Cuando llegaron por la noche
el agua se enfrió sin llegar a la cebadura.
Las sangrientas fauces de un lobo
devoraron al osito que soñaba Jazmín,
la que ya nunca recordó la textura del peluche.
Una tormenta roja, una lluvia
bañó los cuerpos de la esperanza.
Las calles estaban vacías
la noche que llegaron ellos.
Ondeaban un estandarte rojo
burdamente teñido con colores de cielo,
traían una cruz quebrada que ostentaba como Cristo
un ídolo de barro.
Su imperio duró como la imagen de un hombre,
su cabeza, sus brazos, sus piernas,
y cobraron tributo en ella.
Al concluir su obra se marcharon
a donde nadie pudo pedirles cuenta,
pero a cada tanto regresan
a cobrar su tributo,
arrodillarse ante su cruz impostora,
con su estandarte definitivamente rojo
al que las lágrimas lavaron el color del cielo.
A la memoria de los muertos de la embajada de Israel y la AMIA.
A la memoria de José Luis Cabezas.
Nota: La Embajada de Israel y la mutual israelita, en Buenos
Aires, sufrieron sendos atentados. Israel y Argentina no
hicieron nada por llegar al total esclarecimiento de los hechos.
José Luis Cabezas, reportero gráfico, fue salvajemente
asesinado por investigar a un narcotraficante, sin que
se llevara la investigación hasta sus últimas consecuencias.
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