| OSLO LA ULTIMA ETAPA DE LA CONQUISTA |
|
Ponencia del Dr. Norman Finkelstein en la conferencia "50 años de violación de derechos humanos: los palestinos desposeidos", celebrada en junio de 1998, organizada por LAW- Sociedad Palestina por los Derechos Humanos y el Medio Ambiente. Publicado en News From Within, Agosto de 1998 |
|
Consideremos dos formas clásicas de conquista: la conquista del oeste americano por los Estados Unidos, y la conquista nazi del este de Europa. En el caso bien conocido de América, se mezclaron la exterminación y la expulsión, con el sitio se cumplió la fase marcada por el establecimiento de reservas. Apenas hubo esclavización de los nativos de América debido a que se llegó al acuerdo de importar africanos antes que explotar a la población nativa.
Si suponemos que más o menos tres cuartas partes de la población eslava fueron exterminadas o deportadas a Siberia, los nazis explícitamente tomaron como modelo el precedente de América. Las tesis que yo quiero argumentar son dos:
1º Los asentamientos sionistas en Palestinas entran dentro de la trayectoria general de conquista, y,
2º El llamado proceso de paz es realmente la fase culminante de la conquista sionista. Antes de volver a los asentamientos sionistas, quiero primero analizar brevemente la ideología de conquista.
IDEOLOGIA DE CONQUISTA
A través de los tiempos las mismas razones han justificado las conquistas. En todos los sitios he visto que la zona elegida para conquistar siempre se decía que estaba libre: el oeste americano era una "tierra virgen", o, "salvaje", Surafrica, "nómada" y Palestina "una tierra sin gente", o después un "desierto" listo para "florecer".
Estas tesis las completaban con la afirmación que los derechos humanos básicos no se aplicaban a las razas menores incluida la población indígena. En un escrito referido a la conquista del oeste, Teodoro Roosevelt decía:
"Es verdaderamente estúpido, inmoral y perverso y puede entorpecer el proceso de una conquista que podría llevar a continentes enteros a convertirse en naciones civilizadas y florecientes. Todos los seres humanos con mentalidad sana y amplia deben rechazar la idea de que esos continentes se deben reservar para las tribus dispersas y salvajes, cuya vida es poco más o menos tan sin sentido, miserable y feroz que la de las bestias con las que conviven".
Haciéndose eco de estos sentimientos, Hitler se dirigió a sus tropas en el frente del este en 1944:
" A lo largo de la historia los débiles, que claramente no han contribuido en nada, se han visto dominados, eliminados y a veces exterminados por las naciones fuertes. El concepto de humanidad, la idea de que el débil debe ser siempre apoyado y ayudado incluso con la amenaza de la continuidad del fuerte, es desconocida en la naturaleza... Tales nociones de humanidad solamente se pueden albergar en la mente deformada de una persona que ha perdido el juicio."
En 1937 Winston Churchill se dirigió a la Commisión Peel para apoyar al asentamiento sionista comparando a los árabes de Palestina con un perro en un comedero:
"No creo que un perro en un comedero tenga al fin todo el derecho sobre el comedero, aunque haya estado atado a él mucho tiempo... (...) no admito que se haya cometido ningún error con respecto a esa gente por el hecho de que una raza superior, una raza más evolucionada o en último caso más amplia de horizontes, haya llegado y se haya instalado en Palestina".
Hay algunos puntos que merecen resaltarse:
1º Desde el punto de vista europeo, no había contradicción entre la pretensión, por una parte, de que la tierra estaba literalmente deshabitada y por otra que de hecho subsistía una población indígena, aunque sin merecer la aplicación de los derechos humanos. La población indígena se asimilaba con la fauna de la zona.
2º Aunque la conquista se justificó originalmente por la doble pretensión de que la tierra estaba vacía y de que los nativos no se merecían la aplicación de los derechos humanos, el último argumento se convirtió, en la segunda mitad del siglo, en moralmente indefendible.
El insistir en esta tesis constituye un reconocimiento implícito de que si Palestina había estado habitada, la iniciativa sionista habría sido inmoral.
