MUNDO

Cambio Climático:
Más allá de lo ambiental

 

 
Por: Edgar Isch López

El experto estadounidense Robert Watson señaló en 2004 que la alteración del clima “no es un problema de ambiente sino de desarrollo, pues amenaza con aumentar la pobreza, el hambre, las enfermedades, y afecta la seguridad nacional, regional e internacional” y añadió que “los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero son países industrializados, y los más afectados son países en desarrollo”1. Precisamente, es el modelo de desarrollo el que produce cambios que son superiores a los que de manera natural se habrían producido en los últimos 500 mil años, porque se ha creído que desarrollo es sinónimo de crecimiento económico sin considerar otros factores y menos aún que el crecimiento económico, aunque exista, puede significar daño a la calidad de vida de las mayorías. Tómese en cuenta el caso del Ecuador, en el que a pesar de tener crecimiento del PIB, simultáneamente crece la pobreza. Esa es una constatación que se presenta también en la economía mundial.

Si el crecimiento de la producción es el único aspecto que importa en esta perspectiva del desarrollo, es porque ese crecimiento se traduce en la generación del lucro privado, “motor de la economía” según los neoliberales. Muchos son los casos en los que ese interés privado destruye la vida social. Veamos unos pocos:

- Casi el 1% de las selvas tropicales desaparece cada año (con efecto en el calentamiento global) mientras crece el comercio ilegal de especies.

- Un 2% de la diversidad genética de los cultivos desaparece cada año, entre otras causas porque como resultado de la imposición de los transgénicos y de hábitos de cultivo que convienen a las transnacionales.

- La pesca excesiva realizada para cubrir necesidades comerciales ha puesto en peligro un inmenso número de especies en el Mediterráneo, el Mar del Norte y las Galápagos, entre otros lugares.

- La investigación de fuentes alternas de energía y las patentes relacionadas a motores que usarían agua para tomar la energía del hidrógeno, está mayoritariamente en manos de las transnacionales petroleras, que no tienen interés de que se sustituya el uso de derivados de petróleo, del que obtienen tanta riqueza y poder.

Topemos el caso del Ecuador, en el que los conflictos ambientales existentes son, en gran medida, conflictos ligados a la apropiación de los recursos naturales. La destrucción de manglares para construir camaroneras (60% de las cuales fueron siempre ilegales); la deforestación en bosques nativos para beneficio de las madereras o para convertir esas áreas en plantaciones de palma; el caso de Texaco, causante de uno de los mayores desastres ambientales a nivel mundial, que prefirió “ahorrarse” formas de protección ambiental para incrementar sus ganancias, y tantos otros casos.

La empresa por encima de la naturaleza

El principio capitalista de poner por delante a los intereses privados, hace que capitalismo y protección ambiental sean opuestos y que sin Estados fuertes, que impongan una lógica de desarrollo distinto, nada de beneficio social se logrará. Lo mismo puede decirse de la guerra, área de la economía imperialista que no ha entrado en crisis cuando las demás veían caer sus acciones.

Como se ve, la acumulación de capitales llega a casos absurdos. Tal vez el caso más descarado es el que describe Naomi Klein:

“En enero, Condoleezza Rice describió al tsunami como “una maravillosa oportunidad” que “ha pagado grandes dividendos para nosotros.”... Un grupo llamado Thailand Tsunami Survivors and Supporters dice que “para los políticos negociantes, el tsunami era la respuesta a sus oraciones, ya que literalmente barrió estas áreas costeras de las comunidades que habían previamente paralizado sus planes turísticos, hoteles, casinos y sus granjas de gambas. Para ellos, toda esta área costera ¡era ahora tierra abierta!”2

EEUU y el Protocolo de Kioto

Desde el gobierno norteamericano, de manera continua se negó la gravedad de la situación climática y del hecho de que alrededor de 25% del total de los gases de efecto invernadero que se arrojan a la atmósfera. La situación cambió a inicios del año pasado cuando se conoció el informe del Pentágono que señaló que “el cambio climático podría darse de forma abrupta en un futuro inmediato y que esto traería consecuencias que amenazarían la seguridad de los Estados Unidos.” 3 El informe, realizado por dos “futuristas y estrategas de negocios”, no tiene que ver mucho con la ciencia sino con los intereses comerciales.

