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Catástrofes palestinas: las mujeres entre la dinámica de la opresión y de la resistencia   25-10-2008
Nassar Ibrahim . Traducción: Palestina Lliure
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El papel desempeñado por las mujeres durante el combate nacional les permitió tomar conciencia de ellas mismas y de este papel. Esta conciencia se reflejó claramente a través de su participación en Intifada y en todas las formas de resistencia


Palestinas, en el momento de una manifestación anti Bush en Ramallah, se niegan a dejar el lugar de la manifestación a pesar de las órdenes de las fuerzas palestinas de seguridad.

La gran catástrofe palestina de 1948 (la Nakba) y las catástrofes que siguieron provocaron cortes dramáticos entre las estructuras palestinas, políticas, sociales y culturales. Sin embargo, debido a las especificidades de la estructura social palestina y de la historia, es en la posición social y psicológica de las mujeres palestinas donde el impacto más fuerte se hizo sentir. Las mujeres palestinas fueron, tanto individualmente como colectivamente, las víctimas de una opresión alterante a diferentes niveles, sin tener las oportunidades que habrían permitido adaptarse a eso. Las mujeres se encontraron de repente en el corazón del exilio, de la marginación y de la destrucción sistemática de las cuales los palestinos en general fueron el objeto. A partir de este momento, combatieron las mujeres palestinas para desarrollar estrategias personales, familiares y nacionales, a favor de las mujeres, para superar esta tragedia y sobrepasarla.

Un examen rápido de la historia palestina desde la Nakba hasta nuestros días nos muestra cómo las mujeres son una parte integral esencial de esta historia, es decir directamente o indirectamente; las mujeres están allí con toda su presencia, todo su sufrimiento, y toda su resistencia ininterrumpida.

A consecuencia de la Nakba de 1948, las estructuras sociales que existían se hundieron de repente, al igual que las relaciones que unían la comunidad palestina. Numerosos palestinos tuvieron el sentimiento de ser precipitados al fondo de un abismo inmenso.; perturbación severa de lo normal y lo natural. En cambio, la perturbación se hizo la norma, y las estructuras y las relaciones sociales perdieron lo que las sostenía y las justificaba. Pérdidas e incertidumbre, tanto como frustración psicológica y opresión, dominaron a la población y la incitaron a nuevas situaciones sin que pudieran escoger no aceptarlas.

Los palestinos se encontraron confrontados con esta cuestión existencial directa: " ser o no ser ", y no solo a nivel político sino que también al nivel personal. Así como el instinto de supervivencia se puso a dominar necesariamente y se hizo la primera de las prioridades, los palestinos no se preocuparon de otras cuestiones o prioridades. Para comprender bien la naturaleza horrible del choque y sus impactos cambiantes sobre los palestinos, es útil de recordar las rasgos esenciales que caracterizaban la comunidad palestina antes de la Nakba.

La comunidad palestina antes de la Nakba

La estructura social palestina antes del Nakba se presentaba como una comunidad rural. El pueblo representaba la unidad demográfica de base tanto al nivel geográfico como social. El pueblo tenía raíces profundas en la historia y una cultura, tradiciones y costumbres atadas a su tierra y una agricultura. Esta realidad dominó las relaciones y las estructuras sociales y claramente se reflejó en la naturaleza de la familia palestina. Uno de los principales rasgos era la casa rural, con su amplia área y el diseño especial, así como las paredes circundantes y patios. Tal estructura respondía a las necesidades de relación entre los padres y los descendientes, entre los jóvenes y los adultos, la esposa y el marido y otros miembros masculinos de la familia. Tales relaciones estuvieron dominadas por características culturales que tenían raíces profundas en la historia y en la herencia histórica. En tal contexto, los valores sociales, los sistemas y los límites dibujaban el contorno de la comunidad y formaban su estructura patriarcal. Tales relaciones se basaban también en la dignidad humana y en el lazo fuerte con la tierra.

Este tejido social interactuaba con las actividades económicas en este espacio, donde la economía natural interactuaba con la economía del trabajo. Así, las relaciones del trabajo conectaban con el sector agrícola para formar una clase de mezcla entre hombres y mujeres, como una obligación impuesta por la naturaleza del trabajo.

