso mismo es lo que le faltó al ejército mercenario para poder hacer frente al aluvión guerrillero.
Moral de combate tuvieron los imprescindibles guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional, que en el año 73 se enfrentaron al enemigo con una fuerza 300 veces menor, cercados contra dos caudalosos ríos, durante 3 meses de combate para enseñarnos que la consigna de NUPALOM se pone en la práctica cuando se lleva en el corazón.
Moral de lucha sostuvo siempre el Implacable Comandante Manuel Pérez Martínez, quien después de 3 meses perdido en la selvas del Nordeste antioqueño y sur de bolívar, con las limitaciones de ser una persona que no maneja el campo y mucho menos la selva, se mantuvo erguido y convencido de que ´´El camino es tortuoso pero el futuro brillante”.
Moral de lucha sostuvo el comandante Raúl, el viejón, en los años 74 después de la crisis de Anori, quien salió del Nordeste Antioqueño con rumbo al Sur de Bolívar acompañado sólo de su vieja y deteriorada Pistola 765 y con los sueños de crear allí una guerrilla grande y combativa. Este esfuerzo que empuño junto al Galán fue el embrión y cimiento del Frente de guerra Darío Ramírez Castro, que hoy con ejemplo y dignidad de lucha sigue haciendo realidad la consigna del comandante Raúl, “estos Valles, estos ríos, estos cielos los defenderemos cueste lo que nos cueste”.
Moral de combate y lucha sostuvieron los heroicos guerrilleros Francisco y el Zarco, capturados y torturados en el año 1992 por el sanguinario Batallón Boltijeros, hoy brigada 17, quienes se ensañaron con todo tipo de tortura y vejámenes en contra de desarmados guerrilleros, que a pesar de su indefensión, de las hogueras, de los corrientasos de energía, de las serpientes que les colocaban para que los mordieran, no fueron doblegados en sus convicciones de lucha. El enemigo no logró sacarles ni el nombre de bautizo, por eso, y aunque conocían tanto de la organización siendo los encargados del eje bananero y de la dirección del Frente Manuel Hernández Él Boche, fueron asesinados finalmente. A ellos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate.
Moral de combate han mantenido y mantendremos los valientes guerrilleros del Ejército de liberación Nacional, quienes a pesar de la ridícula propaganda desarrollada por el enemigo de clase y sus fuerzas mercenarias y represivas, lograremos continuar y mantenernos en nuestro firme proyecto revolucionario.
Nosotros sentimos el verso vigoroso de nuestro himno nacional: «Morir por la patria es vivir»; nuestro enemigo lo conoce porque debe cantarlo, pero no lo siente en su interior. El sentir de la justicia, de la libertad y de la igualdad define nuestra moral revolucionaria contrario al enemigo que no sabe siquiera por qué pelea.