En diciembre pasado, en la Décima Conferencia Mundial sobre Cambio Climático (COP 10) realizada en Buenos Aires, las críticas llovieron sobre la negativa de Estados Unidos a firmar el Protocolo de Kioto, al que incluso calificó de “político”. Harlam Watson, representante norteamericano, señaló: "Estamos dispuestos a seguir trabajando y cooperando con otros países, el sector privado y las organizaciones no gubernamentales para alcanzar nuestros objetivos, pero siempre preservando el desarrollo económico".4 Y mientras pongan como principal finalidad el “desarrollo económico” no tomarán las medidas necesarias para cambiar la situación, porque, de acuerdo a sus estimaciones, consideran que aplicar los señalamientos del Protocolo de Kioto es muy costoso para los empresarios. Con ese criterio, entre 1990 y 2000 en lugar de reducir emisiones en un 7% anual (entre 1990 y 2000) como se acordó en el Protocolo, Estados Unidos tuvo un aumento de 14% en el año 2000 y una pequeña baja en 2002.

Aunque en Europa se plantean las cosas de manera distinta, el contenido de fondo es el mismo. Unos pocos datos, pero suficientes para demostrarlo:

- Sólo el 40 por ciento de las empresas europeas cree que podrá cumplir con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero impuesta por los diversos planes de asignación que han realizado los países europeos. Además, un cuarto de las empresas reconoció que aún han tomado pocas o ninguna medida para estar preparadas.5

- Más de 100 de las compañías más grandes del mundo han sido acusadas de no hacer frente al cambio climático después de rechazar una investigación global de las actitudes corporativas sobre este problema.6

- Un estudio de Greenpeace demuestra que el 98% de créditos del Banco Mundial van a proyectos que agravan el calentamiento del planeta.7

- España se negó a reducir sus emisiones para evitar el traslado de un gran número de empresas a otros países en los que se les dé más libertad para contaminar.

Podríamos seguir, pero la conclusión sería la misma: no solo el gobierno de Estados Unidos es contrario a una protección ambiental real, sino que esa es la característica de la gran empresa capitalista y de todos los gobiernos que la representan, mucho más si se trata de estados imperialistas que contaminan y se apropian de los recursos de la Tierra.

Ecuador, del 31 de octubre al 14 de noviembre de 2005 18 MUNDO MUNDO

1 WATSON, Robert (abril de 2004). Taller de Lanzamiento de la Segunda Comunicación Nacional de Argentina a las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Buenos Aires.

2 KLEIN, Naomi (mayo de 2005). El Auge del capitalismo del desastre. www- .rebelion.org.

3 HONTY, Gerardo (marzo 2004). El informe del Pentágono sobre cambio climático. www.lainsignia.org.

4 http://www.reforma.com/ Declina EE.UU. adhesión al Protocolo de Kioto.

5 Fundación Entorno/Europa Press. 2 sep. 2004. “La mitad de las empresas europeas no están preparadas para el mercado de emisones.”

6 David Adam/The Guardian (2004). Multinacionales Rechazan Investigación Sobre el Cambio Climático.

7 http://labolsa.com (España)

8 http://www.libertaddigital.com/ (2004). España: El Protocolo de Kioto provocará la huída de empresas a otros países.


Agua y transnacionales

Los privatizadores esgrimen razones mentirosas, pues el servicio ni es eficiente ni se entrega agua de calidad; así lo demuestra la privatización del agua potable en Guayaquil: el líquido de la urbe está contaminado con coliformes fecales.

 
Por: Edgar Isch López

Cada vez el tema del agua cobra relevancia. A la escasez de agua potable para nuestras ciudades y el acaparamiento de las aguas de riego para el agro, se cierne un nuevo peligro para la vida de la población, porque está en marcha un proceso agresivo de privatización de las empresas públicas que administran este recurso vital y de las fuentes de agua dulce.