3º La secuencia cronológica de las notas citadas es Roosevelt-Churchill-Hitler. En lo referente a la conquista, Hitler se apoyó sólidamente en los gigantes que le precedieron.
4º En el caso del sionismo, coexistieron dos discursos relativamente distintos: uno destinado a elementos externos, no-sionistas, y otro interno destinado al consumo sionista - los derechos bíblicos-históricos de los judíos a la tierra de Palestina. Aunque se invoca con frecuencia en los foros públicos, este discurso carece evidentemente de contenido racional.
5º Todos los regímenes conquistadores mantienen que su conquista es únicamente humana. Así, Roosevelt aseguraba que "ninguna otra nación conquistadora o colonizadora había tratado nunca a los salvajes propietarios de la tierra con tanta generosidad como los Estados Unidos". Y así, Berl Katznelson, el llamado "conciencia del Yishuv", aseguraba que "nunca había habido una empresa colonizadora tan tipificada por la justicia y la honestidad hacia otros como nuestro trabajo aquí en Eretz Israel". Presumiblemente Hitler hizo el mismo comentario.
EXPULSION: EL PRIMER PASO DE LA CONQUISTA SIONISTA
El objetivo sionista - crear un estado étnico judío en Palestina- excluía un acuerdo con la población árabe. El movimiento sionista comprendió claramente, según Zeev Sternhall, que había una:
"insuperable contradicción entre el objetivo base entre ambas partes. Si los líderes y los intelectuales sionistas ignoraron el dilema árabe, fue principalmente porque sabían que este problema no tenía solución dentro del pensamiento sionista. En general, ambas partes se comprendían bien y sabían que la puesta en práctica del sionismo solo podía ser a costa de no tomar en cuenta a los árabes palestinos. La dirección del Yishuv no ocultó sus intenciones; tampoco podía hacerlo. De forma similar, los árabes, que sabían desde el principio que el objetivo del sionismo era la conquista de la tierra, hicieron perfectamente patente su repulsa a pagar un precio por el holocausto judío".
La solución a esta "insuperable contradicción" ineludiblemente requería recurrir a la fuerza. Contrariamente a lo que se ha afirmado, los laboristas sionistas no estaban menos predispuestos que la derecha a aceptar un estado étnicamente homogéneo. "hubiéramos preferido," escribió Berl Katznelson, "que no existieran árabes, pero son una realidad y tenemos que tenerlos en cuenta". Hay que hacer notar que Katzelson acusó a los árabes de xenofobia por oponerse a la inmigración israelí. En la práctica tenerlos en cuenta significó que los laboristas sionistas aplicaron una política de exclusión radical:
"Los asentamientos del movimiento laborista, sus iniciativas económicas, y sus instituciones culturales fueron un baluarte contra el contacto con el entorno árabe. Nadie luchó contra el trabajador árabe con más vigor que el Histadrut; nadie predicó la segregación económica, nacional y social con más determinación que el movimiento laborista".
Y últimamente, como resalta Sterhell, su política es de dependencia de la fuerza bruta: "Esta gente sabe que el país no se les devolverá y que lo deberán conquistar tanto como el trabajo como con las armas".
"La tragedia del sionismo", dice Walter Laqueur, fue "que apareció en la escena internacional cuando no había territorios vacíos en el mundo". Esto no es totalmente cierto. La tragedia -si fue una tragedia- fue que a principios del siglo veinte no era posible crear nuevos espacios en el mapa mundial: la exterminación dejó de ser una opción de conquista. De acuerdo con esto el movimiento sionista fijó sus objetivos en la expulsión -o, para utilizar el eufemismo de aquel momento, "movimiento de población". Esto quiere decir que a diferencia de la exterminación, la expulsión estaba todavía considerada como un medio legítimo para resolver disputas nacionales. El precedente más conocido fue durante el conflicto Greco-Turco con "el cambio de población". Por lo que a Palestina se refiere, no solo el Partido Laborista Británico también Bertrand Russell aprobaban la propuesta sionista de desarraigar a la población indígena. Para llevar a feliz término la primera fase de la conquista, el movimiento sionista implantó durante la guerra árabe-israelí de 1948 la opción de expulsión.
