Cada vez el tema del agua cobra
relevancia. A la escasez de agua potable para nuestras
ciudades y el acaparamiento de las aguas de riego
para el agro, se cierne un nuevo peligro para la
vida de la población, porque está
en marcha un proceso agresivo de privatización
de las empresas públicas que administran
este recurso vital y de las fuentes de agua dulce.
Desde los años 80 en
que tomó auge el neoliberalismo existen procesos
de privatización del agua potable no solo
en los países dependientes como el nuestro,
sino en los desarrollados como Inglaterra. Desde
1994 se viene tratando el tema del mercado de los
servicios en todo el hemisferio americano y de la
apertura de las grandes fuentes de agua: Canadá,
Amazonía, Patagonia, son tratados en el marco
de las negociaciones inicialmente del ALCA y hoy
del TLC.
En 1995 se suscribió
el Acuerdo General de Comercio de Servicios AGCS,
como parte de los compromisos impulsados por la
Organización Mundial de Comercio OMC, que
establece un proceso de liberalización, desregulación
y privatización de los servicios básicos,
apuntando a la creación de mercados globales
del agua, la energía, las telecomunicaciones,
la salud, la educación, entre otros.
Los procesos llamados de ‘modernización’
de las empresas de servicios públicos caminan
en dirección de la privatización,
con la anuencia de los gobiernos de turno, las autoridades
municipales y los servicios propagandísticos
de los grandes medios de comunicación que
reciben significativos pagos por promover la corriente
privatizadora. El Banco Mundial es el principal
gestor de esta política a favor de las transnacionales.
La estrategia del Banco Mundial
es enfrentar la “crisis” del agua en
los próximos 20 años entregando las
empresas de agua potable y las fuentes naturales
de agua a los monopolios internacionales, para lo
cual no escatimarán en el chantaje y las
presiones de todo orden, como ya ha venido sucediendo.
Los mensajes profusamente publicitados
son que: el Estado y las empresas públicas
son ineficientes, que la empresa privada sí
es eficiente, que el Estado y los municipios no
tienen capacidad financiera para invertir en los
servios públicos y ampliarlos, que es necesaria
la inversión extranjera, que invertirá
en nuevos proyectos y que entregará servicios
de mejor calidad, entre otros.
Esta no es una ofensiva que
se realiza solo en el Ecuador, lo mismo se repite
hoy mismo en el Perú, lo mismo se dio en
México, Manila y en Bolivia.
Es un proceso que está
en marcha y que se avizora agresivo; inicialmente
se proponen vencer la larga tradición de
que el servicio del agua es obligación del
Estado y porque la población no la concibe
como un factor de negocio. Actualmente, sólo
el 5% de la prestación de servicio de agua
está bajo manejo de compañías
privadas a nivel mundial.
Por otro lado, en las experiencias
de privatización del agua existen una gran
cantidad de fracasos y reversiones muy superiores
que en cualquier otro sector: Cochabamba, Buenos
Aires, Atlanta, Manila, que fueron experiencias
modelo del Banco Mundial, terminaron en devolución
de las empresas, luego que la población no
aceptó el ajuste de tarifas y las nuevas
reglas del servicio, lo cual ha conducido a demanda
de millonarias indemnizaciones de las transnacionales,
como es el caso de la misma Bechtel, que demandó
en 25 millones de dólares al gobierno boliviano.
En otros casos como en Pacasmayo
de la Libertad, Perú, la empresa privada
fue incapaz de cumplir con las inversiones ofrecidas,
la cobertura no creció, el tiempo de servicio
se redujo de cuatro horas diarias a dos, por lo
que la empresa fue devuelta a la gestión
municipal notándose una mejora inmediata.
Lo mismo sucedió en Cochabamba, la empresa
Aguas del Tunari (Bechtel) incumplió el contrato,
no hizo ninguna ampliación de las redes a
los barrios populares, tampoco mejoró la
calidad del agua, lo que sí hizo es elevar
las tarifas hasta 50 y 60 dólares mensuales.
Las razones que esgrimen los
privatizadores son tramposas y mentirosas, pues
ni son eficientes, ni entregan una agua de calidad;
así lo demuestra también la privatización
de la empresa de agua potable de Guayaquil, entregada
en el 2001 a la transnacional Bechtel, esta ‘eficiente’
empresa privada le dejó sin agua potable
por varios días a la ciudad, pero además
se denunció y comprobó que el agua
que llegaba a los barrios estaba contaminada con
coliformes fecales y se acusó también
que los brotes de hepatitis en las escuelas de la
ciudad se debían también a la calidad
del líquido.
