El imperio de la prensa amarilla
en el mundo es tenebroso. Es el poder gigantesco
de los medios de comunicación, de la prensa,
la radio y la televisión.
Se trata de un poderoso aparato
montado a nivel internacional para mentir, engañar,
tergiversar y chantajear, que rinde beneficios económicos,
políticos y sociales incalculables, tangibles
e intangibles.
Este poderoso imperio de los
medios de comunicación está al servicio
de las empresas transnacionales, de los objetivos
estratégicos del colonialismo, de la globalización
y el belicismo.
La prensa amarilla, con tentáculos
en todos los rincones del mundo, siempre se ha pronunciado
en defensa de las peores causas de la humanidad,
siempre ha estado haciendo el juego a los gobernantes
de turno, a los emperadores y reyes, a los príncipes
y dictadores. Tiene su propio lenguaje, su estilo
exclusivo, sus recursos propios. Se dice que es
el cuarto poder del Estado y se atribuye privilegios
desmedidos, se autotituló “libre”
e “independiente” y asegura que sólo
habla la verdad con objetividad e imparcialidad.
En el Ecuador, la prensa amarilla
goza de mucho poder y, gracias a ello, sus dueños,
directivos y empresarios se han enriquecido y gozan
de fueros especiales.
La prensa amarilla tiene su
modo de ver las cosas y emplea una metodología
extraña para el enfoque de cada uno de los
conflictos y de las realidades sociales que, en
determinados momentos, le hace espectacular y llamativa.
A través de la crónica roja, por ejemplo,
se desvía la atención sobre los problemas
más palpitantes, se exalta el crimen y los
hechos de sangre, se estimula la discriminación
racial y se hace gala del espíritu de conmiseración
de los ricos sobre los pobres. Es la lógica
con la que trabaja la prensa escrita. La radio tiene
otros enfoques, distintos a los de la prensa y la
televisión.
Por su lado, la TV se maneja
en otras instancias y en otros niveles: es antidemocrática
por esencia y hacer prevalecer los intereses privados
sobre el interés público en todos
los aspectos; actúa bajo consigna y mide
los resultados al instante, pues sus canales son
antenas repetidoras de los grupos de poder; abusan
del sensacionalismo, argumentando que la TV es un
negocio ante todo y sobre todo, en base al raiting.
En oposición a este tenebroso
y poderoso imperio de la desinformación,
en los más diversos rincones geográficos
del mundo, se han levantado y siguen levantándose
airosas las voces de la verdad, la palabra que denuncia
sin temor alguno y pone en primera plana los aspectos
de fondo, forma y contenido que encierra la realidad
en lo concerniente a la vida de los pueblos, de
sus sufrimientos y aspiraciones, de sus derechos
y esperanzas, utilizando un lenguaje sencillo y
comprensible, con imágenes irrebatibles,
inclusive pensando en una diagramación y
en un diseño gráfico simple, en un
colorido y una titularización convincente,
ajena al sensacionalismo, todo esto dentro de un
marco que destaque los hechos y las vivencias connaturales
con la existencia cotidiana, como los deportes,
la salud, la pobreza, la cultura, el humorismo,
la solidaridad humana; dentro de un esquema que
facilite la explicación e interpretación
de los fenómenos sociales, económicos,
políticos y culturales constantes en la vida
del ser como individuo, de los movimientos sociales,
las organizaciones políticas, las agrupaciones
de mujeres, estudiantes, jóvenes y ancianos,
de las asociaciones sindicales de obreros y campesinos
y de los sectores sociales no organizados como los
desocupados o los trabajadores informales, es decir
de todos aquellos que no tienen acceso a la pensa
amarilla.
Es OPCIÓN, la palabra
alternativa que proclama desde su fundación,
hace cuatro años, la verdad, que convoca
a la lucha y el combate, que está a la disposición
de las masas populares que anhelan un nuevo Ecuador,
sin los mandamás y explotadores de siempre.
Es la palabra que aparece en volantes y manifiestos,
es periódicos y revistas, en murales, en
programas radiales y en espacios contratados de
TV; es la palabra sin dobleces, clara y concreta;
son las voces sonoras de quienes claman por la justicia
social, la paz, la libertad y la soberanía,
por el reparto equitativo de la riqueza nacional;
son las voces contrarias a los intereses particulares
o de grupo, contrarias al mensaje amañado
del oficialismo y los gobiernos de turno, contrarias
al enfoque que pretende imponer la prensa al servicio
de los círculos opresores; prensa que, desde
luego, cada día está perdiendo credibilidad
y confianza, que viene arrastrando la acusación
de ser la que más contribuye a la desorientación
y al mantenimiento de un statu quo putrefacto e
incapaz de continuar gobernando; prensa que trata
de ocultar, por todos los medios a su alcance, los
procesos de la lucha libertadora de los pueblos
que en algunos lugares del planeta están
levantados en armas para alcanzar su independencia
y soberanía nacional, o que defiende su libre
determinación una vez que ha escogido el
camino de la revolución y la emancipación
total.
Un periódico quincenario
como OPCIÓN está destinado a vivir
y sobrevivir por muchos años, como hasta
hoy, alimentado por la solidaridad, la admiración,
el cariño y el aporte voluntario de quienes
amamos la vida, creemos en el humanismo y nos sentimos
parte de un proceso liberador que se lo puede apreciar
en toda su dimensión a través de la
lectura de las páginas de este querido periódico
opuesto, hoy como ayer al fundamentalismo patriarcal
y al fanatismo político que son los medallones
que le identifican a la prensa amarilla, a ese poder
infernal que aún funciona enmascarado en
el lirismo y en la prédica engañosa,
en tanto que OPCIÓN cumple su tarea histórica
conjuntamente con periodistas y escritores, analistas,
proyectistas y caricaturistas identificados con
los intereses de la Patria y comprometidos con los
más caros anhelos del pueblo ecuatoriano.