Desde los años 80 en que tomó auge el neoliberalismo existen procesos de privatización del agua potable no solo en los países dependientes como el nuestro, sino en los desarrollados como Inglaterra. Desde 1994 se viene tratando el tema del mercado de los servicios en todo el hemisferio americano y de la apertura de las grandes fuentes de agua: Canadá, Amazonía, Patagonia, son tratados en el marco de las negociaciones inicialmente del ALCA y hoy del TLC.

En 1995 se suscribió el Acuerdo General de Comercio de Servicios AGCS, como parte de los compromisos impulsados por la Organización Mundial de Comercio OMC, que establece un proceso de liberalización, desregulación y privatización de los servicios básicos, apuntando a la creación de mercados globales del agua, la energía, las telecomunicaciones, la salud, la educación, entre otros.

Los procesos llamados de ‘modernización’ de las empresas de servicios públicos caminan en dirección de la privatización, con la anuencia de los gobiernos de turno, las autoridades municipales y los servicios propagandísticos de los grandes medios de comunicación que reciben significativos pagos por promover la corriente privatizadora. El Banco Mundial es el principal gestor de esta política a favor de las transnacionales.

La estrategia del Banco Mundial es enfrentar la “crisis” del agua en los próximos 20 años entregando las empresas de agua potable y las fuentes naturales de agua a los monopolios internacionales, para lo cual no escatimarán en el chantaje y las presiones de todo orden, como ya ha venido sucediendo.

Los mensajes profusamente publicitados son que: el Estado y las empresas públicas son ineficientes, que la empresa privada sí es eficiente, que el Estado y los municipios no tienen capacidad financiera para invertir en los servios públicos y ampliarlos, que es necesaria la inversión extranjera, que invertirá en nuevos proyectos y que entregará servicios de mejor calidad, entre otros.

Esta no es una ofensiva que se realiza solo en el Ecuador, lo mismo se repite hoy mismo en el Perú, lo mismo se dio en México, Manila y en Bolivia.

Es un proceso que está en marcha y que se avizora agresivo; inicialmente se proponen vencer la larga tradición de que el servicio del agua es obligación del Estado y porque la población no la concibe como un factor de negocio. Actualmente, sólo el 5% de la prestación de servicio de agua está bajo manejo de compañías privadas a nivel mundial.

Por otro lado, en las experiencias de privatización del agua existen una gran cantidad de fracasos y reversiones muy superiores que en cualquier otro sector: Cochabamba, Buenos Aires, Atlanta, Manila, que fueron experiencias modelo del Banco Mundial, terminaron en devolución de las empresas, luego que la población no aceptó el ajuste de tarifas y las nuevas reglas del servicio, lo cual ha conducido a demanda de millonarias indemnizaciones de las transnacionales, como es el caso de la misma Bechtel, que demandó en 25 millones de dólares al gobierno boliviano.

En otros casos como en Pacasmayo de la Libertad, Perú, la empresa privada fue incapaz de cumplir con las inversiones ofrecidas, la cobertura no creció, el tiempo de servicio se redujo de cuatro horas diarias a dos, por lo que la empresa fue devuelta a la gestión municipal notándose una mejora inmediata. Lo mismo sucedió en Cochabamba, la empresa Aguas del Tunari (Bechtel) incumplió el contrato, no hizo ninguna ampliación de las redes a los barrios populares, tampoco mejoró la calidad del agua, lo que sí hizo es elevar las tarifas hasta 50 y 60 dólares mensuales.

Las razones que esgrimen los privatizadores son tramposas y mentirosas, pues ni son eficientes, ni entregan una agua de calidad; así lo demuestra también la privatización de la empresa de agua potable de Guayaquil, entregada en el 2001 a la transnacional Bechtel, esta ‘eficiente’ empresa privada le dejó sin agua potable por varios días a la ciudad, pero además se denunció y comprobó que el agua que llegaba a los barrios estaba contaminada con coliformes fecales y se acusó también que los brotes de hepatitis en las escuelas de la ciudad se debían también a la calidad del líquido.

Mientras esto sucede, la empresa Interagua, pantalla de Bechtel, hace una costosa y profusa propaganda de las bondades de su servicio.