SITIO: EL SIGUIENTE PASO DE LA CONQUISTA SIONISTA
Después de conquistar Cisjordania durante el curso de la guerra de Junio de 1967, el movimiento sionista se encontró con el mismo dilema que al principio de siglo: querían la tierra pero no a la gente. Antes de analizar la solución de este dilema, sería conveniente disipar ciertos mitos populares:
1º Israel de algún modo no vino a ocupar Cisjordania contra su voluntad. Así, Zeev Sternhall escribe: "El papel de ocupante, que Israel empezó a desempeñar solo unos pocos meses después de la brillante victoria de junio de 1967, no fue el resultado de algún desacierto por parte de los dirigentes de aquel período o el resultado de una combinación de circunstancias, sino otro paso en la realización de las ambiciones sionistas".
Los líderes israelíes vieron la dificultad para conquistar Cisjordania en las guerras de 1948 y 1956 como una "causa de lamento". La víspera del ataque de Junio de 1967, el influyente ministro del Gabinete Yigal Allon insistió que uno de los principales objetivos israelíes debería ser "la total ocupación de la Tierra de Israel"
2º El movimiento asentista en el West Bank "capitaneado" no por el Likud sino por el Laborista. Así los primeros asentamientos además y en el corazón de Hebron, fueron una idea de Yigal Allon (con el total apoyo de Ben Gurion). Kiryat Arba fue una idea de Allon. Rabbi Levinger y los fanáticos de Gush Emunium también tuvieron el apoyo de Allon, así como el del más importante movimiento de Kibbutz. A mediados de los 70s, Peres y Rabin abrieron con entusiasmo -en palabras de Sternhell- "el camino para la imparable anexión de los territorios poblados conquistados en 1967". Verdaderamente, existió un consenso completo en el espectro político con respecto al derecho de Israel Cisjordania.
Sternhall escribe: "Religiosos y "seglares", izquierda y derecha, padres e hijos sintieron que compartían derechos históricos y culturales basados en la santidad del patrimonio judío". Por esto, Sterhell concluye que existe una continuidad fundamental no sólo entre los actuales colonos fanáticos y el partido laborista sino también con los originales sionistas.
"El Gush Emunim, establecido formalmente después de la guerra de 1967, que combina fundamentalismo religioso con nacionalismo fanático en su objetivo de recuperar el West Bank por medio de la colonización, tiene razón, junto con los no religiosos que le apoyan, en proclamar que los asentamientos en Judea y Samaria o en el centro de Hebron son la natural, lógica y legítima continuación de las intenciones originales del sionismo".
Volviendo al dilema de Israel de que quiere la tierra pero no a la gente de Cisjordania, las opciones para resolver este dilema han disminuido desde la caída del movimiento sionista: no solo la exterminación sino también la expulsión dejaron de ser una alternativa. De manera previsible ahora el movimiento sionista fijó su objetivo en la opción sitio. Formulada por el Partido Laborista justo después de la guerra de Junio de 1967, el Plan Allon pedía la retención por Israel de casi la mitad de Cisjordania que incluía las zonas "de densa población árabe" garantizando una pseudo-autonomía. De ninguna manera esto era un "compromiso". Dejando de lado que de ninguna manera permitía la autodeterminación palestina, la estrategia de sitio de los laboristas era lo máximo a lo que Israel podía aspirar.
Sin embargo, durante casi treinta años, Israel guardó el Plan Allon. Por una parte, no había prisa. Distribuyendo una red de colaboradores palestinos, Israel podía mantener una ocupación virtualmente libre de gastos. Mientras tanto, los patrocinadores de Israel en Estados Unidos desplegaron todo tipo de presiones. Por otra parte no había interesados palestinos. Ningún líder palestino creíble estaba dispuesto a jugar el papel de un Jefe Buthelezi. Reflejando las aspiraciones de sus electores y de acuerdo con el consenso internacional, la OLP hizo un llamamiento a la total retirada y a la autodeterminación de Cisjordania y Gaza.
