PROCESO DE "PAZ"

EL FIN DE LAS ILUSIONES DE OSLO

escríbenos

Art. de Michel Warshawski. . Tomado de Rouge (París, 26 de diciembre 1998). Traducción de Faustino Eguberri para la revista VIENTO SUR, nº 42, febrero 1999


El lunes, Clinton hizo la paz entre Israel y los palestinos; el miércoles, la guerra contra Irak. Tanto en un caso como en otro, sus iniciativas tenían un regusto a política interna mezclado con un olor a petróleo. Y durante ese tiempo, Netanyahu se ve obligado a votar a favor de elecciones anticipadas... La venida del presidente americano a Israel y a los territorios gestionados por la Autoridad Palestina debía concluir los acuerdos de Wye Plantation, firmados un mes antes, y garantizar que cada una de las dos partes hiciera aquello a lo que se habían comprometido un mes antes, lo que parecía más bien difícil. Pero con la autoridad que le confiere su título de presidente de la superpotencia mundial, Clinton estaba seguro de lograr un compromiso. Un nuevo compromiso, en el que los palestinos serían llamados una vez más a aceptar nuevas condiciones israelíes para que estos últimos aceptaran poner en
marcha aquello a lo que se habían comprometido en Wye Plantation, a cambio de compromisos palestinos anteriores.

A cambio del insigne honor que les hacía Clinton y su familia viniendo a visitar Gaza, y Belén, Yasser Arafat y su equipo se habían declarado dispuestos a hacer un gesto suplementario. Quedaba evidentemente que Netanyahu diera el brazo a torcer.  

Era conocer mal al personaje. Antes incluso de la venida de Clinton, el primer ministro israelí había dejado oír que sería preferible que Clinton se abstuviera de venir, pues no tenía nada que proponer. Una vez llegado, Clinton vio imponer una versión completamente nueva de los acuerdos de Wye –que por una vez eran de una claridad ejemplar– según la cual, para contemplar una retirada del ejército israelí (los célebres 13,1%), el Consejo Nacional Palestino debía votar por mayoría de dos tercios la abolición de la Carta de la OLP... lo que ya había sido hecho tres años antes. El mismo Netanyahu encargaba a sus ministros que declarasen que, incluso si los palestinos aceptaban este nuevo diktat humillante, habría toda una serie de nuevas condiciones que cumplir antes de contemplar una retirada israelí.

Ovacionado por la élite palestina reunida en Gaza, y obteniendo un voto cuasi unánime a favor de una nueva abolición de la Carta palestina, Clinton se comprometió entonces al cumplimiento por Israel de su parte de los acuerdos: liberación de los detenidos políticos palestinos (y no de ladrones de coches o traficantes de drogas como había hecho tres semanas antes) y retirada del ejército israelí. Respuesta de Netanyahu: niet. Ni retirada ni liberación de los detenidos políticos.

Balance del viaje de Clinton: fracaso de la tentativa de poner en marcha los acuerdos de Wye, de los que el propio Clinton es garante, pero comienzo de lo que parece ser una historia de amor entre la nueva élite palestina y el imperialismo americano. Para las necesidades personales del presidente confrontado a una mayoría republicana que quiere su piel, quizá sea suficiente. Para la estabilización del orden americano en el Próximo Oriente, es malo, pues muestra la impotencia de la administración USA para imponer acuerdos garantizados por el propio presidente.

Pero, ¿cómo se dan pruebas de autoridad cuando no se puede disciplinar a su niño mimado y favorito? Golpeando como un bestia a aquél que nadie ama y que nadie vendrá a defender. En el check point Erez, donde fue humillado por alguien más ganster que él, Clinton tomó la decisión de martirizar una vez más Irak, y demostrar así a los pueblos del mundo, y más particularmente del Oriente Medio, que incluso si Israel se permite poner en cuestión su autoridad, sigue siendo sin embargo el jefe del Planeta.

Una vez más, Yasser Arafat se ha dejado faltar al respeto doblemente. En primer lugar aceptando la humillación de la doble abolición de la Carta, sin a pesar de ello obtener de Israel la retirada del 13%, ni siquiera la liberación de los detenidos políticos; y en segundo lugar al hacer plebiscitar a Clinton como líder de una cruzada mundial por la paz y la justicia y como amigo indefectible de la causa árabe, dos días antes de que éste lanzara su acción terrorista contra el pueblo de Irak. Las manifestaciones antiamericanas, numerosas y militantes en Cisjordania y Gaza, son tanto una expresión de desconfianza hacia Arafat como de solidaridad con Irak, y la decisión de prohibir las manifestaciones y de someter al silencio una vez más a la prensa local, no cambiarán las cosas. La CIA que coordina hoy las
actividades de los servicios de seguridad palestinos es la misma que desestabiliza Irak y martiriza a su población.

 

Elecciones anticipadas

La ironía característica de la política en Oriente Medio quiere que la situación de Netanyahu no sea mejor que la de Yasser Arafat. En efecto, si la intransigencia del primer ministro israelí le había evitado la partida del ala derecha de su coalición, ha empujado a los más moderados a apoyar a los laboristas en su voluntad de disolver el Parlamento y de llamar a elecciones anticipadas. El propio Netanyahu se ha unido a esta posición, comprendiendo que su abigarrada coalición le obliga sin cesar a maniobrar a corto plazo, y a perder así la confianza tanto de su derecha como de su izquierda, reforzando así su imagen de mentiroso total.

Netanyahu tiene, parece, interés en que tengan lugar nuevas elecciones pues los sondeos le dan como ganador frente a un líder laborista, Barak, que se muestra como la peor opción posible para un eventual vuelta al poder de la oposición. La formación reciente de un partido del centro, dirigido por el antiguo ministro del Likud, Roni Miló, podría quizá cambiar la situación, sobre todo si el general Amnos Shahak decidiera ser su candidato al puesto de primer ministro. Nadie sabe cuáles son las posiciones políticas de este antiguo jefe de Estado Mayor del ejército, ni si las tiene, pero todo el mundo está dispuesto a decir que es capaz no sólo de marginar a Barak, sino quizá incluso de atraer a una parte del electorado de Netanyahu. Mientras tanto, la eventualidad de una candidatura de centro provoca movimientos en todos los partidos políticos y, del Likud al Partido Laborista, pasando por todos los pequeños partidos, aumenta el número de políticos que contemplan la posibilidad de desertar de su partido y unirse a una nueva formación cuya primera ventaja es no tener una opinión definida sobre ninguno de los asuntos de actualidad.

Israel entra pues en una fase de incertidumbre y de turbulencias políticas, lo que implica no sólo un atraso sine die de todos los compromisos y calendarios firmados con los palestinos sino, lo que es mucho más grave, una puja en la política de colonización y de limpieza étnica en Cisjordania. Con un presidente americano confrontado a un procedimiento de impeachement, los palestinos no pueden ni soñar con que EE UU juegue su papel de árbitro, e impidan a los dirigentes israelíes ir demasiado lejos en su sabotaje del proceso negociado. Las ilusiones de Oslo parecen definitivamente en entredicho.

 

mano.gif (915 bytes)  Michel Warshawski, Alternative Information Centre, Jerusalem

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