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Lo personal es lo más político: las beduinas del Negev   7-03-2010
Alternative Information Center (AIC) . Traducción Palestina Lliure
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Muchas mujeres de occidente perciben a las mujeres del Este como el buen salvaje, una mujer obediente confinada en casa. Su percepción de la mujer árabe es una visión colonial, y durante años la mujer beduina se ha transformado en un objeto oriental mágico. La mujer beduina en Israel se convirtió en un objeto exótico de investigación para investigadores externos, tanto hombres como mujeres, que catalogaron a las mujeres como obedientes, desvalidas y limitadas por las tradiciones machistas tanto de la sociedad como del estado. La percepción que se aceptaba era la de mujeres beduinas que no podían progresar ni liberarse de la opresión.


Sin embargo, cuándo hablamos de liberación, ¿a qué nos referimos? ¿Es liberador imitar a otras? ¿A las occidentales? ¿a las Ashkenazi? ¿a las israelíes? ¿La liberación implica abandonar el traje tradicional y el pañuelo en la cabeza para vestir faldas cortas y blusas sin mangas? ¿De qué liberación hablamos? ¿Cuáles son las alternativas?

Las estructuras de la opresión

Las mujeres beduinas en el sur del país ocupado están ocupadas en más de un sentido. Una por el dominio del patriarcado, otra por el colectivismo tribal y por último por las estructuras israelíes. No es fácil levantar cabeza cuando se espera que te cases sólo dentro de la tribu; no es fácil levantar cabeza cuando te levantas por la mañana para ir a la escuela en la aldea cercana, a 12 km de distancia, porque no hay escuela en tu aldea; no es fácil levantar cabeza cuando te congelas por la noche porque tus padres apagan el generador a partir de las 10; no es fácil levantar cabeza cuando te escondes bajo un millón de mantas cuando la lluvia golpea el tejado de lata de tu casa, o pensando en el oficial del Ministerio del Interior que vendrá al día siguiente para destruir tu casa, o pensando en tus campos de trigo que los oficiales de la “Patrulla Verde” vendrán a envenenar.

En estas condiciones ¿quién tiene tiempo para el feminismo? ¿Quién tiene tiempo para centrarse en la liberación de la mujer? Lo importante es garantizar las necesidades diarias y acabar el día en paz. Sin embargo, un milagro. Incluso bajo esas condiciones, las mujeres vestidas de negro trabajan por el feminismo. Aunque ellas no se proclaman feministas, eso es lo que son. Los vestidos negros las ocultan de la mirad pública, pero están y actúan como mujeres libres.

Modelos de feminismo

En los últimos 20 años, grupos de mujeres beduinas de varias regiones del olvidado sur se han organizado. Estas organizaciones trabajan en varios campos y tratan de revertir las injusticias cometidas con sus hermanas, madres y abuelas, con la esperanza de que el futuro de sus hijas será mejor.

Enseñan a otras mujeres a leer y escribir, revitalizan negocios de generaciones y, abierta o calladamente, retan las estructuras sociales, políticas e históricas de la opresión. Se organizan de diferentes maneras, pero todas actúan dentro de las estructuras patriarcales y frente a ellas. No cruzan las fronteras públicamente, no las rompen, pero producen fractura tras fractura a través de las que se liberan. Usan las herramientas propias para producir el cambio.

Reforzar la tradición

Uno de esos modelos de actuación de las mujeres pasa por reforzar tradiciones fuera de uso en las areas modernas en las que se goza de servicios como la electricidad, el agua y los otros bienes de consumo. Las ancianas beduinas, cuyas vidas transcurrieron enteramente en el desierto, se ganaron la posición de productoras. Su participación en las tareas diarias, como la de ayudar en la cosecha, recoger leña para el fuego, traer agua del pozo, ordeñar a las cabras, preparar la comida y otras tareas de la casa y de los niños, las colocaron en el corazón de la familia y del hogar. Todas las decisiones pasaban por ellas -tomaban decisiones en numerosos temas. Al pasar forzosamente a las aldeas reconocidas, que no ofrecían empleos ni a hombres ni a mujeres, su trabajo se olvidó y fué sustituido por los servicios modernos -electricidad, agua y mercados donde comprar sus necesidades diarias. Al sustraerles su trabajo, fueron relegadas a sus hogares.

