Europa evalúa alternativas ecológicas a la destrucción de despojos en incineradoras y vertederos - La recogida de cadáveres en las granjas cuesta 150 millones de euros anuales
CARMEN MORÁN - Madrid - 18/06/2007 EL PAIS
Dicen los ganaderos que hoy en día es más caro deshacerse de un cerdo que muere en la granja que lo que se gana vendiendo dos en filetes. El susto de las vacas locas dejó como herencia una legislación europea exigente que obliga a la incineración de todos los animales que mueren en las explotaciones ganaderas. O bien, si no se trata de rumiantes, a pasar por las plantas de transformación que los convierten en harinas antes de llevarlos a los vertederos autorizados. Ambas soluciones están reñidas con la ecología.
Pero antes de que eso ocurra, los cadáveres de cerdos, pollos, conejos o gallinas, son almacenados en las granjas a la espera de que un camión vaya una tras otra y los traslade hasta las plantas de transformación o incineración, con el consiguiente riesgo sanitario de propagar enfermedades. Por si fuera poco, no es barato. En España mueren por causas naturales unos 37 millones de animales en las explotaciones, una masa total que ronda las 380.000 toneladas y cuya recogida cuesta 150 millones de euros.
Y los cadáveres suponen sólo el 30% de los residuos animales. El resto, hasta sumar dos millones de toneladas, procede de los desechos de las industrias cárnicas, los desperdicios de mercados y tiendas, de piscifactorías, de barcos pesqueros, trofeos de caza, plasma para cosméticos.
Antes, los animales se enterraban en las granjas, sin más miramientos; las tiendas tiraban las raspas de pescado y las cabezas de pollo a la basura urbana. Y una buena parte de los residuos cárnicos industriales acababan transformados en pienso para el ganado. Tras las vacas locas eso ya no es posible.
Algunos proyectos científicos plantean ahora soluciones ecológicas y prácticas para que los ganaderos puedan deshacerse de los animales en las granjas sin necesidad de que un camión pasee estos restos con sus bacterias de una explotación a otra. Europa los está evaluando para dar o no su aprobación.
Mientras todo eso llega, el Ministerio de Agricultura ya ha preparado el Plan Integral de Residuos, que esperan que lo apruebe el Gobierno en el mes de julio, donde se identifican las medidas a tomar y el presupuesto con que habrá que contar para ello. Europa permite que la Administración sufrague la retirada de cadáveres, pero no en el caso de los desechos animales de las industrias, por una cuestión de competencia desleal con otros países. De hecho, Francia lo hizo en alguna ocasión y fue sancionada por la UE. Por tanto, el ministerio "estudia, dentro de las posibilidades, de qué forma se puede ayudar a financiar las infraestructuras necesarias para el tratamiento de estos residuos, la compra de contenedores, las instalaciones en las granjas, en los mataderos...", explica la subdirectora de Mercados Exteriores y Producción Porcina, Avícola y Otras, Esperanza Orellana.
La idea, dice, es fomentar iniciativas de I+D para transformar estos productos y que no haya que limitarse a quemarlos o llevarlos a vertederos.
Las categorías de los despojos y sus múltiples usos
C. M. - Madrid - 18/06/2007 EL PAIS
En la categoría 2 entrarían los conejos, gallinas, cerdos que hayan muerto en las granjas. Esos pueden pasar a plantas de transformación y después ser incinerados o depositados en vertederos autorizados. Aunque también se prevé que estos residuos puedan ser usados finalmente como abono o como materia prima en una instalación de biogás, pero, en la práctica, la incineración es la salida más común, por no decir la única.
En la categoría 3 se recogen los residuos de animales que se han destinado a consumo humano, es decir, los despojos de carnicerías, pescaderías, mataderos, industrias cárnicas. Estos sí pueden ser utilizados para elaborar alimentos de animales de compañía.
Aunque los subproductos animales tradicionalmente se han dedicado a la elaboración de harinas y piensos, son muchos los usos que pueden tener estos materiales, desde el cuerno a las pezuñas, los pelos o las plumas: piel para ropa y complementos de moda, cuerdas para las raquetas de tenis e instrumentos musicales, cápsulas de gelatina, lubricantes, películas de fotografía, cepillos de dientes, cebos de pesca...
