El
número de muertos tamiles “es de 1.400
a la semana” en el campo de Manik Farm en Sri Lanka
Rhys
Blakely - Times on line - Rebelion
Según han informado a The Times fuentes de importantes agencias
de ayuda internacional, unas 1.400 personas están muriendo a la
semana en el gigante campo de internamiento de Manik Farm establecido
en Sri Lanka para retener a los refugiados tamiles de la sangrienta guerra
civil de la nación.
El
número de muertos hará aumentar la preocupación
de que el gobierno de Sri Lanka no haya detenido la catástrofe
humanitaria después de que anunciara en mayo la victoria sobre
la organización Tigres de Tamil. También puede dar credibilidad
a las acusaciones de que el gobierno, que ha denominado los centros de
internamiento “pueblos de bienestar”, en realidad ha construido
campos de concentración para albergar a 300.000 personas.
Mangala
Samaraweera, ex-ministro de Asuntos Exteriores y hoy diputado de la
oposición, afirmó: “Hay acusaciones de que el
gobierno está tratando de cambiar el equilibrio étnico de
la zona. Personas influyentes cercanas al gobierno han argumentado en
favor de una solución”.
Las
noticias del índice de muertos llegaron mientras la Cruz Roja
Internacional informaba de que las autoridades de Sri Lanka, que insisten
en que tienen la situación bajo control, le había pedido
que redujera sus operaciones.
Mahinda
Samarasinghe, ministro de Gestión del Desastre y de Derechos
Humanos, afirmó: “Los retos ahora son diferentes. Ya no son
necesarios en la zona post-conflicto los puntos de entrada y salida de
personal ni el manejo de cadáveres y el transporte de pacientes”.
La
pasada noche la Cruz Roja Internacional cerró dos oficinas.
Una de ellas está en Trincomalee y había ayudado a proporcionar
atención médica a unos 30.000 civiles heridos evacuados
por mar de la zona de conflicto en el noreste. El otro está en
Batticaloa, donde la Cruz Roja ha estado proporcionando “servicios
de protección”. Estos servicios suponen el seguimiento de
acusaciones de secuestro y de asesinatos extrajudiciales, prácticas
que las asociaciones de derechos humanos afirman se han convertido en
habituales en el gobierno de Sri Lanka.
El
campo de Manik Farm se estableció para alojar a 300.000 personas
fundamentalmente civiles tamiles obligados a huir al noreste mientras
el ejército lanzaba una ofensiva brutal contra los Tigres, que
han estado luchando por una patria de etnia tamil durante 26 años.
Trabajadores
de ayuda humanitaria y el gobierno británico han
advertido que las condiciones en este lugar eran inadecuadas. Un trabajador
con un puesto de responsabilidad afirmó en condición de
anonimato que la mayoría de los muertos son a consecuencia de enfermedades
relacionadas con el agua, especialmente diarrea.
Testimonios
de testigos obtenidos en mayo por The Times describían
largas colas para la comida y suministro inadecuado de agua dentro del
campo de Manik Farm. En medio de la confusión del suministro de
artículos, se empujaba a mujeres, niños y ancianos. Sólo
se está permitiendo a las agencias de ayuda un acceso intermitente
al campo. Ayer [9 de julio] no se permitió la entrada de Cruz Roja.
Los
expertos sugieren que el presidente Rajapaksa, dirigente del país,
todavía tiene que cumplir su promesa hecha en la victoria de tender
la mano a la minoría de la comunidad tamil. “El discurso
que emplea el gobierno es de traidores y patriotas”afirmo Paikiasothy
Saravanamuthu, del Centro para Alternativas Políticas, un analista
de Sri Lanka. “No hay indicios de que esté cambiando este
modo de pensar”.
El
presidente Rajapaksa es conocido por no tolerar a los disidentes, un
rasgo que las organizaciones de derechos
humanos afirman que quedó demostrado
esta semana cuando cinco médicos de Sri Lanka, que habían
sido testigos del sangriento climax de la guerra civil del país
y habían afirmado que había habido asesinatos masivos de
civiles, se retractaron de la mayoría de sus testimonios.
En
una conferencia de prensa celebrada el miércoles los médicos
afirmaron que habían sobrestimado deliberadamente las víctimas
civiles. Dado que eran observando altos cargos del gobierno, afirmaron
que los tamiles les habían obligado a mentir.
Los
cinco hombres añadieron que entre enero y mediados de mayo
solo habían muerto hasta 750 civiles en las batallas finales de
la guerra. A continuación devolvieron a los cinco médicos
a la cárcel, donde han permanecido durante los últimos dos
meses por supuestamente difundir la propaganda de los Tigres.
Este
número era mucho más bajo que los 7.000 muertos calculados
por Naciones Unidas. Una investigación de The Times reveló pruebas
de que habían sido asesinados 20.000 civiles, la mayoría
de ellos por el ejército.
Los
médicos negaron otro testimonio anterior, incluyendo que el
gobierno había bombardeado en febrero un hospital en la zona de
conflicto, de lo que hay testigos de Naciones Unidas y de la Cruz Roja.
Las
declaraciones [de los médicos] se encontraron con el escepticismo
de los compañeros de derechos humanos. Sam Zarifi, director de
Amnistía Internacional de Asia- Pacifico, afirmó que eran “esperadas
y previsibles”. Y añadió: “Hay importantes motivos
para preguntarse si estas declaraciones fueron voluntarias y suscitan
la grave preocupación de si los médicos fueron sometidos
a mal tratos”.
Enlace con el original: www.timesonline.co.uk/tol/news/world/asia/article6676792.ece
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