El Estado de Israel no les dejó alternativa, excepto la de reciclar las tradiciones femeninas. Con la ayuda de sus hijas y nietas, están creando un proyecto para reactivar la tradición. En vez de tejer para ellas y sus casas, como hacen las mujeres de las aldeas no reconocidas, estas mujeres cuyas condiciones de vida son mejores que en las aldeas no reconocidas, organizan su trabajo tradicional, que ahora también incluye organizar, gestionar, diseñar y comercializar. Dos asociaciones no institucionalizadas existen con este espírituo en Laqiya, y también en las aldeas no reconocidas de Abu Queder y Kushla. Ellas tejen alfombras, bolsas y otros artículos tradicionales, los vender y a cambio reciben un salario. De un lado reactivan las tradiciones y de otro consiguen nuevamente su posición de creadoras con el dinero que reciben.

Esta acción es similar a la de otros movimientos feministas en Oriente Medio y el Norte de África. Estas mujeres no niegan la tradición: utilizan las herramientas tradiciones para allanar el camino y progresar. Así crean un Nuevo feminismo: aunque están trabajando dentro de sus hogares, a través de sus productos, que también alcanzan el mercado internacional y que las posiciona en el espacio público. Este no es un modelo de feminismo público, ya que no daña los valores tradicionales, pero crea una continuidad en la tradición femenina al tiempo que reta la posición de los hombres que llevan un salario a casa o están desempleados.

Feminismo islámico

Otro modelo de acción de las mujeres beduinas del Negev es la de retar el patriarcado tribal desde los textos religiosos islámicos. El uso de los escritos religiosos, el Corán, pone en jaque el status quo y los tabús que han existido durante generaciones. La sociedad beduina, originalmente móvil, está basada en la estructura tribal y los pactos para proteger su existencia, tanto individual como colectiva. De ahí se derivan las normas de comportamiento, que no han cambiado mucho con el tiempo. Esta falta de cambio perjudicó a las mujeres, especialmente en lo referente a casarse fuera de la tribu. Este tabú, del que estaba prohibido hablar, lo rompieron las mujeres. La novedad en este campo fue la de abrir la discusión, pero no la de tomar más responsabilidad a la hora de elegir a sus maridos. Esto se hizo de manera legítima, y a la vez subersiva, llamando a volver al más legítimo de los textos: el Corán.

Ellas puntualizaron que la naturaleza de la sociedad beduina y los comportamientos tribales iban contra la ley islámica, y se lo hicieron saber a los hombres de la sociedad. Esta reflexión no puede hacerse sin una organización de grupo, como por ejemplo la asociación “Un paso adelante”, que actúa contra la violencia de género y la emancipación de las mujeres en el plan Shatil, incluyendo días dedicados a las estudiantes beduinas. Con el fin de sostener el cambio, las activistas en estos campos han recurrido a los textos religiosos, en busca de legitimidad. Esto ha sido así en referencia al derecho de las mujeres a elegir a sus maridos fuera de la tribu, sus derechos dentro de la familia, sus derechos a la herencia, etc.

El feminismo islámico también se expresó en referencia a los vestidos tradicionales. Numerosas activistas prefieren vestir la vestimenta religiosa, cubriendo el pelo, para de esta manera tener legitimidad sobre su apariencia física en los espacios dominados por los hombres. Así pues, representan un modelo nuevo de activista: feministas que no rompen el modelo tradicional de la sociedad beduina. Sin objetar al vestido tradicional, cuya base está en la religión, es más fácil aceptar sus ideas sociales y educacionales y otros cambios. Una mujer que se “libera” con una falda corta y un novio, raramente será aceptada como líder, no sólo por los hombres sino por las mujeres. Las mujeres que toman este camino radical, no sólo espantan a los hombres sino también a otras mujeres que no apoyarán su lucha.

Rebeldes

También hay activistas feministas consideradas rebeldes al no seguir con las convenciones sociales, como por ejemplo en el vestir. Estas mujeres, entre las que me encuentro, escogieron el camino difícil al romper con su aspecto el modelo tradicional de feminidad que se espera de una mujer árabe beduina. Ellas eligen vestir pantalones y no cubren su cabeza, y su mensaje es que su forma de vestir no es indicativo de su moralidad. Viven de acuerdo con las normas sociales, pero no en lo que respecta al aspecto externo. Una mujer que no se cubra la cabeza sera muy dificilmente aceptada por una sociedad que santifica el modelo tradicional. Esas mujeres serán llamadas peyorativamente “rebeldes” al anunciar su posición de la manera más explícita. Ellas pagarán el precio del ostracismo social tanto por hombres como por mujeres. Su número es marginal y su aceptación será más lenta, hasta que prueben su moralidad. Por eso ellas tienen que actuar de forma conservadora. En apariencia son rebeldes, pero en la práctica viven de acuerdo con los códigos de conducta de su sociedad. Así esperan recibir legitimidad. Actúan de manera subversiva y usan modelos que no atentan abiertamente contra las estructuras sociales.