OSLO: REALIZACION DEL PLAN ALLON
Nuevos sucesos en la década pasada espolearon a Israel a realizar el Plan Allon. Aunque últimamente Israel ha tenido cierto éxito en su lucha contra la Intifada, se ha visto forzado a pagar tanto a nivel nacional como internacional un precio elevado. Y es fácil ver que el statu quo antes del alzamiento palestino no puede durar indefinidamente. Por otro lado, una concatenación de sucesos -la destrucción de Irak por la Guerra del Golfo, la desaparición del bloque soviético, la abierto alineación de los regímenes árabes con los Estados Unidos, el declive de la OLP- obligaron a Arafat a reconsiderar la oferta de Israel de retirarse parcialmente de Cisjordania, el resto se convirtió en un protectorado casi Palestino.
Oslo marcó el triunfo de la estrategia de sitio planeada por Israel. El líder del Partido Laborista Ehud Barak observó recientemente, "Yitzak Rabin pensó en el plan Allon hasta el día de su muerte". Pensar que Oslo influyó en el compromiso de Israel para que abandonase los territorios ocupados supone una gran incomprensión. De cualquier modo, realmente Israel se ha retirado de la tierra conquistada solo por medio de la fuerza. Un lema del sionismo es, "nunca se debe abandonar una posición o un territorio a menos que sea obligado por una fuerza superior". Por eso, la retirada del Sinaí se produjo después de una impresionante actuación de Egipto en la guerra de Octubre de 1973, la retirada del Líbano en 1985-6 se produjo después de un gran número de golpes infligidos al IDF por la guerrilla libanesa.
PERSPECTIVAS PARA EL "PROCESO DE PAZ"
El propósito real del "proceso de paz" es la culminación de la estrategia de sitio de Israel. Para legalizar la sanción de este último paso, Israel necesitaba colaboradores indígenas.
Los palestinos de a pie sufren martirio, pero para los colaboradores con Israel -que viven entre el soborno y luchando por el dinero fácil- es un cuestión del día a día. La corrupción endémica de la "Autoridad Palestina", se debe ver en este contexto.
En un futuro previsible la estrategia israelí probablemente funcionará. Solo una masiva convulsión popular puede hacerla fracasar, pero no es probable. Con la derrota de la Intifada, y la traición, corrupción, y oportunismo de sus líderes, la mayoría de los palestinos se han desencantado de la política. Hartos de cinismo, buscan la salvación personal en la lucha por los derechos individuales. Es "cada hombre para si mismo". ¿Quién los puede culpar". Histórico.
La experiencia dice que deberá pasar una generación antes de que los palestinos se recuperen de la derrota sufrida en Oslo.
En última instancia, sin embargo, es improbable que el acuerdo de Oslo resulte estable. Es solo una cuestión de tiempo que la población entre el Mediterráneo y el Jordán sea medio israeli-judía, medio palestina árabe. También será medio libre, medio esclava. Lincoln hace mucho tiempo comprendió que una situación así no puede durar mucho. Verdaderamente, igual que en América del Sur y en Africa del Sur los destinos del opresor y del oprimido en Palestina/Israel están ahora irrevocablemente entrelazados. El probable y muy distante futuro será que palestinos y judíos israelíes, respeten los derechos recíprocos, tanto comunales como civiles y que coexistan dentro de una entidad unitaria. Como postdata, sin duda el acuerdo de Oslo será rechazado como una sórdida desviación en el camino hacia la justa y duradera paz. Mientras tanto, se debe hacer mucho para mejorar la vida diaria de los palestinos.
La lucha para asegurar sus derechos humanos -por ejemplo la abolición de la tortura- en un buen punto para empezar. De hecho, la violación de los derechos humanos es inseparable de la ocupación. Eliminando una se eliminará la otra.
Norman Finkelstein es el autor de los libros "La imágen y la realidad del conflicto israelí-palestino", "El surgimiento y caida de Palestina" y (junto con Ruth Bettina Birn) "Una nación bajo juicio". Enseña teoría política y relaciones internacionales en el Hunter College y en la Universidad de Nueva York.