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Miñercoles
20 de
agosto de 2008 |
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CHACO-ARGENTINA EL IMPENETRABLE, ...PENETRADO. ..!!! Por Mempo Giardinelli En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo. Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen –ya impropiamente– como El Impenetrable. Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos. Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina –no pedida ni autorizada– al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina. Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da. Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli –población de 30 mil habitantes que se autocalifica "Portal del Impenetrable"– la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país. Entramos –nuevamente por atrás– al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis. Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. "Siempre", responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, "aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele". Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque "no tenemos lavandina". Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas. Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas. Digan lo que digan, estas tierras –más de tres millones de hectáreas– fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también. Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia. Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de "los pentecostales" o "los anglicanos". Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: "Por aquí, Dios no pasó". Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: "Con la fuerza de Rozas, vote lista 651". Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de "Pare de sufrir". Abajo dice: "Chaco merece más. Vote Capitanich". A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las
elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro
de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras
el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien
lejos de aquí, como casi todos los legisladores.
En un fallo inédito, la Corte Suprema de la nación intimó al gobierno nacional y al de Chaco que brinden asistencia a las comunidades tobas. En las últimas semanas hubo once muertes por desnutrición. Para intervenir en el caso, el máximo tribunal consideró la “gravedad y urgencia” de la situación. El Estado nacional y el gobierno chaqueño deberán proveer de alimentos y agua potable a las comunidades aborígenes de la provincia. Así lo resolvió en un inédito fallo la Corte Suprema de Justicia, luego de admitir una medida cautelar presentada por la Defensoría del Pueblo de la Nación para que se adoptaran las medidas necesarias que “detengan el exterminio” de los pueblos originarios en esa provincia. El organismo había realizado un relevamiento en el noroeste y el sudeste del territorio a través del cual constató “el nivel de abandono en el que vive la población”, víctima de enfermedades como el mal de Chagas y tuberculosis. En la sentencia, el máximo tribunal sostuvo que “está en juego el derecho a la vida y la integridad física de las personas”. Al aceptar la medida cautelar solicitada por el defensor, los jueces de la Corte ordenaron a los demandados –el gobierno nacional y el de Chaco– que garanticen el suministro de agua potable y alimentos a los aborígenes, además de medios de transporte y comunicación adecuados para cada una de las unidades sanitarias ubicadas en las diferentes regiones. “La Corte consideró la gravedad y urgencia de los hechos denunciados y destacó la necesidad de adoptar la medidas conducentes que tiendan a garantizar la eficacia de los derechos y evitar que éstos sean vulnerados”, sostuvo un comunicado del tribunal al dar a conocer el fallo. Además, la Corte resolvió convocar a una audiencia pública y requerir informes a la provincia de Chaco y al Estado nacional sobre la situación de los aborígenes. La decisión de los supremos sigue la línea establecida por el tribunal de ocuparse y hacer el seguimiento de casos donde existen derechos colectivos conculcados, como la situación en las cárceles o la contaminación del Riachuelo. Ahora, los magistrados resolvieron sobre la base de una presentación de Eduardo Mondino, el defensor del Pueblo, que hizo un relevamiento en los departamentos de General Güemes y Libertador General San Martín. Allí, en los últimos dos meses, once personas, en su mayoría ancianas, murieron por desnutrición. En equipo de la Defensoría detectó en el Paraje Colonia 10 de Mayo, en General Güemes, que todos los habitantes entrevistados manifestaron tener vinchucas en sus casas. También dijeron que en treinta años nunca recibieron fumigación. La única unidad sanitaria a disposición tiene una sola camilla, una única balanza y una heladera fuera de funcionamiento. Al momento de la visita de los especialistas del organismo, no contaba con medicación ni con vehículo para transportar enfermos. Otro de los lugares visitados fue el paraje El Colchón, del mismo departamento. Organizaciones sociales de la región denunciaron casos de desnutrición grave en el paraje. De acuerdo con el mismo relevamiento, las familias extraen agua de charcos donde también acceden los animales. Con similar situación de precariedad se convive –de acuerdo al informe presentado ante la Corte– en el paraje Campo Alemani, en el departamento de General San Martín, donde las familias no tiene letrina y el agua se saca de un pozo construido por una organización social. El relevamiento permitió al organismo corroborar “el estado de extrema gravedad de la población aborigen”. “No tienen alimentos ni agua potable. La situación empeora aún más por el alto nivel de enfermedades endémicas que afecta a los pobladores, como el Chagas, la tuberculosis, la desnutrición, broncopatías, parasitosis y sarna”, señala el informe. El organismo también detalla “las dificultades para obtener atención médica, ya que es imposible acceder a las unidades sanitarias y aun haciendo el esfuerzo para llegar al lugar, las unidades sanitarias no tienen medicamentos o son insuficientes”. El Instituto del Aborigen Chaqueño había advertido sobre la situación de las comunidades tobas. A través de una resolución, el organismo provincial declaró meses atrás el estado de emergencia sanitaria y alimentaria de los pueblos indígenas de la provincia. Con este mapa de situación, Mondino presentó a principios de este mes una demanda para que se termine la “situación de exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable” de los aborígenes. La Corte hizo lugar a su reclamo.