En la sociedad árabe, incluso la mujer más fuerte está encuadrada en las fronteras del patriarcado. La que las cruza puede pagar el precio de ser excomulgada de la sociedad. Para ser aceptadas necesitan pasar varios filtros sociales. Para las mujeres que optan por los caminos difíciles, el cambio será más rápido, pero también más drástico y difícil. Su existencia es necesaria para romper el mito de un único modelo de feminismo: ha llegado el tiempo de usar nuevos modelos, no necesariamente aquéllos que provienen de la tradicional perspectiva externa.

El feminismo negro de las mujeres beduinas

Los dos modelos descritos anteiormente expresan el uso simbólico del velo como una fuente de libertad, de expresión de “liberación detrás del velo”. Las mujeres con velo no esperan sumisamente sino que actúan, por lo que deben ser reconocidas. Ellas hacen lo que el Estado de Israel debió hacer décadas atrás. Israel, que supuestamente debía suministrar empleos adecuados para estas mujeres en sus aldeas, no ha hecho absolutamente nada. Las mujeres tuvieron que organizarse para suplir las carencias. Responsabilizarse es una forma de activismo.

Patricia Hill Collins, que definió el activimo negro en los Estados Unidos, dió un nuevo significado al activismo. Ella contempló que las mujeres que, siendo incapaces de actuar políticamente o de participar en movimientos colectivos, se definen y se revalúan, son de hecho activistas. Tomar conciencia es una forma potencial de liberación. Si las mujeres negras usaran todo su potencial-como madres, feligresas, esposas-podrían ser valoradas y motivar a otras mujeres. Incluso si las definiciones que adoptan las has hecho otras, pueden usarlas para avanzar. Percibir su propia valía es activismo en sí mismo, es donde comienza el camino de la lucha por el cambio. Un cambio en el nivel de conciencia es suficiente para iniciar un cambio de actuación. Las mujeres beduinas, que se consideran feministas y activistas sin haberlo declarado públicamente, expresan su propio feminismo negro. No necesitan una definición declarada. Su forma de actuar es suficiente. Así pues ellas subvierten las estructuras de opresión y suavizan el dominio masculino. Estas mujeres toman su fuerza de su identidad tradicional, a la que se oponen.

¿Liberación nacional o liberación de género?

La oppression de las mujeres beduinas tanto a nivel nacional como de género hace difícil para ellas actuar a los dos niveles simultáneamente. Hay activistas beduinas contra la ocupación israelí, pero la mayoría del trabajo organizado se hace dirigido a su propia sociedad. Tal y como dijo la poetisa Fadwa Toukan, “si no soy libre culturalmente, ¿cómo podré luchar con mi pluma por la liberación política, ideológica y nacional?”

La cuestión que se plantea es ¿qué precede a qué-la liberación nacional o de género? La liberación de género es absolutamente necesaria, pero la realidad es más complicada. Incluso si algunas mujeres consiguen liberarse de los lazos de la tradición y alcanzan el bachillerato o la universidad, no podrán progresar por la opresión israelí, que ha discriminado a varias generaciones. Las mujeres que completan con éxito sus estudios tienen dificultades para encontrar trabajo, dentro o fuera de sus comunidades, debido a la falta de oportunidades apropiadas para la cultura beduina. Las mujeres quieren cambiar, pero no necesariamente como quiere Israel. Las mujeres más mayores que no han estudiado tienen dificultades para trabajar dentro de una estructura burocrática que requiere un título académico. Hay trabajos “tradicionales” para mujeres que no pueden encontrar otros.

Además la mayoría de los trabajos en Israel prefieren mujeres judías antes que mujeres árabes o beduinas, por lo que las mujeres beduinas son el grupo más afectado por el desempleo. Y aquí estamos hablando únicamente de aquéllas que se registraron en las oficinas de empleo y no se contempla las mujeres de pueblos no reconocidos, que ni siquiera existen para las estadísticas, ya que sin transporte público no pueden llegar a la ofician de empleo de Be’er Sheva.

La liberación nacional es necesaria para la liberación de la mujer, pero los obstáculos que pone Israel sólo permiten la acción a un nivel. En el caso de las mujeres beduinas del Negev, sólo una minoría consigue moverse en los dos campos simultáneamente, debido a sus condiciones de vida. El feminismo de las mujeres beduinas no sólo es necesario para ellas, su lucha de género es una lucha para mejorar las condiciones de su sociedad en general. Su lucha personal también es una lucha política.

Dr. Sarab Abu Rabia-Queder AIC

Fuente: Alternative Information Center:




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