Mientras esto sucede, la empresa
Interagua, pantalla de Bechtel, hace una costosa
y profusa propaganda de las bondades de su servicio.
Es evidente que al privatizar
el agua potable lo que está en primer plano
es el lucro que persigue la empresa y no el servicio
público, lo que manda son los intereses de
los accionistas y no los de la comunidad. En términos
de capital, los plazos no están dictados
por la velocidad en que las poblaciones pueden quedarse
sin bebida, sino en el que pueden hacer las mayores
ganancias, por el más largo tiempo y con
el menor costo de inversión y riesgo de capital
posible.
Las experiencias dadas han
demostrado que la empresa privada no está
dispuesta a invertir grandes cantidades de dinero
si considera que corre riesgos, por ello no han
invertido ni invertirán en la extensión
de redes de agua y drenajes a zonas donde “los
clientes” no tengan los ingresos que garanticen
el pago por los servicios que haga atractiva la
inversión, con una recuperación de
los costos a corto plazo.
Esto clarifica que las inversiones
no se harán precisamente donde más
se necesita: los barrios populares, pues lo que
le interesa a estas empresas es operar los sistemas
que ya han tenido fuertes inversiones estatales
y donde las redes ya están; así ha
sucedido en Guayaquil, en Ciudad de México,
Aguascalientes, Cancún...
Con esta lógica actuó
la multinacional Bechtel en Cochabamba, donde el
detonante fue la subida de las planillas, lo que
provocó un levantamiento popular que se conoció
como “la Guerra del Agua”, que obligó
a la salida de la empresa de Bolivia. Frente a estos
riegos se aseguran millonarias indemnizaciones por
daños y perjuicios, a amparo de la ley de
protección a las inversiones extranjeras.
Otro fenómeno es la cada
vez más acelerada militarización de
las grandes fuentes de agua, que con el pretexto
de la lucha contra el terrorismo ha hecho que se
ocupen zonas y países para el control geoestratégico
y de los recursos naturales, como ha sucedido últimamente
en Paraguay, donde con la anuencia de su Presidente
y el Congreso, que ha avalado la presencia de soldados
norteamericanos y que entre otros tendría
el propósito de asegurarse el control de
la Triple Frontera donde se encuentra el Acuífero
Guaraní, considerado la mayor reserva de
agua dulce del mundo.
• El 2,5% del
agua del planeta es dulce, y menos de la mitad está
disponible para ser utilizada. Actualmente más
de 1.200 millones de personas, sobre todo en América
Latina, África y Asia, sufren la escasez
del vital elemento en algún grado. Según
el Fondo de Población de Naciones Unidas,
dentro de 25 años una de cada tres personas
en la Tierra tendrá poca agua o nada.
• Coca-Cola
predice que su agua -en algunos países más
cara que la gasolina- terminará dando mayores
beneficios que sus bebidas gaseosas en muy pocos
años. Para esto basta recordar la polémica
suscitada en el Reino Unido hace exactamente un
año, cuando esta transnacional reconoció
estar envasando agua potable de Londres, para venderla
como agua mineral a 3 euros el litro.
• 'La cíclica
presencia del Comandante del Ejército Sur
de EEUU en la Triple Frontera, las declaraciones
del Departamento de Estado y los rumores de que
allí habría terroristas tienen un
objetivo: el control del Sistema Acuífero
Guaraní (SAG), un verdadero océano
de agua potable subterráneo que tiene allí
su principal punto de recarga'.
• Actualmente
un habitante del sur consume un promedio de 20 litros
de agua por día. Un estadounidense supera
los 600 litros. A la velocidad actual de consumo
se llegará al final de los próximos
20 años con más de 3 mil millones
de seres humanos sin acceso al agua potable.
• La multinacional
norteamericana Bechtel ejecuta 1 500 proyectos en
140 países y factura anualmente 15 mil millones
de dólares.
• En Bagdad,
una vez que la aviación norteamericana se
encargó de destruir sus sistemas de agua
potable mediante bárbaros bombardeos, se
le otorgó a la empresa Bechtel un fabuloso
contrato de 1 800 millones de dólares para
reconstruir los sistemas de agua potable de Bagdad,
a través de USAID, en enero del 2004.
• Igualmente,
en el caso de Nueva Orleans y las zonas devastadas
por el huracán Katrina, apelando a leyes
de emergencia, el presidente George W. Bush acaba
de contratar a la Bechtel para reconstruir los sistemas
de agua potable y a la Halliburton para proporcionar
diversos servicios a la población “damnificada”.