* Ante la crisis social y personal: Consumir menos para vivir mejor.La sociedad de consumo se encuentra en crisis. El crecimiento económico ya está encontrando límites ecológicos y sociales ante los que es necesario plantear una alternativa que pasa por un cambio personal y un consumo consciente: dirigir nuestra propia vida hacia donde realmente queremos, no hacia donde nos manipulan.
...El sistema actual concentra la riqueza cada vez más en poderes económicos y financieros que siguen la única lógica del enriquecimiento rápido. Sin embargo, se acerca una época de cambios, donde las instituciones y modelos que hasta ahora hemos tenido entran en una transformación profunda. La sociedad de consumo no es sostenible. Está en nuestra mano adaptarnos a los cambios y adoptar un estilo de vida frugal y sencillo, que no genere perjuicios a las generaciones futuras ni a otros lugares del planeta.
...La reducción de nuestras necesidades materiales, y por tanto de nuestro consumo, es un elemento imprescindible para la continuidad de la vida sobre la Tierra. La reducción de nuestro nivel de vida y nuestras necesidades materiales debe ir acompa ada de un incremento de la satisfacción vital a base de cuidar de la misma forma los aspectos cuantitativos (dinero, consumo, etc.) y los aspectos cualitativos (el tiempo de nuestra vida, su calidad, la estabilidad emocional y psicológica, la espiritualidad). El lujo es el enemigo de la igualdad, y a menudo sebasa en el empobrecimiento de otros.
... No podemos esperar que los grandes cambios vengan de los poderes económicos y políticos. Los estados-nación dependen del actual sistema económico para sobrevivir, por lo que sus políticas atacarán siempre los efectos pero nunca las causas de los problemas ecológicos y sociales.
...A partir de nuestra manera de consumir podemos afectar la marcha de la economía de una manera directa. Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades económicas satisfactorias para la Naturaleza y el conjunto de la sociedad es ya una gran contribución. Por ejemplo, podemos comprar productos locales, hechos con materiales naturales, que no causen efectos nocivos en los países pobres, los productos reciclables y duraderos, etc. Podemos dejar de comprar a las grandes superficies y apoyar la economía social. Y, sobre todo, podemos sustituir la filosofía del consumo por la filosofía de la producción; incrementando la autoproducción personal y local, se incrementa el grado de autosuficiencia y disminuye la dependencia de factores externos sobre los que las personas y comunidades no ejercen ningún control.
...La correcta gestión y aprovechamiento de los recursos es imprescindible para crear este estilo de vida sostenible y satisfactorio.
...La biotecnología, la ingeniería genética y las patentes de semillas y seres vivos son sólo un aspecto parcial del proceso de incremento de la dependencia de personas y comunidades de macroestructuras y empresas que están determinando cada vez más nuestras necesidades.
(Pere Subirana Samitier (Rev. El Punto. Nº 9)
Nos están envenenando.
Nos decían que los ecologistas éramos alarmistas. Parece ser que empresarios y políticos no aprenderán nunca. ¿O es que sus compromisos no les permiten aprender?. Da la sensación de que siempre son necesarios episodios catastróficos, que confirmen los riesgos que algunos vienen advirtiendo durante décadas, para que la evidencia les obligue a reconocer que algo falla en esa Arcadia feliz, controlada y responsable con la que intentan mantener silenciosos y dóciles a los ciudadanos.
Incluso cuando el escándalo estalla, resulta un interesante espectáculo observar cómo los responsables públicos y privados del evidente caos ambiental y de salud pública en el que nos tienen metidos intentan lavarse las manos y mirar hacia otro lado. Sería cómico, si no fuese trágico, ver cómo se lanzan la pelota unos a otros, intentando evitar que sus negocios o su gestión política se vean salpicados por el desastre del momento, y así seguir consiguiendo beneficios hasta la próxima crisis ambiental. Si hay suerte, con una ayudita aqui y otra allá, también podrán esquivarla.
Las estrellas de estos últimos meses han sido los pobres pollos belgas y su carga de dioxinas. Los fabricantes, operadores y promotores políticos de las incineradoras se han desgañitado repitiendo que la contaminación la habían causado otros respetables industriales, otros angelitos que simplemente habían utilizado aceites industriales contaminados para fabricar piensos.
