Encarcelan a dirigentes independentistas por hacer política vasca
Nueva redada con la izquierda abertzale
El Gobierno español busca abortar la iniciativa política
de la izquierda abertzale con la detención de Otegi, Díez,
Etxeberria y seis militantes más
Oihana
Llorente/Ramón Sola
Gara
Un par de meses después de la amenaza del ministro Rubalcaba contra
los movimientos políticos de la izquierda abertzale, el juez Garzón
puso ayer su firma a una redada que depara diez detenciones y que ejecutó la
Policía española. Cinco de ellas se realizaron en la sede
de LAB en Donostia. La acusación genérica difundida hasta
ahora es la de intentar conformar una dirección política
de la izquierda abertzale.
El Estado español vuelve a responder con detenciones de representantes
políticos a las ofertas de solución. En un momento en que
los propios medios españoles anunciaban próximos movimientos
de la izquierda abertzale, la Audiencia Nacional mandó ayer a la
Policía española a detener a una decena de representantes.
No se les imputaría más delito que conformar lo que agencias
definieron como «nuevo comité directivo de Batasuna».
Es la misma acusación con la que se acometió la redada de
Segura hace justo dos años.
Arnaldo Otegi, Rafa Díez, Rufi Etxeberria, Sonia Jacinto y Arkaitz
Rodríguez salieron esposados de la sede central de LAB, en la capital
guipuzcoana. Eran las 21.05 cuando lo hicieron, quizás con la intención
de entrar en directo en los telediarios. Pero los gritos que reclamaban
democracia para Euskal Herria o aseguraban que «borroka da bide
bakarra» también se hicieron eco en los noticiarios.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y Arnaldo Otegi
entró en el coche policial sereno y sonriente. Así agradeció el
apoyo de las personas que se habían congregado allí.
Los arrestos, en realidad, se produjeron
horas antes, concretamente a las 18.3o, cuando los agentes de la Policía española irrumpieron
en la sede de LAB. Todos los trabajadores del sindicato fueron identificados,
puestos contra la pared y retenidos durante horas en una misma habitación.
Entre ellos estaba Rafa Díez Usabiaga. Luego la Policía
española cambió de parecer y lo trasladó a la habitación
en la que mantenía detenidos a Jacinto, Otegi, Etxeberria y Rodríguez.
Los nervios y la emoción fueron la tónica de las siguientes
horas. Familiares y amigos se fueron agolpando a las puertas de la sede.
Especialmente emotiva fue la salida de Sonia Jacinto, que con motivo del
registro de su vehículo pudo estar a tan sólo diez metros
de sus seres queridos, que le detallaban que sus hijos de corta edad se
encontraban bien y que le mandaban besos.
Otros cinco fuera
La noticia de los arrestos se fue expandiendo
y muchos ciudadanos fueron a mostrar su enfado por los arrestos y las
solidaridad con los detenidos.
Alrede- dor de las 20.00 llegaron las primeras noticias del interior.
Los trabajadores que estaban retenidos pudieron salir y confirmar así las
identidades de los que se encontraban detenidos.
Pero, mientras, la cifra crecía en el exterior del barrio donostiarra
de Igara. El primer arresto que se conoció fue el de Mañel
Serra en Hernani. Los uniformados lo arrestaron cuando se dirigía
a la ikastola Langile de la localidad, adonde iba a recoger a su hija.
La joven navarra Miren Zabaleta fue otra
de las arrestadas, sin que se supiera exactamente dónde fue interceptada. Otro tanto ocurre con
la joven de Urnieta Amaia Esnal. El navarro Txelui Moreno engordó la
lista.
La décima detención se produjo en la irrupción de
la casa de Zabaleta, en la calle Jarauta de Alde Zaharra de Iruñea.
Según la versión difundida por el Ministerio de Interior
español, Ainara Oiz fue detenida «portando documentos y efectos
extraídos del domicilio».
Para sorpresa de todos, antes de que la
propia Policía española
colocara su dispositivo ya había alguna que otra cámara
enfocando a la entrada de la sede de LAB. Al parecer, algunos medios habían
sido citados para las 18.00.
