La vida y la obra de Manuel siempre estuvo marcada por el enorme desafío de construirse y construir hombres nuevos dispuestos a entregar todo a cambio de nada y a “sentir como propia cualquier injusticia que se cometa en cualquier parte del mundo contra cualquier ser humano”; a la mejor manera del Comandante Guevara. Luchó sin desfallecer por el desarrollo de los valores revolucionarios al interior de las filas del ELN. y en este reto constante no dio nunca su brazo a torcer; tampoco acepto ni contemporizó con las desviaciones de ningún mando, militante o combatiente. Creyó como nadie en el camino emprendido hacia el socialismo y trabajó con el firme ideal de que sí construimos valores nuevos en el presente, iremos produciendo fundamentos de las nuevas estructuras hacia el futuro.
Promovió los valores éticos de la honradez, ejemplaridad, transparencia, honestidad, generosidad, desprendimiento, con sus palabras y con su acción. “La palabra vale” nos enseñó y a recuperar su verdadero significado y valor dedicó sus mejores energías. El ELN. y todos sus miembros debemos actuar en correspondencia, siempre y todo momento y lugar, con estos principios. Su vida militante fue pura y cristalina y ejemplo perenne para las viejas y nuevas generaciones de revolucionarios latinoamericanos.
Manuel entró a la historia de Colombia y su pueblo para quedarse entre nosotros llegó victorioso y con su partida física inmortalizó sus predicas, enseñanzas, lecciones, principios, dando ejemplo como Camilo, el Che, Manuel Vázquez C. Y todos aquellos que como él, han dado su vida para que todos la tengamos a plenitud. Como la historia no ha terminado y la lucha continua, leamos de nuevo a Manuel y contagiémonos de sus convicciones, firmeza y esperanzas.