Los incineradores saben que, según el Inventario Europeo de Dioxinas, la incineración es la responsable del 40% del total de emisiones de esas sustancias. Intentan que el público lo olvide. Y pretenden que no recordemos que en enero de 1.998 el Gobierno francés tuvo que cerrar tres incineradoras municipales debido al alto nivel de dioxinas encontradas en la leche de las vacas que pastaban en sus inmediaciones. También en Bélgica, en los dos últimos años se ha tenido que prohibir la leche procedente de los alrededores de lo que ahora llaman "plantas de valoración energética de residuos".
También intentan escurrir el bulto los labricantes del PVC y sus amigos en el Gobierno (¿no era Piqué un industrial del sector del cloro, presidente de Erkimia, cuyo escape de este producto obligó a mantener encerrada a cal y canto a la población de FIix?). Pero hasta los propios colegas de los fabricantes de PVC les han abandonado: "Nosotros no emitimos dioxinas porque no quemamos PVC, ya que en Austria está prohibido", declaró Andrea Ecker, representante de ese país en la Asociación de Organizaciones de Reciclado de Plástico. El propio sector admite, en su sálvese-quién-pueda, que en las incineradoras que queman PVC se emiten dioxinas. Nada nuevo. Es suficientemente conocido que la principal fuente del cloro dioxinable presente en las basuras que se incineran proviene de los envases y otros residuos de PVC.
Hasta los propios incineradores confiesan que sus instalaciones de hace diez años emitían dioxinas, para inmediatamente añadir que los hornos de última generación ya han reducido sus emisiones. Pero vamos a ver: ¿no son esos los mismos que hace una década afirmaban que la incineración de entonces era ya totalmente segura?; ¿no son los que intentaron colar sus incineradoras sin filtros de carbón activo hasta que las movilizaciones provocadas por Greenpeace les obligaron a instalarlos?; ¿no son los mismos que presionaron a favor de la incineración marina de residuos, que finalmente tuvo que ser prohibida internacionalmente por su gran toxicidad?... ¿Qué decencia les queda a esas personas? Pero... ¿es que creen que no conservamos nuestras hemerotecas?.
La crisis de los pollos belgas es sólo la punta del iceberg. Una vez que han sido emitidas al medio ambiente, no hay quien se quite de encima a las sustancias organocloradas. Los PCBs, por ejemplo, prohibidos desde hace años siguen acumulándose en el medio ambiente: no sólo en las gallinas, también en ballenas, focas, osos polares... No está tan lejos la salvajada de las "vacas locas". Ni las prácticas del sector ganadero que utiliza clembuterol y otras sustancias para engordar al ganado o aumentar su producción de leche. Ni la introducción de ftalatos en los juguetes de PVC de los bebés para hacerlos más blandos y comerciales. Ni el uso de orines para conservar el falso chanquete que se vende ilegalmente en Andalucía. Sin mencionar los alimentos transgénicos, cuyo
impacto sobre la salud se desconoce o hay indicios de que es negativo...¿Cuánta porquería tóxica comemos, bebemos y respiramos. . .? ¿Cuántos cánceres, infertilidades y problemas hormonales se evitarían si el sector industrial y el sector alimentario actuasen responsablemente, y si los políticos que elegimos -o los que son designados defendiesen adecuadamente los derechos de los consumidores, en vez de estar entregados a los Iobbies empresariales? Nos están envenenando. Día a día. Esos criminales con corbata, amparados por sus cómplices en las instituciones, y defendidos por sus empresas de lavado de imagen, no reparan en obstáculos para continuar sus actividades contaminadoras para el medio ambiente y perjudiciales para la salud pública, mientras las mismas les reporten incrementos en el próximo ejercicio.
Si esperan que lo toleremos pasivamente, sin reaccionar y sin defendernos, están muy equivocados. El silencio de los corderos es, por lo que a a algunos de nosotros respecta, exclusivamente para esos: para los corderos.. clónicos.
Xavier Pastor (Presidente de Greenpeace España)
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Modificada el 10 de Enero del 2.000