ECONOMIA

TECPEC, PETROSUD Y ETROBELL:
el deleite del festín petrolero

 

 
Por: Lic. Galo F. Benítez

Allá por 1999, durante el gobierno de Gustavo Noboa, mientras fungía como ministro de Energía el Ing. Pablo Terán; como presidente ejecutivo de Petroecuador el Ing. Gustavo Gutiérrez, y como vicepresidente de Petroproducción el Ing. Rosendo Santos, se suscribió el contrato de los campos petroleros marginales. Para desgracia del país, se entregaron campos descubiertos por técnicos estatales, con reservas probadas que superan los 150 millones de barriles y estaciones en plena producción.

Campos como Bermejo, Palanda, Yuca Sur, Pindo y Tigüino fueron concesionados a empresas pseudo extranjeras, que se ganaron la lotería con el patrimonio de los trece millones de ecuatorianos. Así, para citar una cifra, en 2004 las compañías TECPEC, PETROSUD y PETROBELL, se repartieron más de 2,4 millones de barriles o el equivalente a 80 millones de dólares. Estas empresas fueron hábiles para emplear a los ex técnicos de Petroecuador a fin de que les den operando campos en suelo ecuatoriano. Si no, basta preguntar quién es el máximo jefe en Petrosud: un conocido ex subgerente de operaciones de Petroproducción.

Hoy, todas las petroleras hacen su agosto con los altos precios del petróleo, en un país que vive sumido en la pobreza. Para este año, las tres empresas mencionadas recibirán más de 150 millones de dólares por la participación del crudo ecuatoriano.

En nuestro habitual recorrido por los campos petroleros encontramos un panorama desolador en las instalaciones de Tecpec, Petrosud y Petrobell; estas compañías sobre explotan los pozos aprovechándose del precio por barril de crudo. La inversión en el mantenimiento de las instalaciones es mínima, las carreteras siguen igual o peor como las dejó Petroproducción, y qué decir de la situación de las comunidades asentadas en la zona: sobreviven en el más absoluto abandono e indiferencia de empresas que viven obsesionadas por saquear la riqueza petrolera, que nunca debió ser entregada a manos privadas.

Causa poco menos que indignación como poblaciones como Inés Sarango, Taracoa, Dayuma, entre otras, no tienen agua potable y la luz es racionada: de 6 a 8 de la mañana y de 4 a 6 de la tarde; el resto del día la pasan en tinieblas. Los niños deben caminar al menos dos horas de ida y dos de vuelta para llegar a las escuelitas de tierra y techo de zing donde se educan. Por cierto, ¿sabe usted que en Colombia y Venezuela las empresas petroleras mantienen asfaltadas todas las vías donde hay asentamientos humanos, la población cuenta con hospitales, escuelas, colegios con todos los servicios básicos? La diferencia la marca el gobierno, en esos países sí se obliga por ley a las empresas a invertir en la calidad de vida de los campesinos que están asentados en las zonas petroleras.

En otro aspecto, cuando se habla de la supuesta eficiencia de la empresa privada, nos quieren seguir tomando el pelo, las empresas de servicios de perforación de pozos direccionales, de registros eléctricos, cementación, evaluación, como Schlumberger, Halliburton, Sinopec, BJ, Hartrade, Perforec, Drillfor, etc., ofrecen el mismo trabajo para la empresa estatal como para la privada. Así lo constaté al abordar a un viejo ingeniero que fue trabajador de la ex CEPE, que ahora es jefe de taladro en una compañía china: “El trabajo es el mismo, hoy casi todos los técnicos que están a cargo de las operaciones son nacionales y muchos de los que prestan sus servicios en las privadas fueron compañeros de universidad”, afirma nuestro entrevistado.

El país debe conocer que el petróleo durante los 33 años de explotación ha hecho millonarios a unos cuantos vivos; los gobiernos de turno encuentran en la industria hidrocarburífera la gran oportunidad de hacer negocios; no existen escrúpulos si hay que vender la soberanía nacional, cuando se trata de ganar un contratito, o como han hecho muchos de los que hoy son gerentes en las transnacionales, entregan la información catalogada como confidencial, para luego cambiarse de bando, ocupando altos cargos en las privadas.

El actual gobierno en nada se diferencia al de Gutiérrez: tiene en carpeta el proyecto de desmembramiento de Petroproducción, mediante la venta de los campos marginales (aquellos cuya producción es inferior a 5 mil barriles diarios), entre ellos están Guanta, Tapi, Tetete, Frontera, Pucuna, Rumiyacu, Armadillo, Singué, Chanangué, Pacay, etc., muchos de estos en producción y que por deliberado boicot económico no se permite a los técnicos su desarrollo y explotación.

Ojalá el país reflexione en esta realidad para hacer frente a los vendepatria y conseguir devolverle a Petroproducción la autonomía financiera con el afán de continuar desarrollando áreas que todavía son nuestras, ¡sí nuestras!, por que el petróleo -aunque parezca trillado-, nos pertenece a todos los ecuatorianos.