Tal situación fue regida por los valores del honor y de la dignidad, los valores considerados como masculinos, aunque permitió un espacio de contactos y de apertura. Estos valores y estructuras permitieron un control sobre las mujeres pero no agredirlas, sobre todo si estas agresiones habían sido cometidas por personas exteriores al círculo de parientes. En esta cultura palestina, la posición consagrada a las mujeres emanaba del mito cananeo y del papel tenido por la diosa Anat, además del dinamismo que este mito representaba. Esta realidad se reencuentra también en los bordados de los trajes tradicionales palestinos, dónde van más lejos que la sola dimensión de la belleza con el fin de reproducir las tradiciones y los mitos que canonizan a las mujeres.. Los bordados representan amuletos y protecciones espirituales de las mujeres y de sus cuerpos, así como su papel esencial en la vida pública. De esa manera, no podemos limitar la vida de las mujeres a su dominación por la estructura masculina de la comunidad.

Citando esta dimensión cultural, soy muy conciente de la relación dialéctica entre la división social del trabajo y los impactos de la propiedad privada y de sus reflexiones sobre la estructura social y estructural de todo grupo.

Con relación a la antropología, estos comportamientos culturales y estructuras tienen raíces profundas en la historia, aunque sus impactos hoy pueden ser más débiles que en el pasado. En la evolución de la vida colectiva, tales valores son trasladados de un estadio a otro y objeto de un proceso infinito de reestructuración y de adaptación. Así, en el seno de un estadio preciso, los valores sociales y culturales y los procedimientos parecen no tener ninguna lógica dominando su desarrollo. No obstante, son el resultado de la evolución y de la transformación que los grupos atraviesan en el curso de su vida, particularmente las contradicciones internas y aquellas con el mundo exterior.

La otra dimensión que caracterizó la comunidad palestina antes de la Nakba fue el desarrollo al cual se pudo asistir en las ciudades costeras desde principios del siglo precedente, en particular durante la Primera Guerra mundial. En aquella época, el comercio era próspero y servía a las potencias complicadas en la guerra. Tal prosperidad económica se inscribía claramente en el desarrollo que aprovechaba a los puertos palestinos, tanto como en la construcción de vías de ferrocarril y de zonas industriales. Además, la formación de un movimiento asalariado y la emergencia de periódicos locales y de organizaciones civiles constituían también características de tal desarrollo. En otras palabras, la costa palestina desempeñaba un papel activo en el seno de la vida económica, social y cultural y actuaba más como un eslabón con el mundo exterior y la esfera árabe cercana. Por otra parte, el área costera y su extensión por las mesetas internas estaban entre las tierras palestinas más fértiles. Las planicies palestinas eran célebres para sus cítricos destinados no sólo a Palestina, sino que también a los países vecinos y a otros países del mundo.

Después de la eliminación de los palestinos de su tierra

Este estudio breve ha querido describir la situación anterior 1948 en Palestina con el fin de ayudar a comprender bien la comparación entre este período y las circunstancias aparecidas más tarde, después de la eliminación de los palestinos de su tierra.

En 1948, la situación palestina evocada más arriba vivió un choque terrible que la arrancó de Palestina misma y de su medio cercano. Precipitadamente, centenas de millares de palestinos se encontraron apartados de su tierra y del tiempo. De un golpe, perdieron todo, incluido sus lazos sociales. Su mundo íntimo había sido desfigurado y todo el contexto económico y social que los rodeaba se hundió. Los palestinos entonces perdieron su medio ambiente, sus bienes, y su equilibrio; han sido cortados de todas partes con nada para salvarlos de todos los horrores de la catástrofe. En el seno del misterio perdido, las relaciones se rompieron y el tejido social se disolvió, con hundimiento del conjunto de los valores y de los lazos sociales que caracterizaban la comunidad palestina. La naturaleza atroz de la catástrofe todavía se encontró reforzada por la penetración en masa de los refugiados en los países árabes vecinos que suponía absorber el desastre y atenuar las consecuencias para los palestinos, los cuales pagaron el precio de la derrota y de la colusión de los regímenes árabes oficiales.

Los refugiados se lanzaron en todas las direcciones, intentando salvar su vida. Una riada inconsciente que mezclaba las cosas, las estructuras, los valores y los conceptos tratando de volver a definir las prioridades de la vida para atenuar la importancia del pasado y a enfocarse en el futuro.

