Análisis de los métodos y las
pretensiones de l@s torturador@s
Nos parece importante echar un poco de luz
sobre el tema de la tortura, uno de los mayores objetos de encubrimiento
mediático de la democracia asesina en la que vivimos.
El que la tortura se practica
sistemáticamente en el estado español es, para algunos, aparte de una obviedad,
razón de lucha y a veces de supervivencia diaria. En cambio, la percepción que
se tiene de la tortura, de la represión política en general, es muy escasa y
tremendamente difusa y manipuladora. Las raras veces aparece una reseña de un
caso de malos tratos en dependencias policiales, lo hace presentándolo como un
caso aislado, absolutamente esporádico, desvinculado de otros casos similares
que pudieran hacer pensar en una práctica sistemática. Y la tortura además de
ser sistemática es sistémica; inherente al estado e imprescindible para su
funcionamiento. Sólo algo perfectamente orquestado y auspiciado por el estado
permite los niveles de impunidad que se dan en el estado español. Las leyes e
instituciones que legalizan de facto la práctica de la tortura están enraizadas
en lo mas esencial y profundo del estado. La ley antiterrorista, la Audiencia
Nacional (Antiguo Tribunal de Orden Público), la Brigada Central de Información,
antes llamada político social, garantizan la continuidad del régimen fascista
dentro de la fachada democrática.
Las aportaciones de la democracia al campo
de la tortura han sido muchas, y es que, los tiempos cambian. Se ha producido
una cientificación notable en los métodos. La presencia de médicos y psiquiatras
supervisando, e incluso participando en la tortura es algo usual en las
mazmorras de la bestia.
Cada vez es un proceso más frío, calculado,
cada vez menos casual, aunque nunca ha sido el fruto de los impulsos sádicos de
4 guardias enloquecidos, como lo han querido mostrar.
Por otra parte, todavía se conservan métodos
tan tradicionales como escalofriantes. La sola mención de apelativos tan
siniestros como la bolsa, el quirófano, la bañera, la picana, la rueda...
produce escalofríos en miles de personas que han sufrido o temen sufrir las
consecuencias del paso por comisaría.
Existen miles de testimonios, de fotos, de
pruebas irrefutables que son enterradas entre la pasividad judicial y el olvido
mediático. El hecho de que sea un fenómeno tan extenso, tan visible no es ni
mucho menos casual. El objetivo prioritario de la tortura, mayoritariamente, no
es la obtención de información, como podría ocurrir en el caso de militantes de
grupos armados. El objetivo no es ese, y las víctimas, en un porcentaje muy
grande, no son más ( ni menos) que militantes de base de diversas organizaciones
sociales. Un dato clarificador: el 85% de las personas detenidas bajo ley
antiterrorista salen en libertad sin cargos tras los eternos días que la ley
permite que una persona esté incomunicada en no se sabe donde y sin ninguna
prueba. El hecho de que dichas personas salgan en libertad no se debe a una
equivocación policial, ni a la complicidad o incompetencia judicial, sino a una
estrategia destinada a castigar y atemorizar a un sector importante del pueblo,
que es peligroso, no por haber cometido un delito, sino por su postura personal
y política. En definitiva, se castiga la disidencia.
Antes de adentrarnos más en el tema vamos a
hacer una distinción. Varias personas, con muchos años de experiencia y trabajo
solidario al lado de las víctimas, coinciden en considerar, por un lado, que las
consecuencias psicológicas de la tortura son de más graves que las puramente
físicas. Y por otro, que existe un tipo de tortura mucho más silenciado todavía
que la denominada aguda, que es la tortura crónica en las cárceles, auténticos
centros de exterminio al margen de miradas indiscretas.
Hecha esta distinción, pasamos a analizar
los métodos y objetivos de la tortura en cada una de sus formas.
Los objetivos que la tortura
denominada "aguda" persigue, y frecuentemente alcanza, por medio del
agotamiento, el dolor físico o la tortura sexual, son, aparte de obligar a
hablar, obligar a traicionar los propios principios. A que la víctima se vea
como una bestia a los ojos de l@s suy@s, y
esta sensación l aniquile a él/ella y al tejido social que le apoya. Busca la
colaboración y posterior dependencia del/la torturad@ del torturador, para
destruir su imagen, su conciencia política e, indirectamente, la del movimiento
mediante la intimidación y el debilitamiento moral. Si castigan
indiscriminadamente es porque la tortura cumple una función pedagógica,
ejemplarizante, es una advertencia. Es necesario que sea visible, algo público
dentro de su entorno, pero no para el resto de la sociedad. Y para que sea
pública son necesarias 2 condiciones: Un aislamiento social, una "satanización"
del colectivo reprimido, para que no suscite una sensación de falta de
democracia en la sociedad no militante, y una impunidad absoluta.
Desgraciadamente, ambas condiciones existen actualmente.
Así, el estado consigue desalentar y
amedrentar a la población, sumiéndola en el conformismo . Hace que l@s
militantes entiendan que la tortura es algo inherente a la lucha y tomen la
decisión de renunciar a ella. Intentan romper la dualidad persona-sujeto
político, para que se responda de forma personal a una agresión de tipo político
y dirigida contra un colectivo, para debilitar la solidaridad, la militancia...
Los métodos que se utilizan no son
meramente la tortura física. Desde el momento de la detención, hay una cadena de
estadios altamente traumáticos para la víctima. La falta de sueño, la
desorientación, la privación sensorial, de alimentos, de aseo; o en el plano más
ideológico, el intento de provocar en el detenido contradicciones ideológicas,
dependencia o sentimiento de culpa, no son mas que formas mas sutiles de
tortura, que a veces consiguen más rápido una capitulación psicológica del/la
detenid@o. Practicas como las amenazas a la familia conducen al/la detenid@
a un sentimiento de culpa, percibiendo su militancia como causa de dolor ajeno,
y por tanto, deleznable.
En ese momento entra en juego la
trampa de la reinserción, del perdón que el buen padre da a sus hijos si se
arrepienten, Y no basta con un arrepentimiento privado, porque su esencia es
propagandística, ejemplarizante. Debe mostrar a una persona distinta, que ahora
ataca a sus antigu@s compañer@s, aunque él/ella no lo sepa.
Y por ultimo hablar de la tortura blanca, la
que busca el exterminio ideológico, y si no lo consigue, el físico. El/la pres@
es sometido a un aislamiento social y sensorial, que además de minar su
personalidad, rompe los lazos que tiene con su entorno familiar e ideológico,
privándol@ de cualquier realidad social y de un marco de desarrollo personal,
dado lo impersonal de la celda. La falta de objetos personales, el vacío, la
falta de luz... conllevan una perdida del concepto del tiempo y la realidad, y
de la propia identidad. Por otro lado, las frecuentes palizas, la incertidumbre,
las amenazas... crean una situación de angustia y un permanente estado de alerta
insoportable. La finalidad, la misma; introducirle en la dinámica del premio y
el castigo, de la dependencia de los carceleros, romper su militancia
institucionalizar al/la pres@".
Del otro lado, el olvido, las palizas,
las enfermedades provocadas o consentidas, en definitiva, la aniquilación. Aun
así, la mayoría de las personas presas no claudican ante esta maquinaria de
muerte y continúan luchando para parar esta barbarie de la única manera posible:
atacando las mismas causas de la tortura, el estado y el sistema capitalista,
que son las fuentes de toda opresión. Sólo nos queda el camino de la solidaridad
y la lucha. ¡RESISTIR ES VENCER, COMPAÑER@S!