| EL NUEVO GABINETE DE ARAFAT: "APOYADME O ECHADME" |
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art. de Graham Usher Publicado en el Middle East International del 21 de Agosto de 1998 |
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Corrupción en altas esferas.
La exigencia de un nuevo ejecutivo tiene su origen en un informe de la Oficina de Control General de la Autoridad Palestina de mayo de 1997. Éste demostró el mal uso de 326 millones de dólares de los fondos públicos de la Autoridad, cuyo presupuesto general es de 800 millones. En julio el Consejo Legislativo formó su propia comisión de investigación, que desenterró también la mala administración, el despilfarro y en el caso de tres ministros (Nabil Sa´ath, ministro de planificación, Yhamil Tafiri, de asuntos civiles y Ali Qawasima, de transporte), evidencias de corrupción criminal. Arafat nombró un comité paralelo en la OLP, posiblemente para disminuir la efectividad de el primero.
Se formódesde entonces una sólida mayoría dentro del Consejo a favor de un cambio de gobierno siguiendo las recomendaciones hechas por la comisión de investigación. Ésta pedía a Arafat que juzgara a los ministros acusados, que reemplazara el actual ejecutivo por uno nuevo hecho de " tecnócratas y expertos " y que pusieran en práctica una auténtica división entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
El pasmo del Consejo Legislativo
La respuesta de Arafat a esta acumulación de argumentos en un favor de la reforma fue, simplemente, rechazarla. Después de un discurso cuyo principal tema fue la actual crisis en el proceso de paz, Arafat sacó un trozo de papel de su bolsillo trasero y dijo: " Todo el gobierno actual permanecerá en sus cargos. Sin embargo, vamos a añadir los siguientes nombres..." Después de leer los nombres, Arafat salió de la cámara. Se produjo un silencio, roto por los esporádicos cuchicheos. La inmediata reacción de la mayoría de los miembros del Consejo fue de incredulidad, pero, finalmente, se impuso un la realidad.
Arafat no sólo había mantenido a los tres ministros acusados de corrupción sino que se desmarcaba de cualquier intento de eficacia y racionalidad al inflar el gabinete de 22 ministros a 30, añadiendo 8 nuevos ministros "de estado", sin cartera. Los únicos cambios ministeriales concedidos por Arafat eran aquellos que las circunstancias habían mandado, por muerte (Elías Freiyh en turismo) por enfermedad (Bashir Barguthi ) o por renuncia (Samir Gawsha y Yaser Amr en trabajo y educación). La única deferencia que parecía conceder a las quejas del Consejo Legislativo era la cooptación de miembros críticos como Rafiq Natshe de Hebrón y Salah Ta´mari de Belén, haciéndolos responsables, respectivamente, de trabajo y de un nuevo ministerio destinado a combatir los asentamientos israelíes.
Al no sólo preservar sino incluso sancionar el presente statu quo, Arafat lanzó un mensaje que es a la vez sencillo y múltiple. A sus ministros, que el líder palestino prefiere la lealtad partidista que la eficacia o probidad. Al legislativo que ni las mayorías, ni las comisiones, ni la responsabilidad legal pueden forzarle a tomar decisiones que no quiera a tomar. En cuanto a la corrupción -la raíz de la crisis entre el legislativo y ejecutivo- el mensaje era más sencillo aún: " más de lo mismo ". Este fue el comentario de la antigua ministra de educación superior, Hanan Asrawi.
Asrawi declinó la oferta de Arafat del ministerio de turismo: " No puedo ser parte de este gabinete " dijo el 6 de agosto. "No refleja las actitudes ni las reformas estructurales, personales y de procedimientos que son ahora necesarias." Asrawi fue acompañada en su renuncia por el ministro de agricultura, Abd al -Yhawad Saleh, quien ha tenido una un larga querella con Arafat sobre el nombramiento del personal de su departamento basándose en los méritos más que en la afiliación partidista. Enfadado por su degradación a un ministro sin cartera, Saleh acusó a Arafat de dirigir " una escuela de corrupción " en la que "los ministros eficaces son expulsados y los corruptos mantenidos. " El 13 de agosto Ta´mari declinó también su nuevo cargo ministerial, a pesar de haber votado a favor del nuevo gabinete: "pedíamos más eficacia" dijo, al anunciarse el gabinete," y lo que tenemos es más ministros."
El descontento no se limita a los " independientes " como Asrawi y Saleh o a los "disidentes" como un Ta´mari. En una agrio debate sobre el nuevo gobierno los días 8 y 9 de agosto, muchos miembros del Consejo de Al-Fatah airearon su enfado con las viejas y nuevas decisiones del líder. "Ya que Abu Ammar (Arafat) es el líder desde hace treinta años, yo propongo que el consejo lo declare Dios del pueblo palestino ", dijo Husam Jader, miembro de Al-Fatah por Nabulus. Jader fue casi físicamente atacado por otro miembro de Al-Fatah, Buhram Yharrar de Yhenin, por establecer tal comparación. Más comedido, Muhammad Hurani, miembro de Al-Fatah por Hebrón, dijo que el nuevo gabinete "representa la falta de respeto por las instituciones políticas" Jader y Hurani representan a la generación de activistas surgidos en los propios Territorios Ocupados durante la intifada y no son de la hornada de Tunez. Hábilmente, Arafat consiguió mantener los a distancia.