En estas circunstancias, las mujeres palestinas estuvieron en medio de acontecimientos y en medio de cambios que pusieron cargas sobre sus hombros; no tuvieron la elección de aceptar o de negar. Las mujeres se reencontraron al margen de las ciudades árabes vencidas que querían escapar de esta derrota censurando a las víctimas e imputándoles sus responsabilidades. Las mujeres palestinas estaban en el seno de familias desgarradas con hombres que se suponía aseguraban su protección; en el pasado, los privilegios otorgados a los hombres siempre fueron justificados por el hecho de que los hombres protegían a las mujeres. Pero la Nakba destruyó esta imagen y precipitadamente, los hombres en los campos de refugiados han fueron despojados de su masculinidad. Cedieron bajo la tempestad, mirando a sus mujeres (las que se quedaban de su familia) sufrir toda tipo de humillaciones y de insultos, el hambre, la enfermedad y la muerte, sin hallarse en situación de hacer lo que fuera para protegerlas.

Sin embargo, las mujeres palestinas no quedaron estáticas delante de tal cambio histórico. Comenzaron a redefinir las prioridades en sus tareas no porque estuvieron dominadas por un deseo de desquite, sino por el de una continuidad cierta que nacía en el fondo de ellas mismas. Los mitos de la creación se despertaron entre las mujeres pero en los límites que la nueva situación y la tendencia que el subsistir y el proteger a la familia autorizaban. Si es verdad que las mujeres palestinas siempre debatieron su posición y sus relaciones con la sociedad patriarcal y la cultura de dominación masculina, esto estaba siempre en el marco de circunstancias sociales continuamente evolutivas, no en condiciones de trastornos sociales tales como los provocados por Nakba.

LA Nakba puso a todo el mundo, hombres y mujeres, a un nivel anormal de confrontación. Todos se concentraron en la necesidad de restablecer un cierto nivel de equilibrio social creando nuevas condiciones indispensables políticas y sociales para asegurar su existencia física. La situación nueva no tenía ningún lazo con pasado, salvo el que se trataba de la memoria y de la cultura. Lo importante era encontrar la vía que permitía a la nueva entidad palestina forzada de los campos de refugiados darse una identidad, proteger su existencia y que construyese relaciones entre los individuos. El acento fue puesto en un mecanismo de protección indispensable para los niños víctimas del hambre y de la enfermedad. Fue, efectivamente, el momento más duro y más desesperante.

En los campos de refugiados

En el curso de los primeros días en el campo de refugiados, la mujer palestina se encontró en el primer estadio de la creación, implicando trabajo y oscuridad. Comenzó por buscar el camino en la noche, ciñendo en sus brazos a sus niños comenzando una batalla para una existencia que le daría prioridad a sus niños y a su familia, pero no a ella misma. Dentro del espacio del campo de refugiados, ella reestructuró sus relaciones para garantizar un mínimo de dignidad y de vida privadas disponibles. A la familia extensa y desfigurada, se sustituyeron otros medios, tales como el pueblo y la región. Cada uno se preocupaba de proteger la vida privada de otros. Así, una chica describió la situación en el campo así: " en el campo, me di cuenta que nuestra ventana simplemente no era nuestra ventana, sino también la ventana de otros, al igual que el muro de nuestra casa. "

En el proceso de reestructuración en el campo, nuevas formas y modos de relaciones y de cultura aparecieron. Estuvieron basados sin embargo en lo que había sido el pasado, refundidos según las nuevas realidades y reglamentaciones. Así, podemos comprender ciertos aspectos psicológicos y conductistas de la vida en los campos de refugiados. Podría ser extraño encontrar que las mujeres palestinas (especialmente las esposas) hubieran sacado provecho de más libertad de expresión. El espacio limitado del campo no permitía reformar a las grandes familias extensas. Así, las mujeres recientemente casadas en otro tiempo vivían en casas o cuartos separadas que les liberaban del control de otros hombres de la familia o de su suegra. Las mujeres en el campo no tenían más coacciones en la casa como mujeres, y los hombres podían sobrevivir sólo si luchaban o sea directamente a las puertas de las tiendas del UNRWA para obtener alguna ayuda, o sea para integrarse en el mercado del trabajo en las ciudades árabes. En esa época, la comunidad masculina en el exilio estaba desfigurada, procurando vivir, se dejó a las mujeres solas en el espacio del campo de refugiados. Todos ellos luchaban por la existencia.

En el curso de los años y con la prolongación del conflicto israelo-palestino, así como con los peligros de la Nakba y de su extensión en el tiempo y el espacio, procesos de interacciones sociales y geográficas se se comprometieron en el mundo de los campos y sus alrededores. La dinámica de la interferencia se rehizo otra vez para reforma las conciencias y las relaciones en el campo de refugiados. Los palestinos, en el marco de tal dinámica, trataron de recrear sus lazos con pasado pero teniendo en cuenta nuevas leyes y reglamentaciones bajo las cuales vivían, principalmente sobre el sueño del hogar y de vuelta a su paraíso perdido.