El Gobierno prevé, además, una normativa que regule las condiciones en que se alimentará a las aves rapaces necrófagas (buitres) y, posiblemente, otra para definir cómo enterrar a los animales de compañía.
Cuando muere un cerdo
C. M. - Madrid - 18/06/2007 EL PAIS
Algunos de los proyectos que se mencionan a continuación están siendo evaluados ya en Europa. Si los investigadores que los han desarrollado consiguen el visto bueno, muchos ganaderos podrían eliminar los cadáveres de sus animales de forma ecológica en la misma explotación. Incluso ver cómo una gallina acaba convertida en biogás.
De conejo a biogás. Un par de cubas estancas de plástico poliéster (que resiste las deformaciones del terreno y evita grietas y filtraciones) es la base del proyecto del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo en colaboración con la Facultad de Veterinaria y el Hospital Clínico de la ciudad. Allí van a parar los animales abiertos en canal. Por cada kilo de residuos se va añadiendo una parte de un gel elaborado a base de algas, el mismo alginato que se usa como espesante de helados, purés. "El bioactivador que contiene el gel arranca y acelera el proceso de descomposición", explica Juan Bautista Lobera, director del proyecto. "A los 60 días en la cuba no queda más que un caldo orgánico". El líquido resultante puede añadirse al estiércol que se genera en la granja. "Apenas incrementaría en un 0,3% el volumen de estiércol en el caso de los cerdos, y en un 3% en el caso de los conejos".
Cabe también la posibilidad de hacer abono a partir de ese líquido (compostaje) aunque la opción mejor es la de convertir esos restos en biogás, fermentándolo en tanques, o en biomasa para generar electricidad. Aunque Lobera es consciente "de la escasez de plantas de biogás que hay en España".
Bacterias entrenadas. El procedimiento científico que ha dirigido Baltasar Miñambres en una granja de cerdos en Toledo es prácticamente un clon del que ya se usa obligatoriamente en algunos países y en algunas ciudades españolas para enterrar a las personas. Se trata de un consorcio de bacterias entrenadas para devorar rápidamente la materia orgánica. Los animales se acumulan en una fosa a la que se añade este complejo bacteriano y agua, para que el proceso se acelere. Cada día se remueve de forma mecánica durante dos horas para homogeneizar el procedimiento y airear.
Con este sistema, como con el anterior, se evita la acumulación de cadáveres en la granja, porque se van tratando a medida que mueren. En unos 280 días se ha llenado la cuba y madurado el proceso. El líquido entonces pasa a una balsa donde se reduce (también por evaporación) de tal forma que, al final, el volumen inicial de cadáveres se ha reducido en 80%. "Eso ya es abono que se puede añadir perfectamente al campo o bien juntarlo con el estiércol y usarlo o hacerlo desaparecer cuando se limpie la granja". Miñambres dice que este procedimiento permite acumular los resto en la balsa hasta 10 años y sólo entonces hacer una limpieza. De los experimentos científicos seguidos durante meses se concluye que este sistema acaba incluso con la bacteria de la salmonella, presente en muchas ocasiones en el intestino del animal, aunque no sea el causante de su muerte.
Abono para las plantas. Mercedes Sánchez Báscones ha dirigido el proyecto que la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Valladolid ha desarrollado con la Asociación de productores de huevos (Aseprhu) y con Propollo en una granja de Guadalajara. Han añadido cadáveres de gallinas durante seis meses en distintos lugares de la fosa con diversas cantidades de cal. El procedimiento se siguió en abierto y en cerrado. "Añadimos un estructurante, que puede ser paja de cereal, serrín, gallinaza, en distintas proporciones y agua hasta alcanzar una humedad del 50%", explica Sánchez. En abierto es un proceso natural "por efecto chimena", un juego de aire frío y caliente que sube la temperatura a 70 grados y acaba con los patógenos. En un mes finaliza la descomposición y empieza la maduración hasta "obtener un compost como el de las plantas". Se desprende CO2 pero no hay metano ni sulfídrico y, si se controla bien la relación carbono-nitrógeno, casi no sale amoniaco. Sería como el estiércol de siempre.
En cerrado el proceso se haría en un arcón y se aceleraría porque se introduce el aire de forma artificial. "En cerrado ocupa menos sitio y es más rápido, pero el otro sistema es más económico aunque requiere más mano de obra, para voltear y airear", añade esta investigadora.