Decenas de agentes españoles, de paisano o uniformados y pertechados
con material antidisturbio y escudos taparon la entrada e identificaron
a varios allegados de los detenidos. Como ejemplo, un agente encapuchado
intentó intimidar a la hermana de uno de ellos llamándola
por su nombre.
Pasadas las 20.00 también se personó en los alrededores
de la sede el letrado Iñigo Iruin, que tras debatir con los agentes
que custodiaban la sede consiguió entrar en ella.
En torno a las 21.30, después de trasladar a los cinco arrestados,
los agentes de la Policía española recogieron su dispositivo
y se dispusieron a marcharse entre gritos de desprecio. Nada más
desaparecer el último furgón policial todos los trabajadores
volvieron a su lugar de trabajo. Hoy se reunirá la Ejecutiva de
LAB para valorar esta irrupción policial, aunque nada más
conocer la noticia su secretaria general, Ainhoa Etxaide, se personó en
la sede y ante los medios denunció lo ocurrido.
Etxaide explicó que la Policía les había comunicado
que no era una operación contra el sindicato. Pero por encima de
ello resaltó la gravedad de la operación policial y acusó al
Estado español, a través del juez Garzón, de «irrumpir
en el mapa político de Euskal Herria, sobre todo, cuando en este
mapa están a punto de verse cosas nuevas».
Intensos seguimientos previos
A la espera del auto en que Garzón deberá concretar sus
imputaciones, el dato político más relevante de la intención
de esta redada son las declaraciones hechas por el ministro de Interior,
Alfredo Pérez Rubalcaba, en el mes de agosto. Ante las afirmaciones
de dirigentes independentistas de que harían una oferta política
en otoño, Rubalcaba aseguró lo siguiente: «La respuesta
va a ser radicalmente no. Esta es una farsa que dirige ETA y los tribunales
ya han demostrado que ETA y Batasuna son lo mismo».
Lo que sí anticiparon ya ayer las agencias son los preparativos
de la operación policial. Las FSE se jactan de haber realizado
un amplísimo espionaje sobre los movimientos de los detenidos.
Dicen que vigilaban las entradas y salidas de la sede de LAB desde el
mes de febrero, que detectaron viajes de Arnaldo Otegi al otro lado de
la frontera, que cambiaba varias veces de coche... Nada de esto, evidentemente,
habrá supuesto ninguna novedad para los detenidos.
La operación fue precedida de diversas filtraciones periodísticas
que trataban de vender la idea falsa de que la izquierda abertzale no
iba a apostar por las vías políticas. ``El País'',
por ejemplo, tituló el domingo: «ETA frena las iniciativas
de Arnaldo Otegi».
Al filo de la medianoche, los detenidos
estaban en las respectivas comisarías
de la Policía española, a la espera de ser trasladados a
Madrid en un momento todavía sin precisar, mientras se sucedían
las reacciones en el ámbito político.
Una
farsa dirigida y orquestada desde la más absoluta
irresponsabilidad
Por:
Gara
La Policía española detenía ayer por la tarde, una
vez más, a destacados dirigentes y militantes independentistas
de este país: Arnaldo Otegi, Rufi Etxeberria, Rafa Díez,
Arkaitz Rodríguez, Sonia Jacinto, Miren Zabaleta, Mañel
Serra, Txelui Moreno y Amaia Esnal. Una vez más, un Gobierno español
irresponsable y absolutamente falto de miras ordena detener a dirigentes
políticos a quienes únicamente podría acusar de una
cosa: trabajar políticamente para tratar de solucionar el conflicto.
Una vez más, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo
Pérez Rubalcaba han contado con la inestimable colaboración
de varios medios y periodistas que en sus últimas entregas dominicales
se han dedicado poco menos que a anunciar una operación de este
tipo.