La comunidad de los refugiados superó la fase de choque, las consecuencias de la destrucción espantosa se atenuaron y en respuesta a las tentativas arduas para adaptarse a la catástrofe sobre el plano psicológico y espiritual, la comunidad comenzó a pasar del estadio de la supervivencia y los lazos directos al global, del desafío y de la resistencia. La memoria fue transferida hacia una fuerza creadora de reforma de la conciencia y de construcción de puentes con pasado, donde nuevos símbolos fueron creados para proteger el hogar y el pensamiento, donde " la idea " se hacía una ideología que creaba los lazos sociales y las necesidades de resistir. La nueva situación creó nuevas dinámicas y convicciones, así como nuevos valores que tocaron profundamente la comunidad entera. Esta situación fue reforzada en el año 1967 y la ocupación del resto de la tierra palestina, allí, la gente comenzó a entender que la Nakba era un acontecimiento histórico y que sus implicaciones se extendían de la primera Nakba a la cual seguían, sobre todo que era un ataque israelí permanente contra Palestina al punto que los palestinos comprendieron que la Nakba y los refugiados eran un proceso duradero.

En estas circunstancias e interacciones, las mujeres palestinas continuaron, de manera proia, actuando con las nuevas condiciones. Al punto que había " una diferencia entre una tienda y la otra ", siendo uno para los refugiados mientras que la otra era para provocar la resistencia, había también un cambio estructural en el papel y la misión de las mujeres. Este cambio principalmente ha sido encarnado por el reclutamiento de las mujeres en la batalla de la resistencia, así como por su implicación en la formación de la conciencia y de la memoria de los niños. Esforzándose por reencontrar su paraíso perdido, las mujeres debían entonces contribuir creando las condiciones culturales, sociales y políticas y los preliminares neceseres a su realización.

Y hoy...

El papel cumplido por las mujeres durante el combate nacional les permitió darse cuenta de su ego y de este papel. Esta conciencia se reflejó claramente a través de su participación en Intifada y en todas las formas de resistencia. Las mujeres utilizaron su participación para probar que reconquistaban toda la historia y las consecuencias de la Nakba, ilustrando al mismo tiempo sus posiciones y sus opiniones sobre el conflicto. Así, gracias a su implicación en la resistencia, las mujeres mostraban que jamás aceptarían una repetición de la Nakba.

La realidad es más compleja que la voluntad y los sueños de las mujeres. En el curso de las décadas precedentes, la cultura masculina consiguió digerir el choque de la Nakba y mejorar sus posiciones. Así, la escena se repite en lo que vuelve a existir una dominación masculina de la comunidad tanto como una discriminación y una opresión sociales que no concuerdan con papel heroico que las mujeres tuvieron en el combate nacional desde la primer Intifada hasta hoy.

Mientras que nuevos equilibrios son creados en la situación nueva, la conciencia no vuelve al mismo nivel que en el pasado. Posiblemente existe una recesión en la conciencia pero en todos los casos, la experiencia adquirida por las mujeres a todos los niveles finalmente conducirá a una nueva conciencia que asumirá las nuevas realidades manteniendo los lazos con pasado.

En tales circunstancias, el papel de las organizaciones de mujeres y de las organizaciones democráticas es claro, hay que defender los derechos sociales y políticos de las mujeres e impedir la violación de sus derechos, lo que podría destinar su papel novador en el seno de la comunidad. Sin embargo, para llegar allá, hay que desarrollar la conciencia de estas organizaciones con el fin de trabajar con estrategias globales que integran los derechos de las mujeres como un proceso que exige una acumulación de esfuerzos con el fin de lanzar una estrategia global que promueva el estatuto de las mujeres dentro de un proceso de desarrollo de la comunidad en general. Debe ser un desarrollo que se inscribe en la visión de organizaciones civiles para integrar la promoción del estatuto de las mujeres en los desarrollos políticos y culturales de la comunidad.

Nassar Ibrahim es militante, escritor y especialista de la resistencia palestina. Fue redactor jefe del periódico El Hadaf, la revista semanal del FPLP. En su blog, Nassar nos da la ocasión de penetrar dentro de la lucha por la justicia y la libertad.

Fuente; Alternative Information Center




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