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Por una oposición (al TAV) que se oponga

Peru Hartza

Cualquier momento sería bueno, pero ahora, después de que la manifestación de Donostia haya demostrado que la oposición social al TAV crece de forma lenta pero segura, es un buen momento para reclamar un poco de claridad en la maraña de movimientos y proyectos contrastados que se entretejen en torno a la cuestión de cómo resistir al proyecto desarrollista y neo-liberal de la “Y vasca” en Alta Velocidad. Aquí van algunas propuestas concretas en aras a esa clarificación que todos necesitamos:

No hay alternativa al TAV.

En las jornadas del Tren Social en Bilbao el emisario del Gobierno Vasco nos lo dejó meridianamente claro: “ustedes nos discuten la filosofía pero no presentan proyectos concretos, como hacemos nosotros”, vino a decir. Efectivamente, estamos en contra de un modelo ferroviario -y de transporte, ¡y de sociedad!- que prima la lógica de la rentabilidad económica privada sobre la defensa de la tierra y de las personas más desfavorecidas. Lo que reclamamos es que se cambie esa filosofía. Si así lo hicieran, hasta los técnicos del Departamento de Transporte del Gobierno vasco serían capaces de desarrollar proyectos sociales de ferrocarril y de otros modos de transporte. Nuestra pelea es, claramente, para cambiar la manera en que en esta sociedad afrontamos los problemas relacionados con la movilidad y la accesibilidad de personas, bienes y servicios, y enmarcamos esta lucha en un contexto más amplio de denuncia del consumismo en general y del concreto consumismo de velocidad -o sea, de espacio y tiempo- al que nos aboca el capitalismo. ¿Algún problema?

Y en ese sentido no hay una alternativa técnica al TAV ni hay ningún modelo de tren social. En la hiper-desarrollada red de redes de transporte y distribución en la que nos movemos en la sociedad vasca podemos estar llegando al punto de atrofia que plantea Roberto Bermejo, punto a partir del cual más de lo mismo representa más problemas y ninguna solución. Nuestra alternativa real reside en reivindicar un cambio de mentalidad en la gestión de esas redes de transporte. Cuando se haga una gestión en claves de sustentabilidad social y ambiental de esas redes -y hay algunos ejemplos aislados, con sus claroscuros, sobre todo últimamente, como el Bizkaibus- podremos ver qué es lo que falta y qué es lo que sobra: igual hay que construir algún ferrocarril o algún tranvía nuevo, o igual no,... e igual hay que deconstruir alguna autovía o alguna carretera, o igual no. Pero ahora no podemos ver el panorama, porque todavía estamos situados en un debate sobre la filosofía. Y para ese debate estamos bien armados, todo hay que decirlo. Por citar algo de lo más completo, el último informe de Bermejo (www.bakeaz.org) refleja muy bien los grandes retos que una alternativa de transporte sustentable tiene en nuestra tierra. Que Amann y sus mariachis lean esas cosas, en vez de descalificarlas, y que luego bajen a la arena a debatir de filosofía, con datos y argumentos.

Pero también algunas organizaciones que dicen estar en contra del TAV deberían hacer ese trabajo en torno a los datos, los argumentos y los modelos sociales y ambientales que dicen apoyar. Tal vez si harían de verdad ese debate entre sus afiliados, no perderían tanto tiempo buscando falsas alternativas técnicas ni construyendo plataformas virtuales que poco tienen que ver con el espacio real -estrecho y complicado, por supuesto- en el que la oposición al TAV debe moverse hoy en día en nuestro país. Igual algunas organizaciones como LAB y ELA deben comenzar por plantearse que la cuestión del TAV es una de las pruebas del nueve que sirven para clarificar si de verdad la derecha del país está dispuesta a dejarse algún pelo en la gatera de la dichosa construcción nacional. Pero que, sobre todo, el proyecto de “Y vasca” -porque ejemplifica perfectamente lo más agresivo, dañino e irreversible del proyecto neo-liberal- es también un test perfecto para establecer cómo la globalización de esas políticas neocons afecta a nuestras vidas y hasta que punto, como personas y como organizaciones, somos capaces de presentar resistencias efectivas a ese proyecto, aquí y ahora.

Por cierto, leyendo la propaganda que la Plataforma Logística Euskadi-Aquitania ha insertado estos días en la prensa ya no queda ninguna duda de que en su proyecto está la “Y vasca” para pasajeros, otra “autopista ferroviaria” (o sea otra línea ferroviaria en Velocidad Alta) para mercancías y la “autopista marítima” para el cabotaje de mercancías que servirá como mecanismo legitimador para el puerto exterior en Pasaia, etc. Entrar a su juego de alternativas técnicas quiere decir hoy que en vez de taza... recibiremos, tres o cuatro tazas y que esto no tendrá fin.