Es evidente que al privatizar el agua potable lo que está en primer plano es el lucro que persigue la empresa y no el servicio público, lo que manda son los intereses de los accionistas y no los de la comunidad. En términos de capital, los plazos no están dictados por la velocidad en que las poblaciones pueden quedarse sin bebida, sino en el que pueden hacer las mayores ganancias, por el más largo tiempo y con el menor costo de inversión y riesgo de capital posible.

Las experiencias dadas han demostrado que la empresa privada no está dispuesta a invertir grandes cantidades de dinero si considera que corre riesgos, por ello no han invertido ni invertirán en la extensión de redes de agua y drenajes a zonas donde “los clientes” no tengan los ingresos que garanticen el pago por los servicios que haga atractiva la inversión, con una recuperación de los costos a corto plazo.

Esto clarifica que las inversiones no se harán precisamente donde más se necesita: los barrios populares, pues lo que le interesa a estas empresas es operar los sistemas que ya han tenido fuertes inversiones estatales y donde las redes ya están; así ha sucedido en Guayaquil, en Ciudad de México, Aguascalientes, Cancún...

Con esta lógica actuó la multinacional Bechtel en Cochabamba, donde el detonante fue la subida de las planillas, lo que provocó un levantamiento popular que se conoció como “la Guerra del Agua”, que obligó a la salida de la empresa de Bolivia. Frente a estos riegos se aseguran millonarias indemnizaciones por daños y perjuicios, a amparo de la ley de protección a las inversiones extranjeras.

Otro fenómeno es la cada vez más acelerada militarización de las grandes fuentes de agua, que con el pretexto de la lucha contra el terrorismo ha hecho que se ocupen zonas y países para el control geoestratégico y de los recursos naturales, como ha sucedido últimamente en Paraguay, donde con la anuencia de su Presidente y el Congreso, que ha avalado la presencia de soldados norteamericanos y que entre otros tendría el propósito de asegurarse el control de la Triple Frontera donde se encuentra el Acuífero Guaraní, considerado la mayor reserva de agua dulce del mundo.

El 2,5% del agua del planeta es dulce, y menos de la mitad está disponible para ser utilizada. Actualmente más de 1.200 millones de personas, sobre todo en América Latina, África y Asia, sufren la escasez del vital elemento en algún grado. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, dentro de 25 años una de cada tres personas en la Tierra tendrá poca agua o nada.

• Coca-Cola predice que su agua -en algunos países más cara que la gasolina- terminará dando mayores beneficios que sus bebidas gaseosas en muy pocos años. Para esto basta recordar la polémica suscitada en el Reino Unido hace exactamente un año, cuando esta transnacional reconoció estar envasando agua potable de Londres, para venderla como agua mineral a 3 euros el litro.

• 'La cíclica presencia del Comandante del Ejército Sur de EEUU en la Triple Frontera, las declaraciones del Departamento de Estado y los rumores de que allí habría terroristas tienen un objetivo: el control del Sistema Acuífero Guaraní (SAG), un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su principal punto de recarga'.

• Actualmente un habitante del sur consume un promedio de 20 litros de agua por día. Un estadounidense supera los 600 litros. A la velocidad actual de consumo se llegará al final de los próximos 20 años con más de 3 mil millones de seres humanos sin acceso al agua potable.

• La multinacional norteamericana Bechtel ejecuta 1 500 proyectos en 140 países y factura anualmente 15 mil millones de dólares.

• En Bagdad, una vez que la aviación norteamericana se encargó de destruir sus sistemas de agua potable mediante bárbaros bombardeos, se le otorgó a la empresa Bechtel un fabuloso contrato de 1 800 millones de dólares para reconstruir los sistemas de agua potable de Bagdad, a través de USAID, en enero del 2004.

• Igualmente, en el caso de Nueva Orleans y las zonas devastadas por el huracán Katrina, apelando a leyes de emergencia, el presidente George W. Bush acaba de contratar a la Bechtel para reconstruir los sistemas de agua potable y a la Halliburton para proporcionar diversos servicios a la población “damnificada”.