Ya sea como “luchadores por la libertad” como lo declaró Ronald Reagan en su época o como “gendarme internacional” según la fórmula que declaro Teodoro Roosevelt años atrás, los Estados Unidos van a instalar en América latina unas fuerzas armadas con todo el poder necesario para controlar no solo los recursos naturales de la región sino frenar las nuevas aspiraciones sociales y económicas que pretenden los países latinoamericanos.
Inmediatamente después de su ascenso al poder, el presidente Barack Obama se lanzó a reforzar su estrategia militar en América latina con la instalación de siete bases norteamericanas en Colombia y adaptarlas a los nuevos requerimientos de la nueva maniobra imperial hacia el continente. En ese sentido, los norteamericanos están en perfecto conocimiento de las debilidades políticas y económicas que aun viven los países que tratan de aplicar alternativas al modelo capitalista y neoliberal actual. Después de todo, y en contravía a la imagen pacífica que intentan mostrar a través de su presidente “ganador del premio nobel”, la acción armada a través de estas siete bases militares continua siendo la mejor garantía para asegurar la supervivencia del decadente imperio norteamericano, y la nueva estrategia guerrerista con la instalación de estas bases está dirigida especialmente contra los países que han resuelto superar sus condiciones de atraso y miseria (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, etc.) y, de paso, contra la insurgencia y el movimiento popular colombiano en lucha y en combate.
Washington a través de estas bases militares sigue pues esforzándose en perfeccionar su dominio sobre América latina manteniendo una amenaza permanente contra los países que intentan sacudirse de su tutela, especialmente de Venezuela, al cual el imperio ha declarado como su enemigo número uno en el continente, debido a la dignidad y firmeza que mantiene este pueblo para construir su propio presente y su propio futuro. En cuanto a América latina es en primer lugar contra los movimientos de liberación, el movimiento indígena, las organizaciones sociales y los gobiernos progresistas (como el caso del golpe militar en Honduras) sobre el cual las siete bases militares apuntan y se equipan. En esa medida, las fuerzas expedicionarias yanquis con la sumisión completa del gobierno colombiano están incrementando su presencia y su poder de fuego para posibilitar una intervención inmediata en cualquier país latinoamericano, Colombia es el sitio estratégico perfecto para desarrollar esos alcances hacia sur y Centroamérica. En esa medida, Fuerzas especiales con todo el poder de la tecnología táctico-estratégica aérea, naval y terrestre van a ser preparadas en estas bases para una efectiva y rápida intervención en cualquier país latinoamericano que no se someta a la dictadura imperial e intente cambiar el modelo económico y social dominante.
Más que nunca antes la presencia norteamericana en el continente con la instalación de estas siete bases militares en diferentes puntos del territorio colombiano, muestra que su política está encaminada fundamentalmente a garantizar la presencia de su mercado a través de los llamados TLC, garantizar el dominio sobre los recursos naturales y sobre las materias primas, sobre todo del petróleo venezolano, para así garantizar hacia el futuro su hegemonía económica en el continente y bloquear los proyectos integracionistas que lideran los países que conforman la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Las siete bases militares en Colombia le proporcionan a los Estados Unidos considerables medios para garantizar esta política de agresión, y esa agresividad lo convierte en un terrible enemigo para los pueblos latinoamericanos y para los gobiernos que intentan construir una alternativa en paz y con justicia social. El apoyo a los elementos desestabilizadores y golpistas en Honduras, Bolivia y Venezuela demuestran cuan afanosamente quieren los norteamericanos atacar los nuevos gobiernos progresistas y revolucionarios.
Pero con esta política de agresión, afianzada con la instalación de las bases en Colombia, Washington esta chocando igualmente con un fuerte movimiento social y popular más poderoso que las mismas bases militares. Venezuela ante esta agresión decidió instalar a lo largo de la frontera colombiana innumerables BASES DE PAZ con el objetivo de contrarrestar con el movimiento social las políticas agresivas de guerra que auspician el gobierno colombiano y los Estados Unidos. Igualmente en Colombia las organizaciones sociales, el movimiento estudiantil, y el movimiento indígena a través de las MINGAS DE RESISTENCIA con impresionantes movilizaciones están poniendo en jaque la estrategia de terror que agencian el Palacio de Nariño y el Pentágono, una lucha antiimperialista que se está oponiendo incesante e incansablemente, y con todos los medios, a todas las conspiraciones, maniobras y aventuras que promueve el imperio norteamericano con sus terribles bases militares.
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