¡Qana `anaxachi! (Fuerza hermanos) Por: Rodolfo Grinberg - Agencia Walsh Los tobas pertenecientes a la Organización Toba Qompi (OTQ) llevan más de un mes acampando en la plaza Juan Paredes de la ciudad de Castelli - Chaco. Reclaman la devolución de territorios usurpados por un funcionario y miembro de la CTA. Junto a otros compañeros pudimos compartir casi una semana de su lucha. Lo que sigue intenta narrar parte de la experiencia vivida. Buenos Aires, 19 de agosto de 2008 (Agencia Walsh).- La leña crepita. Unas chispas escapan de debajo de la olla y vuelan como pequeñas luciérnagas en la fría noche de Castelli, en la puerta del "impenetrable" chaqueño. El fuego lentamente, desde abajo, muy de abajo, calienta el ennegrecido recipiente. Sobre troncos tumbados, en silencio, sentados, con las manos estiradas, atraídas por el calor y la magia del fuego; varios adoradores de ese ídolo humeante contemplamos abstraídos. Rosa revuelve. El vapor escapa de la olla, serpentea y nos inunda. Elogio el aroma. Rosa sonríe e instintivamente, como si sintiese vergüenza, tapa su boca con la mano para evitar que se vea lo desdentado de su amplia sonrisa. Rosa culpable de no tener dientes, de ser mujer, de ser pobre, de ser excluida, de ser segregada. Rosa culpable de ser Toba en su tierra, en la puerta del impenetrable chaqueño, se tapa la boca. Gritos silenciosos estallan en la boca tapada de Rosa. El Acampe Gritos silenciosos en la oscura noche chaqueña. Sólo el fogón ilumina y mantiene vivas las brasas hasta el amanecer. El viento se filtra en la noche y con su helada mano acaricia bajo frazadas y mantas. El viento se filtra en la plaza Juan Paredes; se cuela por las improvisadas paredes de nylón negro, de las improvisadas carpas, de este nada improvisado acampe por la dignidad. Tiemblo. No es por el frío. Las carpas se recortan en lo negro de la noche como sombras. Tan diferente de un acampe estudiantil. Tan lejano de ese otro acampe realizado hace no mucho en el Congreso, en el que rivalizaron en ostentación empresarios rurales y partidarios del gobierno. Más de un mes llevan los tobas de la Organización Toba Qompi (OTQ) en esta plaza reclamando la devolución de las tierras usurpadas por el director de Catastro municipal y dirigente de la CTA, Eduardo Riquel. Tierras que el municipio les había otorgado para la construcción de viviendas. Compartimos con ellos. Participamos del Encuentro Intercultural de Organizaciones en Lucha que se realizó en la plaza el 26 y 27 de julio pasados. Estuvimos junto a los jóvenes solidarios del grupo Nalá (sol en toba) casi una semana, casi una semana en el acampe aprendiendo la dignad de la lucha. El ghetto de Castelli Al padre de Félix lo asesinó un colono cuando él tenía sólo 6 años. No hubo motivos. No hubo investigación. No hubo explicación. No hubo preguntas y sobre todo no hubo respuestas para la prematura orfandad de Félix. Quizás ese fue el motivo por el que Félix se negó a aprender castellano hasta ya entrada la adolescencia. Quizás por eso se convirtió en rebelde antes de saberlo. Tal vez el asesino de su padre haya cortado rutas recientemente
y se haya indignado por las retenciones. Imposible hablar en pasado. Siglos de impunidad dan cuenta de ello. "La policía nos levanta sin causa" cuenta Ángel López, un muchachito Toba que está terminando la secundaria. Él tuvo más suerte que Solano López, el joven asesinado a golpes por la policía de Miraflores el año pasado. Piensa recibirse de abogado para defender los derechos del aborigen. Ángel es uno de los poquísimos tobas que va terminar la escuela media. Ángel va a la escuela a pesar de los insultos que recibe a diario de muchos docentes y compañeros. Distribuidos en una docena de barrios, verdaderos ghettos en los que la falta de trabajo y de comida, la tuberculosis, el clientelismo político y la marginación hacen estragos, están los que han sido desplazados del monte en el que