Pero tampoco sirve la melancolía

Si la ensoñación técnica y desarrollista puede ser muy peligrosa para la oposición al TAV, la ensoñación nostálgica en un mundo perfecto en el que algún día todos pensarán como nosotros también puede ser paralizante y reaccionaria. Si no debemos hacer de las alternativas técnicas un tótem que nos sirva para confluir con la oficialidad institucional, tampoco podemos convertir la palabreja en un tabú paralizante que nos condene a la marginalidad y la melancolía.

Viene esto a cuento del interesante debate que ha suscitado el reciente artículo de Iñaki Urrestarazu sobre esta cuestión, en el que se vuelve a plantear de manera nítida la formulación que la Asamblea anti-TAV desarrolla sobre su lucha, destinada a “contribuir a un cambio social profundo del modelo de sociedad que lo sustenta y a cambiar en la gente la mentalidad desarrollista y consumista que nos está imponiendo el sistema”. Vale, nada que objetar. Pero hay que recordar que ese artículo respondía a otro de Gotzon Aramburu, que a su vez planteaba algunas reflexiones a partir de unas declaraciones de un miembro de la Asamblea que se quejaba amargamente de la poca o nula participación (bueno, exceptuando a Mati: Biba zu!) de la gente de Alonsotegi en los actos de la acampada que desarrollaron este verano en ese pueblo de Bizkaia.

Y claro, eso nos enfrenta a la cuestión de que no sirve de nada encerrarse en la Fuente del Oro y esperar a que los niños vengan a mi, si antes, durante y después no se ha desarrolla un trabajo -lento, pesado y poco gratificante a corto plazo- de información y sensibilización de las poblaciones afectadas por estos macro-proyectos y eso, por ejemplo, no se hizo en Alonsotegi. Nos dice Iñaki que en Ezkerraldea han hecho un trabajo con científicos sociales y han llegado a la conclusión de que “el peso de la mentalidad desarrollista en la gente es impresionante y es el principal factor de bloqueo a las luchas que cuestionan los grandes planes institucionales”. Vale, pero cualquier científico social también nos dirá que los que somos conscientes de todo eso y luchamos todos los días contra el desarrollismo, bla, bla,.., lo hacemos porque definimos y construimos así nuestra identidad y tenemos tendencia a estar encantados de habernos conocido y mirar por encima del hombro a los demás, eso/as alienado/as.

Una oposición que se oponga

Queda mucho por hacer y va a ser a Velocidad Lenta, pero es ineludible ese trabajo desalentador de información y sensibilización buscando siempre cómo mostrar a la gente en que afectan a sus vidas estos macro-proyectos. Y debemos ser conscientes de que en ese proceso son ineludibles las alianzas con personas y organizaciones que igual no lo tienen tan claro como nosotros pero que pueden ir avanzando en la comprensión de las claves del problema en una relación dialéctica que implicará tensión y desencuentro pero también contactos creativos y líneas de trabajo conjunto. Si no podemos llegar al auzolan, practiquemos por lo menos el elkarlan, ese fue el espíritu primigenio de la Elkarlana.

Y por supuesto el camino estará asfaltado de fracasos y de derrotas y de errores propios de los que aprender. Y la necesidad de ofrecer soluciones y modelos alternativos a la gente será ineludible. Y no sólo modelos acabados para el mundo perfecto sino también estrategias de transición en las que busquen otras maneras de gestionar el día a día de la enorme cantidad de movimientos de transporte que la gente realiza, en muchos casos sin que le quede otro remedio, en nuestra sociedad.

En fin, hoy en día -mientras no consigamos abrir espacios de interlocución directa y sincera con el poder, algo a lo que tampoco deberíamos renunciar- hay que oponerse al TAV, sin estúpidos juegos de palabras entre el si y el no, porque la potencia de nuestra negación reside precisamente en que planteamos un nuevo mundo que debe ser construido, o reconstruido, entre todos, sin imposiciones. Hay que oponerse sin ensoñaciones desarrollistas ni melancolías paralizantes. Le hemos robado al maestro Naredo el título y acabamos con sus palabras: “Queda pues ante nosotros la sugerente tarea de construir una oposición que se oponga. Y si esta tarea no llega a puerto, valga el presente texto como testimonio de que no todos comulgamos con las ruedas de molino que nos ofrece el sistema a través de sus avezados gestores y partícipes” (Anagrama, 2.001).






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