En
estos últimos meses, el Estado, con todos los medios a
su alcance, ha tratado de poner en primer plano una serie de farsas y
mentiras, destinadas, según se puede comprobar ahora, a construir
una pista de aterrizaje para una operación de este calado. Rubalcaba,
es obvio, ha llevado la voz cantante en esa estrategia, y medios como «El
País» han reforzado esa gran farsa que, en resumen, buscaba
extender y asentar en la opinión pública española
-y probablemente en la europea que mira con interés y preocupación
hacia Euskal Herria- la idea de que «ETA ha tomado el control absoluto
sobre la izquierda abertzale» y que «ha perdido la confianza
en sus dirigentes y les ha cortado la iniciativa política que tenían
prevista impulsar para este otoño», tal y como el medio mencionado
escribía el pasado domingo. Poco importa que el mensaje dictado
por Madrid esté plagado de desinformación y que, en el fondo
e incluso en la forma, se contradiga a sí mismo. Otro ejemplo de
ello podía observarse ayer mismo en la redacción de la noticia
por parte de varios medios y agencias españolas, cuando apuntaban
que los detenidos «habían mantenido reuniones en los últimos
meses en relación a la propuesta política anunciada por
Otegi y que la izquierda abertzale pretendía usar para volver a
las instituciones presuntamente por medio de un distanciamiento de la
violencia explícito». El lector notará, sin duda,
que en el mismo párrafo incluyen los términos «propuesta
política» e incluso «distanciamiento de la violencia
explícito», lo cual daría pie a cualquier observador
europeo a llevarse las manos a la cabeza -como así sucede, en realidad-
al confirmar que en el Estado español se sigue deteniendo a políticos
por hablar, según afirmaban ayer las citadas agencias y medios
españoles, de tales cuestiones.
Contradicciones flagrantes
Es
obvio que la ausencia de razón nunca ha detenido al Estado español,
y que éste ha contado siempre con buenos adláteres también
en Euskal Herria para tratar de diluir sin pudor deseos notoriamente mayoritarios
de nuestra sociedad, sin importar a cambio de qué o a costa de
qué. El Estado español sigue funcionando a golpe de obcecación,
de obsesiones; en absoluto en términos de buscar y propiciar una
fase democrática que desemboque en un proceso real de resolución.
Y por ello afinan en su embrutecimiento la farsa, porque saben perfectamente
que la izquierda abertzale está implicada precisamente en trabajar
para que ese nuevo ciclo se instaure más pronto que tarde, tal
y como han reiterado públicamente desde hace meses y meses los
detenidos ayer por la Policía española.
La dicotomía es clara, y la decisión del Gobierno español
de detener ayer a Arnaldo Otegi, Rufi Etxeberria, Rafa Díez y al
resto de militantes independentistas lo plasma con más claridad
que nunca: el Estado español no quiere que Euskal Herria avance
hacia un proceso democrático que aborde las causas del conflicto
y dé voz y decisión a la sociedad vasca sobre su futuro.
De ahí que encarcele a quienes trabajan por ello. Luego, es obvio,
vestirán la farsa al uso, como acostumbran.
¿
Qué actitud adoptarán ahora quienes en Euskal Herria
aceptan e incluso alimentan la farsa?
Aludamos de nuevo a la figura de los observadores europeos -reales,
en cualquier caso- para constatar que son muchos quienes infieren
de estas
operaciones policiales que el Estado español, en realidad,
no pretende sino alimentar y perpetuar el conflicto armado.
A esos mismos observadores debe constarle, incluso en estas horas,
que es pública y notoria la apuesta de la izquierda abertzale por contraponer
con más iniciativa política y responsabilidad la irresponsable
estrategia del Gobierno español, porque eso es lo que realmente
teme el Estado. Es en Euskal Herria donde puede darse la vuelta al conflicto
para situarlo en el carril adecuado; es en Euskal Herria donde la sociedad
y los distintos agentes, todos, deben estar a la altura de la situación.
En la cultura política española a los representantes políticos
no se les pide honestidad, inteligencia o prudencia; a los políticos
se les valora en términos de si son «duros» o «blandos».
En Euskal Herria, debido en parte al grave conflicto que padece nuestro
pueblo, a los políticos se les exige ante todo responsabilidad.
Es posible que en el Gobierno español haya «duros» y «blandos»,
pero la operación deja claro que, en cualquier caso, quienes
mandan son los irresponsables.