vivieron durante siglos. Gran mérito del capitalismo que destruyó miles de hectáreas y de vidas en su sed insaciable de "Oro Blanco" (Algodón). Mientras en los barrios no hay red de agua potable (alrededor de 150 canillas públicas proveen de agua a todos los barrios) y casi nula atención médica, sobre todo en la zonas rurales donde todo empeora. En la ciudad de Castelli, sólo en la zona urbana, viven (según datos proporcionados por el intendente Leonardo Yulán) alrededor de seis mil tobas. La cifra crece si se tienen en cuenta los habitantes de los parajes rurales como Pampa Argentina; EL Colchón; Porta Negra; Pozo del Toro y el Zanjón. Discriminados hasta la muerte " Nosotros estamos discriminados hasta la muerte" afirma Jacinto. Charlamos mientras pintamos. Pintamos junto a los pibes de Nalá el comedor que la OTQ tiene en el barrio Chacra 108. " Cuando fallece un indígena, una abuela o un abuelo", prosigue Jacinto, "no existe el coche fúnebre para los tobas. Sólo existe el camión basurero. Ese camión cumple con la tarea de llevar al pobre indio al cementerio. Esto ya se lo planteamos al gobernador." La indignación que anuda la garganta convierte la mano de Jacinto en puño apretado. El pincel se agita y salpica. Nalá termina el mural en el comedor. La imagen del "Che" junto a un toba y una toba aparecen como un símbolo, como custodios de dignidad en una de las paredes. ¡Qana ánaxachi yaqaga! (fuerza Hermanos) anima y encabeza el mural sobre las paredes. Qana ánaxachi, preside como grito de guerra, cada marcha que OTQ realiza en Castelli, cada acto de los tobas. Jacinto perdió a su padre cuando tenía 3 años. Jacinto perdió a su padre el 12 de octubre de 1973. Un motivo más para repudiar la fecha. El padre de Jacinto murió de tuberculosis, lo mismo que su hermana y un sobrino. A Jacinto le sobran motivos y motivaciones para la lucha. Jacinto sonríe junto a la imagen del "Che". Él quería tenerlo en el comedor. De Napalpí a OTQ En 1924 estalló una protesta indígena en los campos algodoneros del centro chaqueño. Los reclamos giraban en torno de mejores condiciones de trabajo, pago en moneda y no en "vales", y la defensa de sus tierras, permanentemente invadidas por "el blanco". El afán por incorporar al Chaco al país y este al sistema capitalista mundial, había animado hacia fines del siglo XIX, al presidente genocida y "conquistador del desierto", Julio A. Roca y a toda la generación del `80 a avanzar militarmente sobre territorio chaqueño. El afán de lucro, el de hacer buenos negocios no respetó el monte y mucho menos sus habitantes. Los tobas estaban siendo desplazados y avasallados no sin resistencia. El 5 de mayo de 1883, los aborígenes liderados por el Cacique Huaneraxai presentaron batalla en el monte de Napalpí. Fueron derrotados. Los pueblos originarios derrotados fueron confinados poco a poco en reducciones. Las reducciones fueron una forma de disciplinamiento en la que los españoles (y luego los criollos) agruparon a habitantes nativos del lugar para poder así evangelizarlos y explotarlos en la producción agrícola y manufacturera. La reducción de Napalpí fue en 1924 el epicentro de la primera y única huelga agraria aborigen en el nordeste argentino. La huelga, absolutamente pacífica, fue ahogada en sangre. El 19 de julio de 1924 por orden del Gobernador Fernando Centeno, el comisario de Resistencia, Saénz Loza comenzó la represión. Sin mediar aviso alguno, dispararon más de 5.000 cartuchos en menos de dos horas. Mataron a todos los que pudieron. Cuando se quedaron sin municiones, a los muertos y a los heridos los degollaron a sablazos. Como trofeos de guerra, les cortaron a machetazos las orejas (siguiendo la costumbre contra los indígenas de la Patagonia), los testículos y penes a los hombres, los pechos a las mujeres. Aún vivos, también a machetazos, "caparon" al líder de la huelga que se había entregado momentos antes prisionero, el Cacique