Consiguió esto gracias a un mecanismo que ha pulido a la perfección en sus treinta años al timón del movimiento nacional palestino. Alarmado por las profundas grietas en las filas de Al Fatah, el 6 de agosto Arafat reunió el órgano superior de decisión del movimiento, el Comité Central. Al día siguiente siguió con una reunión " especial" de los miembros de Al-Fatah en el Consejo Legislativo Palestino. Se ha sabido que Arafat, usando todo un repertorio de quejas personales, llamadas a la unidad nacional y amenazas implícitas de usar la fuerza, pudo parar los pies a sus agresivos seguidores. Pero el arma fundamental, que Arafat saca de la funda cuando se siente puesto en duda como el único árbitro de los palestinos, un no declarado ultimátum de que un rechazo de su gabinete sería juzgado como un rechazo de su liderazgo. La amenaza se reduce a " apoyadme o echadme ".
Como a menudo ha ocurrido en el pasado, el ultimátum funcionó, principalmente porque Al Fatah, si va a continuar siendo un movimiento, no puede tener otro líder. El 9 de agosto el Consejo Legislativo aprobó el nuevo gobierno por 55 votos a 28, una mayoría más grande que la esperada, por el hecho de que los afiliados a Al-Fatah del Consejo son 64 de un total de 87 miembros. Dada a la enorme presión personal que Arafat ha ejercido, algunos de los afiliados simplemente han cambiado de opinión en el último momento.
Pero otros no pueden disimular el sentido de traición que el voto ha puesto de manifiesto, no sólo a su propia credibilidad como diputados, sino al electorado al que representan:" Me siento muy decepcionado, dar un voto a este gobierno legalizar a la corrupción. Es un dramático final para una gran institución política" dijo Jader.
Nepotismo versus un buen gobierno.
No es ciertamente el fin de una lucha que se ha estado "cociendo" entre Arafat y los elementos del Consejo Legislativo desde que este último fue elegido en enero de 1996. Esta lucha ha sido menos sobre los méritos o deméritos de la paz de Oslo que sobre contenidos y perspectivas de futuro de la organización política palestina. Una corriente -expresada elocuentemente por figuras como Asrawi, pero encarnada en líderes como Jader, -argumenta que el papel de las instituciones como el Consejo Legislativo es buscar una sociedad basada en la ley y en la democracia, no sólo para asegurar a los palestinos los derechos civiles, sino también porque tales instituciones son las únicas capaces de movilizar a la opinión pública palestina en una persistente lucha contra la ocupación. Para analistas palestinos como Azmi Bishara se trata de una de lucha nacional en que: " la soberanía no es la condición para la democracia sino la democracia condición de la soberanía ".
Para Arafat la ecuación es exactamente la contraria. Educado en las arenas políticas de Jordania y el Líbano, para él asuntos como la democracia, la responsabilidad y el buen gobierno son totalmente secundarias a la lucha nacional contra Israel. Y, dada la prioridad de la " lucha nacional ", la única respuesta a una crisis de gobierno o de liderazgo es menos el enfrentarse a las causas políticas de tales crisis que el suprimirlas en nombre de la " unidad nacional ", con una unidad medida en términos de fidelidad al líder y no en términos de adecuación o incluso competencia para el oficio. Es una repetición del viejo método del Líbano, en donde las decisiones se tomaban a través del " consenso nacional " de los jefes de las facciones de la OLP, aunque Arafat siempre suministraba el punto central de ese consenso.
Esto pudo tener sentido en el Líbano en 1982, pero en las actuales condiciones de los Territorios Ocupados -y dados los apremios de seguridad de Oslo y la inutilidad de facto de las facciones del la OLP- lo que el liderazgo de " unidad nacional " significa en la práctica (como se ha observado en la remodelación del gabinete) es el dominio de las instituciones de Al-Fatah y de las estructuras política y militar de la Autoridad Palestina sobre las instituciones de elección popular como el Consejo Legislativo.
Aun más peligrosamente, consagra el liderazgo patriarcal de Arafat como el único nervio capaz de movilizar el cuerpo nacional palestino. Este método utiliza el patronazgo, la corrupción, el de sentimentalismo y a veces la violencia para componer un vacuo " consenso nacional ". Pero su intención y efecto es fragmentar cualquier oposición basada en diferencias ideológicas en favor de lealtades basadas en intereses personales, tribales o sectoriales. Cuando se le preguntó a un nuevo ministro como podía sumarse a un gabinete que contenía algunos miembros corruptos, éste se encogió de hombros y dijo: " tengo una familia que mantener."
Si la oposición en el Consejo Legislativo está por resistirse a la metodología de Arafat y a la consiguiente fragmentación, va a tener que forjar cuerpos electorales y bloques parlamentarios. Tendrá que asumir el mensaje del antiguo jefe de la delegación palestina en Madrid, Haidar Abd al-Shafi, que renunció a su escaño en el Consejo hace un año, que decía en 1997 que la condición para existencia de democracia dentro de las instituciones nacionales es la creación de " movimientos de masas populares y no violentos en favor del cambio democrático" fuera de estas instituciones.
Y tendrá que seguir el ejemplo de activistas como Jader quien, en los dos años de existencia del Consejo Legislativo, ha surgido no sólo como el más audaz crítico de Arafat, sino que ha desarrollado campañas de base en su campo de refugiados natal de Balata, basadas en los derechos nacionales de los palestinos como refugiados y en sus derechos democráticos como ciudadanos. El eslogan acuñado por los refugiados de Balata es el lenguaje de la lucha nacional del futuro: " Luchar contra la corrupción como si no hubiera ocupación, y luchar contra la ocupación como si no hubiera corrupción."
Graham Usher es periodista, corresponsal en Jerusalén de varias publicaciones especializadas en el conflicto Israel-Palestina.