Por: Manuela Hernández
Orgullosos de ser Elenos recorrían veredas y montañas de córdoba y el Urabá, aquellos primeros compañeros que tenían la gran tarea de implantar el proyecto Eleno en esta región del territorio nacional. Para ellos tal vez no era fácil, aunque con pocos recursos materiales, se les notaba una fuerza esperanzadora y enorme convicción que sustituían todo lo demás.
Cuando aparecieron en las regiones por primera vez se les llamó la gente del monte y a los pocos días ya eran los muchachos, esos que participaban con la población en jornadas de trabajo comunitario; organizando escenarios deportivos, reuniones, proyectos de economías autogestionarias y colectivos de educación juveniles. Esta fue la mejor manera de construir el arma más poderosa, la que necesitaban para continuar su difícil pero no imposible tarea.
Eran jóvenes, emprendedores carismáticos y con gran convencimiento y voluntad para continuar con las tareas emprendidas, esos jóvenes de madures impresionante sin dejar a un lado la pasión por lo que eran. Deseosos de tener la mejor presencia al llegar a las regiones, teñían de verdes y negros sus ropas para hacerlas camufladas, mostrando su enorme ingenio y recursividad. Pero además de otros tantos secretos, que no podrían revelarse porque eran estrategias que usaban para confundir al enemigo, estos jóvenes llenos de astucia portaban sus cananas con escasos cartuchos, pero en lugar de proveedores labraban el balso o cualquier palo que pudieran hacer parecer a un proveedor.
En sus venas en cambio llevaban la más real convicción y sincera fuerza esperanzadora para sembrar las más fértiles semillas y cosechar en el futuro lo que hoy somos los Elenos. No fue fácil retarse a lo desconocido y menos cuando las fuerzas enemigas buscaban quebrantar su moral, llamándolos los mata patos por donde los encontraban, pero los valientes jóvenes continuaban con el orgullo de seguir siendo Elenos, debatiéndose entre las dificultades propias de su vida cotidiana y las situaciones políticas a las que no era fácil enfrentarse a su corta edad. Esto tampoco les impidió salir de las dificultades del debate político, pues entre ellos había un muchacho de gran carácter y perfil, quien tenía el reconocimiento en toda la tropa no sólo por su comportamiento y cumplimiento en las tareas revolucionarias, sino por su interés en compartir su saber con los demás. Esa madures política y tenacidad en la lucha que ganaban con los días, les hizo ver bien claro que cualquier dificultad se podía solucionar portando nuestros símbolos con la lealtad que nuestra organización guerrillera al pueblo le debía.