Pedro Maidana. Luego lo "empalaron" conjuntamente con sus dos hijos José y Marcelino, y varios de los otros líderes de la huelga de otras comunidades aborígenes. La persecución continuó durante meses porque había orden de no dejar testigos. La masacre de Napalpí sigue viva en los recuerdos de los tobas a través del relato oral de los ancianos y de su única sobreviviente: la anciana de 107 años, Melitona Enrique. Gritos silenciosos de dolor estallan en los pechos tobas. Gritos que reclaman justicia y dignidad. Gritos que reniegan del clientelismo y de las dádivas del sistema. La Organización Toba Qompi (OTQ), hace honor y representa con su lucha, la continuidad de la lucha de los pueblos originarios, la de los mártires de Napalpí. OTQ en marcha Banderas se despliegan. Redoblantes, bombos y pitos ensayan su canto de dignidad. Esta semana fueron tres las marchas que OTQ realizó a la fiscalía, a la municipalidad y al juzgado exigiendo la devolución de sus territorios. La Organización Toba Qompi (OTQ) pertenece al Movimiento Argentina Rebelde (MAR). Se formó hace 4 años cuando el pueblo toba comprobó que la única forma de mejorar su situación era la lucha. Cuando le dijeron no a las limosnas y al clientelismo. Generaron algunos emprendimientos para no depender del estado. Para forjar una economía solidaria, de autosustento. Hoy tienen un microemprendimiento con 3 hornos para hacer ladrillos y un proyecto de comercialización de sus artesanías. " Nosotros reclamamos nuestros derechos porque somos discriminados" sostiene Ana Farías "Soy una mujer luchadora. En enero varias nos sumamos a OTQ. Conocemos su lucha y la organización vale mucho". Ana tiene una hermosa y potente voz. Con su canto de esperanza anima a hermanos y hermanas. Marchamos por las calles de Castelli. Pasamontañas improvisados cubren algunos de los rostros invisibles de los tobas. Conocen la lucha zapatista y saben que se tapan para hacerse visibles ante la sociedad. Transeúntes azorados tal vez se pregunten como es que los porteños participamos del reclamo toba. Cómo es que marchamos junto a ellos. Los poderosos, escondidos en sus "cuevas" están alerta: 'Alerta, alerta que camina la lucha de los tobas por América Latina" resuena hasta el impenetrable. ¡¡ Qana ánaxachi!! Es, sin embargo, la consigna más gritada. "La lucha de nosotros es durísima. Hay personas que se hacen los luchadores pero a los pocos días se salen del campamento. Nosotros estamos acostumbrados porque hace años que sufrimos" advierte Jacinto. No hay forma de contradecirlo. Frente
a la fiscalía, Felix, convertido en orador reclama voltear
el monumento de Sarmiento, "de ese asesino de indios",
de la plaza principal. Aplaudimos con fervor. La miro a Rosa. Está seria. Busco una mirada cómplice y
le digo con una pronunciación toba que juzgo inentendible: ¡Qana ánaxachi!
Alfabetización en el Acampe Toba A partir de hoy comenzaron, en el acampe que los tobas de la Organización Toba Qompi (OTQ), clases de alfabetización para los niños y niñas de la comunidad. Buenos Aires, 19 de agosto de 2008 (Agencia Walsh).- A partir de hoy comenzaron, en el acampe que los tobas de la Organización Toba Qompi (OTQ), clases de alfabetización para los niños y niñas de la comunidad. Así lo informó telefónicamente un vocero de la organización a esta agencia. Las clases serán dictadas por la hermana Isabel Vázquez y tienen por objeto que las niñas y niños de la comunidad continúen su aprendizaje. Los chicos y chicas tobas llevan más de un mes acompañando a sus padres en el acampe que los tobas instalaran en la plaza Juan Paredes, en reclamo por la devolución de las tierras usurpadas por el director de Catastro municipal y dirigente de la CTA, Eduardo Riquel. Tierras que el municipio les había otorgado para la construcción de viviendas.
FUENTE: AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH |
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